Este castillo del siglo XVII está situado en una isla de dos hectáreas y fue residencia de verano de Emilia Pardo Bazán

Su emplazamiento estratégico permitió durante siglos vigilar la entrada de la ría y proteger la costa gallega

Alberto Gómez

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Situado sobre un islote rocoso, en plena ría de A Coruña, el Castillo de Santa Cruz es todo un emblema histórico y natural de Oleiros, una imponente fortaleza conectada a tierra firme por una moderna pasarela peatonal de madera. Su emplazamiento estratégico permitió durante siglos vigilar la entrada de la ría y proteger la costa gallega de posibles incursiones marítimas enemigas. Hoy en día, este enclave es reconocido no solo por su valor defensivo, sino también por su belleza paisajística y su atmósfera cargada de magia. El recorrido hacia esta isla ofrece a los visitantes unas vistas inmejorables de la ciudad herculina y del puerto de Santa Cruz. Este entorno natural ha sido declarado Bien de Interés Cultural, destacando como un espacio de alto interés patrimonial y cultural. 

Su arquitectura medieval, con muros de piedra y torres vigía, recuerda el pasado bélico de un edificio que ha sabido reinventarse. La vegetación que cubre la isla conforma un ecosistema único de bosque atlántico que rodea el conjunto arquitectónico de manera singular. La génesis de esta fortificación se remonta a finales del siglo XVI, cuando se inició su construcción bajo el mandato del gobernador Diego das Mariñas. La obra, proyectada por el ingeniero Pedro Rodríguez Muñiz entre 1594 y 1595, buscaba reforzar el sistema defensivo coruñés tras el ataque de Francis Drake. Su finalización definitiva se sitúa hacia el año 1640, en pleno siglo XVII, integrándose en un complejo militar junto al Castillo de San Antón. 

Durante el siglo XVII, el castillo desempeñó un papel crucial en la defensa de la bahía, enfrentando ataques de armadas francesas y holandesas. Contaba con una batería de ocho cañones, destacando una pieza conocida como “El Barraco”, famosa por su enorme alcance y potencia. Estos baluartes y pabellones albergaban hasta doscientos soldados, preparados para hundir las fragatas que osaran adentrarse en las aguas de la ría coruñesa. La importancia estratégica del recinto fue decreciendo con el paso del tiempo, hasta que en el siglo XIX perdió su función de defensa. Esta transición marcó el inicio de una nueva etapa civil para la isla, que pasaría de ser un fortín a un hogar señorial.

El destino de la fortaleza cambió radicalmente en el siglo XIX, cuando el Estado decidió desamortizar la propiedad y sacarla a subasta pública. Fue entonces cuando José Quiroga Pérez de Deza, marido de la célebre escritora Emilia Pardo Bazán, adquirió el inmueble por una cantidad sorprendente. Según los relatos de la época, Quiroga pagó por el castillo y el terreno un precio equivalente al que costaba entonces una pareja de bueyes. Bajo su propiedad, el antiguo fortín militar inició una profunda transformación para convertirse en una residencia de verano romántica y acogedora.

En la actualidad, el castillo funciona como la sede del Centro de Extensión Universitaria y Divulgación Ambiental de Galicia

El matrimonio Quiroga-Pardo Bazán remodeló el edificio dándole un aspecto similar a un pazo, incorporando torres almenadas y otros elementos decorativos. Quiroga, reconocido ebanista, trabajó personalmente en el acondicionamiento del lugar, instalando talleres y mejorando los senderos que recorrían la isla. Se crearon también una capilla, un palomar subterráneo y una zona de huerta que dotaron al islote de una vida doméstica inaudita. La propiedad pasó a ser el refugio estival de la familia, alejándose del ruido militar de siglos anteriores para abrazar la paz marina.

La figura de Emilia Pardo Bazán está íntimamente ligada a la historia del castillo, donde pasó largas temporadas disfrutando de la brisa marina. En sus cartas, la escritora describía el lugar como una finca romántica con vistas privilegiadas a la Torre de Hércules y A Coruña. Consideraba que el ambiente de la isla, rico en yodo y aires puros, era sumamente beneficioso para la salud de su familia. Durante sus estancias, la autora de Los pazos de Ulloa encontraba la inspiración necesaria para trabajar en sus libros. A pesar de que tras su separación matrimonial ella prefirió residir en Meirás, el castillo de Santa Cruz siguió siendo su residencia oficial. 

El interior del inmueble reflejaba el gusto de la época, destacando un espectacular artesonado de cartón piedra que imitaba azulejos árabes. Esta innovación decorativa, obra de Hermenegildo Miralles, era considerada lo más moderno de la época y se conserva parcialmente hoy. La vida social en la isla era intensa, con banquetes a los que los invitados llegaban en elegantes lanchas desde el puerto cercano. El castillo se convirtió así en un centro de cultura y distinción, marcando una de las épocas doradas de la fortaleza.

Tras el fallecimiento de José Quiroga, la propiedad del castillo pasó a manos de su hija, Blanca Quiroga, quien continuó vinculada al islote. Blanca y su marido, el general Cavalcanti, realizaron nuevas mejoras en el recinto, manteniendo el espíritu señorial que sus padres habían instaurado. Sin embargo, en el año 1938, tras quedar viuda, Blanca decidió donar la histórica fortaleza al Patronato de Huérfanos del Ejército. Este acto de generosidad transformó el antiguo pazo familiar en una residencia de verano para los hijos de militares fallecidos. Durante cuarenta años, el castillo albergó a generaciones de niños que disfrutaban de las colonias estivales. Estos jóvenes veraneantes guardan recuerdos imborrables de la isla, desde donde a veces se escapaban para acudir a las verbenas locales. 

Para adaptar el edificio a este nuevo uso residencial masivo, se añadió una segunda planta al cuerpo central de la construcción. Esta etapa militar-educativa se prolongó hasta 1978, momento en el que el castillo quedó nuevamente desocupado y en riesgo de olvido. El legado de la familia Pardo Bazán se mantuvo vivo a través de la memoria colectiva de los habitantes de Oleiros.

Deterioro y recuperación

El final de la etapa como residencia de huérfanos estuvo marcado por un triste periodo de deterioro y expolio de los bienes históricos. Durante la ocupación militar, muchas piezas de valor, como lámparas y mobiliario original, fueron trasladadas a otros destinos oficiales y despachos. Gran parte del universo íntimo de los Quiroga-Pardo Bazán desapareció, quedando hoy solo algunos elementos como el artesonado o los jardines. Para proteger lo poco que quedaba, varios cuadros originales fueron trasladados a la Casa Museo Emilia Pardo Bazán para su conservación. Este proceso de desmantelamiento generó un sentimiento de pérdida en la comunidad, que veía cómo un símbolo local perdía su esplendor interior. El inmueble permaneció abandonado durante varios años, aguardando una intervención que le devolviera su dignidad y propósito dentro de la sociedad.

La recuperación del Castillo de Santa Cruz comenzó en 1980, cuando el Concello de Oleiros adquirió el inmueble, compra que fue un paso decisivo para garantizar el uso público y la conservación de este monumento nacional para las futuras generaciones. Tras años de gestiones y acuerdos con la Xunta de Galicia y la Universidad de A Coruña, se definió un nuevo destino. El objetivo era transformar la antigua fortaleza en un referente de la educación ambiental y la investigación científica en la región. Las obras de rehabilitación respetaron la configuración arquitectónica exterior, manteniendo las torres y almenas que le dan su perfil tan característico. En la actualidad, el castillo funciona como la sede del CEIDA (Centro de Extensión Universitaria y Divulgación Ambiental de Galicia). Este centro promueve el intercambio científico y cultural, buscando soluciones a los problemas ambientales que afectan a nuestro ecosistema global. 

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