Cuando bestias prehistóricas caminaban por la selva de Panamá y su desaparición dejó una herida que nunca cerró

Un paisaje antiguo dependía de criaturas colosales que recorrían amplias llanuras

Héctor Farrés

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Los árboles formaban corredores abiertos entre zonas de bosque y claros húmedos, y enormes animales recorrían esos espacios buscando hojas, frutos y brotes. Hace miles de años, las bestias prehistóricas recorrían territorios del istmo y su presencia condicionaba cómo crecían las plantas y cómo se movía el fuego en la vegetación.

Aquella dinámica formaba parte de la vida natural de Panamá cuando gigantes herbívoros caminaban entre bosques tropicales y zonas de pasto. Ese paisaje antiguo planteó una pregunta que solo podía resolverse con pruebas conservadas bajo tierra.

Un análisis universitario reconstruyó la presencia y la desaparición de esa fauna

Un estudio de la University of Exeter publicado en Quaternary Science Reviews reconstruyó la historia de esos animales y su desaparición al analizar sedimentos del lago La Yeguada. Los registros indican que la megafauna habitó la región desde al menos 16.600 años antes del presente y que su número cambió varias veces a lo largo del tiempo. El trabajo relaciona esos cambios con transformaciones duraderas en la vegetación y en la frecuencia de incendios naturales.

Unos gigantes antiguos recorrían el istmo y moldeaban la vegetación

El equipo detectó tres descensos claros en la abundancia de grandes herbívoros. El primero ocurrió hace unos 13.600 años. El segundo apareció cerca de los 10.000 años. El tercero se produjo alrededor de los 8.400 años. Entre esos episodios hubo recuperaciones parciales hacia 11.200, 9.000 y 7.600 años antes del presente.

Los investigadores interpretan esas subidas como momentos en los que algunas especies o poblaciones lograron reorganizarse antes de nuevos descensos.

Los científicos estudiaron restos microscópicos conservados en capas del fondo

Para reconstruir esa cronología, los científicos analizaron núcleos de sedimento extraídos del fondo del lago. Allí buscaron esporas de hongos coprófilos, organismos microscópicos que crecen sobre el estiércol de animales herbívoros.

Felix Pym, paleoecólogo de la University of Exeter, explicó el proceso en declaraciones sobre el estudio: “Las nuevas esporas de hongos se dispersan, llegan a los lagos y quedan conservadas en capas de sedimento”. El mismo material también contiene polen fósil y partículas de carbón que permiten identificar plantas y rastrear incendios antiguos.

El análisis conjunto de esas señales reveló cambios claros en el paisaje. Cuando los grandes herbívoros disminuían, aumentaba la acumulación de vegetación baja. Esa materia vegetal seca servía como combustible y facilitaba la propagación de incendios.

Los investigadores proponen usar ese pasado para orientar restauraciones ecológicas

En cambio, cuando los animales abundaban, consumían o aplastaban parte de esa vegetación. Pym resumió ese efecto con una comparación con la fauna actual: “Igual que ocurre hoy con los elefantes, los grandes herbívoros tenían una influencia muy fuerte en los ecosistemas”.

Los registros de polen también muestran que varias plantas cambiaron su distribución durante esos episodios. Muchas especies con frutos grandes o semillas voluminosas dependían de animales grandes para dispersarse a largas distancias.

Cuando los herbívoros desaparecieron, esas plantas se volvieron menos comunes en el paisaje. Los investigadores observaron además alternancias entre zonas de bosque cerrado y áreas más abiertas con pastizales.

Restos fósiles permiten reconocer a varios gigantes que vivieron en el istmo

Los fósiles encontrados en distintas partes del istmo ayudan a identificar a algunos de los animales implicados. Entre ellos aparece Eremotherium, un perezoso terrestre gigante que podía alcanzar unos seis metros de longitud. También está Cuvieronius tropicus, un proboscídeo emparentado con los elefantes. Otros grandes herbívoros de la región incluían gliptodontes, armadillos acorazados de gran tamaño, y ungulados como Mixotoxodon. Muchos de estos animales superaban los 45 kilos y cumplían funciones ecológicas que hoy han desaparecido.

La reducción de megaherbívoros favoreció incendios más frecuentes en el paisaje

Las conclusiones del estudio también influyen en los debates actuales sobre restauración ecológica. Los científicos proponen usar este registro del pasado como referencia para proyectos de reintroducción de grandes herbívoros.

Ese enfoque, conocido como rewilding trófico, busca recuperar procesos ecológicos perdidos. En Europa ya se han llevado a cabo iniciativas similares con bisontes.

Felix Pym explicó que el trabajo ofrece pistas, aunque no una solución inmediata. “Nuestro estudio muestra parte de lo que se ha perdido y señala una posible vía, pero elegir especies para reintroducción exige investigación y planificación cuidadosa”.

Stephen Sitch, profesor del Global Systems Institute de la University of Exeter, añadió que el análisis integra información de animales antiguos, vegetación e incendios para entender cómo evolucionan los ecosistemas tropicales.

Los sedimentos del lago La Yeguada conservan miles de años de historia ecológica en capas sucesivas. Cada estrato contiene restos microscópicos que revelan cómo cambiaron las comunidades de plantas y animales.

Esa información permite reconstruir un paisaje donde grandes herbívoros recorrían el territorio y mantenían bajo control la vegetación que alimenta los incendios. Sin esos animales, el equilibrio del ecosistema cambió y dejó señales que todavía pueden leerse en el fondo del lago.

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