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Lagartos y dragones

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Arias Cañete

EFE

El capitán general de Ibertrola, mentiras con energía, sostiene que Expaña va como nunca, como el Fundador de antaño, pero se lleva el parné a las Islas Británicas, a riesgo de tener que conducir por la siniestra. Qué cosas. Los amos de este rincón son como los frescos del barrio, y las revistas de economía emulan a sus parientes del corazón, papel couché, vicios privados, más dermoestética que ética, más cara que espalda.

El mandamás de Ibertrola, como otros magnates o mangantes de la Piel de Toro, defienden a su patria en Suiza, como manda el dios del dinero fácil y moreno. Por sus partes, los bancos ganaron anteayer tropecientos millones de aurelios, sin contar lo que nos pidieron “fiao” la tarde que España jugó contra Italia, a ver quién tenía más larga la prima de peligro, menos mal que los mismos que nos han llevado a la ruina o devaluación están dispuestos ahora a firmar el rotundo éxito de la recuperación. Floriano es mi ídolo.  

Pasando de las europeas, Cañete juega con dos barajas, la del carguito eterno y la correspondiente a negocios íntimos y exclusivos, viva España Jeré. Cañete pasa de las europeas, rizando el rizo del cinismo ensortijado, y sus adversarios, equiricuá, con lo cual sólo nos queda votar en defensa propia.

Hay que ver lo que ha cambiado este país en dos o trescientos años: ahora pasamos de las europeas, incluso de las escandinavas. Recibimos goles de Bruselas por la misma escuadra, acudimos a las cumbres de Gredos con los cucos a la altura de los tobillos, nos comemos con papas el orgullo y la dignidad, firmamos nuestra sentencia por bulerías eléctricas, pero pasamos de las europeas. Ya nos dará la Madre Superiora nuestro merecido. En estos tiempos canallas, conviene leer entre líneas a los queridos, entrañables y traidores empresarios, políticos y demás prebostes, adalides del embuste, pringados en la guerra del dinero y la ambición, ya nos veremos en la próxima vida, cuando ustedes sean lagartos y nosotros dragones.

A todo esto, muere Huracán Carter, el legendario boxeador negro a quien Bob Dylan dedicó una canción, y el nota de Minesota vende su imagen de chavalote y su mejor canción para una campaña de propaganda agresiva de un banco. A ver quién pilla la indirecta. ¡Bob Dylan con los ladrones! ¡Socorro! ¿No será una broma pesada, una ironía de las suyas? Bob, siempre a su bola, es el primer mortal que saca los cuartos a un banco por la cara. Poderoso caballero don austero. Las masas de enfervorecidos usuarios exigen coherencia en sus trasmallos sociales, un sinvivir, cuánta paradoja junta.

Al tiempo, cierran las fábricas del siglo pasado, al caribe la reconversión y las zonas de urgente empobrecimiento. En Cádiz, los astilleros, la tabacalera, las factorías del acabóse se han convertido en museos, y al invento lo llaman turismo industrial, retorno a nunca jamás. Una forma de abandonarse a la política de hechos consumados y de marear perdices al tiempo que los paganinis seguimos resistiendo como eternos adolescentes. Este partido lo vamos a empatar. Nadie es croqueta en su tierra, ni siquiera la jueza Alaya y sus autos de choque.

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