Una ciudad ibérica desconocida guarda el archivo epigráfico más grande del mundo prerromano hispano
Las palabras no siempre se guardan en libros ni se pensaron para durar siglos. A veces quedan en superficies duras, en objetos que pasan de mano en mano y que se usan hasta romperse. Un archivo epigráfico reúne justo eso, textos breves grabados o pintados en cosas corrientes, y en época prerromana servía para identificar, contar o avisar sin levantar monumentos. Los prerromanos escribían donde hacía falta, no donde quedaba bonito. Ese hábito dejó rastros dispersos que hoy solo se entienden cuando se miran como un conjunto completo.
Ese patrón se ve con claridad en Azaila, un yacimiento de Teruel que conserva el mayor conjunto de inscripciones de la Hispania prerromana. Se llama así por el lugar donde apareció, no porque ese fuera su nombre en la Antigüedad, que se desconoce. Ninguna de las casi mil inscripciones recuperadas menciona la ciudad y las fuentes clásicas no permiten identificarla.
Azaila reúne casi mil marcas que permiten ver el uso real de esas palabras
Un estudio publicado en la revista Palaeohispanica examina 998 textos grabados sobre cerámica y otros objetos y concluye que la escritura estaba integrada en la vida diaria. La investigación, firmada por Aránzazu López Fernández, de la Universidad del País Vasco, explica que no se trataba de un recurso reservado a élites. Los datos, recogidos también por La Brújula Verde, muestran una práctica extendida ligada a la cocina, el almacén y el intercambio de productos.
El asentamiento se levantaba en el Cabezo de Alcalá, a poco más de un kilómetro del actual núcleo de Azaila, y estuvo ocupado entre los siglos II y I a.C. Allí vivían los sedetanos, un grupo íbero que mantuvo relaciones frecuentes con poblaciones vecinas. Los estudios sitúan su destrucción entre el 76 y el 72 a.C., durante las guerras de Sertorio, y ese final brusco dejó los objetos en el lugar donde se usaban. Gracias a eso, el conjunto conserva una imagen fija del uso de la escritura justo antes del abandono del poblado.
La mayor parte de los textos aparece en el ajuar doméstico. En la vajilla importada de barniz negro, procedente de Italia, las inscripciones son breves y discretas, a menudo de una o dos letras colocadas en zonas poco visibles. El trabajo plantea que servían para reconocer la pieza al guardarla y evitar confusiones en espacios que compartían con otros. En la cerámica local, en cambio, las letras son más grandes y se colocan en zonas centrales, porque debían leerse mientras el recipiente se utilizaba cada día.
La vajilla y los recipientes muestran usos distintos según su origen
El ámbito del almacén y el comercio ofrece aún más variedad. Las ánforas, destinadas al transporte de vino o aceite, incluyen nombres, cifras y marcas relacionadas con el peso o el contenido. Junto a los grafitos grabados aparecen sellos y textos pintados, una técnica habitual en contextos romanos.
Casi un tercio de las inscripciones son de una sola letra, aunque también se documentan nombres completos. En un plato de barniz negro se lee etesikenñi, una forma que indica pertenencia, mientras que en otros casos aparecen abreviaturas como bin o biu, relacionadas con antropónimos íberos.
No todo son letras. Cerca del 10% del conjunto corresponde a signos no alfabéticos como aspas, líneas o cruces, muy presentes en pesas. Estas marcas funcionaban como un sistema práctico de identificación y control. El estudio señala que su uso no exigía un dominio completo de la escritura, pero sí un acuerdo grupal sobre su significado.
El análisis también refleja el contacto entre culturas. Aunque el 96,2% de los textos está en lengua íbera, muchos soportes son de tipología romana y el 3,8% de las inscripciones está en latín. En las ánforas se combinan grafitos indígenas con marcas romanas, una señal de cooperación económica. La producción y el contenido procedían de circuitos romanos, mientras que el uso final y parte de las anotaciones correspondían a usuarios locales, un intercambio que queda fijado en este archivo escrito y disperso.
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