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Siete de cada diez españoles han vivido con mucho miedo a que muera un ser querido por la COVID-19

Tras convivir 8 meses con el coronavirus y haber experimentado cambios radicales en nuestros hábitos de vida, un alto porcentaje de la población sufre ya fatiga pandémica. EFE/Domenech Castelló

El 70% de los españoles ha tenido mucho miedo de que fallezca un familiar o ser querido por culpa del coronavirus. Pero el porcentaje asciende al 85% si se añade a quienes han experimentado esta preocupación alguna vez. Es una de las las conclusiones que desprende el barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas publicado este jueves, el primero centrado en Salud Mental en la pandemia. La encuesta fue realizada entre el 19 y el 25 de febrero de 2021.

El sondeo revela que el 23,4% de la población ha sentido mucho o bastante “miedo a morir debido al coronavirus”, menos de la mitad de los que lo admitieron en noviembre (58,4%). Por edad, los más preocupados son las personas de 55 a 64 años (un 26,2%) y por género, los hombres representan el 18,4% y las mujeres el 28,3%.

La diferencia entre la preocupación por las consecuencias personales de la enfermedad y las ajenas es notable. Mientras que el 19% teme “mucho” contagiarse de COVID, esta cifra asciende al 39% cuando se les pregunta acerca de que un familiar o ser querido contraiga el virus.

Además, el 57% de los encuestados ha experimentado en algún momento tristeza o depresión; el 46% ansiedad o miedo; y el 55,6% mucha preocupación sin poder hacer nada para controlarlo. Uno de cada tres españoles, el 35,1%, admite que “ha llorado debido a esta situación”, un 16,9% de hombres y un 52,8% de mujeres. Y por edad, los jóvenes de 18 a 24 años son los que reconocen que más han llorado desde el inicio de la crisis sanitaria (un 42,8%).

En cuanto a la sintomatología derivada de la pandemia, el 52% se ha sentido sin ganas o con pocas energías, el 42% ha manifestado problemas de sueño, el 39% dolores de cabeza y el 38% dolores de espalda, entre otros problemas como taquicardias, mareos o desmayos. En general, en este último año un 61,2% de los españoles se siente más preocupado por su salud que antes.

El 57% de los encuestados ha experimentado en algún momento tristeza o depresión; el 46% ansiedad o miedo; y el 55,6% mucha preocupación sin poder hacer nada para controlarlo

El impacto en los menores

Aunque la encuesta ha sido realizada entre personas de más de 18 años, una buena parte se centra en la salud mental de los menores vista a través de sus familiares o convivientes. Un 52,2% de los padres que tienen hijos menores de edad (843 de la muestra) y con los que han vivido en la pandemia, han notado cambios en su personalidad.  

De aquellos que han notado los efectos en el comportamiento de sus hijos o nietos, un 72,7 % asegura que han sufrido “cambios de humor”, un 78,6% “cambios en los hábitos de vida” y un 30,4% “cambios en el sueño”. En el caso concreto del humor, el 76,4% se mostrarían irritables, el 60% ansiosos, el 50% tristes, el 55% inquietos físicamente y otro 55% son ahora más exigentes cuando piden algo.

Prescripción de psicofármacos

La Dirección Científica de esta encuesta ha estado a cargo del Catedrático de la UNED, Bonifacio Sandín, especializado en Personalidad, evaluación y tratamientos psicológicos, y del psiquiatra, psicoterapeuta y profesor de Psicopatología de la UNED, José Luis Pedreira. Este último ha destacado “la sensación de miedo al contagio y a la muerte en adultos jóvenes, así como el llanto varias veces al día” y ha subrayado el incremento de la prescripción de psicofármacos, más del doble de los prescritos con anterioridad al inicio de la pandemia.

Al 6% de los encuestados les han recetado un psicofármaco desde el marzo pasado, entre los que destacan ansiolíticos, antidepresivos, calmantes o pastillas para dormir. De todos ellos, el 69% lo ha tomado por lo menos durante tres meses y el 77% sigue tomándolos en la actualidad por presentar algún trastorno mental.

Sandín, por su parte, ha coincidido en resaltar que la muestra es representativa de la población de todo el país, por lo que se trata del “primer estudio que puede aportar datos longitudinales”. Y ha hecho notar que “la clase media-baja y los que se consideran clase trabajadora y clase obrera padecen más trastornos mentales que los que se identifican como clase alta”.

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