¿Es cierto que casi toda el agua de la Tierra ya pasó por la orina de otros seres vivos? La ciencia responde
El agua cambia de escenario tantas veces que una misma molécula puede pasar del hielo a un río, de ahí a una nube y acabar dentro de un animal. Esa circulación planetaria da sentido a una idea que lleva años dando vueltas con bastante gracia: buena parte del agua que sale del grifo pudo formar parte alguna vez de la orina de dinosaurios, mamuts u otros seres vivos. La broma tiene una base física razonable, aunque su versión más extrema necesita varios matices.
El ciclo planetario reutiliza moléculas durante millones de años
La pregunta sobre si casi toda el agua terrestre ha pasado por una vejiga admite respuestas distintas según qué porción del planeta se incluya y cómo se haga la estimación. Neil Donahue, director del Steinbrenner Institute for Environmental Education and Research y profesor de química e ingeniería química en la Universidad Carnegie Mellon, considera probable que el resultado sea afirmativo si se toma como referencia el agua que ha circulado por la biosfera durante cientos de millones de años. Su cálculo parte de aproximaciones amplias y pretende establecer una escala, no reconstruir el recorrido de cada molécula.
Donahue toma como referencia una persona de unos 50 kilogramos que produce alrededor de un litro de orina al día, equivalente aproximadamente al 1% de su peso corporal. Después extiende esa proporción a todos los cordados, el grupo que incluye mamíferos, aves y peces, y asume para la operación una biomasa total cercana a 2.000 millones de toneladas métricas.
Con esa hipótesis, esos animales generarían unos 0,02 gigatoneladas de orina al día, una cantidad parecida al volumen de 8.000 piscinas olímpicas. El propio investigador califica esa generalización de “probablemente equivocada”, aunque útil para obtener una estimación de orden de magnitud.
El cálculo planetario encuentra un límite bajo tierra
La otra parte de la estimación parte de una cifra mucho mayor, porque el Servicio Geológico de Estados Unidos estima en unos 1.400 millones de gigatoneladas el agua total de la Tierra. Ahí entran océanos, casquetes polares, glaciares, lagos, ríos, aguas subterráneas y vapor atmosférico. Dividir esa reserva por los 0,02 gigatoneladas diarias de la estimación anterior arroja unos 70.000 millones de días, alrededor de 191 millones de años, para producir mediante orina un volumen equivalente al agua del planeta. Los cordados existen desde hace al menos 500 millones de años, así que el tiempo disponible supera ampliamente esa escala.
A ese cálculo se escapa el agua juvenil, almacenada en profundidad y ajena hasta entonces al ciclo hidrológico de la superficie terrestre. David Kreamer, profesor de hidrología en la Universidad de Nevada - Las Vegas, explica que parte de esa reserva puede ascender ligada al magma y liberarse en forma de vapor durante una erupción volcánica, junto con cenizas y fragmentos de roca.
En esos lugares aparece agua que alcanza la superficie por primera vez en la historia del planeta y que, por definición, todavía no ha atravesado ninguna vejiga. Ese origen profundo importa porque demuestra que el inventario terrestre incluye agua que todavía está estrenando su participación en los intercambios superficiales.
Las reservas aisladas limitan la tesis sobre los dinosaurios
La respuesta cambia cuando se exige que cada última gota haya pasado por un animal, porque algunas reservas permanecen aisladas durante periodos geológicos muy largos. Kreamer señala que parte del agua queda atrapada como hielo glaciar durante cientos de miles de años y que ciertas aguas subterráneas profundas llevan decenas de miles de años sin incorporarse a circuitos superficiales.
Esa lentitud impide asegurar que toda el agua terrestre haya sido orina alguna vez, pese a que cientos de millones de años de actividad animal han permitido reciclar biológicamente cantidades inmensas. La famosa idea del agua de dinosaurio tiene bastante sentido como posibilidad, pero las grandes reservas profundas obligan a ponerle un límite: una parte del agua terrestre pudo quedar fuera de ese ciclo durante muchísimo tiempo.
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