Parecía un ataque imposible, pero un oso polar se atrevió con toda una colonia de morsas y buscaba un solo objetivo: no morir
El hielo ya no estaba donde tenía que estar y el hambre apretaba sin tregua. El oso polar avanzó, con meses sin comer, hasta decidir lanzarse contra un grupo enorme de morsas. Aquella decisión no respondía a una estrategia medida, sino a una urgencia que empujaba a asumir riesgos extremos.
Se acercó con cautela al principio, pero pronto pasó a un intento frontal que lo expuso por completo. Aquello no era una caza habitual y el propio animal parecía forzado a improvisar. La escena terminó con un enfrentamiento desigual en el que cada movimiento podía costarle la vida.
Un documental registró una escena real en una zona helada en 2004
Ese tipo de situaciones que nacen de la falta de hielo es el contexto en el que se encuadra un hecho real que quedó registrado en 2004, cuando un cineasta captó cómo un oso polar debilitado se lanzó contra una colonia de morsas en un intento de alimentarse tras meses sin éxito.
El trabajo, difundido por la BBC en la serie Planeta Tierra, mostró una conducta ligada a la presión ambiental en el Ártico. La secuencia expone a un depredador que se ve obligado a cambiar sus hábitos al perder su principal base de caza. Esa pérdida está asociada al deshielo, que reduce el acceso a focas y empuja a los osos hacia tierra firme.
El retroceso del hielo marino ha obligado a estos animales a recorrer distancias más largas a nado, lo que aumenta el riesgo de morir agotados o sin alimento. Esa transformación del entorno explica por qué un oso puede acabar enfrentándose a un grupo de morsas adultas, algo poco habitual.
El equipo de la BBC buscaba mostrar animales afectados por cambios estacionales cada vez más extremos, y encontró en este caso una situación que reflejaba esa presión. Vanessa Berlowitz, directora del episodio Mundos de hielo, explicó que “admirabas al oso polar por haberse visto obligado a enfrentarse a este enorme adversario”. También añadió que “en realidad, fue una escena muy equilibrada. Aquí nadie gana. Todos luchan”.
El equipo vivió una grabación difícil en condiciones muy duras
La grabación no fue sencilla. Adam Ravetch pasó dos años en el Ártico y decidió quedarse solo en una zona remota cuando sus provisiones empezaban a escasear. Desde una pequeña estructura que él mismo había construido, vio aparecer al oso tras un largo nado, atraído por el olor de la colonia.
Ravetch contó que “tenía que pasar por encima de mí para llegar a las morsas”, una situación que lo colocó en una posición límite. Aun así, siguió al animal con la cámara mientras este rodeaba la zona antes de lanzarse al ataque. El propio Ravetch recordó que “nunca me había sentido tan en peligro y tan vivo en mi vida”.
El episodio dejó una imagen potente, pero también abrió preguntas sobre el futuro de la especie. Tom Smith, profesor de ciencias de la vida silvestre en la Universidad Brigham Young, explicó que “la mayoría de la gente se identifica tanto con la difícil situación del oso polar como con la de la morsa que protege a su cría”.
Esa identificación tiene una base clara, ya que ambas especies reaccionan bajo presión. David Attenborough, en la narración del documental, advirtió que “incapaz de alimentarse, este oso no sobrevivirá”. También señaló que el calentamiento global aumentará estos casos si el hielo sigue desapareciendo.
La defensa grupal frustró el ataque y dejó herido al agresor
Lo ocurrido durante el ataque sorprendió incluso a quienes estudian a estos animales. El oso no logró penetrar la piel de las morsas adultas, que protegieron a las crías formando un círculo compacto. Ravetch explicó que “pensé que el oso atraparía a una cría de morsa en cuestión de minutos, pero fue un comportamiento totalmente nuevo ver a la morsa defenderse y vencer”.
Durante varios intentos, el depredador trató de subirse sobre ellas para encontrar un hueco, pero acabó herido. En otro momento, añadió que fue “la primera vez que vimos tan de cerca a las morsas unirse para proteger a sus crías”.
Ese fracaso no es un caso aislado dentro de un cambio más amplio. Desde 1979, el Ártico se ha calentado casi cuatro veces más rápido que otras regiones, lo que ha alterado el acceso a las presas habituales. Algunos osos han empezado a recurrir a otras fuentes de alimento, como renos o belugas, e incluso se han documentado casos de canibalismo.
En Svalbard, un seguimiento de 770 ejemplares durante 24 años mostró un deterioro inicial seguido de una mejora tras el año 2000, coincidiendo con una reducción rápida del hielo. Actualmente, parece que pese a las peores condiciones están más sanos.
Smith advirtió que “no es un panorama alentador”, ya que esas alternativas no mantienen poblaciones amplias. Steven Amstrup, del Servicio Geológico de Estados Unidos, dijo que “como el hielo, así es el oso”, al explicar hasta qué punto la supervivencia de la especie depende de ese entorno.
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