Sicilia al completo: una ruta en coche para recorrer la isla de punta a punta
Sicilia es uno de esos destinos que tarde o temprano acaba apareciendo en la lista de cualquier viajero. Y no es difícil entender por qué. En una sola isla se concentran ciudades cargadas de historia, espectaculares templos griegos, pueblos colgados en lo alto de las colinas, playas de agua cristalina y un volcán que siempre es el gran protagonista. La mejor forma de descubrirla es en coche y a nuestro aire, enlazando etapas por carretera y dejando que el viaje nos vaya sorprendiendo a nuestro paso.
Eso es justo lo que te proponemos: recorrer Sicilia al completo con una ruta circular de 15 días, empezando y terminando en Catania y avanzando, por ejemplo, en el sentido de las agujas del reloj. La isla es grande y está llena de paradas interesantes, así que dos semanas permiten conocer muchos de sus rincones. Se podría hacer en menos tiempo, claro, pero entonces tocaría correr más o renunciar a algunos de los lugares que incluimos en este itinerario.
La idea es alquilar un coche y usar varias ciudades como base para dormir más de una noche en cada sitio, para así no cambiar tanto de alojamiento e ir haciendo excursiones por los alrededores. Entre ciudades históricas, yacimientos arqueológicos, pueblos con mucho carácter y tramos de costa muy distintos entre sí, la ruta nos va dejando una Sicilia llena de contrastes. Siempre, claro está, buscando cualquier excusa para sentarse a la mesa, porque a la gastronomía siciliana la podríamos considerar uno de los principales monumentos del viaje.
Día 1. Llegada a Catania y traslado a Siracusa
El viaje empieza en Catania, una de las principales puertas de entrada a Sicilia gracias a su aeropuerto internacional. Tras recoger el coche de alquiler, lo más práctico es poner rumbo directamente hacia Siracusa, a poco más de una hora por carretera.
Es una buena forma de empezar el itinerario en el extremo sureste de la isla y dejar Catania para el final del viaje, cuando ya estemos regresando de nuevo hacia el aeropuerto.
Días 2 y 3. Siracusa, Noto y Ragusa
Siracusa fue una de las ciudades más poderosas del mundo griego y todavía conserva muchos vestigios de aquel pasado. El primer acercamiento suele ser el Parque Arqueológico de Neápolis, donde se encuentran el teatro griego, el anfiteatro romano y la famosa Oreja de Dionisio, una cueva con una acústica sorprendente.
Después llega el turno de Ortigia, la pequeña isla que forma el casco antiguo de Siracusa. Aquí lo más apetecible es simplemente pasear, cruzar la Piazza del Duomo, acercarse a la Fuente de Aretusa y perderse por calles estrechas que acaban casi siempre junto al mar.
Desde Siracusa es fácil organizar una excursión por el sureste barroco de Sicilia. Noto es la primera parada lógica. Tras el terremoto de 1693 la ciudad fue reconstruida casi por completo y hoy es uno de los mejores ejemplos del barroco siciliano, con iglesias y palacios alineados a lo largo de una elegante avenida.
La ruta puede continuar hasta Ragusa, cuyo casco histórico, Ragusa Ibla, se extiende sobre una colina llena de escalinatas, plazas y palacios de piedra dorada.
Día 4. Villa Romana del Casale camino de Agrigento
El cuarto día toca dejar la costa para cruzar el interior de Sicilia y poner rumbo a Agrigento. En el camino merece mucho la pena detenerse en la Villa Romana del Casale, cerca de Piazza Armerina.
Se trata de una lujosa residencia romana construida entre los siglos III y IV, muy famosa por sus mosaicos. Más de tres mil metros cuadrados de escenas perfectamente conservadas que representan desde escenas de caza hasta escenas mitológicas o la famosa “sala de las chicas en bikini”, uno de los mosaicos más curiosos del conjunto.
Día 5. Valle de los Templos y Scala dei Turchi
Agrigento alberga uno de los conjuntos arqueológicos más impresionantes del Mediterráneo: el Valle de los Templos. A lo largo de una cresta se alinean varios templos dóricos construidos entre los siglos VI y V a.C., cuando la antigua Akragas era una de las ciudades más importantes de la Magna Grecia.
El más famoso es el templo de la Concordia, que se mantiene casi intacto y se puede considerar uno de los templos griegos mejor conservados del mundo. Pero el recorrido incluye también otros templos importantes, como el de Hera, el de Heracles o los restos del gigantesco templo de Zeus Olímpico. La visita se hace caminando por un largo parque arqueológico y conviene dedicarle varias horas.
A pocos kilómetros de allí se encuentra la Scala dei Turchi, otro de los paisajes más curiosos de Sicilia. Un acantilado de roca caliza blanca que desciende hacia el mar formando una especie de escalera natural. La alta afluencia de turistas ha hecho que, como medida de protección, el acceso esté regulado, de modo que es necesario reservar la visita con antelación y comprobar si está abierta al público, ya que en determinados periodos puede permanecer cerrada.
Día 6. Rumbo a la costa oeste
Tras recorrer la costa sur, la ruta continúa hacia el oeste de Sicilia. Es una etapa más tranquila que sirve para desplazarse hasta una nueva base desde la que explorar esta parte de la isla.
Zonas como Castellammare del Golfo, Scopello o Balestrate funcionan bien como punto intermedio, con pequeños puertos, playas cercanas y un ambiente bastante relajado. La idea es alojarse por aquí para dedicar los días siguientes a excursiones cercanas.
Días 7 y 8. Segesta, Erice y San Vito lo Capo
Uno de los lugares más sorprendentes del oeste siciliano es Segesta, donde un templo dórico perfectamente conservado aparece en mitad del paisaje, rodeado de colinas. A poca distancia, en lo alto de la montaña, también se encuentra un antiguo teatro griego desde el que se obtienen buenas vistas del valle.
Muy cerca está Erice, uno de los pueblos medievales más bonitos de Sicilia. Se encuentra en lo alto de una montaña, dominando toda la costa de Trapani. Sus calles empedradas, las murallas y los pequeños patios interiores hacen que el paseo sea especialmente agradable. Quien prefiera evitar la carretera de curvas puede llegar hasta aquí en el funicular que conecta Trapani con Erice, una forma bastante cómoda y panorámica de subir.
Para completar la jornada, nada mejor que acercarse a San Vito lo Capo, un pueblo marinero con una de las playas más famosas de Sicilia. Arena clara, aguas tranquilas y un ambiente muy relajado que ayuda a tomarse la tarde con calma.
Días 9, 10 y 11. Palermo, Monreale y Cefalú
La siguiente gran parada del viaje es Palermo, la capital de Sicilia. Es una ciudad intensa, a veces caótica, pero también llena de vida y con una mezcla cultural muy marcada por civilizaciones como la fenicia, la árabe, la normanda o la española que han pasado por la isla.
El centro histórico concentra muchos de los lugares más interesantes: la catedral, el Teatro Massimo o la curiosa plaza de Quattro Canti. También merece la pena acercarse a alguno de los mercados tradicionales, como Ballarò o Vucciria, donde el ambiente y la comida callejera forman parte de su encanto.
Desde Palermo se pueden hacer dos excursiones muy sencillas. La primera es Monreale, apenas a diez kilómetros. Su catedral normanda es uno de los templos más impresionantes de Sicilia, famosa por sus enormes mosaicos dorados que cubren prácticamente todo el interior y que representan escenas del Antiguo y del Nuevo Testamento.
La otra excursión clásica es Cefalú, una ciudad costera situada aproximadamente a una hora de Palermo. Su casco antiguo se despliega entre callejuelas medievales que conducen a la catedral normanda, mientras que justo al lado se abre una larga playa que suele estar bastante animada durante prácticamente todo el año.
Día 12. Parada en el interior, Calascibetta o Enna
Desde Palermo ponemos rumbo a la coesta este, pero de camino merece la pena hacer una parada en el interior de Sicilia. Pueblos como Calascibetta o la cercana Enna permiten descubrir una cara muy distinta de la isla, lejos de la costa y del turismo más habitual. Desde aquí, dada la elevación, se obtienen buenas vistas del paisaje montañoso del centro de Sicilia.
Días 13, 14 y 15. Catania, el Etna y Taormina
La última etapa del viaje vuelve a la costa este, donde se encuentra Catania, una ciudad muy marcada por la presencia del Etna. Gran parte de su arquitectura barroca está construida con piedra volcánica oscura, lo que le da un aspecto muy particular.
El corazón de la ciudad es la Piazza del Duomo, donde se encuentra la catedral y la famosa fuente del Elefante, uno de los símbolos de Catania. Muy cerca está el animado mercado de la Pescheria, un buen lugar para ver el ambiente cotidiano de la ciudad.
Desde aquí es fácil acercarse al gran protagonista natural de Sicilia: el Etna, el volcán activo más alto de Europa. Sus paisajes volcánicos, los campos de lava y las pistas que ascienden por la montaña permiten hacerse una buena idea de la fuerza geológica que ha marcado la isla durante siglos. Eso sí, conviene informarse bien antes de la visita. El Etna es un volcán muy activo y, dependiendo de cómo esté, puede haber restricciones de acceso o cambios en las rutas permitidas.
La última excursión del viaje suele ser Taormina, situada a unos 50 kilómetros de Catania. Una ciudad elegante como pocas, colgada sobre el mar, y famosa por su teatro grecorromano, uno de los escenarios arqueológicos más espectaculares de la isla, con el Etna elevándose al fondo en los días despejados. No es mal sitio para dar por terminado este viaje que nos ha llevado por gran parte de Sicilia. Lo que no haya dado tiempo, ya sabes, para la próxima, así siempre hay un motivo más para volver.