El dinosaurio con cabeza acorazada que embestía como un carnero y desafía la evolución de las aves primitivas
El empuje partía desde las patas traseras y recorría el cuerpo como una sacudida corta, mientras la cabeza avanzaba con el cuello rígido y los músculos tensos hasta el impacto. El dinosaurio con cabeza acorazada embestía como un carnero, con el cráneo inclinado y la superficie ósea preparada para recibir el golpe, en una colisión frontal pensada para resistir. El choque dejaba vibraciones secas en el cuello y obligaba al rival a retroceder unos pasos sobre el suelo duro. Esa acción repetida, más cercana a un forcejeo físico que a una exhibición, exigía una anatomía capaz de soportar impactos continuos sin fracturarse.
Ese tipo de comportamiento es el que los investigadores proponen para Xenovenator espinosai, una especie de dinosaurio descrita a partir de restos hallados en el norte de México. El estudio, publicado en la revista Diversity, documenta una adaptación anatómica poco común entre los terópodos pequeños y emparentados con las aves, con un cráneo preparado para choques entre individuos.
Una estructura que apunta a la selección sexual
Estos ejemplares vivieron hace unos 73 millones de años, durante el Cretácico tardío, y pertenecía a los Troodontidae, un grupo conocido por su agilidad y por un desarrollo cerebral mayor que el de otros dinosaurios carnívoros de tamaño similar. Sus restos aparecieron en la Formación Cerro del Pueblo, en el estado de Coahuila, donde se recuperaron el ejemplar holotipo y varios paratipos mediante prospecciones en superficie realizadas a comienzos de los años 2000. De acuerdo con Sci.News, el hallazgo amplía el registro de troodóntidos en el sur de Laramidia.
La singularidad de la especie está en su cráneo. El holotipo conserva buena parte de la caja craneana, incluidos los huesos frontales y parietales, que aparecen fuertemente abovedados y alcanzan hasta 1.2 centímetros de grosor. Las tomografías computarizadas muestran una estructura interna densa, con suturas estrechamente entrelazadas y una superficie externa rugosa y estriada, un diseño poco habitual en este grupo de dinosaurios.
Esa arquitectura recuerda a la de los paquicefalosáuridos, famosos por sus cúpulas óseas y por el uso de la cabeza en enfrentamientos, aunque ambos linajes estén alejados entre sí. Según el equipo investigador, esa semejanza apunta a una convergencia evolutiva. “El cráneo grueso y modificado de Xenovenator espinosai es único entre los maniraptoranos, y su función no es evidente a primera vista”, explicó Héctor Rivera-Sylva, del Museo del Desierto, en declaraciones recogidas en el artículo.
Los autores plantean que la explicación más plausible es la selección sexual. “Muchas estructuras sin un valor adaptativo claro para la supervivencia, como cuernos o crestas, suelen estar asociadas a la selección sexual”, señaló Rivera-Sylva, también en el trabajo publicado en Diversity. En animales actuales, esos rasgos funcionan en el cortejo o en disputas entre machos, y el caso de Xenovenator encajaría en ese patrón.
Los paratipos muestran un engrosamiento craneal menos marcado, lo que sugiere diferencias ligadas a la edad o al sexo. Esa variación indica que la estructura más extrema se desarrollaría en fases avanzadas del crecimiento o solo en parte de la población. “Dado el conjunto de evidencias, parece probable que el abovedamiento del cráneo fuera una adaptación para el combate entre individuos de la misma especie”, añadieron los investigadores.
Las diferencias entre ejemplares apuntan a un rasgo ligado al sexo o la edad
El estudio también invita a revisar otros fósiles de troodóntidos. Algunos ejemplares muestran rugosidades en los huesos faciales, un rasgo que podría estar relacionado con comportamientos similares, aunque menos intensos que en Xenovenator espinosai. Esa posibilidad amplía la idea de que el combate físico entre individuos pudo ser más frecuente de lo que se había planteado en este grupo.
Los análisis filogenéticos sitúan al Xenovenator dentro de un linaje de troodóntidos de gran tamaño del suroeste de América del Norte. La presencia de una especie emparentada, Xenovenator robustus, en Nuevo México refuerza la existencia de un grupo local adaptado a esos ecosistemas. Según los autores, ese patrón subraya la diversidad de las faunas del sur de Laramidia durante el Cretácico tardío y muestra que incluso dinosaurios pequeños y ligeros desarrollaron soluciones anatómicas para resolver conflictos mediante el contacto físico.
0