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Crisis en el Mediterráneo: un nuevo reto para la política exterior europea

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Este artículo ha sido publicado en el blog Agenda Europea, de la Fundació Catalunya Europa. 

Después de la tragedia del pasado mes de abril cerca de las costas de Libia, la reacción europea ha sido unánime: no puede haber más muertos en el Mediterráneo. Numerosos líderes europeos exigieron a la Unión Europea que reaccione y actúe ante esta situación de crisis humanitaria a las puertas de Europa. Un mes y medio después, la UE responde. Presenta un plan de acción y una estrategia global, que se desmarca de su tradicional modus operandi consistente en medidas de apoyo técnico y financiero. Esta vez propone el lanzamiento de una misión militar naval y una serie de medidas en otros ámbitos con dimensión exterior (ciudadanía, inteligencia, cooperación internacional, entre otros).

Estrategia integral, pero incompleta

Sorprende la celeridad con la que el Consejo de la Unión Europea en Asuntos Exteriores y de Seguridad dio luz verde (¡por unanimidad!) a la implementación de la operación naval (EUNAVFOR Med) en el Mediterráneo, con un mayor presupuesto y con más funciones que la Operación Tritón. Parece que los temidos mensajes por parte de algunos representantes políticos, en los que se alertaba del "efecto llamada" que podría tener una operación de estas características, cayeron en un saco roto. Teniendo en cuenta el tipo de operaciones militares que suele emprender la UE, no sorprende la combinación de mandato otorgado a la misión: control de fronteras y gestión de crisis. Dos actividades con bajo nivel de conflicto militar.
 
Sin embargo, la Agenda Europea de Migración, parte complementaria y fundamental para abordar los flujos migratorios hacia el continente, ha sido cuestionada desde su presentación el pasado 12 de mayo. Francia, España y Estados miembros del Este han manifestado su clara oposición al sistema de cuotas propuesto, y reabren el debate sobre los criterios a considerar. Reino Unido ya ha manifestado que no participará de este sistema (opt-out), debido a que no pertenece al espacio Schengen y al hecho que cuenta con esta posibilidad.

Un actor global con limitada credibilidad

En un primer momento, la rápida reacción por parte del Consejo de Asuntos Exteriores, Seguridad y Defensa envió un claro mensaje a la comunidad internacional. La UE no se quedaría de brazos cruzados. El consenso en la definición del problema y la existencia de voluntad política han demostrado que existen los medios a escala europea para dar una repuesta conjunta. Una respuesta Europea.

La apertura del debate sobre el sistema de cuotas, sin embargo, debilita la credibilidad internacional de la UE. Las diferencias entre los estados miembros sobre cómo abordar la acogida de refugiados plantean dudas sobre cómo la UE podrá hacer frente a sus obligaciones internacionales, considerando su compromiso con la responsabilidad de proteger.

Cooperación internacional desviada

Uno de los puntos clave de la estrategia presentada por la Alta Representante, Federica Mogherini, es abordar las causas en el país de origen que generan el flujo migratorio hacia Europa. Más del 50% de los emigrantes que deciden cruzar el Mediterráneo son de origen sirio, eritreo o afgano. Estos tres países deberían ser el principal objetivo de la cooperación internacional europea, pero la guerra civil en Siria, la frágil situación en Afganistán y la cruel dictadura en Eritrea impiden a la UE entablar contacto con las autoridades locales e implementar un plan sobre el terreno.
 
Así, Libia y Níger se convierten en los destinatarios centrales de la acción comunitaria en el plano de cooperación internacional. Estos dos países son claves en el tráfico de mafias y traficantes de personas hacia el Mediterráneo. La UE pretende mejorar la seguridad y el control de fronteras mediante la operación naval en las costas de Libia y el establecimiento de un centro de operaciones y la colaboración con las autoridades locales en Níger.

Una única voz, aunque ambigua

Esta vez, la UE no actúa como actor secundario después de la OTAN o después de la acción de otros Estados Miembros. Ha demostrado que cuenta con las capacidades y los recursos para actuar de manera rápida y comprometida, si es necesario. Los mecanismos de Política Exterior y Seguridad Común están operativos desde la entrada en vigor del Tratado de Lisboa (2009). ¿Qué ha cambiado? Esta vez los Estados Miembros buscan soluciones conjuntas a procesos globales, aunque esto implique propuestas limitadas e incompletas. Como expresaba Mogherini tras la aprobación de EUNAVFOR Med, si existe voluntad política y determinación para actuar con rapidez, la Unión Europea puede actuar de forma efectiva en el plano internacional.
 
Finalmente, parece que Europa habla con una sola voz, pero de forma débil y con un mensaje egoísta. La fuerte vinculación entre migración y seguridad presente en toda la estrategia, junto con las declaraciones de los líderes europeos sobre el sistema de cuotas, son reflejo de una Europa presa dentro de su propia fortaleza, secuestrada por discursos populistas y euroescépticos. Si Europa aspira a tener un rol en el mundo globalizado, debe ser capaz de construir un nuevo consenso europeísta, que le permita neutralizar estas tensiones internas. Hace unos días, Juncker afirmaba que si "no abrimos la puerta, aunque sea un poco, no debería sorprendernos que los desafortunados de medio planeta fuercen su entrada por la ventana". De momento, la puerta sigue cerrada. Pero parece que pequeños esfuerzos colectivos han dejado la ventana entreabierta.

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