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Elisa Beni

Con 23 años fui la directora más joven de un diario español y ahora escribo en el diario más joven. En medio he pasado por decenas de redacciones y aún así sigo amando el periodismo. Ahora vivo este periodo decisivo como analista y comentarista en Las Mañanas de Cuatro,El Gran Debate de T5, Julia en la Onda de Onda Cero, "Tiempo" y allí donde quieran una voz que cree en lo que dice.

Juego de Cromos

Ansiaba ingenuamente que no hubiera más temporadas. La última está siendo tan pésima para los intereses de la sociedad española que pensaba que los productores habrían espabilado mientras la competencia les come el terreno entre la audiencia. Pero no. Todo apunta a una nueva reedición del Juego de Cromos más destructivo para la democracia española.

En los próximos meses vencerá el mandato del actual Consejo General del Poder Judicial. El de la infamia Gallardón. Es tan evidente que no hay regeneración posible de la democracia sin reforzar la independencia del Poder Judicial, que casi cruzaba los dedos para que aunque fuera Ciudadanos consiguiera torcer los designios de un juego de control y de cambio de cromos que ya dura demasiado. No hay ningún viso. Es más, todo apunta a que no sólo no se rectificará el sistema de elección partidista sino que la fragmentación del Parlamento nos aboca a una prórroga de juego del más ineficiente y perjudicial de todos los Consejos que han existido. Y eso es mucho decir, puesto que los ha habido muy infames.

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Las cuentas salen

La esperanza de Ciudadanos, del Gobierno y de muchas personas, de que las circunstancias extra parlamentarias complicasen la aritmética e impidieran que la Mesa del Parlament fuera presidida por un parlamentario soberanista se ha estrellado contra la realidad. Las cuentas han salido, porque ese es el reflejo del Parlament emanado de las urnas guste o no guste. Es duro tener que escribirlo así, como si los gustos o las preferencias o la razón de Estado pudieran estar por encima de los designios de los ciudadanos convocados a votar en forma y con todas las garantías exigidas por la ley.

La aritmética democrática habló y todo lo que la convierte en un engranaje endiablado tiene que ver con la intervención ajena a la misma que ha convertido la política catalana, de nuevo, en un panorama surrealista que choca con cualquier atisbo de razón democrática. Lo mismo que hicieron los independentistas antes de la intervención del 155. La decisión de tratar una sucesión de ilegalidades como un delito de rebelión, en cuya formulación se entremezcla lo jurídico y lo político en cada resolución, es una de las cuestiones. La irracionalidad y la falta de escrúpulos a la hora de determinar cuál es la lógica parlamentaria que deben seguir los acontecimientos no es ajena en modo alguno.

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El Supremo se hace bola

¿Quién no ha sucumbido a la tentación de darle con un dedito a un oniscídeo sea en la infancia sea en la edad adulta? ¿Quién no ha experimentado una suerte de placer infantil viéndolo encerrarse en sí mismo en un alarde que le volvía intocable? Bichito bola. Cochinilla. Lo hemos visto rodar y caer y permanecer inmune a cualquier acción anterior.

Es ahora el Tribunal Supremo del Reino de España el que parece hacerse bola ante la cuestión de la independencia catalana. Redondo. Liso. Duro. Inalterable. Prietas las filas. Me dicen que el Supremo ha adoptado su sitio en la historia. Me dicen que no habrá fisuras ni divergencias. Me dicen que ni siquiera las diferencias de familia ideológica entre sus miembros alterarán este futuro oniscídeo de nuestro alto tribunal. No es la primera vez que éste se muestra coráceo. Las idas y venidas en el Foro sobre lo que ocurre en el foro ya nos mostraron una actitud similar cuando el affaire Garzón. Con cena o sin cena, el Supremo había decidido que no había juez de instancia que se pudiera creer por encima del bien y del mal así que lo de Garzón estaba hecho. Por una o por las tres causas abiertas. Garzón iba a dejar de ser juez. Eso decían.

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Lapidamos porque molamos*

Hoy escribo sobre los que alivian su conciencia lapidando a otros. Escribo sobre los que tienen como única forma de sentirse limpios, el constatar que hay otros infinitamente más sucios que ellos. Escribo para los que escupen venganza y rabia y después se sientan en un escalón más alto, porque no conocen otra forma de elevarse. Escribo sobre los que nos alejan de la civilidad y nos sumergen en el oscuro pasado, sólo para intentar sentirse, por una vez, mejores.

Y voy a poder escribir de todo ello gracias a los fragmentos de realidad que me traen cada día muchos compañeros a algunos de los cuales han denostado de forma global llamándoles carroñeros. No es ese el tema de hoy, pero sí puede serlo reflexionar sobre que los datos son más o menos relevantes según el uso que hagamos de ellos. Un dato siempre nos permitirá una reflexión. Critican desde la emoción el supuesto exceso de datos sobre el horrible crimen de Diana Quer. Veamos si puede ser o no relevante. Insisto, de todo se puede extraer savia. Las emociones a veces no son sólo un síntoma individual sino un espejo social.

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Pintar el alma

"Me escuchó como si acabase de llegar desde muy lejos y negose a salir conmigo porque la luz del día turbaba su luz interior", contaba Clovio de su encuentro con Doménikos Theotokópoulos. Resulta irónico que siglos más tarde  sea el Gobierno español el que se niega a salir a la luz límpida de las normas que el GRECO (Grupo de Estados contra la Corrupción) ha fijado una y otra vez para asegurar una Justicia realmente imparcial. El último informe del año sobre los incumplimientos españoles de los deberes impuestos, retrata el alma de la Justicia española con una precisión digna del de Toledo y que vuelve tanto más indignante la postura de indiferencia y pasotismo de la que hace gala el gobierno de Rajoy.

Más allá de los titulares vistos estos días, la lectura global del informe permite asegurar que no existe una voluntad gubernamental decidida de corregir los puntos negros de la Justicia Española, que han provocado un déficit democrático importante y que amenazan con alejar definitivamente al pueblo español de la necesaria confianza en sus instituciones. España no ha puesto en marcha de manera satisfactoria ninguna de las once indicaciones que se le hicieron desde este organismo del Consejo de Europa y, más allá de eso, queda claro que de cuatro de ellas se pasó totalmente y el resto han sido mitigadas con excusas de mal pagador. Una de estas excusas es la dificultad para formar gobierno que obligó a unas segundas elecciones y que retrasó cualquier iniciativa parlamentaria y la otra, definitivamente española como la disputa del propio Greco con la Inquisición por el tamaño de las alas de los ángeles, que ya se ha creado una subcomisión dentro de la Comisión de Justicia para analizar todas estas propuestas. Si no fueran tan europeos, tal vez supieran para qué sirve aquí crear comisiones y subcomisiones. Al fin, al menos en apariencia, intentan creer que eso, a la larga, produzca algún cambio.

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Consejos vendo...

Consejos vendo que para mí no tengo. Es el refrán que se me vino inmediatamente a la cabeza mientras escuchaba en directo la insólita rueda de prensa protagonizada por la Guardia Civil sobre el caso Diana Quer.

Allí estaban dos coroneles en la cima de su carrera y condecorados (adoro la palabra francesa para designar las medallas," décoration", que sí, significa también decoración), criticando con fineza y desparpajo al Tribunal de Justicia de la UE y sus sentencias, al legislador español con mayoría del PP y a los periodistas, todo en el mismo pack. Y lo hacían mientras daban una rueda de prensa fuera de norma, de la que apuesto no habían hablado al juez competente, y en la que surfeaban sobre la Ley de Enjuiciamiento Criminal española que impone la reserva de las actuaciones, y sobre la Directiva de la UE 2016/343 sobre refuerzo de la presunción de inocencia, y también sobre la prudencia de no hacer aparecer como culpable ante la ciudadanía a quien deberá ser juzgado por un jurado popular.

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Delito de RT

Muchos balances pueden hacerse sobre el año que hoy termina y cada uno podrá poner el acento en el aspecto que más le interese o le preocupe. Muchos lo harán, sin duda, en el tema catalán pero para mí 2017 ha sido el año del avance incontenible de la aplicación extensiva de los delitos de opinión y de la restricción de la libertad de expresión. El año de la condena a raperos y tuiteros. El año en el que Interior culminó la fiesta avisándonos en Twitter de que tuviéramos cuidado con lo que reutuiteamos. El año en el que el Partido Popular presentó una proposición no de ley para acabar con el anonimato en Internet. El año de los que piden cárcel por odiar. El año de los que confunden a los que piensan distinto con los que les odian. El año en el que la libertad de expresión agonizó un poco más. El año en el que más veces me preguntaron que por qué decía que no podíamos encarcelar a los que dicen cosas que nos parecen reprochables. El año en el que te desean que te las digan a ti, como si eso fuera la medida de tu criterio.

La guinda la puso el CM de Interior el otro día con un simple tuit que pretendía atemorizar por la vía de advertir.Y eso, cuando sucede en materia de expresión y comunicación, es una invitación a la autocensura que inquieta de cualquier modo, pero más si procede de tal ministerio.

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Caspa Navidad

Cuando pensamos en unas navidades blancas no solemos tener en la cabeza que estén cuajadas de caspa, pero, cada vez más, se extiende un discurso conservador, inmovilista y ranciamente convencional que pretende ser la única versión posible de estas fiestas de invierno. La caspa se derrama sobre la imagen fija de una navidad tradicionalmente anticuada, inamovible, religiosa y rígida que se quiere mantener como única opción por los sectores más conservadores y que estos llevan al campo del ataque político con total naturalidad. Tiempo de paz, tiempo de amor. Es un síntoma más de la regresión de libertades y de tolerancia que estamos viviendo. La carcundia vuelve a casa también por Navidad.

El PP catalán, altamente representativo del sentir de aquellas gentes como sabemos, ha puesto el grito en el cielo por el “esperpéntico pesebre” moderno instalado en la Plaza San Jaume y diseñado por el arquitecto Jordi Darder. Ese “intento de descristianización” llevado a cabo por la bruja Colau según otro de los Fernández Díaz podría incluso deberse a su deseo de no “molestar a los musulmanes”. Obvia que, muy cerca, el ayuntamiento ha instalado otro gran belén tradicional montado por la Asociación de Belenistas. Ignora que a los musulmanes no les molestan los belenes. Caspa. Cae blandamente sobre los hombros del hermanísimo mientras habla. Aún es peor cuando se refiere al mercadillo navideño, “el mercadillo del adoctrinamiento antisistema”, criticando así la Feria del Comercio Responsable que se ha instalado en la ciudad en el que, ¡no miren, por favor, van a pecar!, se venden libros como ¡¡¡¡ El Manifiesto comunista!!!! ¡¡¡Por favor!!! y otro que se titula ¡¡¡¡ Los soviets!!!! El edil popular no debe pasar mucho por las librerías barcelonesas en las que, no me cabe duda, puede conseguirse en diversas ediciones y calidades. Un discurso casposo y esperpéntico si no fuera porque esconde debajo un mensaje no demasiado críptico que supone la instauración de un discurso y una estética únicas: la del conservadurismo de derechas y que estigmatiza cualquier otro planteamiento. La Navidad es un buen momento para ello. Esa Navidad exclusivamente cristiana en la que todo asomo lúdico y laico del festejo supone un agravio. Como si los cristianos no hubieran fagocitado, con un gran sentido de la oportunidad, las fiestas paganas de las Saturnalias romanas para incorporarlas a su propia cultura.

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Literatura picolesca

Escribir tiene que ver con el cuidado de la forma y la profundidad del fondo, pero también con el adecuado continente para ambos. No se si les he contado alguna vez que, a pesar de ser mi vocación inicial la de novelista, tras muchos años en el periodismo me costó mucho decidirme a escribir ficción. Algo me bloqueaba. Una especie de fuerza profunda que me hacía sentir un enorme malestar si lo que se vertía sobre el papel era inventado. Lastres de periodista. De modo que en las informaciones se escribe la realidad contrastada y se busca la verdad con las armas del periodismo y en las opiniones se escribe con honestidad la valoración que uno hace de las cosas. Y cuando uno se lanza en brazos de la novela, entonces ficciona. No conviene sacar las cosas de su lugar. Nunca. Ni escribir opinión en las informaciones ni emboscar reportajes como obras de ficción. Hacerlo es un error y una estafa a los lectores. Me darán la razón. Pero ¿qué es entonces escribir periodismo en un papel timbrado? ¿Qué sucede si un relato periodístico, una crónica política, se introduce en un proceso judicial bajo la forma de un texto legal o criminal? Eso ha vuelto a suceder.

Si el Lazarillo, el Buscón y Molly Flanders forman parte del género picaresco, el último informe presentado por la Guardia Civil al juez Llarena inaugura el género picolesco, que es una crónica política revestida de formato policial. Aquí no se trata de estafar al lector, que es técnico y avispado, sino que se busca dar soporte a una acción jurídica que pretende describir como delictivo lo que a priori no lo era. Abracadabra. El informe 2017-101743-00000112 que tiene como objetivo “la investigación de los hechos relacionados con la DUI” es una pieza fuera de todo encaje. Pudiera suceder que los que lo han realizado, estén inaugurando un nuevo género que no sería ya el periodístico judicial sino, muy por el contrario, el judicial periodístico en el que se abre un amplio campo inexplorado y demasiado peligroso.

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Protégeme de lo que quiero

El capitalismo es una bestia que se transforma pero que no cambia. Aún persisten personas capaces de ver, a través de sus disfraces, dónde esconde ese germen de avaricia y de explotación que forma parte de su cara más amarga. Esa que siempre se esconde tras el éxito innegable de sus mejores galas. Esta vez han sido los jueces de Luxemburgo los que, a instancias de un juez español, le han quitado un velo de su nueva máscara. La sentencia dictada sobre Uberpop no es sino el primer velo caído en esa danza que desviste a la bestia del empleo precario y la explotación que se cobija bajo empresas cínicamente consideradas de economía colaborativa. Con el último gesto, nos presentará la verdad desnuda del neocapitalismo salvaje.

Vivimos en ese mundo en el que la dominación, la explotación, ya no son violentas ni forzadas, sino que, simplemente, suceden y se bautizan como libertad. ¡Qué seductor es Byung-Chul Han! La nueva avaricia inteligente se viste de seda y no tiene prurito en adornarse con plumas que la travisten con valores opuestos, siempre y cuando el producto que resulte nos sea agradable. Agradar. Conseguirnos sin forzarnos. Un neoliberalismo salvaje en el que el capitalista ya no precisa ni arriesgar el capital, tal es el caso de las aplicaciones como Uber o Deliveroo, y en el que los trabajadores se aprestan a producir su plusvalía, asumiendo todo el riesgo, felices y contentos de no ser ya obreros sino emprendedores.

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