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ARAGÓN

Talonarios en nuestros ovarios

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Vientres de alquiler.

Vientres de alquiler.

Primer fin de semana de mayo. Madrid. Evento que se anuncia con la imagen de un bebé hermosísimo. Duerme entre toallas algodonadas y porta una gorrita azul y blanca muy chic. Blanquito y con un aspecto de lo más saludable. ¿Cómo resistirse a acudir a una Feria que se anuncia así? Stands, charlas privadas y variedad de agencias, asesores y clínicas para ayudarte a elegir qué mujer quieres que incube a ese precioso bebé.

Una feria de vientres de alquiler, Surrofair, y será el primer fin de semana de mayo en un Hotel de Madrid. Supongo que hacerlo coincidir con “el día de la madre” ha sido fruto de la casualidad. Una amplia gama de úteros a disposición del dinero. Un exponente patriarcal del negocio capitalista.

Conviene tener algo de información antes de lanzarse al cuello de las feministas que nos revelamos contra este moderno y liberal ataque contra los derechos humanos. Y es que querer que las mujeres seamos objeto de alquiler a golpe de talonario, además de estar muy feo, atenta contra nuestros derechos, sí. Ando en la fase de hartura cuando se malversan lemas feministas para hacer apología de la defensa de legalizar que las mujeres –humanas, recuerdo - se conviertan en vasijas reproductivas para quiénes tienen una cuenta corriente con muchos ceros a la derecha. Vamos, lo que viene siendo la sinonimia de poder satisfacer tus deseos y disponer de un cheque con fondos. Deseo, que no derecho, no confundamos los términos. Que no cuela.

Y, España, es un incipiente nicho de mercado. Del mercado de las ricas y los ricos para satisfacer deseos. Más deseos, y más preciosísimos, cuantos más euros tengas.

Pero hablaba de dar información. Mucha hay, en variedad de reportajes y artículos, que en los últimos tiempos están al alcance de quien quiera leerlos. Pero no está de más aportar, así que aquí van algunos apuntes que me parecen importantes:

Resulta que en los países donde la mujer gestante tiene prohibido cobrar por ello no existen prácticamente candidatas (Canadá). Casualmente, desaparecen las ofertantes cuando la filantropía entra en la operación. Resulta que los países donde más se dirigen las parejas - de cheques con muchos ceros -, son aquellos en los que más pobreza existe (Tailandia e India, pero también Rusia y Ucrania). Resulta que donde necesitas un pastón para estudiar o para pagarte la puñetera radioterapia, las mujeres “pueden” alquilar sus cuerpos para seguir viviendo o formándose (EEUU).

España, de momento, tiene prohibida por ley la maternidad subrogada. Es el segundo país de Europa con más paro femenino, con casi el 50 % de las españolas sin trabajar. La tasa de riesgo de pobreza de las mujeres alcanza el 13,1 % , superando con creces la que presentan los hombres.

Así que resulta que, España, tiene unos índices de pobreza – sobre todo femenina- que empieza a ser suculenta para negociar con ella. Total, existiendo mujeres en el mundo, es fácil localizar el nuevo nicho de negocio de la rapiña capitalista y patriarcal globalizada.

Los vientres de alquiler son otra forma de explotación y cosificación del cuerpo de la mujer, tomadas como recipientes para satisfacer los deseos de la paternidad y maternidad de otra persona. Supone graves secuelas a las mujeres tanto físicas como psíquicas, al tratarse de un proceso extremadamente invasivo y verse sometidas a un control total de sus cuerpos y vidas durante el proceso de gestación. La realidad es que se manipula el cuerpo femenino para fertilizarlo, embarazarlo y después sustraerle “el producto”.

Por cierto, ya ha pasado en algún país, (como Tailandia), que si el “producto” sale defectuoso se lo queda la mujer gestante. Todo ok.

Y, sobre todo -y como siempre-, ataca los derechos humanos de las mujeres más pobres. Da igual si son del primer, segundo, tercer mundo o del planeta Marte. Si eres mujer y con necesidades económicas: ya puedes ser alquilada. Todo muy voluntario, claro.

Nos ponen precio para todo, y hay quienes defienden que elegimos nosotras.

Se puede opinar y defender lo que se considere, pero no nos hagamos trampas y llamemos a las transacciones económicas por su nombre. Y, de paso, pongámosle los adjetivos adecuados. Con altruismo calificativo. Acompañemos a esta actividad mercantilista como aquella que fomenta la desigualdad de clase, género, raza y nacionalidad. Hablemos claro.

Y es que cada vez va siendo más urgente y necesario interiorizar que el feminismo eficaz debe ser anticapitalista. Eso, o los talonarios seguirán entrando en nuestros ovarios.

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