Vivir entre terremotos hace 30.000 años: así sobrevivían los humanos en el Paleolítico

Investigadores en el yacimiento de Vale Boi, en Portugal

Àlex Gonzàlez

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Mucho antes de que existieran las ciudades o las carreteras, los seres humanos ya convivían con uno de los fenómenos naturales más imprevisibles y destructivos del planeta: los terremotos. Un estudio internacional, con participación de la Universitat Autònoma de Barcelona y del IPHES-CERCA, ha revelado que grupos de cazadores-recolectores del Paleolítico superior desarrollaron estrategias complejas para sobrevivir en zonas sísmicamente activas hace entre 30.000 y 24.000 años.

La investigación, publicada en la revista Archaeological and Anthropological Sciences, se centra en el yacimiento de Vale Boi, situado en el sur de Portugal, una región tectónicamente activa de la península ibérica. Allí, los científicos han encontrado algunas de las primeras evidencias conocidas de adaptación humana frente a riesgos geológicos en sociedades prehistóricas.

Para reconstruir cómo afectaban los terremotos a estas comunidades, el equipo de investigadores ha combiando datos arqueológicos, geológicos y cronológicos con tecnologías avanzadas como la tomografía de resistividad eléctrica. Gracias a ello, han identificado fallas y desprendimientos de rocas provocados por terremotos de más de 5,7 grados de magnitud.

Estos terremotos alteraban de forma constante el paisaje y afectaban directamente las zonas ocupadas por los grupos humanos. Sin embargo, a diferencia de otros asentamientos prehistóricos abandonados tras grandes catástrofes, las comunidades de Vale Boi continuaron regresando y adaptándose al territorio. Los investigadores han observado que, tras algunos episodios sísmicos, los grupos reducían el tiempo de ocupación del lugar o reorganizaban los espacios habitados para minimizar el riesgo de derrumbes. En otros momentos, abandonaban temporalmente el asentamiento antes de regresar cuando las condiciones eran más seguras.

Investigadores llevando a cabo labores arquelógicas en el yacimiento de Vale Boi

Cambios en la alimentación, movilidad y relaciones sociales

El estudio también ha detectado cambios importantes en la dieta durante los períodos de mayor inestabilidad geológica. Las comunidades comenzaron a explotar con más intensidad los recursos marinos y costeros, una estrategia que probablemente les permitía diversificar sus fuentes de alimento y depender menos de la caza terrestre. Además, los episodios sísmicos coincidieron con un período climático especialmente duro conocido como evento Heinrich 2, caracterizado por un enfriamiento extremo en buena parte de Europa. Esa combinación de terremotos y crisis climática obligó a los grupos humanos a reforzar sus mecanismos de supervivencia.

“En estos contextos de crisis ambiental y geológica, los grupos humanos reforzaron sus redes sociales y las relaciones con comunidades más lejanas”, explica Javier Sánchez Martínez, investigador del IPHES-CERCA y coautor del estudio. “Compartir información, contactos y recursos debió actuar como un mecanismo de amortiguación frente a situaciones de incertidumbre y riesgo”, añade.

Los resultados muestran que estas sociedades paleolíticas tenían una capacidad de adaptación mucho más sofisticada de lo que se pensaba hasta ahora, ya que reaccionaban ante los cambios del entorno y modificaban su movilidad, alimentación y relaciones sociales para reducir riesgos y garantizar su supervivencia.

El trabajo también cambia la visión tradicional sobre las comunidades de cazadores-recolectores, consideradas grupos simples y totalmente dependientes del entorno. En realidad, según los investigadores, ya eran capaces de desarrollar estrategias complejas frente a amenazas naturales mucho antes de la aparición de las primeras sociedades agrícolas o urbanas.

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