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Elisa Beni

Con 23 años fui la directora más joven de un diario español y ahora escribo en el diario más joven. En medio he pasado por decenas de redacciones y aún así sigo amando el periodismo. Ahora vivo este periodo decisivo como analista y comentarista en Las Mañanas de Cuatro,El Gran Debate de T5, Julia en la Onda de Onda Cero, "Tiempo" y allí donde quieran una voz que cree en lo que dice.

Un auto que sonroja

El auto de ingreso en prisión de los líderes de la ANC y Òmnium, dictado por la juez Lamela, me produciría bochorno si no fuera porque prima en mí el sentimiento de injusticia y la sensación de estar asistiendo de nuevo a una utilización creativa del Derecho para conseguir que unos hechos encajen a golpe de mazo en un tipo delictivo para después dar gruesos brochazos y cubrir el expediente para justificar un ingreso preventivo en prisión.

No es una cuestión en absoluto política. No hay presos políticos en España. Ahora, tampoco. Sí ha habido y habrá errores judiciales y voluntarismos a la hora de interpretar la ley. No es la primera vez que esto sucede en la Audiencia Nacional. No es un secreto que en la Audiencia Nacional a veces algunas resoluciones tiran por las costuras, aunque yo no me extraño porque hace mucho que un viejo magistrado me explicó el papel tan fundamental que la Casa tenía para el mantenimiento y sostén del Estado.

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El camino del exceso

No, el camino del exceso no siempre lleva al palacio de la sabiduría. Pido perdón a Blake y a todos aquellos que en el fondo ansían que mañana se desate un mecanismo que restringiría, por primera vez en democracia, el contenido de una autonomía. Oigo el rugido que llega ahora, tras leer mi frase: ¡LA LEY, QUE CUMPLAN LA LEY! Es conmovedor cuántos excitados defensores le han surgido en las últimas semanas a la Ley. Yo ya les conté mi posición hace semanas ( Lo imposible) así que no soy sospechosa, pero también alerté del riesgo de que se intente utilizar la vía penal para aquello que no sirve ( Si saben cómo me pongo...).

Lo que veo es a demasiados partidarios del camino de exceso, de la mano dura, del frentismo y hasta de una mal llamada victoria que sólo enmascara la humillación. Casi sin excepción, parapetan su irritación tras una bandera patria y gritando como si la ley fuera un garrote. La legalidad debe volver a regir en Catalunya y, si se han cometido delitos durante estos días, los tribunales deberán seguir su instrucción con el proceso adecuado. Lo que no valen son los atajos. No valen los atajos, ni los senderos tortuosos, ni las leyes chicle, ni la razón de Estado tantas veces llamada a la mesa de una Justicia que no necesita de tal aderezo.

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Patatas a la diabla

Todo es una cuestión de patatas. Lo hemos descubierto en el pleno sobre la situación de Cataluña celebrado en el Congreso. Y, créanme, ha sido un hallazgo porque muchos nos temíamos que terminara siendo una cuestión de huevos y esas son bastante peores. Es necesario contar las patatas catalanas, se decía en la tribuna, contar como las patatas a esos catalanes que ya no se sienten españoles, para lo que se reclamaba un referéndum legal. Al portavoz del PNV no se le olvidó en su intervención que se trata no sólo de las patatas catalanas sino también de la existencia de las euskopatatas -de Araba, como es sabido- y al valenciano le vinieron a la boca las patatas propias. Fue Rajoy el que remató recordando las papas canarias, las afamadas patatas gallegas "y, no se le olviden, las patatas españolas". Cuestión de patatas.

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Las cuatro esquinas del ring

Ayer, en la esquina de Cibeles, con calzón blanco, calentaba a ritmo de batucada, como en muchos otros ayuntamientos, la España que piensa que siempre se está a tiempo de evitar lo peor y la que cree que una diferencia entre hermanos no puede saldarse a golpes, porque delante queda toda una vida, a ser posible juntos pero con una separación honrosa si fuera menester. En la esquina de Colón, y con calzón rojigualda, se frotaban la espalda con banderas los que creen en la mano dura y en ciertas dosis de humillación para obligar a la realidad a volver a ese sitio confortable del que no debió salir sin preguntarse jamás hasta que punto esta dislocación de la historia no se debe en parte a su inflexible postura. En la esquina de la Plaza de San Jaume continúan dando golpes al aire los que creen que si tus legítimas aspiraciones no logran encajar dentro del marco legal común, puedes saltártelas y estallar las costuras del calzón de la convivencia, sin reparar en que uno termina en pelotas. La cuarta esquina del ring es de todos aquellos que no saben, callan o no contestan u observan expectantes en sus casas a saber como se resuelve una crisis que no ignoran que también les afecta.

Si somos sinceros reconoceremos que los púgiles de tres de las esquinas quieren básicamente lo mismo, una forma de continuar conviviendo juntos dentro de España, y que difieren en la forma para lograrlo. Si somos sinceros veremos que además del drama de Catalunya, no es menor el que nos ha vuelto a colocar a todos en un cuadrilátero en el que no existe un árbitro para separarnos en caso de que la pelea se vuelva sucia y fuera de las reglas. Los que entienden que el Rey cumplió ese papel hace una semana sólo dominan una o dos de las esquinas y conviene no olvidarlo.

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Insurrección (versión Beta)

¡Abramos los ojos de una vez! Lo que estamos viviendo es algo nuevo, diferente, disruptivo. Por más comparaciones melancólicas o históricas que quieran hacerse desde uno u otro lado, asistimos en realidad al despertar doloroso a un nuevo siglo con marcos y  dinámicas completamente diferentes a las conocidas hasta ahora. Esta revelación es decisiva, porque mientras gobernantes, políticos y ciudadanos no seamos conscientes de la novedad radical de lo que acontece, seguiremos intentando usar instrumentos del siglo XX para encauzar rupturas y dinámicas sociales del siglo XXI. Creo que es exactamente lo que está sucediendo ahora. 

En Catalunya está teniendo lugar claramente una insurrección, pero no una con las dinámicas viejunas y agotadas de los siglos pasados sino una insurrección en versión Beta, una especie de primer ensayo de lo que constituirá la dinámica de la revolución o la involución política en el nuevo siglo. No sería la primera vez que en España se viven acontecimientos que barruntan lo que se extenderá por Europa. Si esto es así, si la gestión que los impulsores del procés han puesto en marcha fuera una iluminada prueba de laboratorio de cómo se van a producir las rupturas sociales y políticas a partir de ahora, entonces deberíamos plantearnos si los viejos y conocidos instrumentos de que disponemos podrán estar a la altura. 

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Terribles tiempos oscuros

No, así no. No tendrás mi aquiescencia ni mi pasividad. Creo en el Estado de Derecho y en la ley. Creo que sólo ésta puede protegernos pero también sé que cualquier respuesta no vale para ampararla. No has sabido o no has querido. Rajoy, no vales. Rajoy, a España no le sirves. Eso no tiene nada que ver con la vergüenza y la manipulación y la miseria de Puigdemont y los suyos, que han lanzado al pueblo contra la ley a sabiendas de lo que sucedería. A ellos los doy por adjetivados, pero al Estado de Derecho que me ampara y me protege, o debería, no puedo dejarlo en tus manos. No. Así no, Rajoy cobarde. Llegar a este extremo no precisa de ningún esfuerzo. Dejar que la policía cumpla órdenes contra un pueblo desarmado no es mérito de ningún estadista. Es una mierda, Rajoy, una puta mierda. No esperaba mucho de los demagogos del proceso pero a ti te correspondía servir al Estado de Derecho que está por encima de tus cálculos mezquinos.

No le sirves a España, Rajoy, por mucho que te empeñes. Has traicionado la grandeza de la patria a la que dices que sirves. Ni siquiera los que sabemos que la Constitución no puede ser conculcada impunemente te vamos a apoyar. Mañana debe empezar la solución y yo no creo que formes parte de ella. Exculpo a las policías que cumplieron órdenes y a los jueces que se sirvieron y sirvieron sólo a la ley. Sólo tu tenías en tus manos la grandeza de la política y la soslayaste porque eres pequeño y mezquino, porque no vales para el papel que la historia te ha demandado.

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Sísifo se ha unido al grupo

Palpita en muchas actitudes una especie de sensación de que hoy, el 1-O, arribamos a una meta en la escalada de tensiones y de incertidumbres y que pasado el día señalado habremos salvado un gran obstáculo. Unos, porque consideran que el día 2 amanecerá como el señalado para la liberación y se verán frustrados, y otros porque pretenden que no celebrándose la votación declarada ilícita ya se habrá resuelto lo más grave del pulso entre una parte de los catalanes y el Estado, pero estos tampoco verán sus esperanzas cumplidas.

La realidad es muy otra. Todo lo que hemos visto hasta ahora puede quedarse chico ante la necesidad de gestionar la realidad que nos espera a partir del lunes. La semana que viene será aún más complicada y las ramificaciones y problemas subrogados que nuestro sistema político y social vivirá se amplificarán si cabe. Transcurra como transcurra el día de hoy, todos saldremos magullados. Puede que unos más que otros, pero no hay esperanza para los que piensen amanecer ajenos.

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El vórtice

En la zona Oeste del lago Ontario, entre EEUU y Canadá, se encuentra el Vórtice de Marysburgh. Un vórtice es un flujo turbulento de un fluido en rotación espiral con trayectoria de corriente cerrada. Una especie de enorme sumidero como el que vemos en la bañera al soltar el tapón. Las leyendas dicen que más de 100 barcos han desaparecido en ese enorme agujero de aguas rotatorias desde que el HMS Speedy se esfumara en 1804. Los científicos no asumen este relato, pero los amantes de las cosas ocultas afirman que el Marysburgh no es un caso único sino uno de los doce vórtices viles o cementerios del diablo existentes en el planeta y cuyo representante más mediático fue siempre el Triángulo de las Bermudas. No hay ningún vórtice anómalo y tragaldabas en Europa, según la sabiduría ocultista. Al menos no lo había porque ¿no sienten cómo se va formando uno que comenzó en la zona noreste pero está empezando a devorar el resto del territorio? ¿no notan cómo se ha ido tragando demasiadas cosas que giran y giran hasta desaparecer en su boca inmensa? Hay un vórtice vil que nos acecha.

Hay un vórtice que se ha tragado también la verdad, los hechos, las razones. Es lo que se buscaba enfrentando un prefabricado relato político con otro tosco e inamovible. Ambos cumplen a la perfección las funciones que los creadores de magia en la comunicación política les atribuyen. Ambos permiten a las personas reconocerse dentro de un colectivo social que consideran el ganador, ambos cumplen su función de ansiolíticos sociales proveyendo de certidumbres baratas y ambos funcionan perfectamente como heurísticos o atajos mentales para hacer sencillas cosas complejas y conseguir despertar las emociones y las adhesiones. Como consecuencia de esta abducción de la razón, el vórtice se está tragando la convivencia. No ya la convivencia en la propia Catalunya, entre independentistas y no independentistas, sino la convivencia entre los ciudadanos y en el debate público que ha tomado un tono bandista y bronco que aleja toda posibilidad de análisis sereno.

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Una papilla turbia

Antaño estudiante de historia, siempre me pasmaban las causas que precipitaron los acontecimientos más prodigiosos que a lo largo de los siglos ha producido este país. Quizá demasiado corta de edad, no terminaba de asimilar por qué a aquellos tipos les dolía tanto España o cómo los que pensaban lo mismo se fragmentaban en sopas de siglas difíciles de diferenciar. Como aprender es comprender, a veces se hacía muy cuesta arriba memorizar aquellos desarrollos ininteligibles de pasiones y malentendidos que parecía fácil solucionar con la perspectiva de los años. Daban ganas de plantarse en aquel siglo y aclararles a gritos qué estaban haciendo mal y las consecuencias terribles que aquello tendría.

No pensaba entonces hasta qué punto el periodismo y la realidad me iban a hacer revivir aquellas historias que hacen la Historia. Cuando observo estos días la papilla turbia que se desliza por las mentes y los folios, por los tuits y las ondas, percibo retazos de viejas páginas aprendidas. Veo cómo somos incapaces de separar las emociones de las realidades y cómo algunos lo aprovechan en su beneficio. Me duelo de la incapacidad de mantener conversaciones o debates productivos porque no hay una posibilidad intelectual de centrarse en cada uno de los problemas y dirimirlos hasta poder pasar al siguiente. Muchos argumentos, algunos realmente inanes, son como un vómito regurgitado por espasmos funcionales que nada tienen que ver con la razón. Ya decía Ortega que "no es la menor desventura de España la escasez de hombres dotados con el talento sinóptico suficiente para formarse una visión íntegra de la realidad nacional donde aparezcan los hechos en su verdadera perspectiva, puesto cada uno en el plano de importancia que le es propio" y como si de un vidente se tratara completaba la idea afirmando que "no puede esperarse ninguna mejora apreciable de nuestros destinos mientras no se corrija previamente ese defecto ocular que impide al español medio la percepción adecuada de las realidades colectivas".

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Si sabes cómo me pongo para qué me invitas

Esta de hoy es una columna sólo para espíritus fríos. Sólo para los que puedan dejar a un lado la pasión para intentar sistematizar y entender lo que está sucediendo. Vamos a necesitar nervios templados y dos pares de gafas. Unas gafas que llamaremos “políticas” y otras gafas que llamaremos “jurídicas”. No es posible ponerse ambos pares a la vez. Ese es uno de los problemas que se están viviendo a la hora de emitir opiniones serenas sobre los acontecimientos en Catalunya. Así que pertrechados con ellas y con la norma general de mirar sólo cada acontecimiento con las gafas pertinentes y sin intentar ponerse jamas ambas juntas, avancemos en esta selva.

La actuación de la Justicia penal ayer en Catalunya, con los registros y detenciones ordenadas por el titular del juzgado de instrucción 13 de Barcelona, sólo pueden ser mirada con las gafas jurídicas. El Derecho Penal tiene sus normas y sus instrumentos y cuando está trabajando, los pone en movimiento. Para qué me invitas si sabes cómo me pongo... Es evidente que el caso de desobediencia de la Carta Magna por parte de las instituciones catalanas no puede ser resuelto desde la justicia penal pero no lo es menos que tampoco era posible evitarla llegados al punto en el que no existe el diálogo y en el que, sin duda, se están cometiendo delitos por parte de los que promueven el referéndum suspendido por el Tribunal Constitucional. No podemos pedir ni a la Fiscalía ni a los jueces que no actúen si se cometen delitos y se tiene noticia de ellos. 

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