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Más Madrid

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Errejón se presentará a las elecciones autonómicas bajo las siglas de Más Madrid tras llegar a un acuerdo con Carmena

Cuando en 2014 surgió Podemos, se produjo una intensa discusión sobre la fragmentación de la izquierda. Aunque la actual dirección de Podemos haya cambiado de bando en esa discusión, los argumentos que se usaron entonces son perfectamente aplicables al día de hoy. Desde Podemos repetimos una y mil veces que era absurdo dejar que nos colocaran en el lugar exacto en el que nos quiere el adversario: ese margen que puede aumentar o disminuir un poco pero que, en definitiva, nos arrincona en una posición marginal desde la que no se puede marcar agenda o determinar el mapa político. Los dirigentes más inteligentes de IU no tardaron en ver que mantenerse arrinconados en una esquina del cuadrilátero era un error que implicaba renunciar a ganar. Algunas estructuras de esa coalición y las inercias de cierta burocracia muy anquilosada se resistieron a reconocer lo que para todos los demás era evidente. Pero, al final, cierta sensatez elemental y el compromiso con las mayorías sociales se terminaron imponiendo.

Sin embargo, en los últimos meses se ha producido una importante paradoja. El adversario, con la inestimable colaboración de los actuales dirigentes de Podemos, había conseguido volver a colocarnos en ese margen en el que somos inofensivos. De nuevo habían logrado arrinconarnos es esa esquina (como espejo de VOX) desde la que se pueden pegar algunas patadas al balón, pero se pierde toda capacidad para pintar las líneas del campo.

Con el reciente anuncio de Manuela Carmena e Íñigo Errejón volvemos a colocarnos en ese sitio desde el que se puede configurar el mapa político completo; ese lugar desde el que no sólo se pueden hacer y decir cosas, sino también determinar qué es lo que hacen o dicen los demás. Vemos, por ejemplo, que Ciudadanos ha decidido integrarse plenamente en el bloque nacional ultramontano. Pero es evidente que esa decisión no le pasa la misma factura en un escenario en el que, entre Podemos y VOX, optan por VOX como "mal menor", y un escenario en el que, entre Manuela y Vox, optan por VOX como "mal menor". El propio ejercicio de sinceridad de Begoña Villacís (defendiendo el modelo andaluz para Madrid) tiene hoy un coste más alto para ellos que el miércoles por la tarde.

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Las cuentas del Cambio

Los Presupuestos prevén los 220 millones de euros para el desarrollo del Pacto de Estado contra la Violencia de Género

Echamos a Rajoy al grito de "sí se puede" poniendo fin a un gobierno enfermo de corrupción, que a golpe de ajustes y recortes había martirizado durante demasiados años a la gente. Ahora el cambio debe seguir abriéndose paso. Alcanzar el país que queremos implica unos presupuestos que pongan en el centro el cuidado de las personas, capaces de atajar las múltiples desigualdades existentes y de dar respuesta a los anhelos de la gente. Pese a no ser perfecto, el Proyecto de Presupuestos Generales del Estado que ha presentado el Gobierno, sin duda fruto del acuerdo con Unidos Podemos, va en la dirección correcta. Queda mucho camino por recorrer, pero podríamos decir que es el primer proyecto de presupuestos que sigue la estala de las demandas del 15M al situar la cuestión social como epicentro de las políticas económicas.

Es innegable que este proyecto conlleva una respuesta a la plurinacionalidad que la realidad exige, a la par que pretende dar un fuerte impulso a nuestro estado del bienestar. Cerca de la mitad de los presupuestos están destinados a las pensiones; la inversión en dependencia aumenta un 59%; se respalda la recuperación de los subsidios de desempleo para las personas mayores de 52 años; las infraestructuras crecen un 40%; la inversión en educación aumenta un 65,4%, con un aumento destacado de las becas, lo que, junto al incremento en I+D+i, subraya la apuesta por el nuevo modelo productivo sostenible que nuestro país necesita. Además, tiene un importante simbolismo el hecho de que las partidas para la Memoria Histórica, que Rajoy había reducido a 0 euros, se incrementen en 15 millones.

Como no podía ser de otra manera tras el 8M, la propuesta sienta una base para un país feminista. Este proyecto busca ampliar a ocho semanas los permisos de paternidad para facilitar un reparto equitativo de las tareas de cuidados en las familias. Asumiendo la necesidad de aún más recursos y de importantes medidas complementarias, es un avance elevar a 220 millones de euros el presupuesto para cumplir con el Pacto de Estado contra la Violencia de Género.

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Mayo: Más Madrid o más Gürtel

Manuela Carmena e Íñigo Errejón

Bajo el gobierno del Partido Popular con apoyo de Ciudadanos, la Comunidad de Madrid se ha convertido en una región más segregada, ineficiente e injusta, en donde los más pudientes reciben subvenciones y los más perjudicados son perseguidos. Si Madrid no está peor es gracias a su ubicación como centro económico de España, una realidad que en lugar de aprovecharse para garantizar la prosperidad a la ciudadanía madrileña, se utiliza para implementar medidas que tienen como único objetivo beneficiar a la cúspide de la pirámide. En Madrid, al mismo tiempo que se crece económicamente también aumenta la deuda, la desigualdad y la exclusión social. Por una sencilla razón: la orientación de las políticas públicas en favor de unos intereses minoritarios en detrimento del bienestar del conjunto de la población. Dicho de otra manera, para que los ricos puedan ser todavía más ricos, los pobres tienen que ser todavía más pobres.

Cómo es posible que seamos la región más rica de España, al mismo tiempo que somos una de las regiones de Europa más desiguales. Esto se explica, entre otras razones, por el desprecio a la democracia que destilan las élites extractivas que gobiernan la comunidad, lo que se traduce, por ejemplo, en que somos la región de España que menos invierte en educación –también la que tiene la educación más segregada-, la que menos invierte por habitante en gasto social y unas de las que registra mayor riesgo de pobreza cuando lo medimos en relación a la propia riqueza que genera Madrid. Dicen defender la vida, pero luego vacían de pediatras la sanidad y limitan las visitas a la mañana, dicen defender la familia, pero luego la mayoría de los solicitantes de ayudas a la dependencia en Madrid murió sin percibirla, dicen apoyar a la juventud y luego hacen todo lo posible por acercarles a las casas de apuestas y retrasar su emancipación. Afirman que Madrid es una tierra de oportunidades, pero se olvidan de la distribución de rentas: la renta media de Madrid es muy superior a la del resto de España (casi un 18%), pero más del 30% de la población madrileña ingresa menos de 1000 euros al mes. Dinero hay y mucho, la pregunta es dónde, si en su bolsillo o en el tuyo.

El gobierno de la Comunidad de Madrid ha trabajado sistemáticamente para cercenar la libertad de los madrileños acabando con las condiciones que le permiten a uno ser libre: los derechos sociales. Cuando toda su política se traduce en el aumento del precio del alquiler, en fomentar el trabajo precario, en ponerle una alfombra roja a las casas de apuestas o en destrozar el metro, lo que están haciendo es vaciar la posibilidad de que todos los madrileños tengan el mismo derecho a decidir en libertad. ¿De qué oportunidades hablamos cuando 1 de cada 3 niños de Madrid se encuentra en riesgo de pobreza y exclusión? ¿Qué libertad de elección existe cuando el barrio donde se ubica el colegio determina si se saca mejor o peor nota en la selectividad? ¿Qué seguridad existe cuando el alquiler se lleva medio sueldo? La «libertad» del PP siempre acaba convirtiéndose en el privilegio de unos pocos en detrimento del derecho la mayoría: libertad para que los ricos paguen menos impuestos, libertad para que sus hijos solo se mezclen entre ellos, libertad de las casas de apuestas para expandirse por los barrios.

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Qué hacemos en Madrid: una propuesta

Tiempos de monstruos en forma de ola reaccionaria y autoritarismo, de gobiernos débiles sin voluntad para enfrentar al neoliberalismo ni a los poderes financieros. Tiempos de desconciertos, miedos y dudas. Tiempos de crisis de proyecto de las izquierdas. Tiempos de colapso de todo un ciclo que despertó tantas esperanzas como desilusiones ha provocado. Y es que las tendencias de fondo nos van marcando un camino tortuoso frente al que no podemos desfallecer.

Revertir esta tendencia no va a ser producto de un mero movimiento audaz, sino de establecer y poner en práctica una política estratégica que aprenda de los errores y asuma las tareas ingentes y urgentes que tenemos por delante. Desorden económico, político, crisis ecológica y crisis de los cuidados en medio de una ola antifeminista y xenófoba que requieren de respuestas programáticas y de proyectos radicales y en ruptura con un sistema que nos lleva al colapso y al auge de los nuevos fascismos. Política con mayúsculas que, sin embargo, necesita solventar las cuestiones de la política concreta.

Así, la sacudida que ha provocado el movimiento de Íñigo Errejón y Manuela Carmena para constituir un ticket en las próximas elecciones municipales y locales de Madrid bien merece una reflexión. Reflexión que, para ser útil, solo puede transitar por los horizontes y perspectivas necesarias que toca abrir en lo inmediato. Los lamentos impotentes, el cinismo desmovilizador, la pontificación sin propuesta no van a ayudarnos a salir de esta situación sino profundizar la crisis.

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Ciudades con memoria, ciudades con futuro

Necesitamos un antifranquismo cargado de futuro: feminista, republicano, capaz conquistar nuevos espacios de libertad e igualdad.

Todas las ciudades llevan marcas que la historia va dejando en ellas. Sus anhelos, sus luchas, también sus desdichas. El propio franquismo es una de esas heridas. Una herida que ha dejado todo tipo de cicatrices dolorosas en las calles, en las plazas, en estatuas que encumbran unos nombres y maldicen otros. Por eso, la decisión del Ayuntamiento de Barcelona de retirar los honores y medallas concedidos por la ciudad a jerarcas e instituciones de la dictadura, no es inocua. Expresa el irrefrenable deseo de la ciudad de soltar el lastre de un pasado paralizante y de liberarse del miedo que viejos y nuevos inquisidores le querrían imponer.

Fue esta necesidad de respirar, de arrancarnos una mordaza vieja, pegajosa, lo que nos llevó a recordar en nuestros barrios lo que había significado el golpe de estado de julio de 1936, así como la heroica resistencia que generó en nuestras calles. O lo que nos hizo dedicar exposiciones, ciclos de cine, conferencias, a evocar el terror que las bombas de Hitler y Mussolini causaron entre los niños de Sant Felip de Neri o de la Escola del Mar, en la Barceloneta. Fue esa búsqueda de una voz propia, sin imposiciones forzadas, la que nos condujo a implicarnos de manera activa, también, en la querella contra el Estado italiano resultante de aquellos crímenes. O en la que se abrió en Argentina, para abrir algunos de los caminos que los silencios y olvidos de la transición cerraron.

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La mejor vacuna contra el racismo

El secretario general de Vox, Santiago Abascal

Después de los resultados de las elecciones andaluzas constatamos una dura realidad: el incremento en los últimos años de votos a fuerzas xenófobas y reaccionarias en toda Europa también se ha manifestado en el Estado español. Salvini abandera un discurso contra las minorías, y desmonta todos los servicios de acogida para dejar a las personas pobres en situación de mayor vulnerabilidad y realimentar sus tesis racistas. Marine Le Pen repite sin parar “primero los franceses”, es decir, pone en primer lugar una parte de los franceses en detrimento de otros. Y, al mismo tiempo, la Agenda Europea de Migración está obsesivamente centrada en la frontera, tema importante, pero se olvida de los 80 millones de europeos con origen personal o familiar en la inmigración y de los 500 millones que queremos vivir juntos. Vox cohesiona un “nosotros” excluyente contra el soberanismo, contra otras identidades nacionales, contra las libertades y contra la inmigración.
De la experiencia europea, de lo que ha funcionado y sobretodo de lo que no, podemos aprender muchas cosas. No queremos repetir modelos que han desconfiado de la diferencia, que han menospreciado la aportación y la personalidad de los que llegan, ni tampoco aquellos otros que fijan las personas en el estereotipo de la diferencia, donde las personas de diversos orígenes culturales viven de espaldas entre ellas.

Catalunya ha de promover la inteculturalidad. La perspectiva intercultural funciona des de la lógica de la igualdad de derechos y deberes, y promueve la participación y la interacción positiva entre individuos, pero también entre colectivos diferenciados. El enfoque intercultural se sustenta en cuatro principios: igualdad, relación, reconocimiento y pertenencia. En primer lugar, se requiere que todos tengamos los mismos derechos fundamentales. En segundo lugar, y como condición necesaria para que nos sintamos miembros de una misma sociedad, de una misma ciudadanía, se requiere conocer y reconocer la diversidad, y participar, encontrarnos todos en todos los espacios públicos y privados.

Cuesta mucho diferenciar los 20 puntos clave del programa de Vox de muchas de las propuestas que hacen algunos populistas del mundo como Salvini o Trump, que tratan a los inmigrantes como un problema, como personas a excluir; que tienen la necesidad de levantar muros para evitar que vengan; que los consideran elementos tóxicos, y que defienden que, si se deben tolerar, ha de ser con cuentagotas. Se han dicho muchas cosas a primera vista de los resultados de Vox en Andalucía, pero una mirada a fondo, por barrios y secciones censales, nos muestra que el votante de este partido no convive con las personas inmigradas. Vox no penetra en los barrios donde gente de diferentes orígenes conviven e interaccionan positivamente. La xenofobia, el racismo y el odio al diferente no cuaja en los barrios donde hay un buen espacio público, donde todos participan, donde existen proyectos comunes, donde persones de orígenes diferentes se reconocen entre sí. Solo quien no convive con personas inmigradas, de forma que la interacción sea clave, puede compartir la visión de Vox.
Esta lógica es amplia. Los modelos que segregan barrios por origen, que generan vivir unos a espaldas de los otros, donde la diversidad es desigualdad, llevan a altos niveles de xenofobia. En Catalunya queremos trabajar desde la interculturalidad. Por eso el 2019 invitaremos a todos los actores y sectores sociales a escribir juntos nuestros compromisos para ser una sociedad convivencial. Preguntémonos qué estamos haciendo para evitar la desigualdad por razón de origen, pertinencia étnica o cultural en nuestro ámbito. Preguntémonoslo y adoptemos compromisos concretos, tangibles, para llevarlos a la práctica en igualdad, relación, reconocimiento, sentido de pertinencia y plena ciudadanía.

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Regular la globalización desde el multilateralismo

Imaginemos un pasto en el que varios ganaderos alimentan a sus ovejas de forma comunal. El pasto es suficientemente productivo como para alimentar más ganado y cada uno de los pastores, siguiendo su interés individual y de forma unilateral, decide aumentar su rebaño para aumentar sus ingresos. Con el aumento incontrolado de ovejas, el pasto se arruina y los animales mueren de hambre. Es la Tragedia de los Comunes, una paradoja que ejemplifica el difícil equilibrio entre el bien individual y el bien común.

Cada ganadero persigue unilateralmente su interés, legítimo y cortoplacista, provocando un resultado contrario a ese mismo interés primigenio en el que todos los actores salen perdiendo. Ese ejemplo extrapolado a nivel global muestra la importancia de la cooperación internacional a la hora de abordar el tratamiento de bienes públicos como los servicios de los ecosistemas, el cambio climático, la seguridad global o el comercio internacional: el multilateralismo se antoja como el único camino para dar respuesta eficaz a los retos globales.

Sin embargo, a nivel internacional, estamos asistiendo a una creciente ola unilateralista, cuando no aislacioanista, de mano de algunos de los actores más importantes en la escena global. Frente a la frustración provocada por las consecuencias indeseadas de la globalización –o por la percepción de que éstas pudieran producirse-–, muchos electores apuestan por sociedades cerradas, repliegues identitarios y líderes autoritarios que prometen protección mediante la reclusión en su Estado-nación-fortaleza.

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Otra Europa, otras reformas estructurales

La sede del Banco Central Europeo,en Fráncfort

Un lugar destacado en la ceremonia de la confusión que impregna el discurso económico neoliberal está ocupado por el término “reformas estructurales”. Como otras expresiones, esta formaría parte del sentido común y de la lógica económica. En su acepción más habitual, apuntan a la supresión de todas aquellas restricciones que lastran, por el lado de la oferta, el crecimiento económico.

Si damos por bueno este enfoque, estamos aceptando que el objetivo último, que justifica y concede legitimidad a esas reformas, es la consecución de un crecimiento sólido y sostenido en el tiempo. Este postulado —que constituye todo un icono de la economía convencional y es asimismo incorporado por un buen número de economistas críticos— debe ser, sin embargo, radicalmente cuestionado, al menos por dos razones.

En primer lugar, porque, como advierten, con razón, desde el mundo de la ecología y de la ciencia, el escenario al que se enfrentan ya nuestras economías —nuestras sociedades, en general— está dominado por una escasez progresiva de materiales y energía que hacen imposible alcanzar —y, mucho menos, sostener— el objetivo de “más crecimiento”. Se advierte, igualmente, de los peligros y la irreversible situación a que nos aboca —en la que ya estamos inmersos— el cambio climático, la relación depredadora de nuestro metabolismo económico con la naturaleza, el avanzado deterioro de todos los ecosistemas y la alarmante pérdida de biodiversidad de los mismos.

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Exiliados republicanos en el Senado: 80 años no son demasiados

Cuatro mujeres rapadas por los franquistas en Oropesa (Toledo) por ser familiares de republicanos / Fundación Pablo Iglesias

Comienza el año 2019 cargado de efemérides, incluida la que probablemente es una de las más importantes en la historia reciente de España: el 80 aniversario del fin de la Guerra Civil y el inicio de una de las dictaduras más longevas y crueles de Europa.

Han pasado ocho décadas desde que el ejército sublevado del general Franco derrotó, con la inestimable ayuda de Hitler y de Mussolini, al legítimo ejército de la II República, lo que obligó a miles de españoles y españolas a huir para seguir siendo libres e incluso salvar la vida. Muchos de ellos no volvieron jamás a nuestro país. Muchos han fallecido, y otros, los menos, hoy aún viven en sus países de acogida, ya muy ancianos. Es hora de recordar su historia y, sobre todo, de rendir merecido homenaje a su lucha por la democracia y la libertad, una lucha por la que han tenido que pagar un precio demasiado alto. Para acordarnos de ellos y de ellas, 80 años no son demasiados.

La imagen de mujeres, ancianos y niños huyendo de los soldados franquistas hacia la frontera francesa o embarcando en buques atestados pertenece al recuerdo colectivo de muchas familias españolas. Cargados con sus escasas pertenencias, sin saber qué sería de su futuro, y aterrados por la amenaza de una represión segura en forma de cárcel, tortura y asesinato, miles de españoles y españolas, combatientes republicanos, militantes políticos de izquierda, sindicalistas, o simplemente demócratas y luchadores por la libertad, tuvieron que huir de España.

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Una preocupante apuesta de futuro

El presidente del PP, Pablo Casado

Las idas y venidas a que ha sometido VOX en sus requerimientos para apoyar la investidura del candidato del PP a la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno y propiciar así el gobierno de coalición entre este partido y el de Ciudadanos, han sido de todo menos claras y transparentes. Por tanto, prima facie, podría decirse que huele a trampa.

Según el medio de comunicación que se elija, el pacto es de una naturaleza u otra. Para unos, el PP ha logrado un gran triunfo –domeñando a la feroz ultraderecha- para otros, VOX no era tan fiero como lo pintaban, de modo que mucho y vacío ruido y al final sometimiento a la línea aznariana que preside a la derecha actual. Para mí que en el gran teatro que han organizado estas tres formaciones políticas cada una ha desempeñado un papel que, previamente, ya se habían repartido: el extremista VOX, que cede por el bien de todos; el conciliador PP que se autoproclama por boca de ganso de su presidente Pablo Casado un partido de centro con el primero a la derecha y el tercero a la izquierda en lo que, además de ser un insulto a la inteligencia política, es una memez de proporciones estratosféricas, pero eficaz;  y con Ciudadanos como cooperador necesario que pasa del estado de rechazo al de convidado de piedra previa aceptación de puestos institucionales e insistiendo que esto no va con ellos porque su acuerdo es con el PP. Y la ciudadanía atónita y perpleja ante tanta manipulación lingüística y tomadura de pelo, cuando los intereses que están en juego son los suyos y no los de estos esperpénticos políticos que escenifican lo que no quieren y entre tramoyas acuerdan lo que buscan.

De todos ellos, el que ha salido ganando, sin duda, es el partido que lidera Santiago Abascal. Y lo es porque, mientras la izquierda sigue "cazando moscas" a vueltas con sus confrontaciones sempiternas y el gobierno capturado entre el quiero y no puedo, sigue cosechando una publicidad fantástica que en condiciones normales hubiera supuesto un desembolso imposible –a no ser que tengan una financiación de calado- (todavía, por cierto, queda por indagar en las fuentes de financiación de este nuevo rock star de la política extrema española) y obtiene la mayor parte de lo que quería, con el mensaje de que lo que falta, sin duda ya llegará. Y lo cierto es que tienen en sus manos que eso sea así bloqueando cualquier iniciativa que se les ocurra y no cuadre con sus planteamientos que bordean los límites de lo asumible o claramente los exceden. Como en el campo de la violencia machista o de la memoria histórica que quieren, respectivamente, desaparecerla y transformarla en doméstica y convertir la dictadura y sus crímenes en concordia ciega, sorda y muda, es decir en más impunidad franquista.

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