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La sangre menstrual, un fluido ignorado por la ciencia que se ha convertido en el arma secreta contra la endometriosis

Un estudio realizado por investigadores españoles ha supuesto un gran avance para tratar la endometriosis

Irene Martínez Martínez

16 de abril de 2026 22:06 h

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La endometriosis es una enfermedad crónica que afecta a 190 millones de mujeres en edad reproductiva en todo el mundo, el 10% de la población femenina global. Causa dolor intenso e incapacitante durante la menstruación, sangrado abundante y, en casos más graves, dolor pélvico crónico constante e incluso esterilidad. A pesar de su gravedad, no existe un tratamiento que cure de forma definitiva la endometriosis, y su diagnóstico depende en gran medida de técnicas invasivas que ni siquiera aseguran el 100% de precisión. Hasta este momento, su investigación ha pasado por alto el que ahora ha demostrado ser un importante indicador en su diagnóstico y tratamiento: la sangre menstrual.

Un nuevo estudio realizado por investigadores del Hospital Clínic de Barcelona y el Hospital Universitario Insular de Gran Canaria ha supuesto un gran avance para el futuro de las mujeres que sufren endometriosis. Y todo, gracias al análisis de la sangre menstrual, que podría ser la clave para diagnosticar esta enfermedad y mejorar su tratamiento. El estudio se suma al esfuerzo de diferentes entidades en todo el mundo que están empezando a poner el foco en la sangre menstrual.

El doctor Francisco Carmona, director de la Unidad de Endometriosis del Hospital Clínic de Barcelona y director científico de la clínica Women’s es coautor del estudio. Asegura que es el primero que se centra en “la epigenética en el endometrio, para mostrar las diferencias en mujeres con endometriosis y sin ella”. Lo que han descubierto los investigadores es que sí, existen diferencias entre el perfil epigenético de las mujeres que la padecen y las que no. 

Más allá de la secuencia de ADN que estudia la genética, la epigenética se centra en cómo el entorno social y el estilo de vida (dieta, estrés) activan o desactivan los genes sin modificar la secuencia de ADN. Mientras los cambios genéticos son irreversibles, los epigenéticos son reversibles y adaptables.

La endometriosis se caracteriza por el sobrecrecimiento del endometrio (el revestimiento interno del útero) o de tejido similar al endometrio, normalmente en ovarios, trompas de Falopio y zona pélvica. Pero también puede crecer en otros órganos, como en el intestino o la vejiga.

Un estudio pionero

El estudio, publicado en la plataforma científica BioRxiv, ha sido dirigido por investigadoras de endogene.bio, una empresa de medicina de precisión fundada por las españolas Cristina Fernández Molina y María Teresa Pérez Zaballos y con sede en París. Su equipo incluye especialistas en epigenética, ginecología, inmunología y biología computacional.

A diferencia de estudios anteriores, que se centraban en la genética, esta nueva investigación ha analizado la epigenética del endometrio para observar qué genes se expresan y cómo los factores ambientales o personales influyen en ellos. Todo, gracias a las células madres que se encuentran en la sangre menstrual. Así, la sangre menstrual podría funcionar como un análisis de sangre convencional para conocer si la paciente tiene o no endometriosis, y las características de su caso.

Carmona asegura que siguen trabajando en personalizar y clasificar el diagnóstico de cada mujer, para hacerlo lo más específico y eficaz posible. El objetivo es que el estudio de la sangre menstrual permita esclarecer cuestiones sobre la gravedad de la enfermedad, si afecta a la fertilidad, o el tratamiento que mejor funcionaría, dependiendo de las necesidades de cada paciente. 

“Nuestro objetivo es que no sea solo decir: tienes endometriosis”, explica Carmona. “Es clasificar y describir las especificidades de cada caso, por ejemplo, si va a ser más o menos agresiva”. Esto permitiría evitar tratamientos invasivos innecesarios y ofrecer terapias adaptadas a las necesidades específicas de cada mujer, mejorando la eficacia del tratamiento.

“El dolor menstrual es normal”, es lo que escuchan cada día cientos de mujeres que acuden a un especialista para encontrar el origen y tratamiento de su malestar. O “con un paracetamol esto se te pasa”, cuando ni siquiera la dosis recomendada de analgésicos es capaz de mitigar el dolor que padecen. Para aliviar los síntomas de la endometriosis se recetan fármacos como anticonceptivos hormonales o medicamentos como el ibuprofeno o el paracetamol. El día a día de quienes la padecen se vuelve un gran peso que puede mermar su calidad de vida y afectar directamente a su salud mental, además de la física. 

A pesar de esto, su diagnóstico y tratamiento sigue estando en una fase de investigación relativamente inicial. El tiempo medio de su diagnóstico es de entre siete y diez años, debido al sesgo de género de la medicina y la normalización del dolor femenino, que muchas veces es infravalorado. 

La laparoscopia, el “método de referencia” para su diagnóstico

Christine Metz, bióloga reproductiva de los Institutos Feinstein para la Investigación Médica de Northwell Health, en Estados Unidos, asegura que una de las grandes barreras para el diagnóstico de la endometriosis es “nuestra dependencia de la cirugía laparoscópica, también denominada ‘el método de referencia’, para el diagnóstico definitivo”. Metz explica que sus investigaciones en este ámbito se centran en “aprovechar la sangre menstrual para aprender todo lo posible sobre las afecciones de la salud uterina, incluida la endometriosis”. 

La laparoscopia para diagnosticar endometriosis consiste en introducir un instrumento de observación iluminado llamado laparoscopio a través de una pequeña incisión abdominal para detectar y extirpar el tejido endometrial. Esta cirugía, además de ser invasiva, “solo detecta alrededor del 70% de los casos, así, el 30% pasan desapercibidos o no se diagnostican”, explica Metz. 

De hecho, muchas mujeres se someten a esta cirugía en varias ocasiones antes de ser finalmente diagnosticadas. “Es posible que no detecte de forma sistemática las lesiones tempranas de endometriosis”, afirma Metz, “y la gravedad de la endometriosis no siempre se correlaciona con los síntomas”. 

Retrasos en el diagnóstico y tratamiento

El diagnóstico y tratamiento para la endometriosis llega, en la mayoría de los casos, muy tarde. En Estados Unidos, la edad media en la que las mujeres obtienen un diagnóstico es de 30 años, a pesar de que el 70% de ellas ya presentaban síntomas en la adolescencia, según Metz. “Muchas adolescentes padecen dismenorrea (dolor menstrual intenso); sería fantástico detectar a tiempo a aquellas que padecen endometriosis y comenzar el tratamiento cuanto antes”, afirma la investigadora. En España, la edad media es un poco más elevada, alrededor de los 36-37 años, aunque, de nuevo, los síntomas aparecen mucho antes, pero no son correctamente diagnosticados.

Metz asegura que el análisis de sangre menstrual “proporciona información sobre los tejidos del endometrio y células en el momento de la menstruación, cuando se expulsan hacia la cavidad peritoneal, donde se implantan y crecen la mayoría de las lesiones de endometriosis. Un diagnóstico precoz permitirá iniciar los tratamientos antes. Aunque los tratamientos se limitan principalmente a la cirugía (para extirpar las lesiones en pacientes con síntomas graves) y a las terapias hormonales (que pueden resultar ineficaces y no ser bien toleradas), se están desarrollando nuevos tratamientos”, explica.

El flujo menstrual de las pacientes con endometriosis ha demostrado ser “radicalmente diferente” al de mujeres sanas, lo que abre la puerta a una mejor comprensión de la biología y un diagnóstico más fundamentado. 

El equipo del doctor Carmona complementa su trabajo con estudios de metabolómica (el estudio exhaustivo de moléculas pequeñas en células, tejidos o fluidos biológicos) y análisis celular.

La investigadora explica que los esfuerzos en los Institutos Feinstein tienen como objetivo “desarrollar herramientas de diagnóstico no invasivas y más precisas, así como mejores tratamientos”. “Estudios recientes revelan que el diagnóstico tiene un valor terapéutico en el ámbito de la salud conductual; sospecho que lo mismo se aplica a los pacientes (es decir, que tiene valor que tus síntomas y experiencias sean validados mediante un diagnóstico)”, asegura Metz.

Faltar a clase, al trabajo, a eventos sociales o actividades deportivas no debería considerarse normal, y las mujeres que viven con endometriosis “deben escuchar a su cuerpo, llevar un registro de sus síntomas y compartir sus ‘datos’ con sus profesionales sanitarios”, afirma. “Si los profesionales sanitarios no escuchan a las pacientes, estas deben buscar otro médico que las escuche y ayude”, concluye.

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