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Elisa Beni

Con 23 años fui la directora más joven de un diario español y ahora escribo en el diario más joven. En medio he pasado por decenas de redacciones y aún así sigo amando el periodismo. Ahora vivo este periodo decisivo como analista y comentarista en Las Mañanas de Cuatro,El Gran Debate de T5, Julia en la Onda de Onda Cero, "Tiempo" y allí donde quieran una voz que cree en lo que dice.

Manipulaciones asquerosas

A mi me parece estupendo que haya ciudadanos que no traguen a los de Ahora Madrid. Puedo asimilar que haya partidos y empresarios y ciudadanos y hasta medios de comunicación que abominen de lo podemita. Hasta acepto que existan los que simplemente no tragan a la Mayer y a Sánchez Mato y aquellos a los que se les revuelve la entraña cada vez que ven a abuelita Carmena, como gustan de llamarla. Todo eso es libre. Yo lo que no soporto es la mentira y la manipulación para conseguir finalidades políticas que parece que no se pueden obtener de buena lid.

Ya les dije en mi anterior artículo que me parece una estupidez que haya partidos que se empeñen en dejar al descubierto el calcañar para que se lo muerdan las serpientes,  comprometiéndose en sus códigos éticos a cuestiones que no sólo no son necesarias, sino que son injustas.

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No escupáis al cielo

Es cuestión adverada que resulta inconveniente lanzar escupitajos al cielo. La fuerza gravitatoria suele forzar que te vuelvan a caer encima. Por eso no he parado de advertirles a todas las fuerzas políticas regeneracionistas, o que lo parecen, que se dejaran de tonterías y no basaran sus esfuerzos en cuestiones vanas como la eliminación absoluta de los aforamientos o el establecimiento de la mera imputación formal (ahora investigación) como barrera para la dimisión.

Sólo desconociendo el funcionamiento del sistema puede pensarse que esta medida no tendría efectos contrarios a los deseados y que no se convertiría en un arma de demolición política del adversario. Héteme aquí que los concejales Sánchez Mato y Mayer están recibiendo en todo el ojo el lapo.

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Por principio, los principios

Esta es una de esas columnas cuya escritura emprendo por cuestión de principios y por no esconder la cabeza como el avestruz. Comprobarán en la lectura que me hubiera sido más cómodo escoger otro sujeto de análisis, pero siempre he pensado que la cobardía es el primer estadio del mal.

No hay para mí nada más desesperanzador que la aparición recurrente de debates que, lejos de abordarse desde la racionalidad y la frialdad, se convierten en una ola de visceralidad en la que se mezclan las cuestiones de forma ilógica para conseguir un único efecto de excitación de los ánimos de los ciudadanos sin lograr nunca ninguna consecuencia útil. En este género entra el suscitado estos días a partir de la identificación de un violador por la policía. Hablo de las furias desatadas en torno al Caso del Violador de la Paz/Violador del Ascensor, Pedro Luis Gallego, aunque su nombre poco importa puesto que no quiero hablar de él sino del tipo de irracionalidad social que se ha suscitado en torno a esa cuestión.

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Sólo a Sánchez le queda munición

La moción de censura ha logrado hacer retumbar entre los muros del Congreso la corrupción del Partido Popular, la manipulación de las instituciones, la destrucción de los órganos de control y la búsqueda de la impunidad en un todo vale que amenaza con tornar la democracia en una parodia. Buena cosa es. Comparto el diagnóstico y comparto la gravedad terminal del enfermo, al que unos años más de PP pueden rematar sin remedio.

Hemos comprobado que tanto Unidos Podemos, con Montero, como el Grupo Socialista, con Ábalos, tienen unos portavoces de altura parlamentaria, que Hernando sigue siendo un miserable y que el correoso Rajoy sigue sin moverse de su posición política y de su oratoria irónica y cínica. Sabemos que sigue mintiendo y que no tiene el más mínimo propósito de enmienda.

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La primavera judicial

Han pasado ya siete años desde que nos sacudiera el despertar de los pueblos árabes y la llamada a manifestarse y a clamar por sus derechos sociales a través del uso novedoso de las redes sociales. En la España de hoy son los jueces los que hacen arder  sus correos corporativos, que funcionan a modo de chat en poderjudicial.es . Reventaban la semana pasada el foro a modo de rebelión low-cost, de derecho al pataleo, pero también de propuesta de acciones reivindicativas que no descartan la huelga. No se quedan cortos a la hora de clamar por la dimisión del presidente del Consejo, Carlos Lesmes, y de todos sus mariachis de la Permanente del CGPJ, un instrumento de dominación y control inventado por los chicos de Rajoy para evitar que se les desmandasen ni un poco los vocales una vez electos.

Los magistrados y jueces de este país están hasta las gónadas. Hartos. Hastiados. Chinificados. Ninguneados. Mientras el poder se ocupa de utilizar los nombramientos y mover piezas en un juego que les afecta exclusivamente a ellos y a la minoría de magistrados beneficiada, la inmensa mayoría de sus señorías ilustrísimas encadena dificultades cada vez mayores para poder ejercer una labor cuya calidad, no lo olvidemos, redunda en beneficio de los ciudadanos implicados y de la sociedad en general. Están hartos también de la soberbia de Carlos Lesmes, llamado por la Constitución y por la ley a defender su independencia y sus intereses profesionales y que se ha convertido en su peor fustigador. Olvidan que les advirtió desde el principio. "Al juez se le controla con el palo y la zanahoria", se descolgó al tomar posesión. Tan humillante frase no es sino el destilado del desprecio que se adivina por los magistrados a los que gobierna y por su función. Los trata poco más que como a subalternos molestos de los que lo que prefiere es que no interfieran en su objetivo primordial que es el sometimiento del sistema a los intereses de los mandantes. A fin de cuentas, Lesmes parece más bien un político al que se le ha colgado el collar de ojos de la Justicia sobre una toga que no defiende.

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Voluntad popular

Voluntad popular y no voluntad de los populares. Las gentes del PP tienden a confundir los términos cuando se trata de decisiones que creen que les perjudican. La voluntad popular se ha expresado a través de los grupos de oposición en el Congreso al estimar que toda la extensión de la financiación irregular del Partido Popular debe ser sometida a escrutinio político. La voluntad del PP es que la podredumbre que lo penetra no sea sometida a control alguno y que sólo lo que no logran impedir que los tribunales juzguen sea lo expuesto a la vista pública; y eso no sin llegar a ejercer violencias inimaginables sobre el sistema judicial para intentar impedirlo.

La unión de los partidos de la oposición en el legítimo empeño de realizar una limpieza democrática de nuestra sociedad, que sólo es posible mediante el descubrimiento de los vicios que el PP quiere ocultar, ha sido calificada por el inefable Rafael Hernando como "un linchamiento por parte del resto de los partidos".

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CaKa

Catalá está kaputt. Muerto, acabado. El ministro de Justicia es un bonzo. Pasea en llamas por los congresos de abogados y por el Parlamento. Habla más de lo que todos desearían, pero solo es su última llamarada antes de la consunción. No queda otra. No hay gobierno democrático que pueda soportar su situación. A pesar de que el Partido Popular no se rige por las normas de probidad y decencia que practican incluso sus homónimos ideológicos de otros países. Me van a decir que Rajoy mirará para otro lado y lo aguantará hasta que pase el vendaval, pero lo cierto es que las circunstancias son malas incluso para él. Catalá es ya un ministro inactivo, un residuo, alguien que no puede servir a los intereses del país pero tampoco a los del partido en el Gobierno y este acabará siendo su talón de Aquiles, si antes los periodistas no descubren algo más letal.

Catalá ya no puede llevar a cabo ninguna de las dos misiones que Rajoy reservaba para él. Ya no puede realizar ese "replanteamiento de un sistema de Justicia que está ya agotado", ni tampoco completar la toma de las principales plazas judiciales que resultaban precisas al PP para controlar los daños de sus procesos por corrupción. Catalá ya es un ministro demediado, un ministro inútil, un ministro quemado con enemigos dentro del propio gobierno que no estarán dispuestos a dejarse contagiar por el aroma a napalm que emana del Notario Mayor del Reino.

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Corrupción judicial

La corrupción no es sólo el dinero público que desaparece en bolsillos privados. Hay un deje neoliberal en el argumento que nos quiere escandalizar con el montante de lo que los corruptos nos han robado. El dinero es importante pero no es lo más importante. La corrupción va mucho más allá y se extiende y ramifica. La corrupción consiste en su sentido amplio en echar a perder, depravar o pudrir algo. En este caso es nuestra sociedad y nuestra democracia las que están siendo corrompidas. La corrupción "crece como la masa que se deja fermentar en artesas de madera" que diría Roberto Saviano.

La corrupción es un árbol que se enraíza profundamente en la sociedad que parasita y que junto a las raíces profundas y evidentes va produciendo ramificaciones que se infiltran en todos los ámbitos de la sociedad buscando impunidad. Para ello necesita nutrirse y colonizar todos los estamentos. Cuando las raíces son muy abundantes, acaban saliendo a la superficie y disgregando carreteras, aceras o cimientos. Eso mismo sucede con la sociedad. Los pilares se convierten en arenilla. Este símil me lo regaló hace tiempo un magistrado y sigue siendo muy ilustrativo. Por ese motivo es altamente improbable que la corrupción no llegue a los centros de control como son la Fiscalía, el Poder Judicial o las policías. Y llega, vaya si llega.

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Lo por venir

La corrupción es un mal que gangrena las estructuras profundas de la democracia y además tiene un coste económico elevado para las cuentas comunes. Gravísimo. No obstante, aún más grave es la disolución del Poder Judicial llamado a controlar y castigar los comportamientos que amenazan al sistema que nos hemos dado. El mal es terrible, pero una sociedad inerme ante él es aún peor. Una democracia en la que las oligarquías se han vencido ante la avaricia, el afán de poder y la corrupción es peligrosa y asfixiante, pero un Estado incapaz de defenderse de ello amenaza con ser fallido y retrotraernos a lugares a los que solo los totalitarios, los imbéciles y los malvados quieren mirar.

Hubo momentos de mi vida en los que escuché mucho y hablé poco. Y escuché muchas cosas que explican a la perfección los hechos de ahora. Un ahora en el que ya no es tiempo de callar. La progresiva colonización, asalto y toma de las instituciones y de los mecanismos de control que el Partido Popular está llevando a cabo responde a un estrategia calculada y desarrollada a lo largo del tiempo. En el caso de la Justicia, también. El primer Consejo General del Poder Judicial que respondió a los designios aznarianos, concitó a una mayoría dispuesta a aplicar el rodillo para salvar lo que, según ellos, era una ocupación forzada de los tribunales por magistrados proclives a las visiones progresistas. Y se pusieron manos a la obra como solo la derecha sabe hacer. Sin recato.

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¡Ay, Manuela!

Me pían que la operación para el nombramiento de Concepción Espejel (alias Querida Concha) para la presidencia de la Sala de lo Penal progresa adecuadamente. Eso significa que ya se han producido las cortinas de humo sobre otros candidatos conservadores, se ha hablado como siempre de seráficos candidatos de consenso y se ha hecho ver que tenían posibilidades algunos magistrados que no saldrán electos en la vida. Nada nuevo bajo el sol. Todo es necesario para que el nombramiento de Querida Concha se confirme. Máxime porque permite a los que están ejerciendo de muñidores –en este caso el vocal Martínez-Tristán, el marido de la exconsejera de Cospedal, todo queda en familia– agitar frente a los indecisos la amenaza de que la división le dé la victoria a los progresistas. Y eso, pesa. Ya se imaginan.

Se preguntarán entonces, a qué viene mi veleidad de titular esta columna con un ¡ay, Manuela! en lugar de con un ¡ay, Concha! No, no me he equivocado. Mi quejío se refiere a la magistrada Manuela Fernández-Prado que también concurre a esa plaza y que será respaldada por los vocales progresistas sin esperanza. Y quiero hacerlo porque Fernández-Prado es un ejemplo de los magistrados y magistradas que no se han plegado a pasar por el aro de hacer lo que es preciso hacer si quieres progresar.

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