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Esta es la drástica decisión que ha tomado el aeropuerto de Wellington que no gustará nada a los fans de 'El Señor de los Anillosp

Tras más de diez años dominando el techo de la terminal, las enormes figuras de aves volaron de la sala principal

Héctor Farrés

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Los paisajes volcánicos, los valles verdes y las montañas abruptas de Nueva Zelanda se han convertido en un espejo perfecto del universo creado por J.R.R. Tolkien. La adaptación de las trilogías de El Señor de los Anillos y El Hobbit por Peter Jackson consolidó ese paralelismo y transformó al país en un destino buscado por miles de viajeros.

La relación no se limita a los rodajes, también se percibe en la forma en que se han usado los símbolos literarios en espacios públicos. Una muestra evidente se encuentra en el aeropuerto de Wellington, que convirtió su terminal en un espacio temático donde las criaturas imaginadas por Tolkien recibieron a quienes pisaban tierra neozelandesa. Esa ambientación desemboca en la historia principal que marca el cambio actual.

El aeropuerto de Wellington se despidió de las águilas colosales

El aeropuerto de Wellington confirmó que las esculturas gigantes de águilas que dominaban el techo de la terminal se retiraron este año. La decisión puso fin a más de una década de presencia imponente y abrió paso a una renovación que transformará el recibimiento a los pasajeros.

Los detalles técnicos de esas aves llamaban tanto la atención como su tamaño. Cada una tenía un esqueleto de acero, cuerpo de poliestireno y un total cercano a 1.000 plumas, la más larga de 2,4 metros. El peso de 1,2 toneladas y la envergadura de 15 metros convertían a los pájaros en piezas monumentales visibles desde cualquier punto de la sala. Sobre el lomo de una de ellas se fijó la figura de Gandalf, una referencia evidente a las escenas que marcaron a varias generaciones de lectores y espectadores.

Un terremoto derribó una de las esculturas

El origen de estas piezas se remonta a 2013, coincidiendo con el estreno de la trilogía de El Hobbit. La instalación convirtió el aeropuerto en un lugar de peregrinaje para seguidores de Tolkien. Un año después, un terremoto provocó que una de las águilas cayera, aunque el incidente no causó heridos y la obra se reinstaló con refuerzos estructurales.

Aunque esas figuras ya forman parte de la memoria del lugar, no desaparece del todo la huella de Tolkien en la terminal. La escultura de Smaug, el dragón de El Hobbit, permanece en la zona de facturación y sigue ofreciendo un impacto inmediato a quienes cruzan las puertas de salida y llegada.

Una nueva escultura conecta el edificio con la tradición maorí de la bahía

Ese vínculo con el imaginario fantástico contrasta con la nueva orientación elegida por el aeropuerto. La sustitución llegó con Manu Muramura, una escultura luminosa que representa el espíritu de un ave ligado a los relatos tradicionales de Te Whanganui-a-Tara. La inauguración incluyó una ceremonia con haka y música que situó a los visitantes en el contexto cultural local desde el primer momento.

Las características técnicas de Manu Muramura impresionan tanto como las de sus predecesoras. La obra mide 15 metros de largo, con alas de fibra de vidrio y armadura de acero. Las plumas de policarbonato cambian de tonalidad con la luz del día, mientras la cabeza impresa en 3D incorpora iluminación interior. Los diseños grabados bajo el pico generan una llama simbólica con patrones de bienvenida y renacimiento.

La continuidad con Wētā Workshop resultó esencial para lograr este efecto. La empresa que fabricó los accesorios de El Señor de los Anillos colaboró de nuevo, esta vez junto al artista Manukorihi Winiata. El cofundador Richard Taylor destacó la satisfacción de contar en una obra que conecta con el entorno natural y espiritual de la ciudad.

El apoyo cultural se reforzó con las palabras de Kura Moeahu, presidente de Te Rūnanganui o Te Āti Awa, que explicó que Manu Muramura representa la relación con la tierra y transmite a los visitantes la espiritualidad de la bahía.

El aeropuerto neozelandés, por lo tanto, ha cambiado su techo de criaturas fantásticas por un ave ancestral que brilla sobre los viajeros, y el gesto funciona como un guiño irónico para quienes aún miran al cielo buscando a Gandalf.

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