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Una daga de hace 700 años con forma de testículos aparece en una fortaleza sueca y desconcierta a los arqueólogos

El hallazgo de una daga con forma testicular en Gullberg ha reavivado el interés por los objetos simbólicos del siglo XV

Héctor Farrés

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Se llevaba colgada del cinturón y su diseño no dejaba lugar a dudas. No se trataba solo de una herramienta práctica. Era una declaración. En una época en la que la hombría se medía por la fuerza, la posición y la ostentación, cualquier objeto servía para dejar claro quién dominaba y quién obedecía.

Desde los anillos hasta los cuchillos, todo podía convertirse en un aviso. En ese contexto se enmarca la aparición de una daga decorada con dos esferas que representan testículos y que no necesitaban más explicación para cumplir su función simbólica: marcar territorio.

El hallazgo de un objeto con mensaje propio en las ruinas de Gullberg

El hallazgo se produjo en las ruinas de la antigua fortaleza de Gullberg, en Suecia, durante una excavación dirigida por el equipo de Arkeologerna. Entre los restos de estructuras defensivas, utensilios de cocina, proyectiles y materiales de escritura, apareció este curioso objeto del siglo XV, cuya empuñadura de madera presenta dos prominencias redondeadas. La pieza estaba rota, pero su intención permanecía intacta. La forma en que fue concebida apunta directamente al uso que pudo tener tanto en combate como en la vida diaria.

Los especialistas del Museo Histórico Nacional, que participaron en el análisis del material, explicaron que las dagas con esa forma circular en la base del mango fueron habituales en el norte de Europa entre los siglos XIV y XIX.

Las piezas halladas en Gullberg abarcan desde el siglo XIV hasta el XVII y permiten rastrear cómo fue cambiando el uso del recinto

Su uso no se limitaba al campo de batalla. Cuando las espadas estaban restringidas a ciertas clases sociales, las dagas eran el arma más común, tanto por su utilidad como por su carga simbólica. Los ejemplos mejor conservados suelen incluir empuñaduras de madera dura, como abedul rizado, y estaban pensados para llevarse sujetos al cuerpo, cerca de la cintura.

Durante la excavación se identificaron también otros elementos que ayudan a reconstruir la vida en el interior de la fortificación. Había un reloj de sol, una cuchara de uso doméstico, grifos para barriles de cerveza, una copa de bebida y un objeto especialmente curioso: un esparcidor de arena, usado para secar la tinta en los documentos escritos a mano. Todo ello contribuye a una imagen mucho más completa del día a día entre los muros defensivos.

En palabras de Anders Altner, arqueólogo del equipo, al analizar la estructura general del recinto, se ha observado que “combinaron diferentes componentes constructivos al levantar la fortificación, en unas zonas con piedra y ladrillo, y en otras con tierra y madera”. En una de las estancias subterráneas se encontraron partes del suelo, muros y tejado aún en su sitio, junto a una escalera bien conservada. Ese tipo de conservación no era habitual y permitió un trabajo arqueológico más detallado de lo esperado.

Tres siglos de historia contados a través de una excavación

El origen de Gullberg se remonta al siglo XIV, cuando el rey Birger Magnusson ordenó levantar una estructura defensiva en ese punto estratégico, desde donde se dominaba el paso del río Göta. Su construcción respondió a la presencia de castillos noruegos y daneses en la cercana isla de Hisingen.

El edificio inicial fue ampliado y reforzado a lo largo de los siglos, hasta que perdió su función militar tras la construcción de Skansen Lejonet, una fortaleza más moderna que la sustituyó en el siglo XVII.

Los restos encontrados abarcan un amplio periodo histórico. Las flechas de ballesta halladas corresponden al siglo XV, mientras que las bolas de cañón datan del XVII. Se han documentado también cerámicas de origen local e importado, piezas de madera procedentes de construcciones de mediados del siglo XV y otras fechadas en torno a 1570. La variedad de los objetos, materiales y técnicas refleja la evolución del uso del lugar durante más de tres siglos.

En medio de ese conjunto diverso, la daga testicular sobresale tanto por su diseño como por su posible función simbólica. Lejos de ser un objeto puntual, parece encajar dentro de una lógica social en la que cada objeto tenía una carga de representación. No era solo una herramienta, tampoco un simple adorno. Era, sobre todo, una forma de decir: aquí mando yo.

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