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ARAGÓN

Noviembre de palmaditas, fichajes y olvidos

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Las hojas llevan ya un tiempo cayendo y ya estamos en noviembre. Un mes favorito, ahora que Twitter nos ha dejado sin ellos (los favoritos). Algo triste y melancólico como los membrillos y las vides vacías y solitarias. Algo misterioso como el fondo del mar con sus calamares y sus corales. Preludio del desangelado invierno que acecha, noviembre todavía nos da algunas calurosas alegrías. Caen los primeros copos en nuestras montañas, unos cumplimos años, algunos se van y otros vuelven.

Los que se han perdido nuevamente en la neblina del ruido han sido los políticos convirtiendo a Cataluña en el centro de sus (no nuestras) preocupaciones y acudiendo al Constitucional con el abrigo puesto y los brazos cargados de razones de orden constitucional. ”El mayor desafío en décadas”, dicen. Se ponen muy serios aunque hablen desde las aceras y alguno diga ”para chulos, nosotros”.

Han vuelto a olvidarse de la falta de empleo, de la precariedad del que lo tiene, de los bajos salarios, de que hay que encender el gas y la luz cuando llega el frío y comprarse calcetines nuevos, de la corrupción impune, de la necesidad de justicia y equidad, de las oportunidades, de que hay que cuidar a nuestros mayores y de que muchos españoles viven ilusionados -o sobreviven- porque creen y sienten que la felicidad cabe en un pastelito japonés.

Han vuelto a olvidarse de los ciudadanos. Han vuelto a olvidarse de nosotros.

A tan solo mes y medio de las elecciones generales. ¡Qué harán una vez que ganen, pierdan o pacten!

El presidente Rajoy presume de los Aves, de los Erasmus, de los turistas, de sistema de bienestar, de la sanidad pública… Y dice “de vez en cuando conviene hablar bien de España“.

Eso le pasa al Príncipe -digo al Rey- que siempre que habla debe pensar que lo hace bien, siempre: le aplauden, siempre. Debe tener el hombro hundido de tanta palmadita.

“De vez en cuando conviene hablar bien de España“. Lo dice el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. Tremendo, el presidente. La OTAN ha desembarcado en Zaragoza con 30.000 tropas de 30 países, demostrando que puede hacer frente a los peligros que nos acechan de vez en cuando. Y mientras, el partido antisistema del 'we can', Podemos, defiende a su general. Acaban de fichar al ex jefe del Estado Mayor Julio Rodríguez para ir en las listas al Congreso ¡por Zaragoza!, detrás del ecologista Pedro Arrojo, y el Gobierno de Rajoy cesa a Rodríguez de sus cargos actuales en el Ejército por desleal. Pero conviene hablar bien de España, aunque el Consejo de Ministros se haya convertido en una mesa electoral y el todopoderoso Ejecutivo de Rajoy tenga que mentir -el propio fichado pidió hace una semana su cese- para encajar que el partido político antisistema se ha aliado con uno de los poderes del Estado que el PP cree de su propiedad: el de los militares.

Que se hable bien de esta España al que le conviene es a Rajoy pero no a los ciudadanos. Ahora que acechan las elecciones es lo que les importa. Y a este peligro -al de las elecciones generales- no hay ejércitos ni helicópteros que hagan frente.

Ojalá no lo olvidemos ahora que se han vuelto a olvidar de nosotros. La felicidad cabe en un pastel japonés.

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