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La batalla contra la desinformación sanitaria también se libra en internet

Facebook acaba de llegar a un acuerdo con la OMS para comprometerse a facilitar el acceso a información oficial y autorizada sobre vacunas para contrarrestar la difusión de argumentos antivacunas 

Profesionales, instituciones, plataformas y los propios usuarios se implican para combatir las publicaciones erróneas, como en iniciativas como Health on the Net o Symbaloo o, en España, Salud sin Bulos, Maldita Ciencia o El Tragabulos

Este artículo es una continuación de 'Así se expande la desinformación sanitaria por internet y redes sociales'

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La desinformación sanitaria se expande sin control por internet. Noticias erróneas y bulos relacionados con la salud están a la orden del día, por muchos esfuerzos que se hagan en eliminarlos o restringirlos. Por eso han nacido numerosas iniciativas, originadas desde múltiples frentes, para ponerles freno.

La educación y el pensamiento crítico son claves para saber cómo procesar y valorar la información con la que nos topamos. En el mejor de los casos, alcanzaremos el criterio para distinguir la información falsa de la verdadera, y también para reconocer qué webs son fiables y cuáles no. Pero la realidad es que no se le pueden poner puertas al campo. Hay muchos intereses detrás que llevan a la creación y difusión de los bulos sanitarios: el afán económico, la falta de tiempo para contrastar, la intención de dañar a empresas o personas concretas... O, simplemente, como decían en la película El caballero oscuro, hay gente que quiere ver el mundo arder.

El primer paso es dudar razonablemente de la información. Por ejemplo, ante un mensaje de WhatsApp con una noticia sobre salud que suena muy impactante o conspiranoica, muchas veces basta con buscar el título de la información en Google acompañada de la palabra "bulo" para llegar a webs fiables que explican y desmontan dicha información.

Cómo crear conciencia crítica

Existen multitud de maneras más desarrolladas de potenciar esa educación sanitaria y pensamiento crítico entre la población. ¿Cómo? Comenzando por la educación en los colegios y las familias, pasando por cursos y actividades a diferentes públicos y llegando hasta los pacientes a través de los profesionales sanitarios. Ricardo Reolid, médico de familia, participa en una iniciativa surgida el año pasado en Albacete con la ayuda de la Fundación Biotyc y el apoyo del Colegio Oficial de Médicos: el proyecto P@cientes 3.0. Su objetivo, según Reolid, es "crear competencias digitales en los pacientes para evitar que queden anclados en la brecha digital. Se les ha formado en habilidades digitales con un taller presencial y se les ha dado acceso a un escritorio virtual específicamente diseñado para acceder a páginas web con información sobre salud".

Más del 60% de la población española utiliza Internet para consultar información de salud por su cuenta y riesgo. Entonces, ¿por qué no prescribir enlaces y aplicaciones de salud fiables cuando pasen por la consulta? Según el I Estudio sobre Bulos en Salud, elaborado por el Observatorio de los Bulos de Salud en Internet y Doctoralia, solo 1 cada de 3 médicos recomienda estos recursos para que los pacientes puedan consultar sus dudas con todas las garantías. Prefieren hacer pedagogía en la consulta para combatir la desinformación (era así para el 79% de los médicos encuestados) y utilizar las redes sociales para desmentir bulos (41%).

Reolid explica la importancia de la formación en habilidades digitales de los profesionales sanitarios: "El problema es que un importante grueso de los profesionales sanitarios no está familiarizado con la prescripción de links de salud o no conocen la variedad de recursos digitales de calidad que se han ido creando. En esta línea, en el Servicio de Salud de Castilla-La Mancha (SESCAM) se están realizando dos cursos para formar a los profesionales en el uso de las redes sociales para proporcionar esa serie de habilidades, para reconocer sitios fiables y poder atender a esta demanda creciente. Uno de esos cursos el año pasado recibió más de 500 solicitudes".

¿Y el papel de las instituciones... y de los usuarios?

Las instituciones sanitarias y las asociaciones científicas tienen su responsabilidad en fomentar la educación de los pacientes a través de internet y en sus búsquedas. En este sentido, el Gobierno lanzó hace unos meses la campaña 'Con Prueba' para poner freno a las pseudociencias, uno de los temas con mayor circulación en internet.

Hay comunicadores de salud que están realizando importantes iniciativas para informar a la población sobre los bulos. Salud sin Bulos, Maldita Ciencia o El Tragabulos informan con frecuencia sobre noticias erróneas de este ámbito. Y nosotros mismos, como usuarios, también podemos mejorar los resultados de los buscadores para que las páginas webs fraudulentas o engañosas tengan menos visibilidad.

Una forma de conseguirlo es denunciando estas webs. Porque las propias redes sociales y los buscadores también pueden hacer cosas para frenar los contenidos erróneos de salud. Por ejemplo, hace unos meses, Instagram anunció que iba a prohibir las etiquetas 'antivacunas' en las publicaciones. Facebook ha eliminado en varias ocasiones páginas o cuentas sobre antivacunas, y acaba de llegar a un acuerdo con la OMS para comprometerse a facilitar que los usuarios accedan a información oficial y autorizada sobre vacunas en diferentes idiomas. Google ha anunciado que va a prohibir la publicidad de tratamientos médicos que no tengan evidencia científica. En YouTube se han añadido a sus búsquedas una sección para aportar información contrastada en temas donde los bulos son frecuentes. Twitter lanzó una nueva herramienta para recomendar webs fiables cuando se realizan en esta red social búsquedas sobre vacunas.

Otra estrategia indirecta para frenar la desinformación de salud es incrementar las posibilidades de que las personas acaben en webs fiables. Para tal fin existen varios métodos: crear abundantes y buenos contenidos de salud, como hacen la OMS o la Biblioteca Nacional de Medicina de los EEUU; mejorar su posicionamiento en buscadores; crear directorios de webs rigurosas; aportar sellos de calidad... Como ejemplos de estas estrategias tenemos a la Web Médica Acreditada (WMA), que desde 1999 certifica la calidad de contenidos sanitarios online en España y Latinoamérica, o la Web de Interés Sanitario (WIS).

En un ámbito aún más internacional, existe la organización Health on the Net, que revisa las webs de salud para comprobar que siguen una serie de directrices y así otorgarles el sello de calidad 'HONcode'. Otra opción, como señala el Doctor Reolid, es "la creación de escritorios virtuales para el acceso de la población general a páginas fiables de información de salud a través de portales como Symbaloo".

La desinformación sanitaria online está muy presente, y va a seguir ahí. No podemos mirar a otro lado o pedir a la población que no miren internet para sus dudas sobre temas sanitarios. Las personas van a consultar en Google sí o sí. Es necesario aportar educación, herramientas y asesoramiento para que la búsqueda de información sanitaria a través de internet no sea el enemigo, sino un gran aliado para la salud de la población.

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