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No más jaulas: activismo eficaz contra la explotación animal

El Parlamento Europeo aprueba una enmienda que exige una legislación específica para los conejos, que establezca la eliminación gradual de las jaulas, asegure una mayor protección y garantice mejores condiciones para ellos

Si bien el objetivo último de los defensores de los animales es abolir la explotación animal, el fin del enjaulamiento de conejos y la reducción de los daños que padecen supondrá una transformación radical para las vidas miserables de esos 320 millones de individuos

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Conejo enjaulado por la industria ganadera. Foto: Igualdad Animal

Conejo enjaulado por la industria ganadera. Foto: Igualdad Animal

Todas sus vidas en jaulas, tan pequeñas que casi no pueden voltearse. Jamás han podido estirar sus patas, extender sus largas orejas ni, menos aún, saltar. Agredidos por sus compañeros o automutilados, producto del hacinamiento y el estrés. Heridos y sangrantes, sin recibir ninguna ayuda. Apaleados, desnucados o arrojados vivos a contenedores de basura. Otros tiemblan de miedo al ver cómo matan a sus compañeros e intentan huir desesperadamente cuando llega su turno. Morir desangrado en un matadero. Ésa es la pesadilla de más de 320 millones de conejos en Europa.

A pesar de ser los segundos animales más explotados en todo el continente, no existe todavía una legislación específica respecto de los conejos criados para consumo. Este vacío normativo ha posibilitado que estos animales subsistan en condiciones de extremo sufrimiento, como han documentado organizaciones como  Compassion in World Farming o Igualdad Animal.

Si nos ponemos en el lugar de estos animales, lo logrado hace muy poco por la campaña #EndTheCageAge / #NoMásJaulas, promovida por Compassion in World Farming y por AnimaNaturalis, constituye una gran noticia. Se trata de la aprobación, por parte del Parlamento Europeo, de una enmienda que exige una legislación específica para los conejos que establezca una eliminación gradual de las jaulas, asegure una mayor protección y garantice mejores condiciones para ellos. Acercarnos al fin del enjaulamiento de conejos y conseguir otras medidas que reduzcan los daños que padecen es una transformación radical para las vidas miserables de esos 320 millones de individuos.

Ciertamente, la aprobación de esta iniciativa no supone alcanzar el objetivo último de abolir la explotación de los conejos (y del resto de individuos no humanos). Ahora bien, hay por los menos tres buenas razones para celebrar el pasado 14 de marzo como un día histórico para los animales en granjas.

La primera de ellas es que necesitamos abrir los ojos ante el sufrimiento. Campañas como #EndTheCageAge / #NoMásJaulas y otras que exigen reformas del sector ganadero obligan a la ciudadanía a conocer las atrocidades que existen detrás de las industrias que explotan animales. Además, invitan a pensar en los animales como seres capaces de sentir, y seres cuyos intereses en no sufrir y no morir deben ser motivo de preocupación moral. A veces se dice que este tipo de campañas retrasan la erradicación del especismo. Al contrario, reconocer a los demás animales como seres sintientes puede favorecerla.

De acuerdo con un  estudio de la Universidad Estatal de Kansas (ThePoultrySite, 2010), la atención de los medios de comunicación a la situación de los animales bajo explotación tiene efectos negativos significativos en la demanda de carne en los Estados Unidos. Al respecto, la investigación psicológica más reciente demuestra que revelar las condiciones en que se producen los productos de origen animal afecta el consumo de los mismos, ya se trate de producción industrial o "humanitaria/feliz".

Específicamente, se ha demostrado que la oferta de carne proveniente de animales explotados de forma menos cruel no aumenta el disfrute de la misma ni correlaciona con una preferencia para consumir más. Ya que la gente no suele pensar en el origen de la carne, cualquier recordatorio de que esta proviene de animales perturba la idea de que no hay nada problemático en su consumo.

Visibilizar a los seres sintientes tras un trozo de carne permite hacer visible el sufrimiento y afecta emocionalmente la experiencia de comer animales, pudiendo volverla desagradable. Aunque aún debe desarrollarse más investigación al respecto, este efecto de visibilizar el sufrimiento tras la carne es consistente con otros estudios (Anderson y Barrett, 2016).

La segunda razón es que estas medidas aumentan el coste económico de la industria. La explotación industrial de los animales persigue el objetivo de obtener el máximo de beneficios al menor coste posible. Mejorar ciertas condiciones para los animales es una vía para incrementar el coste de los productos de origen animal, una cuestión que la industria ve como una amenaza potencial para su viabilidad.

De hecho, la industria ganadera en los Estados Unidos se ha mostrado abiertamente preocupada por las pérdidas económicas que le han ocasionado campañas que exigen la prohibición de las jaulas de gestación de cerdas. La Animal Agriculture Alliance (2009), un grupo del sector ganadero del mismo país, hace una terrible predicción sobre la campaña de jaulas en batería: "A pesar de que el precio promedio nacional de los huevos camperos ha alcanzado los 56 centavos por docena en el tercer trimestre de 2007, y ahora cuestan un 84% más que los huevos comunes, grupos de derechos de los animales están presionando por una iniciativa de ley que prohíba la producción regular de huevos en California. (...) Esta iniciativa extrema eliminará una fuente económica de proteínas para muchas personas"[1].

Algo similar ha ocurrido en Europa en relación con las jaulas batería empleadas convencionalmente para albergar a las gallinas usadas para puesta. En relación a estos animales, en 1999 la UE dispuso su prohibición para los países miembros y su sustitución por "jaulas acondicionadas" o espacios alternativos para el año 2012 (Directiva 1999/74/CE).

La medida adoptada por la UE ha tenido un impacto considerable en el número de gallinas empleadas para la puesta de huevos, así como en el precio de estos productos. Con la nueva normativa, los productores han tenido que ajustar el número de gallinas a las nuevas dimensiones de las jaulas que exige la legislación, reduciendo la densidad de aves. De esa forma, entre los años 2011 y 2012, a nivel europeo, se estima que el número de gallinas explotadas descendió en unos 33 millones, de unos 364 a unos 331 millones de aves, con lo que la producción de huevos también experimentó una baja. Entre 2010 y 2012 se redujo de 6.716 a 6.590 millones de toneladas. Aunque desde 2013 se inició una ligera recuperación hasta 2014 (Clements, 2014), este incremento sigue siendo menor que el ritmo de producción anterior a la implementación de la normativa.

La queja de los productores apunta, y con razón, a que las jaulas más amplias son menos eficientes que las jaulas convencionales. Los datos confirman que los huevos producidos en jaulas enriquecidas como en sistemas sin jaulas presentan mayores costes de producción que las jaulas batería y, en general, que aquellos sistemas de confinamiento que permiten más hacinamiento de las aves.

A causa de ello también se ha incrementado el precio de los huevos (Callejo, 2012). Sólo respecto de los productores de huevos del Reino Unido, la adaptación de las jaulas hasta 2011 habría significado el desembolso de unos 400 millones de libras, es decir, 477 millones de euros (The Scotsman, 2011). En España, para el 2012 la cifra alcanzaba los 600 millones de euros (EFE, 2012). De acuerdo a Matthews y Sumner (2015), el sistema de jaulas enriquecidas tiene un promedio de coste total de un 13% más alto que las jaulas convencionales. Elson (2011) resume los costes relativos de distintos sistemas de producción de huevos en la siguiente gráfica:

Costes relativos de producción de huevos en distintos sistemas de producción (Elson, 2011 en Callejo, 2012)

Costes relativos de producción de huevos en distintos sistemas de producción (Elson, 2011 en Callejo, 2012)

Así, el encarecimiento de la producción ha contenido el ritmo de crecimiento del número de gallinas explotadas. Ello supone una reducción del número de individuos que sufren la explotación

La tercera razón es que el sufrimiento de los animales importa y ellos necesitan toda la ayuda posible. A nivel individual, medidas como la supresión de las jaulas batería para gallinas y para conejos, o la eliminación de las jaulas de gestación para cerdas, suponen aliviar algunos de los peores sufrimientos para estos animales. Para las gallinas, por ejemplo, los estudios observan un color de cáscara algo más pálido en jaulas enriquecidas respecto a las jaulas batería, atribuyéndose el cambio de coloración a la disminución del estrés de las gallinas derivado de la competencia por el acceso al nido (Callejo, 2012).

Otra investigación sobre el bienestar de las gallinas en distintos sistemas de puesta mostró que en una escala de bienestar de 0 a 10 –siendo 0 el peor sistema posible y siendo 10 un sistema ideal de cría en pastos– las instalaciones con jaulas batería puntuaban un 0, mientras que instalaciones sin jaulas puntuaban un 5 o más ( De Mol, Schouten, Evers, Drost, Houwers, Smits, 2006). Por supuesto, nuestro objetivo es el fin total de la explotación, pero ello es compatible con desarrollar estrategias que, mientras nos acercan a ese fin, permitan que la situación de los animales explotados no sea tan terrible.

Considerar los intereses de los animales es nuestra responsabilidad, tanto en un sentido filosófico como en un sentido práctico. En términos filosóficos, cabe plantearnos como objetivo un mundo ideal, donde los animales no sufran a manos humanas y donde todos aquellos que sufren por causas diversas sean ayudados.

Ahora bien, en términos prácticos, tenemos la responsabilidad de considerar los intereses individuales de los animales aquí y ahora. Hay quien postula ignorar el sufrimiento de millones en el presente en pos de algún escenario futuro, sugiriendo que el sufrimiento actual puede de alguna manera ayudar a los animales a largo plazo. Esto sólo sería aceptable ante la existencia de evidencias abrumadoras de que alcanzaremos ese escenario ideal futuro mucho antes a costa del sufrimiento de los animales presentes. Tales evidencias no existen. Aunque en la actualidad no podamos aliviar los padecimientos de todos los animales, tenemos la obligación moral de disminuirlos tanto como sea posible.

Avanzar hacia el fin del enjaulamiento de conejos es la mejor noticia que les hemos dado a los conejos en, por lo menos, la última década. Es un hito histórico para asfixiar económicamente la cría de conejos para consumo. Es un paso trascendente para poner fin a las mayores crueldades de la ganadería intensiva, aquel sector responsable del 99% de animales bajo explotación humana.

Es también un triunfo para el activismo por los animales, ya que ha conseguido visibilizar como nunca antes el sufrimiento de los conejos usados para engorde, movilizando a niñas y niños y a otros ciudadanos de todo el continente a favor de estos individuos. Justamente, la aprobación de la iniciativa, a pesar de los escollos vistos en enero en la misma Comisión de Agricultura, da cuenta de la efectividad de la campaña para visibilizar el sufrimiento de los animales y conseguir tal apoyo social, al punto de afectar decisiones de gran impacto. Los eurodiputados se vieron tan presionados por sus votantes y por los propios niños que acabaron abandonando su posición inicial de abstención o rechazo y se decantaron por aprobar la iniciativa en la votación decisiva del pleno.

La evolución de la producción de huevos en Europa tras las reformas para las gallinas usadas para puesta, además, suministra antecedentes que permiten sugerir una evolución semejante para la explotación de conejos. El aumento de costes de producción es aún más determinante en el caso de los conejos, dada la evolución de los precios de su carne en los últimos años y la paulatina pero sostenida caída de los márgenes de beneficio de quienes explotan a estos animales. Así, es plausible prever que las reformas que se llevarán a cabo para cumplir con lo acordado en el Parlamento Europeo serán, probablemente, un antecedente sustancial para disminuir el número de conejos explotados y en el futuro nos pueden acercar al cese de la ganadería de estos animales en el continente.

Tener en cuenta el sufrimiento de los conejos y de todos los animales nos impone la obligación de actuar pragmáticamente. Para esos individuos, es necesaria una estrategia que haga una diferencia real en sus vidas en el menor tiempo posible. Necesitan un doble enfoque que, por una parte, socave el especismo a nivel individual y, por otra, tenga suficiente capacidad de flexibilidad y adecuación pragmática a las posibilidades actuales de cambio institucional. Diseñar y evaluar estrategias de acción según su impacto empírico –y no según su coherencia teórica– es quizás uno de los mayores desafíos para el movimiento antiespecista y nuestra máxima responsabilidad de cara a quienes están sufriendo. No obstante, si permitimos que la ausencia de evidencias empíricas y de reflexión crítica determinen nuestra estrategia, nos condenamos a nosotros y a los animales al fracaso.

Por supuesto, no nos conformamos. A pesar de este logro, nuestro compromiso es no descansar hasta que los conejos, y el resto de animales no humanos, estén libres de la opresión que jamás deberían haber padecido.

 

Referencias bibliográficas

Anderson, E. C. y Barrett, L. F. (2016). Affective Beliefs Influence the Experience of Eating Meat. PLoS ONE 11(8): e0160424. doi:10.1371/journal.pone.0160424.

Animal Agriculture Alliance (2009). Eggs production costs.

Callejo, A. (2012, 25 de abril). Impacto de la nueva normativa europea en la producción de huevos

Clements, M. (2014, 20 de mayo). Lessons to be learned from European Union’s cage ban

De Mol, R. M., Schouten, W. G. P., Evers, E., Drost, H., Houwers, H. W. J. y Smits, A. C. (2006). A computer model for welfare assessment of poultry production systems for laying hens. Wageningen Journal of Life Sciences, 54(2): 157-168. doi: 10.1016/S1573-5214(06)80019-9.

EFE (2012, 22 de marzo). El Mundo. Los huevos se encarecen hasta un 43% por la obligación de ampliar las jaulas

Elson, H.A. (2011) Housing and Husbandry of Laying Hens: Past, Present and Future. Lohmann Information, 46: 16- 24.

Matthews, W. A. y Sumner, D. A. (2015). Effects of housing system on the costs of commercial egg production. Poultry Science, 94(3): 552–557.

ThePoultrySite (2010). Study: Impact of Media Attention to Animal Welfare

The Scotsman (2011). European lethargy blamed for failure to act over ‘illegal’ eggs

[1] Traducción propia. El destacado es propio.

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