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Antón Losada

Soy mariñano de A Mariña do Lugo. Autor de "Piratas de lo Público". Profesor titular de ciencia política de la USC, doctor europeo en derecho, máster en gestión pública por la UAB. Ex secretario general de la vicepresidencia de la Xunta y exsecretario xeral de relacións intitucionais. Comentarista y analista en la Ser y Cuatro y El Periódico. Antes en TVE, TVG, y El País. Fui director general de Radiovoz y adjunto al consejero delegado de La Voz de Galicia.

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Trabajar para el enemigo

Ocho de cada diez victimas del terrorismo yihadista son creyentes musulmanes. De cada diez atentados que perpetran, nueve se producen en países de mayoría musulmana. Los atentados, el terror, la muerte y la tragedia, todo lo que se acaba de vivir en Catalunya, constituyen el día a día de millones de creyentes musulmanes victimas del mismo odio y el mismo fanatismo.

No los matan por ser europeos o defender los valores de las democracias occidentales. Los matan porque en su camino hacia la victoria y la gloria prometida los terroristas asesinan indiscriminadamente a todo aquel que no comparta su idea del islam y del mundo. No es una guerra, es una matanza de ciudadanos inocentes.

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El cazo de Meirás

Misterios de la gestión pública en manos del Partido Popular. La Xunta de Feijóo puede regar a la familia Franco con decenas de miles de euros para que cumpla con su obligación de abrir al público el Pazo de Meirás, pero no puede hacer algo para obligarles a que la gestión de un bien de interés cultural responda a los principios de mérito, capacidad y transparencia que informan la gestión pública. En otra palabras, la familia Franco puede meter el cazo para quedarse con un bien robado o recibir cuantiosas subvenciones públicas, pero las autoridades no pueden decir una palabra sobre el pazo. El presidente gallego Núñez Feijóo debe vivir en un episodio permanente de Barrio Sésamo y parece evidente que está convencido de que todos los demás también.

El gobierno bipartito, aquel que no hizo nada ni cambió nada, declaró bien de interés cultural el Pazo de Meirás, a pesar de la furibunda oposición jurídica de la familia Franco, que perdió todos y cada uno de los pleitos iniciados. También contó con la oposición política del Partido Popular, que siempre que se pretende hacer justicia y escribir la historia como fue defiende la injusticia y el olvido usando el nombre de la reconciliación en vano. Era una manera de empezar a devolver al patrimonio público un bien de valor histórico y cultural robado por el dictador y su familia bajo el simulacro de una donación hecha a punta de dictadura.

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Que lo arregle la Guardia Civil

Primero fue acabar con el terrorismo, el narcotráfico y los accidentes en las carreteras; hasta ahí todo normal y en el ámbito de sus competencias como fuerza de seguridad del Estado. Poco a poco, sin saber muy bien cómo, se fue convirtiendo en la ultima barrera frente a la corrupción y jueces de toda España solo se fían de la Benemérita para practicar registros en sedes de partidos en el gobierno, edificios institucionales y residencias VIP de prohombres del mundo de los negocios o expresidentes, exconsejeros y exgobernantes en general.

A tal punto ha llegado su encomienda en la investigación de la corrupción que hace apenas unos días también les tocó entrar en el mundo del fútbol para empezar a hacer limpieza. Por si no fuera bastante tener semejante monopolio en la lucha contra la corrupción, por el camino también le ha ido tocando afrontar el tráfico de seres humanos, las crisis migratorias, el drama de los refugiados y en general la incapacidad del gobierno de España y la UE para tener una política de inmigración decente.

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Secuestro en El Prat

A falta de serpientes de verano, los medios se han llenado de imágenes de las colas en los controles de seguridad en el aeropuerto de El Prat. Como siempre, se culpa a los trabajadores: que si no respetan el derecho al trabajo o el derecho al ocio del resto de los ciudadanos, que si se comportan de manera irresponsable causando un daño irreparable a nuestra principal industria, el turismo, en los días críticos de agosto tomándonos a todos como rehenes para subirse sus sueldos.

Hay que tener una perspectiva muy peculiar para culpabilizar de todo a trabajadores que cobran 900 euros al mes, doblan turnos y hacen horas extras que no se les pagan o soportan relevos insuficientes para mantener abiertos y a pleno rendimiento todos los puestos de control.

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La melancolía es de izquierdas

Nada explica tan bien la supervivencia de Mariano Rajoy en la Moncloa a lo largo de los últimos dos años como la melancolía que se extiende entre el electorado de izquierdas con sorprendentes frecuencia y facilidad. Costó mucho tiempo y no pocas derrotas a sus adversarios reconocer a Rajoy su condición de maestro en el manejo de los tiempos. Por su propio bien, no deberían tardar tanto ahora en reconocerle su maestría en el manejo de la melancolía de sus rivales.

Fue la melancolía y el desanimo postzapaterista de millones de votantes socialistas asilados en la abstención desde 2011 lo que cimentó su victoria el 20-D; a pesar de los casi tres millones de votantes populares que se quedaron en casa u optaron por la marca blanca que les ofrecía Albert Rivera.

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You're fired

Para Donald Trump la Casa Blanca es un plató de televisión y la presidencia de los USA es otro formato para su programa de televisión The Apprentice. La otra explicación podría ser que nadie le haya informado, o no haya entendido bien, que ganó las elecciones y ahora es un funcionario público, sujeto a las múltiples obligaciones que el ordenamiento jurídico impone a los servidores públicos para regular y controlar su ejercicio del poder.

Gobierna igual que presentaba su show televisivo para descubrir supuestos talentos empresariales. Todo lo que importa es el entretenimiento y el espectáculo, siempre a mayor gloria del líder, y cuando la cosa se pone fea se llama a alguno de los subalternos y se les espeta la misma frase que hizo famosa en la televisión: estás despedido.

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El mundo perfecto de Mariano Rajoy

En su mundo perfecto el presidente Rajoy se va de vacaciones convencido de que a los españoles aquello que realmente les preocupa y amenaza su libertad es Catalunya, los días pares, y Venezuela, los días impares, porque la gente normal está a las cosas importantes y a los temas trascendentes. No tiene tiempo para las caralladas de los ansiosos de la oposición, o los escandalosos de la prensa poco seria que no le saca en portada cada dos días arreglando algo, salvando a alguien o repartiendo medallas como caramelos a la puerta de un colegio.

La gente de verdad, la que habita ese mundo perfecto, habla de economía y de lo bien que la está gestionando el Gobierno. ¡Ojo! No confundamos, hablan de economía, no de dinero, que es otra cosa muy diferente. Ya nos enteramos el otro día, durante su declaración ante la Audiencia Nacional, que en los treinta años que Rajoy lleva de dirigente en el Partido Popular nunca han hablado de dinero; no es propio de gente con sentido común y de orden.

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Lo recuerdo todo perfectamente, salvo algunas cosas

Mariano Rajoy compareció en la Audiencia Nacional tan preparado para ganar la batalla de la credibilidad ante la opinión publica que se le vio algo pasado de coaching, confundiendo ir sobrado con transmitir confianza e incluso forzando la Presidente de la Sala a amonestarle para que no lo hiciera más, como si estuviera regañando a un niño pequeño. Empezó recordándolo todo perfectamente, aunque poco a poco se fue apoderando del testigo una conveniente y más que oportuna amnesia selectiva.

No cometió el exceso de presentarse como el líder indignado que expulsó a los ladrones del templo nada más llegar a la presidencia del partido, una afirmación que metería en serios apuros a todos sus colegas y aliados en la dirección Popular que ya han declarado no saber nada.

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El suicidio de Miguel Blesa

Odia el delito y compadece al delincuente, prescribía con sabiduría la gran penalista gallega Concepción Arenal. Pero una cosa es compadecer y otra convertir al delincuente en víctima, o incluso en mártir a manos de sus propios damnificados. De los muertos no hay que hablar bien. A los muertos y a los vivos hay que hacerles justicia.

El suicidio de Miguel Blesa extingue su responsabilidad penal, pero no le libra del juicio de la historia, ni atenúa la responsabilidad por sus actos; mucho menos exime o limita la responsabilidad penal de quienes se asociaron con él para enriquecerse y beneficiarse de sus favores, o la responsabilidad política de quienes le colocaron en un puesto que, ni merecía, ni estaba capacitado para desempeñar, y le ampararon durante años.

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Tranquilo, presidente, que es la guardia civil

La Benemérita ha entrado en la Federación Española de Fútbol y ha detenido a su presidente, Ángel María Villar, a su hijo Gorka y a su todopoderoso vicepresidente, Juan Padrón. Esta vez sí podemos decirlo. Ya es oficial. La Transición ha terminado… al fin. Se acabó la jarana de andar lanzando cada año la segunda, la tercera o la Transición 2.0 o 3.0. Políticos y analistas debemos empezar a buscarnos otro tópico donde refugiarnos. El último territorio donde no regían ni el imperio de la ley democrática ni el Estado de derecho ha caído o va camino de hacerlo para entrar por fin en la era moderna. Ha sido un viaje largo y sinuoso pero ha merecido la pena. Aún queda mucho por recorrer pero merecerá aún más la pena.

Primero fue acabar con los sultanatos y satrapías que constituían los clubes de fútbol, obligándoles a funcionar como sociedades contra el ruido y la furia de unas cuantas protestas y movilizaciones de aficiones locales, alcaldes, diputaciones y gente con demasiado tiempo libre en general. Luego se empezó a poner fin a la anormalidad mil millonaria que suponía que la mayoría aceptáramos, sin rechistar, que los clubes de fútbol sostuvieran deudas descomunales con Hacienda y la Seguridad Social mientras sus presidentes despilfarraban como jeques obnubilados por el verano marbellí. Cierto que ha requerido planes de pago a varias décadas y una condonación encubierta de parte de la deuda, en una muestra de tolerancia que la Administración no prodiga con otros estamentos y sectores, pero al menos ahora pagan.

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