Por qué soy feminista: nueve perfiles para el 8M

Nueve perfiles para el 8M.

Decirse feminista hoy en día es más fácil de lo que lo era hace poco tiempo atrás. El auge del movimiento ha hecho que miles de mujeres se identifiquen y se llamen a sí mismas, con orgullo, feministas. Más allá de las razones de fondo, cada una ha hecho su propio viaje y tiene sus motivos personales para acercarse y ejercer el feminismo. Este 8M contamos nueve historias, nueve perfiles entre otros tantos, que muestran la diversidad –o parte de ella– de mujeres feministas, situaciones y reivindicaciones. Hay un elemento común: todas, en algún momento, antes o después, detectaron un sistema desigual, injusto, ante el que decidieron rebelarse. El feminismo fue la respuesta.

Paula Romero, 28 años, Jerez de la Frontera - Bristol

Cuando Paula Romero cogió en 2017 el avión sin billete de vuelta, llevaba en la mochila muchas ganas de dejar atrás la falta de trabajo y la precariedad laboral en Andalucía, y algunos que otros conceptos teóricos feministas que ya le habían permitido entender que muchas mujeres habían pasado por lo mismo y "sentir que no estaba sola". Asentarse en Reino Unido y experimentar "la soledad de la migración", cuenta esta joven realizadora audiovisual, fue lo que le hizo ponerlos en práctica. Mientras compaginaba trabajos en el sector de la hostelería o la limpieza, formó parte de Marea Granate y de ahí entró en contacto con otras mujeres españolas que, como ella, se sentían "un poco huérfanas" al presenciar, a miles de kilómetros "un resurgir del movimiento feminista muy vibrante" en España. "Queríamos ser parte de él".

En 2018, echó a andar su colectivo, ‘Bristol sisterhood’, en el que encuentra esa red de apoyo, ese estar menos sola. "Hemos encontrado en el feminismo una forma de hacer comunidad. Me ha salvado en muchos momentos a todos los niveles, pero sobre todo en el apoyo emocional", explica. Organizan actos, convocan protestas y se cuidan. Ya no solo son españolas, también se han sumado otras compañeras extranjeras e inglesas. "¿Por qué soy feminista? Porque no tengo alternativa, no puedo no ser feminista en un mundo donde reconozco las opresiones que sufro y a la vez yo misma creo. Una vez te pones las famosas gafas moradas, es imposible dar marcha atrás. Para mí, significa un crecimiento que nunca se acaba. Y si tengo una participación activa es porque me duelen mis hermanas".

Alana Portero, 41 años, Madrid

Alana Portero, escritora y activista trans, define su aterrizaje en el feminismo como una "llegada natural". Pasó su juventud y adolescencia en el armario que sufren las personas trans que no han verbalizado quiénes son realmente y creció en un barrio humilde de Madrid fijándose en las mujeres de su alrededor: su madre, sus vecinas y sus tías se convirtieron en ejemplo y "aprendizaje constante". Observarlas y darse cuenta de que "su vida era más difícil que la de los hombres" de su entorno fue su primera revolución feminista, apunta. La segunda, fue su salida del armario como mujer trans muchos años después, a los 37. "Esta vivencia ha sido definitiva para acabar desarrollándome como feminista. Eso lo tuve claro desde la adolescencia", asume.

La discriminación y exclusión que enfrentan las personas trans, y específicamente las mujeres, llevó a Alana a pensar en los colectivos LGTBI y feministas como sus "únicos espacios realmente habitables" y en los que tejer alianzas con otras mujeres y realidades. En ello sigue, a pesar de las diferencias que existen en el movimiento feminista respecto a los derechos LGTBI. Sin embargo, rehuye hablar de división: "No me parece justo. Las asambleas y las mujeres hacen día a día un esfuerzo enorme. Los feminismos son los movimientos con mayor potencial transformador actualmente y esto contribuye a debilitarlo", zanja.

Ana Riaño, 46 años, Bogotá

A Ana Riaño no le queda otra que ser feminista. "Las mujeres necesitamos unirnos para que nos valoren y no jueguen con nuestra dignidad", explica. Llegada hace nueve meses de Colombia a Barcelona, y todavía sin papeles, acumula tan malas experiencias buscando trabajo como cuidadora del hogar que, con otras migrantes en su misma situación, han decidido crear el sindicato 'Mujeres cuidadoras sin papeles'. "Nos encontramos que todas teníamos las mismas historias: ofertas de trabajo por internet que resultaban ser mentiras para abusar sexualmente de nosotras", explica. A ella le ocurrió ya en la primera entrevista de un empleo de limpiadora que había encontrado en un portal digital: "El señor me dijo que el uniforme de trabajo era ropa interior y que me pagaría más. Lo único que supe hacer fue ponerme nerviosa, decirle que yo venía a limpiar y volverme rápidamente para salir de allí". Estos días el sindicato ha recibido el apoyo de ‘Diverses8M’, la plataforma "feminista antiracista y descolonial", que el 8M realizará una protesta centrada en la situación de extrema precariedad de muchas mujeres sin permiso de residencia y trabajo en este sector.

Rosario Alises, 60 años, Villarubia de los Ojos (Ciudad Real)

Rosario Alises tiene 60 años y cuenta cómo se encontró con el feminismo gracias a la explosión del 15M. Esta médica de Villarubia de los Ojos (Ciudad Real) afirma que ha llegado "tarde" al movimiento, "como nos ha pasado a cantidad de mujeres en el pueblo". "Toda la vida he tenido la sensación de que había cosas que me molestaban. Cómo estaba estructurada la sociedad, cómo estaban diferenciados los papeles de chicos y chicas". "Somos feministas, pero nos da miedo declararnos como tal. Sobre todo en el pueblo, porque la presión es muy cercana, más fuerte". Pero ella, sin embargo, ha perdido el miedo.

Ahora es parte de la recién creada asociación Feministas de Pueblo, y realiza charlas de divulgación de la perspectiva de género en la medicina. "Vemos errores en los diagnósticos, o infradiagnósticos en las mujeres", asegura. "La presión del que dirán ha sido muy fuerte. En el pueblo están como yo estaba hace unos quince años, cuando tenía la palabra feminismo estigmatizada, como que era muy radical. Yo, que ya he perdido el miedo, tengo el deber de ayudar a las mujeres que estaban como yo, tengo que prestar mi voz". Todavía, lamenta, hay mujeres que tiene "miedo" a declararse feministas. Y eso, explica, es contra lo que se debe luchar. Contra el miedo.

Adilia de las Mercedes, 41 años, Santa Cruz del Quiché (Guatemala)

Lleva 15 años en España y es presidenta de la Asociación Mujeres de Guatemala (AMG). Esta activista por los derechos de las mujeres cree que el feminismo es ese lugar común en el que las mujeres se encuentran para compartir su inconformidad frente la desigualdad. "Desde niña observaba cómo los hombres tenían privilegios que a las mujeres se nos negaban. Ocupaban espacios de poder, ocupaban el espacio público, pero también veía el trato desigual a nuestra sexualidad, tan cómoda para ellos, tan incómoda para nosotras", recuerda. De las Mercedes se cansó de estar bajo esa lupa: "Me gusta la desobediencia y no quiero ser una buena mujer". Pero su feminismo también tiene que ver con la huella colonial de su país. "Como mujer mestiza llevo en mi cuerpo la huella y yo misma soy el fruto de la violación de mis abuelas".

Laura Laguna, 26 años, Madrid

"El feminismo y el ecologismo tienen mucho que contarse". Así resume Laura Laguna qué es eso del ecofeminismo. "Hacen un tándem estupendo", prosigue. Activista de Fridays for Future (Madrid) y de la Red Ecofeminista, Laura emplea su tiempo en su doctorado de Estudios Feministas en la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y en contribuir a combatir la crisis climática y el machismo, todo al mismo tiempo. Dos problemáticas que, asegura, "siguen una lógica común: la de la dominación" sobre la naturaleza y sobre las mujeres.

Feminista se ha sentido siempre, pero la etiqueta empezó a usarla "hace unos años", coincidiendo con la expansión social y política del movimiento y también con varias experiencias personales discriminatorias. Muchas de ellas, vinculadas a la carrera que estudió y a su ámbito profesional: Ciencias del Deporte. "El machismo estaba en todas partes. A las chicas se nos hacía sentir inferiores en todos los sentidos", señala recordando una ruta en bicicleta en la que el profesor les hizo a ellas salir antes que los chicos. "Este tipo de anécdotas creo que fueron la punta del iceberg que me hizo querer profundizar en el feminismo", reconoce.

Pepa Torres, 59 años, Madrid

"¿Por qué soy feminista?". Pepa Torres lo tiene claro. "Porque los feminismos son un movimiento de justicia social con las mujeres que cuestionan el patriarcado, que es el sistema mental y estructural que está en el origen de toda forma de violencia, empobrecimiento y subalternidad de las mujeres por el hecho de serlo". Esta monja madrileña, filóloga, teóloga y educadora social, vive en una comunidad intercongregacional en Lavapiés, y, trabaja desde hace décadas por "poner fin al pensamiento y la práctica sexista", también –y especialmente– en la Iglesia católica. Como mujer de fe, Pepa Torres sostiene que el cristianismo "es una buena noticia de liberación para las mujeres". Sin embargo "la iglesia, en cuanto a símbolo, se ha convertido en uno de los grandes bastiones del patriarcado".

Como miembros de la sociedad, y de la Iglesia, "reivindicamos reformas profundas al interior de la iglesia desde la perspectiva de las mujeres", porque "sin cambios estructurales profundos que incluyen cambios en el derecho canónico, en la comprensión y la praxis de los ministerios o en los lenguajes la Iglesia no será nunca la Iglesia de Jesús". "Las cristianas y los cristianos no tenemos vocación de sacristía, sino de plaza pública", explica Pepa. Por eso miles de mujeres católicas se han lanzado a las puertas de las catedrales de toda España para convocar "una revuelta de mujeres en la iglesia: hasta que la igualdad sea costumbre".

Rosa Arranz, 56 años, Olombrada (Segovia)

Rosa Arranz, de 56 años, es agricultora y ganadera en Cuéllar (Segovia) desde 1991. En 1996 fundó, con otras compañeras, ISMUR, una asociación para apoyar a las mujeres y reivindicar su papel en el mundo rural. "Las mujeres, seguramente porque se nos ha educado para los cuidados, somos quienes se preocupan por que haya atención sanitaria o educación en el mundo rural", explica. Arranz huye del tópico de que el campo es cosa de hombres, y recuerda que antes de la mecanización de los años setenta nadie se extrañaba de ver a mujeres agricultoras. Tampoco cree que en las zonas rurales haya más machismo que en las ciudades: "Está presente en toda la sociedad". Cree, como el resto de compañeras feministas que las mujeres deberían tener "más puestos en las organizaciones agrarias", donde todavía una minoría. Como medidas concretas, Arranz reclama una PAC con perspectiva de género, para facilitar, por ejemplo, el acceso a las tierras. "Actualmente las mujeres son propietarias de menos del 30% de los terrenos de cultivo", remata.

Mar Abad, 48 años, Almería

Mar Abad dedicó a la más pura actualidad muchos años de su vida. En algún momento, decidió que quería pisar el freno. Entendió que su profesión, el periodismo, no se limitaba a la actualidad, que era una forma de pensar el mundo en el que vivía. De mirarlo y comprenderlo. De transmitirlo a los demás. La decisión de la escritora, periodista y cofundadora de la revista Yorokobu, le llevó a repensar la herencia cultural del lenguaje con su libro De estraperlo a #postureo. "Soy feminista porque me parece delirante un mundo partido en dos", afirma. "Arriba, los hombres fuertes y racionales. Abajo, las mujeres sensibles y cuidadoras. Estos estereotipos de género dividieron a los humanos en dominantes y dominadas. Así se escribió la historia hasta que a finales del XIX, algunas mujeres de temperamento para mostrar en los museos dijeron: "'Hasta aquí'".

*Este texto está elaborado con la información de Marta Borraz, Icíar Gutiérrez, Pau Rodríguez, Francisca Bravo, Ángel Villaescusa, Jesús Bastante, Francesc Miró y Ana Requena Aguilar.

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Publicado el
6 de marzo de 2020 - 21:01 h

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