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La telemedicina maquilla el colapso de la Sanidad pública y se convierte en un negocio para la privada

6 noviembre 2020 - 09:28 h
Sanitaria atendiendo a un paciente por teléfono

María, una médico residente de familia en Madrid, cada día atiende a pacientes que no terminan de manejarse bien con el teléfono. “Me pasa mucho con gente mayor”, desvela. La atención a distancia es “útil para consultas de resultados siempre y cuando la persona se maneje bien en conversación telefónica, pero eso no siempre es así”.

Desde el inicio de la crisis de la COVID-19 la telemedicina se ha instaurado como alternativa a la congestión de las consultas presenciales y a los posibles contagios entre pacientes de riesgo. Sin embargo, aunque la carga de trabajo se refleje en una lista telefónica en lugar de la sala de espera, María no cree que haya aliviado el colapso en la Atención Primaria.

En su centro de salud, situado en Vallecas, ella y sus compañeras hacen una media de 40 o 50 llamadas todos los días. “La telemedicina no nos libera de carga de trabajo porque el tiempo que inviertes en un paciente es el mismo o incluso más. Nos supone muchísimo rato de conversación telefónica”, admite. Además, “tiene una parte estresante porque no sabes si te estás haciendo entender bien al otro lado”, comenta sobre la falta de comunicación no verbal.

Escribe Mónica Zas Marcos.

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