ENTREVISTA Investigadora

Isabel Sola: "Tener una vacuna contra la COVID-19 en meses sería un récord absoluto, pero nunca antes ha habido tantos recursos destinados a lo mismo"

Isabel Sola

Más de cuatro meses después de que la Organización Mundial de la Salud decretara la pandemia por COVID-19, la inmensa mayoría de la población tiene sus esperanzas futuras puestas en una sola cosa: una vacuna. La 'nueva normalidad' durará, han repetido todas las autoridades sanitarias, hasta que el virus SARS-CoV-2 esté controlado mediante una. En el mundo hay más de 140 desarrollándose en distintos laboratorios, pero por ahora las más mediáticas y rápidas son la de Moderna (EEUU) y la de Universidad de Oxford (Reino Unido). Pero también hay varias en España. De entre ellas, la más avanzada es la del equipo que dirigen en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) la doctora Isabel Sola y el doctor Luis Enjuanes, dentro de la plataforma multidisciplinar Salud Global. Hablamos con Sola (Navarra, 1967) sobre sus investigaciones y también sobre las expectativas acerca de las demás posibles vacunas.

¿En qué consiste su vacuna y en qué fase está?

Deriva del propio virus. Nosotros lo modificamos mediante ingeniería genética para que deje de ser un virus que se propaga de una célula a otra y sea una vacuna. Para eso tenemos que sacar su “esqueleto inmunogénico”, conservar sus propiedades de replicación y mantener una dosis controlada. Si la dosis es demasiado pequeña, el sistema inmune no se entera. Algunas vacunas que se están utilizando no funcionan con ese mecanismo replicativo, con el inconveniente de que con ellas se necesita inmunizar dos veces y eso complica la logística y distribución. La nuestra funciona con una sola dosis pequeña y suficiente. Así que tiene la ventaja de que se puede producir en grandes cantidades.

Nosotros ahora estamos en la etapa de laboratorio, generando nuestro prototipo. Luego irán los estudios preclínicos con animales, y ya luego los ensayos clínicos en humanos. Calculamos que en septiembre aproximadamente podremos empezar a hacer ensayos en ratones. Necesitamos también hacerlo en un número relativamente grande de ratones para obtener resultados estadísticos sólidos, y no son ratones normales sino modificados genéticamente, humanizados, para que sus células se puedan infectar con estos virus. Así compruebas la eficacia y la seguridad.

¿Y cuál es la desventaja?

La principal es que la estamos generando desde 0. No parte de una plataforma que ya exista, como algunas que se están desarrollando a partir de la del adenovirus, de la de la viruela… y a la que igual solo tienes que cambiarle una pieza. En nuestro caso todo deriva del SARS-CoV-2, que es nuevo. Eso provoca que no vaya tan rápido como otras candidatas.

¿Cuáles son las virtudes de la del Laboratorio Moderna y la de la Universidad de Oxford, por qué esas parece que van tan rápido?

La de Moderna es una de esas que parten de una plataforma. Esa compañía, Moderna, había comenzado a generarla para el cáncer. Es de ARN como la nuestra, y se expresa a través de una sola proteína, por síntesis química con una especie de cápsulas lipídicas. Es relativamente sencilla de construir, pero es costosa económicamente. También es cierto que Moderna es la compañía elegida por el gobierno de EEUU, y se ha invertido mucho dinero en ella. De ahí que se apoye mucho desde los medios y desde las instituciones gubernamentales.

La de Oxford es diferente, utiliza un vehículo vector viral de un adenovirus de chimpancé: es también de esa estrategia más rápida de la que hablaba, utilizas un vector ya existente y le cambias una pieza del proceso. Ha pasado ya a los ensayos humanos y por muchos motivos está siendo más rápida, también porque dispone de muchísimos apoyos para empujarla. Tampoco quiere decir que porque vayan más rápido sean las mejores: hasta que no se completa el proceso de evaluación, no sabremos cuál de las más de 140 que están en marcha es la que mejor funciona.

¿Puede surgir más de una vacuna entre esas 140?

Sí, que haya muchas candidatas en marcha no significa que estemos haciendo un trabajo redundante, ni perdiendo el tiempo. Cada vacuna tiene una modalidad distinta y sus ventajas e inconvenientes. La vacunación es un proceso complejo al que el sistema debe responder adecuadamente, depende incluso de cada individuo. Trabajar en paralelo con el mismo objetivo aumenta las probabilidades de tener vacunas suficientemente específicas y adecuadas.

¿Cuál es el plazo optimista pero también realista para tener una vacuna, cualquiera de ellas?

En el caso de la nuestra, que no es de las más rápidas, y poniendo una dosis de realismo y otra de optimismo, calculamos que en 2021 estaremos haciendo ensayos clínicos en humanos. Y si todo va bien, se podrán iniciar también en 2021 los procesos de producción.

Hay algunas de las que se dice que en otoño de 2020 ya podrían estar en el mercado. Podría ser, no lo sé, algunas están en fase de ensayos clínicos con humanos y habrá que ver si se demuestra la eficacia. También algunas, a la vez que en pruebas, están iniciando la producción, para tenerlo ya aunque luego no funcionen y se pierda, es un riesgo que han asumido. Quizá así podrían antes tener una cantidad determinada. Aunque no sé si para vacunar a todo el mundo, eso requiere de muchas dosis. Este otoño me parece un plazo muy optimista, aunque si lo han dicho algunos responsables no voy a decir yo que no.

Sería un récord absoluto, ¿no?

Absoluto. El proceso de generar una vacuna es complejo. Hay plazos, y no son de meses. No sé cuál es el tiempo más corto en el que se ha desarrollado una vacuna, pero mínimo se necesitan 3 ó 4 años. Desde luego, no los tiempos de los que se está hablando ahora. Pero tampoco nunca tantos científicos habían trabajado a la vez en algo, esta es una situación extraordinaria de dimensiones hasta ahora desconocidas, al menos desde la segunda mitad del siglo XX. La dedicación y la inversión de dinero en un único objetivo nunca habían sido tan grandes como ahora.

Y esas prisas, ¿no podrán contravenirnos? ¿que salga alguna vacuna que luego resulte poco eficaz?

Los ensayos clínicos pueden tener resultados en unos meses, se puede hacer un seguimiento en un año, y en animales prolongarlo más. Así funciona la ciencia. Ahora uno quiere tener una vacuna eficaz, pero es como la inmunidad ¿cómo vamos a saber si la inmunidad natural dura más de 6 meses, si estudiamos el virus desde enero? Como mucho podemos decir que la respuesta inmune de los que se infectaron en enero ha durado 6 meses, pero no hemos recorrido lo suficiente para saber algo más allá de 6 meses. Tampoco podremos saber si la vacuna dura más de lo que se ha probado. Lo que sí es cierto es que cualquier vacuna que salga al mercado tendrá que cumplir unos requerimientos irrenunciables de eficacia y seguridad. Y dentro de eso, por la urgencia de la situación, no se puede demorar e ir a plazos normales, tener que esperar un mínimo de 2 años. Es una situación de urgencia.

¿Y podría ser que no se encontrara? En la del VIH también se ha invertido mucho tiempo y recursos en tres décadas… ¿podemos confiar en otras vías, como un tratamiento eficaz?

El del VIH es un virus muy particular. Infecta a las células del sistema inmune, se integra ahí y destruye al propio ejército que tiene que actuar contra él. Su vacuna tiene unas dificultades en el desarrollo que no las tiene el SARS-CoV-2, pertenecen a una familia distinta. El VIH ha sido todo un reto, aunque ahora al menos ya nos funcionan los retrovirales. El coronavirus no es así, causa infecciones agudas pero no se esconde en las células quedándose dormido durante un tiempo, como el VIH. Todo apunta a que podría ser más sencilla.

En este momento tenemos dos vías contra la COVID-19. Una es la de medidas no farmacológicas, que son la distancia social, el aislamiento… y que ya sabemos lo que implican. La otra son las farmacológicas, que incluyen la vacuna y antivirales eficaces que minimicen el impacto una vez una persona está infectada. También los antiinflamatorios, para la etapa en la que el virus ya es lo de menos pero ha generado una respuesta inflamatoria descontrolada, cuando hay problemas respiratorios y hasta neurológicos: es como si el coronavirus provocara un incendio, llega un momento en el que no sirve de nada ir a por la cerilla. Ya hay algunos fármacos que estaban licenciados para otros usos y que se están reposicionando para esas etapas. Y cada vez más información. Pero tampoco tenemos aún un tratamiento que al administrarlo sepas que casi seguro cura. Sigue dependiendo del momento en el que se acude al hospital, de la infección, de la situación del paciente... aún nada es la panacea. Más vale tomar medidas para no infectarse por ahora.

¿Y luego, podrá haber muchas complicaciones burocráticas y de patentes para que nos llegue? Si la consigue por ejemplo Moderna, ¿cuánto tardaría en llegar a España?

Depende de las compañías farmacéuticas que las producen, y de los gobiernos que lo regulan. Personalmente se me escapa todo el proceso, pero en principio hay compañías que ya han recibido financiación de gobiernos y hay acuerdos entre países para no excluirse y venderse entre ellos dosis de una posible vacuna. Hay que recordar que este virus ha generado una pandemia. Uno puede desear proteger a su país, pero ningún país está completamente seguro mientras el virus siga en el mundo. Debemos ir hacia una estrategia de vacunación que se afronte más allá de las fronteras de cada nación. Aunque sea inevitable que cada país priorice a su gente.

¿Será mejor para evitar trámites para nosotros que se genere en Europa, o incluso en España, entonces?

En España se trabaja en varias candidatas a vacuna, en el CSIC somos 3, y hay más. Hay un compromiso muy fuerte del Gobierno de España para tener una vacuna eficaz y segura y conseguir tener aquí producción, porque sí será mejor para nosotros intentar hacer una en España.

¿Y es realmente posible que eso ocurra, con la ciencia tan recortada?

Para investigar se necesita dinero. Para hacer experimentos, para contratar personal… nosotros en nuestro grupo en particular partíamos de una ventaja, a pesar de las limitaciones económicas pasadas y presentes: llevamos muchos años trabajando con coronavirus muy parecidos a este. Con coronavirus humanos, desde el SARS de 2002, 18 años. Hemos desarrollado candidatos a vacunas similares, como para el MERS. Tenemos modelos desarrollados para proteger a animales. Pero para investigar cualquier cosa, y en particular una vacuna, se necesita dinero. Se requiere de niveles de bioseguridad muy altos, de instalaciones, de protección… es todo costoso de mantener. Sin dinero, nada de esto se puede hacer.

¿Llegará algún día una posible vacuna a grupos de no riesgo, a jóvenes sin patologías o niños? ¿o será como la de la gripe, solo para población de riesgo?

Eso dependerá de la disponibilidad. Lo ideal sería que el número de dosis fuese suficiente para una vacunación masiva. Pero la realidad tiene sus limitaciones, de tiempo, de producción, de recursos… y al principio habrá un número de dosis disponible limitado. Lo más prudente será dársela a población más sensible y a nodos de población importantes susceptibles de infectar, es decir, a personal sanitario expuesto en primera línea. La parte de la población que habría que vacunar en un primer momento serían ellos y la población vulnerable, con patologías previas y con riesgo de desarrollar la enfermedad de forma severa, y más adelante intentar hacerlo de manera más general.

¿Qué papel jugará este otoño la vacunación de la gripe, aún sin vacuna contra el SARS-CoV-2?

En esta próxima estación van a convivir los dos virus, el de la gripe y el SARS-CoV-2, y eso va a generar una situación complicada porque tienen muchos síntomas comunes. El manejo de la situación para el sistema sanitario no será fácil, y pueden darse coinfecciones, incluso puede que infectarte de una te haga más susceptible a la otra porque te debilite. Ya era recomendable para la gente más sensible, su distribución este otoño lo será aun más.

¿Se pretende que la vacuna contra el coronavirus se administre una vez en la vida, o podrá cambiar cada año, como la de la gripe? 

En principio el coronavirus no cambia tanto o no tan significativamente, y esa es una de sus ventajas. No sería necesario que se pusiera cada año, al menos tal y como se ha desarrollado la pandemia.

¿Tener anticuerpos equivale a estar vacunado? ¿se puede dar por tranquila una persona con anticuerpos?

Lo que sabemos de la inmunidad al coronavirus es que es una respuesta compleja, que no solo incluye anticuerpos sino células de memoria, de capacidad de destruir… las serologías que nos hacen, si somos seropositivos, indican que tenemos anticuerpos, y eso no es más que una pequeña parte de la respuesta, la que manejamos porque es la relativamente fácil de estudiar. Analizar la inmunidad celular es más costoso. Y que alguien tenga anticuerpos no implica que esté protegido totalmente ante una infección, precisamente porque aún no conocemos esa respuesta celular. Se está viendo que la inmunidad tiende a ser transitoria, y que en unos meses puede bajar. Así que ser hoy seropositivo no te da la garantía de serlo para siempre, no debería darte una sensación de seguridad total. Lo ideal será una vacuna duradera, que te la dé a largo plazo. Por eso es un desafío. Igual sale alguna vacuna que protege durante unos meses. Menos es nada, pero no es lo ideal.

¿Ha cambiado la percepción de la ciencia con la pandemia? ¿se sienten más valorados como científicos?

Yo creo que esta pandemia ha generado un problema que nos ha sobrepasado. Y eso ha dado una visibilidad a la ciencia que nunca antes habíamos tenido en décadas: estamos en periódicos generalistas, los políticos se interesan por nosotros… Por una parte es una satisfacción. Por otra, tenemos la responsabilidad de dar respuesta a ese problema, y trabajamos para ello, pero el trabajo en ciencia tiene un nivel de incertidumbre alto. No tienes la seguridad de conseguir lo que te propones, o a lo mejor lo consigues pero no a la primera. La investigación consiste en eso.

¿Qué es lo más relevante que han descubierto durante estos meses sobre el coronavirus? ¿Se han observado mutaciones relevantes?

Muta como cualquier otro virus RNA. Es una familia con una cualidad especial y con una tasa de mutación no tan alta como otras. Se está comprobando y es como se esperaba, y como el que causó la epidemia de 2002. Con este se está empezando a trabajar  y a describir y todos los mecanismos más íntimos del virus siguen en estudio. Lo más relevante de estos meses ha sido descubrir su capacidad de transmitirse, de infectar no solo el pulmón sino cómo afecta a las vías respiratorias altas, otros órganos… la patogénesis. 

Cuando empezaron a estudiar este nuevo coronavirus, ¿se imaginaron en algún momento que cambiaría así el mundo?

No. Cuando se empezó a oír de él y se confirmó que era un nuevo coronavirus, todos empezamos a pensar en el patrón de medida que ya conocíamos: nos recordaba mucho al SARS. Pensamos que podría llegar a ser una epidemia de dimensiones parecidas a las del SARS, además también surgido en China. Desde luego yo nunca me imaginé a lo que ha llegado. Entonces no sabíamos que el virus se transmitía tan eficientemente, desde personas casi asintomáticas… todo lo hemos ido viendo. Y el SARS al final se quedó en nada a su lado.

¿Se imaginan ahora el día que dejen de trabajar con el SARS-CoV-2?

Nosotros nos dedicamos a los coronavirus de toda la vida, y nunca terminas de estudiar un virus. Te haces una pregunta sobre él, la respondes, y luego tienes otra. Ahora estamos al 100% con este coronavirus, pero es que su familia es parte de nuestra vida. Otros grupos, por la pandemia, sí han reorientado su esfuerzo y a lo mejor en algún momento vuelven a sus orígenes. Nosotros no vamos a dejar de investigar este virus, no nos vamos a escapar nunca de él.

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Publicado el
23 de julio de 2020 - 22:45 h

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