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Hay que echarlos

España también la rompe quien la corrompe. La rompe quien la malvende, la mangonea, la utiliza y la degrada. El país lo ha roto el saqueo de ladrones que se envuelven en distintas banderas para ocultar lo que se llevan. El país lo han roto los mafiosos que lo han partido para repartírselo. Por eso hay que votar. Ya que no se van, hay que echarlos.

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El PP siempre se supera. Cuando creíamos que lo habíamos visto todo y que no podían caer más bajo, todavía nos sorprenden con una nueva desvergüenza. Ahora ha sido, otra vez, Jorge Fernández Díaz, pillado en unas grabaciones en su despacho, obtenidas por el periódico Público.es, en las que se le escucha perfectamente encargar que se fabriquen escándalos contra políticos independentistas. Con toda claridad dice que el presidente del gobierno está al tanto de sus manejos con la fiscalía y con la prensa. Ahí tienen a todo un ministro del gobierno utilizando los mecanismos del Estado para extorsionar a sus rivales. Ocurre en las mejores familias. De la mafia.

Fernández Díaz no sólo no ha pedido disculpas ni se ha planteado dimitir sino que encima se ha presentado como la víctima. Es Nixon echándonos la bronca por el Watergate. Debería irse no sólo por corrupto sino por incompetente, por dejarse grabar en un despacho en el que se maneja información tan sensible, por cierto el mismo en el que recibió a Rodrigo Rato, otro corrupto del partido. Por supuesto, Mariano Rajoy le ha confirmado en el cargo. El Padrino cubre las espaldas de su lugarteniente para cubrir la suyas y decreta la ley del silencio sobre “ese asunto del que usted me habla”.

Puede incluso que haya quien considere legítimo conspirar contra quienes quieren romper España. Pero España también se rompe cuando el gobierno convierte al Estado en criminal y hay ciudadanos que lo justifican. España también la rompe quien la corrompe. La rompe quien la malvende, la mangonea, la utiliza y la degrada. El país lo ha roto el saqueo de ladrones que se envuelven en distintas banderas para ocultar lo que se llevan. El país lo han roto los mafiosos que lo han partido para repartírselo.

Esto es en lo que se ha convertido el partido que gobierna, en una familia mafiosa. Están imputados como partido, definidos como organización criminal por la Guardia Civil, tienen miembros implicados en robos, blanqueos, evasión fiscal, financiación ilegal, malversaciones, prevaricación y ahora también, conspiración y extorsión. Pero nunca nadie sabe nada ni es responsable. Son unos listos que llevan cuatro años haciéndose el tonto y tomándonos a todos por lo mismo.

Ya vale, señor Rajoy, usted o lo es o se lo hace. Yo creo que es lo segundo, lo que le convierte en un indecente, como dijo Ruiz. Pero en cualquiera de los dos casos, tiene que irse porque su partido es una cloaca en la que nos están hundiendo a todos. El cambio no es quitar a Rajoy para dejar al PP, como dice Rivera que propone un pacto de los “constitucionalistas” con PSOE y populares. No, Albert, esos no son los constitucionalistas, esos son los que cambiaron la Constitución y los que se la pasan por el forro de sus bolsillos desde hace décadas. La amenaza no es el comunismo como dice Sánchez, ni los malos como dice Rajoy. Los malos son ellos que han hundido a este país en la miseria, la desigualdad y el paro. La amenaza para nuestro bienestar son los que conspiran para que las cosas sigan como están.

Esos son los antisistema, anti demócratas y anticonstitucionales, no los que queremos un cambio radical en este país. Estamos hartos de que nos llamen radicales y nos den lecciones de moral y democracia, los más fanáticos, intolerantes y fascistas. Estamos hartos de que nos llamen ilegales, los mayores ladrones del reino. Hartos de que se las den de señores, los que no son más que chorizos con corbata. Hartos de que nos miren por encima del hombro, como si la clase la diera el traje, los personajes más infames, zafios y cutres. Tenemos mucha más dignidad, honradez, valores y legitimidad que todos esos corruptos con pintas disfrazados de próceres pero con cuentas en Suiza.

Ya que no se van, hay que echarlos. Por eso hay que volver a votar este domingo. En tromba. Como un viento cálido que traiga la primavera a este invierno. Como una marea, una ola que se convierta en geiser para limpiar las cloacas.

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