Por qué no te ha tocado la lotería
“La probabilidad de que te toque el Gordo es de uno entre 100.000”, me dice Raúl Ibáñez, profesor del departamento de Matemáticas de la Universidad del País Vasco y divulgador. Pero, seamos sinceros, ¿a quién le importa la probabilidad cuando se tiene fe?
Quienes se dedican a contar historias en cine o literatura manejan un término conocido como “suspensión de la incredulidad”. Se basa en la voluntaria e imprescindible decisión del espectador de dejar pasar ciertas cosas, de ser benévolo con el guionista. Todos lo hacemos, de manera más o menos consciente, cuando nos enfrentamos a una historia. Aceptamos con naturalidad, por ejemplo, que un profesor universitario coja un látigo, se calce un sombrero de ala y se vaya por ahí en busca del arca de Noé. Aceptamos que un adolescente con gafas de pasta se monte en una escoba y sobrevuele Londres. Tenemos que aceptarlo para disfrutar de la película.
Ese mismo efecto, a gran escala, se produce cada año con la lotería. Millones de personas anulan su capacidad crítica, su sentido de la más evidente y sencilla realidad estadística para dejarse llevar por el mantra del ¿y si este año sí?
“Te diré lo que tienes que hacer para que te toque el Gordo”, me dice Raúl, que, por su labor divulgativa, tiene bien estudiado el tema. “Pásate 2.000 años comprando 50 décimos de números distintos cada año”.