La curiosa y romántica leyenda que rodea a un jamón que fue 'indultado' en una legendaria taberna de Jaén

El jamón indultado continúa recordando a cada visitante que en Jaén los milagros y el amor pueden manifestarse de las formas más insospechadas

Alberto Gómez

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En el casco antiguo de Jaén, cruzando el emblemático Arco del Consuelo, se encuentra una legendaria taberna fundada en 1888 que ostenta el título de ser la más antigua de la ciudad. Este rincón de solera no solo es célebre por sus chatos de vino y sus tapas tradicionales, sino por custodiar un tesoro que desafía el paso de los años: un jamón momificado. Esta pieza, conocida como el jamón ‘indultado’, cuelga hoy en una vitrina ante la mirada atónita de los clientes que se acercan a degustar la gastronomía local. Lo que parece un simple trozo de carne seca es el epicentro de una leyenda romántica y curiosa.

La historia se remonta al año 1918, justo cuando la Gran Guerra llegaba a su fin y Europa buscaba un nuevo amanecer de paz. En aquel contexto, José María López Cruz, el fundador de la dinastía de la taberna, recibió en la penumbra de su bodega a un grupo de extranjeros que buscaban algo de discreción para descansar y comer. Entre ellos destacaba una mujer rubia de ojos azules, cuya belleza fue descrita como una aparición divina en la Jaén de principios del siglo veinte. Los relatos populares aseguran que se trataba de una princesa rusa que huía hacia el sur, camino a Gibraltar, para embarcar hacia el exilio americano. Aquella presencia marcaría para siempre el destino de uno de los jamones que colgaban del techo.

Mientras la noble dama se encontraba sentada bajo las vigas de madera del sótano, una fortuita gota de grasa se desprendió de una de las piezas que allí se curaban. El destino quiso que el pringoso proyectil cayera de manera directa sobre la mujer, manchando su vestido ante la sorpresa de los presentes. El tabernero, profundamente apenado por el incidente pero cautivado por la belleza de la invitada, se ofreció de forma inmediata a limpiar la prenda para evitar que el daño fuera mayor. La situación, que podría haber sido un momento de tensión, se transformó en el prólogo de un romance fugaz pero inolvidable que quedaría grabado en la memoria del establecimiento. 

Este taberna de solera fue fundada en 1888 y ostenta el título de ser la más antigua de la ciudad

Para realizar la limpieza con la privacidad necesaria, el hostelero llevó a la mujer a la planta superior, donde se encontraba la vivienda familiar. Allí, con ayuda de un cepillo y quitamanchas, procedió a retirar la suciedad del tejido, sintiendo la cercanía y el latido del corazón de la bella extranjera. La leyenda cuenta que, tras completar la tarea con la máxima delicadeza, la princesa, conmovida por la caballerosidad del hombre, se acercó a él y le dio un beso que lo dejó sin aliento. Aquel gesto de gratitud y afecto fue tan impactante para el joven tabernero que decidió, en ese mismo instante, que el jamón responsable de aquel encuentro nunca sería consumido por ningún cliente. La pieza había cumplido su misión.

Desde aquel día la pieza fue oficialmente indultada, quedando libre del cuchillo y destinada exclusivamente a la contemplación. Con el transcurso de las décadas, la pata de cerdo fue perdiendo volumen y adquiriendo una textura acartonada, un proceso de momificación natural que la ha mantenido intacta hasta nuestros días. El jamón incorrupto se convirtió en un símbolo de la casa, una reliquia que recordaba a todos el fugaz encuentro entre un hombre de Jaén y una princesa de las estepas. A pesar de que el establecimiento, la Taberna El Gorrión, ha pasado por diversas reformas y cambios de gestión, el compromiso de no tocar jamás aquel jamón se ha mantenido como una ley no escrita. 

Aunque la versión de la princesa rusa es la preferida por los poetas, existe otra explicación histórica que vincula el indulto al fin del conflicto bélico mundial. Según esta tesis, el jamón se habría conservado como un símbolo de paz para celebrar la noticia del armisticio de la Gran Guerra. Sin embargo, el misterio pareció quedar resuelto en la década de los años noventa, cuando se descubrió un documento oculto dentro de una botella en la bodega. En dicho papel, un testimonio privado dejaba constancia escrita de que el motivo real de su decisión fue, sin lugar a dudas, el beso de aquella dama rubia de ojos azules. Este hallazgo documental otorgó veracidad a la historia romántica, confirmando que un gesto de amor detuvo el tiempo para aquel alimento.

Una historia literaria

La relevancia de este curioso objeto ha traspasado lo local para entrar en el mundo de las letras de la mano de autores de la talla de Juan Eslava Galán. El reconocido escritor menciona la taberna y su particular ambiente en obras como ‘En busca del unicornio’, destacando la importancia social y literaria de este rincón jienense. La literatura ha contribuido a forjar el mito del jamón momificado, dándole un lugar de honor en la cultura popular andaluza y atrayendo a lectores de todas partes. Incluso poetas locales han dedicado versos a la pieza, describiendo su aspecto menguado por el tiempo y su protección tras el cristal de la vitrina. Visitar esta taberna es hoy una experiencia que une lo gastronómico con lo histórico.

Hoy en día, la Taberna El Gorrión sigue ofreciendo sus vinos y sus raciones de queso añejo en un ambiente que respira tradición por los cuatro costados. El jamón indultado continúa en su puesto de honor recordando a cada visitante que en Jaén los milagros y el amor pueden manifestarse de las formas más insospechadas. Se mantiene viva por lo tanto la llama de esta historia centenaria, que atrae a parroquianos y turistas que preguntan por la salud de la famosa reliquia. En un mundo que se mueve a gran velocidad, el jamón momificado representa la permanencia de los valores y de las historias que dan identidad a un pueblo. Un auténtico lugar que se niega a olvidar aquel beso y aquella leyenda.

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