Tener espectadores mientras aparcan o comentarios como “mejor lo hago yo”: el machismo hacia las conductoras
Si eres mujer y conduces, probablemente alguien en algún momento haya dudado de tu capacidad. Tal vez en forma de comentario 'inofensivo' o apelando directamente a tus malas dotes automovilísticas. Quizá alguna vez te han pitado mientras ibas al volante simplemente por hacer la gracia, o te han adelantado y han puesto su coche en paralelo en la autovía para llamar tu atención. Este tipo de comportamientos son aún más visibles en el sector automovilístico y en profesiones relacionadas con la conducción, en las que la falta de referentes y de presencia femenina acentúa estos tipos de comentarios y conductas.
El refrán machista “mujer al volante, peligro constante” sigue retumbando en la conciencia colectiva. “En una ocasión fui a meter el coche en un aparcamiento y un hombre, nada más llegar, me dijo que mejor que me saliera del coche, que ya lo aparcaba él por mí”, cuenta Pilar, de 53 años. Tras preguntarle por qué iba a aparcar él su coche, éste le respondió: “Es que dudo mucho que lo puedas meter”. Pilar lo aparcó sola y salió de allí.
Datos del Observatorio de Movilidad de Midas, con una muestra de mil personas conductoras de entre 18 y 65 años, reflejan que el 75% de las mujeres conductoras ha sufrido algún tipo de discriminación en la carretera, casi un 40% en el día a día. Un 52,4% afirma haber sido objeto de bromas que ponen en duda su capacidad para conducir, y un 35,6% reconoce que este tipo de comentarios afecta a su confianza o bienestar emocional.
“Esperaban que lo hiciera mal”
Maricruz fue una de las primeras mujeres en sacarse el carnet de conducir en Málaga. A sus 88 años recuerda perfectamente cómo los hombres se extrañaban mucho al verla conducir y analizaban cada uno de sus movimientos al volante.
“Una vez estaba saliendo de un aparcamiento y estaban todos los tíos que se ponían allí en la cafetería a mirarme. Y yo pensaba 'Dios mío, como salga malamente', aunque para conducir era buena. Entonces, cuando di marcha atrás e hice todos los movimientos, los tíos allí se pusieron de pie y todo, aplaudiendo. Porque estaban esperando que lo hiciera mal”, recuerda.
Su hija, también Maricruz, de 56 años, ha vivido varias de estas situaciones, aún más preocupantes al pensar que no ocurrieron hace tanto tiempo, sino hace tan solo unos años. “Lo que ha dicho mi madre sigue siendo muy típico, que tú aparcas en un sitio que está justillo y hay tíos mirando pendientes a ver si aparcas, como apostándose si eres capaz de hacerlo”, cuenta. Una vez, un hombre intentó dirigirla a la hora de aparcar, pero Maricruz fue clara: “Aquí me voy a quedar hasta que te vayas y me dejes en paz”, le dijo. Cuando era más joven, le pitó a un hombre que se había saltado un ceda al paso. Después, él le adelantó por la carretera: “Cuando llegué a mi barrio, vi que el tío me había seguido, pero es que cuando aparqué, vino y me pegó una patada”.
A María, de 24 años, y a su amiga, unos chicos empezaron a perseguirlas con su coche por la autovía. “Se nos ponían delante para que frenáramos y cuando les adelantábamos nos hacían lo mismo”, recuerda. “Estuvimos así un rato hasta que le dije a mi amiga que fuera más despacio, que ya se cansarían”. Pero reconoce que fue una situación muy agobiante para ambas.
Estereotipos
Que las mujeres conducen mal, o peor que los hombres, es una creencia que se sustenta en los roles tradicionales de género. “Si analizamos la construcción cultural de lo femenino y lo masculino a través de la socialización de los referentes y de los juegos y juguetes, por ejemplo, podemos ver que la construcción del género masculino está asociada a la rapidez, a la competición y a las actividades de riesgo”, explica Yolanda Domínguez, artista visual experta en comunicación y género. Mientras tanto, las niñas forman parte de “una esfera completamente distinta”, con actividades que son estáticas y más tradicionales, como los juegos de cocina o cuidados.
“Todos estos referentes culturales que nos sitúan en espacios tan diferenciados hacen que cuando vemos a una persona que transgrede ese rol de género, o se sitúa en un lugar en el que culturalmente y tradicionalmente no se la espera, reaccionemos de una manera sorprendida, y muchas veces rechazando esa escena o esa posibilidad”, subraya Domínguez.
La conducción como profesión
Este tipo de comentarios y prejuicios se hacen aún más presentes cuando la conducción se convierte en parte de una profesión. La conducción profesional y el transporte han sido siempre sectores con gran presencia masculina. Sin embargo, cada vez hay más conductoras que se adentran en el oficio para reivindicar y destacar su papel al volante. Desde mujeres conductoras de coches en rallies hasta camioneras que se enfrentan a la falta de espacios habilitados para ellas.
Cristina Gutiérrez es la primera piloto de coches española en terminar el Rally Dakar, una de las competiciones de motor más extremas del mundo y lucha cada día para visibilizar el papel de las mujeres profesionales al volante. Siente un escrutinio constante y presión externa e interna por demostrar que es capaz de hacer bien su trabajo. “No puedes dudar de ti ni un segundo, tienes que demostrar esa seguridad constante que a veces no tienes”, explicó hace unos días en la nueva edición de la iniciativa de Midas #EllasConducen, de la que es embajadora. “Esa presión que nosotras mismas nos ponemos, más la presión de los demás, hace que sintamos esa distinción por ser mujeres”.
Muchas veces la han confundido con la copiloto del coche, dando por hecho que no podría ser ella la que está al volante. O en las paradas técnicas ha sido ignorada por el equipo, que se ha dirigido al copiloto (hombre) en vez de a ella para darle indicaciones más específicas.
“Una señora me hizo parar el tráiler para darme la enhorabuena”
En España, solo un 2% de los profesionales de la conducción de camiones son mujeres. Y no es de extrañar, pues sigue siendo percibido por los españoles como el segundo sector más masculinizado en nuestro país, por detrás de la construcción.
“La primera vez que cogí el camión sola, iba por la nacional y había un hombre al lado de la carretera con sus ovejas pastando. Cuando me vio, tiró su vara al suelo y se echó las manos a la cabeza, como diciendo: 'madre mía, una mujer en un camión'”, cuenta María Dolores Jiménez, quien lleva 11 años en el oficio y es, además, creadora de contenido.
Andrea Fernández, camionera de 26 años y también creadora de contenido, recuerda algunas reacciones positivas: “Una vez, una señora me hizo parar el tráiler para darme la enhorabuena”. Sin embargo, reconoce que los aspectos negativos suelen estar más “camuflados”, es decir, están muy presentes y normalizados, y a la larga hacen más daño. “Lo negativo siempre llega por la espalda, es algo que suele pasar mucho en este sector. Cuando alguien te juzga no te lo suele decir a la cara”.
En el caso de Andrea, mandó más de veinte currículums a empresas al comenzar a trabajar como camionera, pero su falta de experiencia, sumada a su género, lo hicieron imposible. Finalmente, fue gracias a un contacto que consiguió empleo. María Dolores ha vivido también esta dificultad, a pesar de sus años de experiencia.
A esta falta de confianza hacia las mujeres conductoras se suma que las partes más logísticas de su profesión ni siquiera contemplan su presencia. La mayoría de áreas de servicio donde paran a descansar tienen habitáculos solo para los hombres. María Dolores asegura que puede contar las designadas para mujeres con la mitad de los dedos de una mano.
Contar las partes buenas y malas de su profesión en redes sociales hace que reciban todo tipo de comentarios, desde acoso en forma de “quédate en casa cocinando” hasta mensajes alentadores de chicas jóvenes pidiendo consejo para sacarse el carnet de conducir. Algo en lo que ayudan las redes es en normalizar la profesión. “Lo mejor que se puede hacer es actuar con naturalidad y hacerlo normal, tampoco destacarlo”, asegura Andrea.
Sobre este blog
Un espacio en el que está implicada toda la redacción de eldiario.es para rastrear y denunciar los machismos cotidianos y tantas veces normalizados, coordinado por Ana Requena. Puedes escribirnos a micromachismos@eldiario.es para contarnos tus experiencias de machismo cotidiano.
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