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Erradicar o convivir: un dilema para proteger la naturaleza de la superpoblación de gatos asilvestrados

Gatos.

Raúl Rejón


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El diagnóstico es compartido: la superpoblación de gatos asilvestrados genera una amenaza para la biodiversidad en España. Las soluciones han abierto una brecha: ¿retirarlos o convivir bajo control? El proyecto de ley de Derechos de los Animales impide la vía de la solución drástica.

El Gobierno da luz verde a la Ley de Derechos Animales que endurecerá las penas de maltrato

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No es preciso abandonarlos. Basta con que vaguen sin cuidado para crear un problema ambiental. Los gatos asilvestrados o cimarrones han llegado y siguen llegando a los ecosistemas por la acción humana. Ejemplares descuidados, abandonados o descartados que se adaptan a la vida salvaje. Una vez allí, depredan sobre gran variedad de especies. Cuanto más delicado sea ese ecosistema mayor daño genera al cazar variedades que pueden estar amenazadas.

“Los gatos son una de las especies invasoras más dañinas en las islas”, cuenta Manuel Nogales, investigador del CSIC en Canarias que realizó una revisión científica en la que mostraba que los felinos descuidados por humanos han contribuido a la extinción de 40 especies animales. “Y la extinción es para siempre. No hay vuelta atrás”.

Impacto de los gatos cimarrones en la fauna endémica de Canarias

La dieta se puede dividir en tres grupos, dependiendo su hábitat:

Altitud (ms.n.m.)

Alta montaña

> 2000 m

Pinar

1200 m

Fayal-brezal

Laurisilva

500 m

B. Termófilo

300 m

Cardonal-tabaibal

0

Azonal

Ratas, que son

muy abundantes, constituyen su presa principal

Pequeños mamíferos, aves y reptiles. Invertebrados

de tamaño mediano

Isla de Alegranza

Isla

La Graciosa

Los ratones son una presa muy común en el matorral costero

Lagarto canario moteado

Lanzarote

Isla de Lobos

Tenerife

Fuerteventura

La Palma

Gran

Canaria

La Gomera

Pinzón azul

Tarabilla canaria

Reptiles

en la alta montaña

El Hierro

Grandes artrópodos

En el bosque termófilo,

abundancia del escarabajo Pimelia laevigata

Lagarto gigante

de El Hierro

Lagarto gigante

de La Gomera

Pardela

chica

GRÁFICO: IGNACIO SÁNCHEZ. FUENTE: Manuel Medina et al.

Impacto de los gatos cimarrones en la

fauna endémica de Canarias

La dieta se puede dividir en tres grupos, dependiendo su hábitat:

Altitud (ms.n.m.)

Alta montaña

> 2000 m

Pinar

1200 m

Fayal-brezal

Laurisilva

500 m

B. Termófilo

300 m

Cardonal-tabaibal

0

Azonal

El resto

Lanzarote

La Palma

Tenerife

La Gomera

Fuerteventura

Gran

Canaria

El Hierro

Lagarto canario moteado

Las ratas, su presa principal

Los ratones son una presa muy común en el matorral costero

Pequeños mamíferos, aves y reptiles. Invertebrados

medianos

Pinzón azul

Tarabilla canaria

Reptiles

en la alta montaña

Grandes artrópodos

Lagarto gigante

de El Hierro

Lagarto gigante de

La Gomera

En el bosque termófilo,

abundancia del escarabajo Pimelia laevigata

Pardela

chica

GRÁFICO: IGNACIO SÁNCHEZ. FUENTE: Manuel Medina et al.

Nogales y sus colegas analizaron cientos de estudios que revisaban lo que comen los gatos en 40 islas de todo el mundo. Cazan presas muy diferentes. Desde pequeños insectos a mamíferos de varios kilos y, aunque cazan sobre todo otras especies introducidas, las aves y reptiles nativos de islas están muy presentes en su dieta.

El biólogo detalla que, por ejemplo en las Islas Canarias, “los gatos cimarrones amenazan especialmente al grupo de los lagartos gigantes: el de El Hierro, de La Gomera y el de Tenerife. Son cazadores nocturnos, muchas veces no están a la vista, pero tienen ese efecto negativo silencioso que es indiscutible a la luz de los estudios”.

Hay que hacer controles en las poblaciones de gatos porque se nos van las especies endémicas

Manuel Nogales, investigador del CSIC

La crisis de biodiversidad en el planeta –consecuencia directa de la actividad humana– amenaza con provocar extinciones masivas.

La sobreexplotación, los cambios en el uso del suelo, la contaminación, la crisis climática y las especies invasoras son los principales agentes de esta pérdida de naturaleza. “Hay que hacer controles en las poblaciones de gatos porque se nos van las especies endémicas”, asegura Nogales. Pero, al mismo tiempo, evita referirse concretamente a los métodos para hacerlo. “Es algo más controvertido”, afirma sin aludir a términos como erradicación. “Hay que buscar soluciones, eso sí, porque no puede ser que la biodiversidad termine pagando”.

¿Domésticos o salvajes?

Sin embargo, Octavio Pérez Luzardo, catedrático de veterinaria en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria difiere: “No niego que estos gatos supongan un problema en ecosistemas vulnerables, pero los riesgos de la biodiversidad, por ejemplo, en Canarias tienen múltiples orígenes y los gatos no son el mayor”, contrapone. “No puede hacerse un trazo grueso”, añade.

Pérez Luzardo explica que el problema de la superpoblación es tremendo y está causado “por la dejación acumulada de muchos años”. “La magnitud es descomunal, solo en la isla de Gran Canaria hemos calculado que hay unos 70.000 gatos. Es inabordable retirar esa cantidad de animales. No hay recursos ni capacidad para hacerlo”.

La disyuntiva ha brotado con el proyecto de ley de Derechos de los Animales. El texto no permite la eliminación de ejemplares o colonias felinas asilvestradas. “Nos quedamos muy desvalidos porque califica a todos los gatos como si fueran domésticos y esto impediría que se realizasen esos controles”, se queja Manuel Nogales.

Pero Pérez Luzardo considera que esos controles son un fracaso: “Solo acotando la tasa de reproducción de manera coordinada conseguiremos que haya menos gatos. Se ha intentado retirarlos en innumerables ocasiones y se ha fracasado tantas veces como se ha intentado”.

Este doctor en veterinaria argumenta que el fiasco se produce porque “o retiras al 80% de los gatos o se da una recolonización”. Al eliminar ejemplares de una zona se constata un “efecto vacío” que hace que nuevos gatos acudan. “Si había refugio, comida, abrigo, agua que atrajo a los ejemplares, los que queden recolonizarán rapidísimamente”.

Solo acotando la tasa de reproducción de manera coordinada conseguiremos que haya menos gatos. Se ha intentado retirarlos en innumerables ocasiones y se ha fracasado

Octavio Pérez Luzardo, catedrático de veterinaria en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

El biólogo Nogales insiste en que “debería distinguirse entre gatos asilvestrados –que no tienen contacto con humanos– y los domésticos”. En este sentido, un grupo de sociedades (entre las que firman SEO-Birdlife, la Sociedad de conservación de mamíferos, la Sociedad de estudios de los murciélagos, o la Asociación española de herpetología) han solicitado que, además de esta distinción, se promueva “la desaparición de las colonias felinas y no estimular su mantenimiento”. Consideran que “no debería permitirse la presencia de colonias felinas o de gatos asilvestrados en zonas sensibles, incluyendo ecosistemas insulares y las zonas habitadas por especies de interés de conservación”.

Octavio Pérez Luzardo insiste en que, al contrario, “protegiendo los gatos protegemos la biodiversidad porque obliga a la Administración a hacer algo: el control reproductivo”. Y subraya que “las colonias controladas es la fórmula que funciona moderadamente aunque exige, eso sí, un seguimiento frecuente y en un espacio verdaderamente amplio”.

También, apunta, obliga a proporcionar a esas colonias alimento especial para que los gatos no busquen proteína animal a base de presas. Y esterilizar a los gatos para que no cacen con idea de enseñar a las crías a hacerlo.

Porque en lo que sí hay consenso es en que el aporte de gatos abandonados por humanos no cesa: “Alimenta constantemente a las poblaciones”, dice el veterinario de la ULPGC. “Hay un flujo continuo hacia el medio natural. Muchos gatos domésticos vagan libremente y las poblaciones de cimarrones han nacido de los domésticos”, cuenta el investigador del CSIC. “Si somos los humanos los que hemos causado el problema, nos corresponde a nosotros arreglarlo”.

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