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Crítica de la crítica a la diversidad

El escritor Daniel Bernabé acaba de publicar La trampa de la diversidad, un polémico libro escrito con tanta brillantez como agudeza y que tiene el objetivo de confrontar con cierta visión política y social de la izquierda. El libro no aspira a ser un manual ni tampoco tiene pretensiones académicas, y quizás por ambas razones no siempre es fácil esclarecer cuál es la tesis principal del libro y cómo se combina con sus diferentes argumentaciones. La trampa de la diversidad es, ante todo, una gran queja ante el comportamiento reciente de una parte de la izquierda, que por otra parte nunca es señalada ni definida en términos claros.

El razonamiento del libro podría resumirse del siguiente modo. El neoliberalismo es un proyecto estratégico de las élites que ha utilizado al posmodernismo para desmantelar a la izquierda y para extender su amoralidad y cinismo como valores aceptables. Esto lo habría conseguido a través de dos mecanismos. El primero, usando reivindicaciones justas, como las del feminismo y la defensa de los animales, para blanquear valores culturales tales como el de la competitividad y el individualismo. De esa forma el neoliberalismo extiende la cultura del posmodernismo por todos los ámbitos de la sociedad sin que sea percibido como algo negativo sino, de hecho, todo lo contrario. El segundo, el neoliberalismo es la causa de la gran ficción de la clase media, una identidad aspiracional que fue fortalecida para que sirviera de guardia pretoriana al nuevo orden en detrimento de la clase trabajadora industrial. La consecuencia de todo ello habría sido doble. Por un lado, la política se ha transformado en un producto en sí mismo en la que las organizaciones políticas tratan de dar respuesta a unas identidades débiles y fragmentadas, haciendo que los movimientos críticos contemporáneos sean una herramienta inútil para los problemas cotidianos de la gente. Por otro lado, este proceso evita que hallemos esa identidad que nos lleve a la ideología de la acción política colectiva, esto es, a una identidad común de las víctimas del capitalismo y el neoliberalismo que nos permita conseguir objetivos políticos también comunes. En suma, la trampa de la diversidad es precisamente este proceso por el cual lo que aparentemente es bueno y justo, el reconocimiento de la diversidad, es usado por el neoliberalismo como arma para fortalecer su proyecto social y político.

Como se puede comprobar, Bernabé lanza varias hipótesis fuertes y muy polémicas. A mi juicio, la mayoría de ellas no quedan demostradas en su libro y hay razones fundadas para pensar que son erróneas. Además, pienso que asumir como cierto el argumento del autor conllevaría empujar a la izquierda a posiciones políticas inadecuadas. No obstante, antes de entrar en la crítica en sí, cabe hacer un apunte preliminar.

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Y ahora, ¿dónde está Felipe VI?

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Probablemente el 3 de octubre la popularidad de Felipe VI mejoró bastante. Fue el día en que Felipe VI decidió que Cataluña podría ser a su reinado lo que el 23F al de su padre: la justificación de todo un reinado. Es imposible saber nada sobre la popularidad de Felipe VI dado que el CIS no publica (sorprendentemente) desde hace años ninguna valoración que afecte a la monarquía, pero probablemente a corto plazo le fuera rentable en términos de imagen en plena ebullición del conflicto nacional en España.

Sin embargo, nunca pudo estar peor aconsejado. A diferencia del 23F, el 3 de octubre en España seguían los poderes políticos vigentes: cuando Juan Carlos I grabó su histórico discurso el Gobierno de la nación y el Congreso de los Diputados estaban secuestrados a punta de pistola; cuando Felipe VI grabó el suyo había poderes políticos electos que tenían plena libertad para emitir un mensaje político al país: podía hacerlo Mariano Rajoy, podían hacerlo los portavoces de todos los grupos parlamentarios, los titulares de cualquiera de los poderes del Estado… Pero en vez de ellos apareció Felipe VI para hacer un discurso contundentemente político, defendiendo una posición concreta.

La posición política de un rey constitucional es muy delicada porque juega un papel político clave (y nunca inocuo) pero tiene la necesidad de aparentar no jugar ninguno, ser neutro: necesita compensar el hecho de no haber sido elegido por nadie con la apariencia de ser el rey de todos. No es tanto que lo que diga sea razonable, acertado o no: es que debe reflejar algo así como el sentido común de la infinita mayoría de los españoles.

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Los Estados Unidos de Trump contra niños centroamericanos: rabia y dolor en el corazón

Esos niños menores de cinco años lloran porque Trump (y los estadounidenses) los están castigando porque sus papás quisieron salvarles la vida que les esperaba en Centroamérica.

Hace quince meses sentía tanto o más dolor porque el Gobierno de Guatemala, presidido por un criminal que se llama Jimmy Morales, provocó que 56 niñas se incendiaran en un hogar gubernamental. 41 murieron y 15 sobreviven como pueden, sin auxilio estatal. Niñas algunas que habían sido sacadas de sus hogares para protegerlas de violencia intrafamiliar o niñas la mayoría llevadas a ese hogar gubernamental por negligencias de policías o jueces que no atendieron súplicas de sus madres o padres para recuperarlas después de que se habían perdido en la calle.

Seis de cada diez niñas y niños de los 30 millones de centroamericanos que viven en pobreza o extrema pobreza tienen una posibilidad real de terminar encerrados en un hogar gubernamental; un accidente de una madre soltera, un asesinato de un padre, ser traficado y recuperado por las autoridades.

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Señoras ministras

Hace una semana que ha tomado posesión el primer gobierno mayoritariamente femenino desde 1978. El número de mujeres al frente de los ministerios ha ido creciendo desde entonces y, con ésta, llevamos ya dos ministras de defensa, dos de ecología, etc. Por eso, me parece importante recordarles, señoras ministras, que la cultura de las mujeres no es la misma que la de los hombres que han dirigido el mundo hasta nuestros días.

En primer lugar quiero recordarles que en los países del Consejo de Europa sólo el 5% de la población interna en las cárceles son mujeres. Las mujeres no recurrimos a la violencia como primer recurso si no como último. Antes preferimos negociar y defender la paz como hizo hasta su asesinato Rosa Luxemburgo ante la Primera Guerra Mundial. Yo he pensado siempre que el sueño socialista murió definitivamente el día en que un proletario alemán disparó contra un proletario francés y detrás de ellos fueron los proletarios de todos los países occidentales. Por ello, señoras ministras, tenemos que defender la paz y defender el entendimiento dentro de nuestro propio país y entre todos los países de Europa hasta las últimas consecuencias.

En segundo lugar, las mujeres estamos acostumbradas desde hace siglos al cuidado de la vida sobre la tierra. La vida de nuestros allegados, la vida de nuestros próximos, la vida de los peregrinos, la vida de los forasteros, la vida de los pequeños animales de nuestros corrales, la vida de los frutos de nuestras huertas. Por eso, señoras ministras, tienen que imponerse en materia de energías renovables, en la defensa de nuestros parajes naturales, en la inclusión en la enseñanza del cuidado del propio cuerpo a través de la buena nutrición y el deporte. La industrialización de las tareas domésticas ha destruido ya una buena parte de nuestros haberes tradicionales: la comida preparada, la utilización mínima de productos de limpieza e incluso de agua, el reciclaje de la ropa y tantas cosas más. Quizá esos haberes sean ya irrecuperables pero en la medida en que esto sea posible todavía estamos a tiempo de venerarlos y de reaprenderlos.

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Imaginando lo posible: permisos por nacimiento y transformación social

El desigual reparto de las responsabilidades de cuidados está en el origen de las desigualdades de género existentes, y aún así, en el debate en torno a los cuidados y, específicamente, en el de los permisos por nacimiento, se dan contradicciones y tensiones discursivas que discurren desde el reclamo auspiciado desde el binomio mujer-madre a la necesidad de implicación efectiva de los hombres en el cuidado infantil. De dicho debate salen propuestas y alternativas diversas, ni todas conducen a una transformación social, ni mucho menos a situaciones de justicia redistributiva -de género, social y ecológica-. La cuestión a dirimir es si estamos realmente en condiciones de imaginar una organización socioeconómica más allá del ‘orden de género’ que conforma el estatus quo patriarcal y, en cuyo caso, cómo articular dicho cambio para subvertir la división sexual del trabajo.

Durante estos 10 años de crisis-estafa ha ido permeando la trampa patriarcal de privatización de los cuidados. El enfoque neoliberal de las políticas y el mayor calado de su mito de la libre elección explican que muchas mujeres hayan asumido el coste asociado a la realización de los trabajos en los hogares, esto es, cuidados, actividades domésticas, relaciones psicosociales, etc. Hay quien dice hacerlo porque quiere y/o porque así lo ha elegido, ya sea por satisfacción, amor, gratitud, reciprocidad o culpabilidad; sin embargo, las situaciones individualizadas no deberían servir de excusa para obviar el trasfondo real. Las necesidades de cuidado no se resuelven por sí solas ni existen ‘manos invisibles’ que se encarguen de hacerlo. Cuando se cierran los servicios públicos, se minoran las plazas de educación infantil, se reducen los salarios o la falta de ingresos no permite acceder a contratar un servicio de proximidad, alguien del entorno familiar -más o menos extensa- tendrá que dedicar tiempo y afecto para atender al bebé, a la abuela con alzheimer o a quien sea la persona que necesita cuidados; la tendencia de que todo esto recaiga exclusivamente sobre las mujeres es debida a la inercia aprendida de los roles de género, más que una supuesta subversión elegida.

La forma en que se organiza la atención al cuidado infantil y, particularmente, el sistema de permisos por nacimiento (maternidad/paternidad) transmite las expectativas y pautas de comportamiento respecto a quién se espera que se dedique al cuidado asumiendo tiempo y energía y a cambio de qué; por ello es uno de los ejemplos de políticas públicas más relevantes en la búsqueda de cómo influir en la transformación de los roles y estereotipos de género. ¿Sería posible crear un imaginario en el que los hombres sean también personas cuidadoras y no sólo colaboradores eventuales? Y de ser así, ¿no sería este un buen punto de partida para la democratización de los hogares y entornos familiares?

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Maternidad y políticas: confusiones, falsedades y mandatos

Hasta hace relativamente poco el tema de la maternidad en política era inexistente. Como mucho se hablaba de conciliación obviando en todo momento la complejidad, la intensidad y las dificultades del proceso bio-psico-social que supone una gestación, un parto, una lactancia y una crianza. La cuestión de la maternidad se ha abordado desde un paradigma que la concibe como maldición biológica y patriarcal, un malentendido que viene confundiendo al feminismo desde Simone de Beauvoir, y que creo ya es hora de aclarar: la maldición que pesa sobre la maternidad es hoy puramente cultural y socioeconómica, no es inherente a la maternidad en sí, que de hecho, es una experiencia deseada por muchas mujeres. Son las instituciones que articulan las relaciones económicas y los derechos de ciudadanía, modeladas por una normatividad patriarcal, las que devalúan y precarizan la maternidad; unas relaciones que hoy en día se articulan en torno a la moderna oposición entre trabajo remunerado en el mercado, y trabajo doméstico y de cuidados gratuito o devaluado. Por eso, en este tardocapitalismo, limitar la lucha por la emancipación a una hipotética futura participación plena e intensiva de todas y todos en el mercado laboral –que es el enfoque de la conciliación de todos los partidos, incluido el PSOE-- es un error. Las mujeres solo vamos a ser reconocidas como iguales cuando la maternidad sea reconocida como una aportación imprescindible, fundacional y extremadamente valiosa para la sociedad. Y a medida que este reconocimiento se dé, los cuidados en general se verán también revalorizados.

El feminismo hegemónico (cuya posición analizo en este artículo) habla de maternidades esencialistas, pero hoy es también necesario hablar de cómo la esencialización de lo laboral-formal afecta a nuestras vidas y a las ideologías. Un ejemplo de esta confusión y esencialización son los Permisos Iguales e Intransferibles (PII), una política cuya lógica interna recoge la idea de la maternidad como maldición y la del empleo como bendición. Su diseño considera la maternidad un hándicap, una minusvalía de cara al mundo que se manifiesta en la deficiente posición de las mujeres en el mercado laboral. Desde esta lógica, las mujeres necesitan ser liberadas de esa maldición, y la liberación propuesta por los PII se concreta en igualar a los hombres en el perjuicio, imponiéndoles el mismo hándicap. Es irónico que la maternidad, una potencia femenina de la que los hombres carecen, se contemple en este tipo de políticas como una minusvalía. Irónico y revelador porque este modo de representarla recuerda demasiado a viejas, muy viejas teorías y construcciones en las que la maternidad es sistemáticamente devaluada y la paternidad magnificada: la minoración y apropiación paterna de la capacidad femenina de procrear ha sido una preocupación central de la mayoría de los sistemas normativos producidos por los patriarcados desde el albor de las civilizaciones. Pero además, esa misma lógica que devalúa la maternidad y esencializa lo laboral, es incapaz de hacer una crítica cabal de la actual organización del trabajo y del modo en que nuestras sociedades articulan el acceso a los derechos y a los recursos. Los PII no pueden ser “menos capitalistas”, puesto que son una política que consagra el empleo como única forma de trabajo a la que conceder valor social, una operación ideológica que es fundacional en el capitalismo.

Una de las falsedades más recurrentes a las que lectores y oyentes nos vemos sometidos en lo relativo a los PII es que nos acercarían a sistemas ya implantados en otros países europeos más avanzados1. Nada más lejano a la realidad. Las licencias parentales remuneradas en Europa alcanzan en Suecia los 16 meses, en Noruega, Finlandia y Alemania los 14 meses, en Dinamarca los 12 y en Reino Unido los 9. Y en todos estos países la mayor parte de la licencia es TRANSFERIBLE; de modo que las madres suecas pueden disponer, si así lo desean, de 13 meses remunerados de crianza; las noruegas, finlandesas, danesas, alemanas, austriacas, eslovacas y checas de 12 meses; las francesas de 10 y las británicas de 9.

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Movimientos tectónicos en Colombia

En Colombia el sistema electoral para las elecciones presidenciales es de doble vuelta. El ballotage, somete a la necesidad de elegir entre sólo dos opciones a los electores y por primera vez en décadas en este país caribeño y andino al mismo tiempo, movimientos tectónicos de fondo han mostrado una Colombia distinta, que atisba un nuevo ciclo político acelerado sin el telón de fondo de la guerra.

Efectivamente, en esta segunda vuelta los colombianos y colombianas se enfrentaban por primera vez a una disputa que más que nominal, ha sido de modelo. El proceso de paz conducido por el presidente Santos, a pesar de la elevada contestación social encabezada por el uribismo y a pesar de que no le ha reportado en Colombia réditos de imagen (las últimas encuestas cifraban por encima del 75% los colombianos que valoraban mal o muy mal su gestión), ha cambiado el panorama electoral para siempre.

Por primera vez en su historia, algunos colombianos se plantearon no elegir un comandante en jefe para combatir a las FARC, sino un presidente para gestionar la salud, la educación, el futuro productivo y la matriz energética nacional.

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De la vergüenza de las cifras a la dignidad de las personas

Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) 68,5 millones de personas viven en situación de refugio. Han tenido que huir de sus casas, de su entorno familiar, laboral y/o educativo obligados por los conflictos violentos, por los desastres naturales que les dejan sin recursos para la supervivencia, incluso por la falta de derechos humanos en sus países.

Seguimos viviendo, en estos últimos años, una de las mayores crisis humanitarias de la historia. Las cifras de personas solicitantes de asilo son abrumadoras. A pesar de su paulatina reducción, por los acuerdos con Libia y Turquía fundamentalmente, en 2017 más de 700.000 personas llamaron a las puertas de la Unión Europea, de las cuales 31.120 presentaron su solicitud en España. Según la Comisión Española de Ayuda al Refugiado, el 65% de esas solicitudes han sido rechazadas, y más de 20.000 personas han quedado sin más posibilidad que seguir un camino sin destino, sin recursos, contando sólo con su tesón y la fuerza que da no tener nada que perder.

En estos primeros meses de 2018, las solicitudes han superado las 17.000, la mayoría sin resolver a día de hoy, lo que deja a las personas solicitantes de asilo sin ningún tipo de protección por parte del gobierno de España, dependiendo de los Ayuntamientos la atención a las personas en situación de refugio, sin tener ni recursos ni capacidad competencial para desarrollarlos.

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Insultos que no son solo insultos. LGTBfobia en las calles de Madrid

Los LGTB de América Latina encuentran su lugar con el GPSGAY

Esta tribuna está firmada por Eduardo F. Rubiño e Iñaki Serrano

Lo contábamos en Twitter ayer por la noche. Estábamos cogiendo el metro Lavapiés para ir a tomar algo con unos amigos cuando al bajar las escaleras nos cruzamos con un grupo de chavales que subían por la escalera de al lado. Nosotros íbamos hablando relajadamente y nos habíamos abrazado sin darnos cuenta. Fue en ese momento cuando los chicos comenzaron a gritarnos varias cosas, que al principio no entendimos. El primer ¨maricones” nos hizo caer en la cuenta de lo que estaba pasando. Luego continuaron los insultos y los comentarios homófobos hasta que nos perdimos de vista. 

Con la estación llena de gente y los guardias de seguridad al lado de los tornos en ningún momento temimos que nos fueran a agredir físicamente. De hecho incluso nos volvimos para intentar verles la cara y responderles. Cuando se marcharon se nos quedaron varias sensaciones que nos gustaría contar, no tanto por lo que nos sucedió a nosotros, sino por el momento que vive Madrid en cuanto a la LGTBfobia. 

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Con la educación no se juega

Imagen del Orgullo LGTBI en Murcia en 2018.

A comienzos de junio, precisamente el mes del Orgullo, el PP utilizó su rodillo de mayoría absoluta en el Senado para tumbar una moción de Unidos Podemos en la que se instaba al Gobierno, en colaboración con las comunidades autonómicas, a tomar medidas de refuerzo de la igualdad y la visibilidad de las personas LGTBI y sus familias en el ámbito educativo. A pesar de las buenas palabras en sede parlamentaria del exministro de Educación Íñigo Méndez de Vigo poco antes de dejar su cargo, el Partido Popular decidió negar cualquier problemática al respecto en nuestro sistema educativo y justificar así, de una manera tan cínica, el rechazo de tales medidas.

Parece ser que se había pactado llegar a un consenso para alcanzar un acuerdo de mínimos que permita, por fin, introducir algunas soluciones a la pesadilla del silencio y la LGTBfobia que viven millares de escolares. Pero otra vez el PP ha echado sal sobre el terreno de la educación en convivencia. ¿Venganza por una derrota mal digerida? Probablemente, pero también es una medida coherente con el ideario educativo del que han hecho gala durante toda la historia del partido.

Ya hace unos pocos años, cuando ante una PNL presentada por la diputada autonómica madrileña Carla Antonelli con similares objetivos parecía que se iba a conseguir un consenso en la Asamblea de la Comunidad de Madrid, las órdenes de arriba del PP madrileño desmantelaron la operación y forzaron a la portavoz de educación a hacer el papelón de negar todos los estudios existentes que hablan de la incidencia de la LGTBfobia e incluso del mayor riesgo de suicidio de los adolescentes LGTB.

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