Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
El Gobierno se conjura para llegar a 2027 pese a la derrota segura con los Presupuestos
Investigación - Un policía municipal de Madrid decora con símbolos nazis su taquilla
Opinión - 'Rajoy y la pureza moral', por Esther Palomera
Sobre este blog

Un espacio en el que está implicada toda la redacción de eldiario.es para rastrear y denunciar los machismos cotidianos y tantas veces normalizados, coordinado por Ana Requena. Puedes escribirnos a micromachismos@eldiario.es para contarnos tus experiencias de machismo cotidiano.

“¿Estás enferma?”, “tienes mala cara”: los comentarios que reciben las mujeres cuando no se maquillan

La presión estética hace que las mujeres recibamos comentarios cuando no nos maquillamos
13 de julio de 2026 21:19 h

6

Celia tiene 22 años y no suele salir de casa sin hacerse el eyeliner. Todos los días, los cinco minutos que tarda en maquillarse forman parte de su rutina. Un día, decidió no hacérselo e ir a la universidad “al natural”. Y una compañera de clase le preguntó varias veces (con toda la buena intención) si estaba bien o si le pasaba algo. “Siento presión a diario por maquillarme, para no parecer que estoy cansada o que tengo 'mala cara'. También por evitar que alguien me pregunte si estoy cansada o si estoy bien”, cuenta la joven.

El de Celia no es un caso aislado. La presión estética hace que muchas mujeres reciban este tipo de comentarios si no se maquillan: el aspecto que se considera 'normal' es el de las caras maquilladas. Hace unos días, Claudia Polo (@soulinthekitchen), influencer y autora de libros de cocina, publicó en la plataforma Substack un texto titulado “Llevo una semana sin maquillarme y me han dicho ocho veces que si estoy enferma”. En él, cuenta cómo tras quince años poniéndose corrector de ojeras a menudo, decidió dejar de usarlo. El resultado: en poco tiempo, le preguntan ocho veces si está mala. “No, estoy genial, la verdad. Me encuentro estupendamente. De hecho, tengo una energía especial, diría que estaba incluso radiante, alegre, brillante, exuberante hasta que me has llamado fea”, escribe.

“Parece que tengo cirroris, pero solo es el subtono de mi piel. Este color cetrino que me dio mi madre. Que el rubor tan natural que pensabas que tenía hasta ahora era el 'benetint' que me ponía religiosamente en las mejillas y que sin él parezco una aceituna”, concluye.

A María, de 24 años, su madre siempre le ha presionado con “pintarse un poco” para salir a la calle y, cuando se maquilla, le asegura que así “tiene mucha mejor cara”. Comentarios aparentemente inofensivos que despiertan en las mujeres inseguridad y rabia, y que no hacen más que reafirmar el discurso de que solo tenemos buena cara cuando la maquillamos. En el caso de María, incluso su expareja le presionó para que se depilara las cejas.

La doctora en Ciencias Sociales Esther Pineda G. y autora del libro Bellas para morir. Estereotipos de género y violencia estética contra la mujer (Prometeo Libros) asegura que “la presión para responder al ideal de belleza es externa, proviene del bombardeo mediático y publicitario, de los ideales y anuncios recibidos a través de las redes sociales, de los comentarios realizados por personas en los diferentes espacios en los que se participa, sean familiares, laborales, comunitarios”.

Para Pineda, que acuñó el concepto de violencia estética, recibir comentarios como “¿estás enferma?” o “tienes mala cara” cuando una mujer no se maquilla es una forma de violencia estética, ya que “cuestiona, interpela, critica y rechaza la imagen y corporalidad de la mujer, porque encubre una intención disciplinadora, porque le exige a la mujer adecuarse a la expectativa de belleza que se tiene, o que al menos se note que esta está haciendo el esfuerzo de cumplir con esa exigencia social”.

La socióloga define el concepto de violencia estética como el conjunto de discursos, narrativas, representaciones, prácticas e instituciones sociales que presionan a las mujeres a responder al ideal de belleza. “Esta violencia estética se sostiene sobre cuatro premisas fundamentales: el sexismo, el racismo, la gerontofobia y la gordofobia, porque les exige a las mujeres en cualquier contexto ser femeninas, jóvenes, blancas y delgadas para ser consideradas bellas”, concluye.

“El cuerpo sin modificar necesita explicación”

Yolanda, de 26 años, siente esta presión estética de manera interna: “A lo mejor no me lo ha dicho gente, pero sí que me he mirado y he dicho: ‘madre mía, estoy horrible’, ‘qué fea’ o ‘parece que estoy enferma’”, cuando no iba maquillada. “Yo creo que es más autopresión y quizá ir un poco ya con el prejuicio de que te pueden decir algo”.

Candela Yatche, psicóloga y autora de Consumidas: Violencia estética y mercado de inseguridades (Galerna) y creadora de la Fundación Bellamente, un proyecto que promueve la autoaceptación y el amor propio, subraya: “Lo que hacen esos comentarios es confirmar, una vez más, que el cuerpo femenino sin modificar necesita explicación”.

“Y eso, repetido mil veces de mil formas distintas, termina instalando algo muy concreto: que existir como somos no es suficiente. Naturaliza la idea de que la cara 'natural' de una mujer es un problema, una señal de alarma. No importa si viene con buena intención, el efecto es el mismo, ya que refuerza que existir sin intervención estética es estar mal”, afirma.

Pineda explica cómo esta autopresión es una consecuencia, no una causa. “En un contexto social donde las niñas y mujeres están siendo constantemente evaluadas sobre su imagen y corporalidad, aprenderán a mirarse de la misma forma en que son vistas socialmente. Por eso, este es un problema social, estructural, colectivo, en el que el amor propio no basta para transformarlo ni erradicar la violencia estética”, afirma.

“Esa presión sí que la sentí mucho en la adolescencia, en el instituto, por ejemplo”, cuenta Helena, de 24 años. “Los niños miraban muy con lupa si te maquillabas o si no, o si llevabas tal o llevabas cual. En ese momento sí que sentía que tanto maquillarse como no maquillarse era una mala decisión, y eso sí que era supermachista. De que si no vas maquillada es que no te cuidas, pero si vas maquillada es que ‘estás hipercuidada e hipermaquillada siempre’”.

Yatche reitera cómo ese tipo de comentarios, aunque parezcan inofensivos o una muestra de preocupación, “están marcando que hay una forma correcta de verse, generalmente mediada por el maquillaje. Es una forma de control sutil sobre el cuerpo de las mujeres, que termina condicionando cómo se presentan en el espacio público. No se trata de prohibir el maquillaje, sino de poder elegirlo desde la libertad, no desde la exigencia”.

No cabe duda de que la industria cosmética, farmacológica y quirúrgica es multimillonaria y, según Pineda, “necesita que las mujeres estén incómodas, inconformes e insatisfechas con su imagen y su corporalidad para que puedan consumir los productos y servicios que se le ofrecen. Por lo tanto, incita y capitaliza ese malestar”.

Sobre este blog

Un espacio en el que está implicada toda la redacción de eldiario.es para rastrear y denunciar los machismos cotidianos y tantas veces normalizados, coordinado por Ana Requena. Puedes escribirnos a micromachismos@eldiario.es para contarnos tus experiencias de machismo cotidiano.

Etiquetas
stats