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La casta científica y nuestra esperanza de vida

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El dolor reduce el apetito sexual de las hembras, pero no el de los machos

En medio del panorama político y social que estamos sufriendo, podría parecer que ya estamos preparados para escuchar cualquier barbaridad sin alterarnos. Pero no, todavía hay personas con la capacidad de sorprendernos. Una es la autora de este panfleto populista.

Me parece increíble que a estas alturas de la película haya que leer estas cosas. Y no sólo hablo de lo afectada que está la señora por el hecho de que a unos ratoncitos se les llame ratoncitos (a ver si le vamos a tener que expedir un DNI también a los animales), sino al hecho de que se plantee siquiera prohibir la experimentación con animales.

¿Qué quiere que le diga, señora Toledano? Yo prefiero que le abran la cabeza a un señor ratón que a un niñito para probar tratamientos contra la epilepsia. O contra el cáncer. Ya ve, yo soy así de rarita. Y no, no me gustan ni las corridas de toros, ni los encierros, ni ningún maltrato animal por diversión.

Le recuerdo además que esa casta científica, contra la que usted nos anima a luchar, ha hecho posible, entre otras nimiedades, que usted pueda publicar en un diario digital y que su amado Podemos tenga una página en Facebook llena de circulitos. Perdón, de círculos.

Esa casta científica mala malísima de la muerte ha hecho posible que mi hermana, en lugar de morir con 25 años reventada por un linfoma, esté embarazada de su segundo hijo. Y que mi padre pueda abrazar al futuro nieto y no esté criando malvas gracias a una tricoleucemia.

Esa casta científica con cuernos y rabo es la que ha conseguido que nuestra vida sea mejor que la de nuestros abuelos y conseguirá que sea mejor la de nuestros nietos. Porque esos científicos castosos están en sus laboratorios y centros de investigación trabajando muy duro, a veces en muy malas condiciones, para todos nosotros.

Así que, por favor, déjenos de paradigmas éticos estúpidos y peligrosos, que ya tenemos bastantes magufos en este país engañando a los ciudadanos con homeopatía, reikis y demás terapias mágicas a las que usted propone ceder el 1% de lo gravado  a aquellos productos farmacéuticos que hayan sido experimentados en animales.

La Ciencia no se decide en asambleas por muy ilusionantes hasta el entusiasmo que fueran las del 15M. Y, por mucho que le duela a usted, sin la maldita casta científica no hay futuro.




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