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Jordi Pérez; “Se trata de crear público y no espacios”

La Vilella es un espacio de encuentro entre compañías, público y la gente implicada en el mundo teatral para intentar encontrar qué sentido tiene el teatro en el mundo en que vivimos

El espacio recupera estos días Una mica de llibertat (si us plau) y estrenará el 2016 con Don Juan. Memòria amarga de mi a partir de textos de Tirso, Zorrilla, Molière y Palau i Fabre

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Jordi Pérez, director artístico y programador de La Vilella / Roger March

La compañía de teatro Sargantana (fundada por Jordi Pérez y Dani Carlos) reconvirtió a finales del 2013 una antigua fábrica de sifones abandonada, del barrio del Poble-sec de Barcelona, en un activo laboratorio de las artes escénicas. En la falda de la montaña de Montjuïc, encontramos este edificio singular con diferentes salas polivalentes que permiten cocinar una amplia carta de propuestas artísticas. Con un objetivo muy claro: crear, investigar, desarrollar y compartir sus producciones escénicas con el público y dar cabida a creadores y sus proyectos. Montajes de pequeño formato que se convierten en punto de encuentro y reflexión, no sólo intelectual, que buscan una conexión profunda con el público, planteando preguntas, dudas y sensaciones que le llevarán a buscar respuestas. Entrevistamos a Jordi Pérez, director artístico y programador de La Vilella.  

La Vilella es fruto de la evolución del trabajo de la compañía Sargantana. ¿Qué os llevó a abrir un espacio propio?

Dejamos el pequeño local que teníamos al lado del Molino, queríamos un local con más posibilidades. Siempre hemos creído con todo lo que hemos hecho. La Vilella nos permite, no sólo ampliar nuestro trabajo de investigación y creación, sino también incrementar el contacto con otras compañías y con el público.

¿Como la Vilella, la antigua fábrica, ha acabado definiendo un proyecto a través de las artes escénicas?

El espacio tiene vida propia. Nació en 1902 y ha cobijado sifones, armamento y flores. Tanto dentro como fuera tiene mucha personalidad. De hecho, pensando con la sala de exhibición, teníamos dudas de si conservar partes de la antigua fábrica. Hemos mantenido discretamente las antiguas estanterías de la tienda de flores sin que condicionen los montajes teatrales.

¿Qué deben tener los espectáculos que programáis?

Nos planteamos qué se está preguntando la gente de la calle en estos momentos. Sobre estas ideas, que creemos que son importantes, intentamos buscar propuestas que hablen de estos hechos. Compañías que hablen con un lenguaje muy personal. Sea teatro de objetos, teatro de texto o teatro musical. Un lenguaje propio con una necesidad de expresar todos estos temas.

¿Cómo se consigue que una experiencia teatral no se convierta en una reflexión intelectual?

Nos gusta hablar de experiencias viscerales. Se trata de establecer un diálogo mucho más profundo. Que el contacto del público con los creadores vaya más allá de la simple reflexión. El diálogo debe ser sincero y recíproco. Un teatro donde el público no sólo vaya a pasar un rato entretenido. Si marcha satisfecho de La Vilella mucho mejor pero que también pueda expresar abiertamente que no le ha convencido.

¿Qué actividades permiten establecer este espacio de encuentro y reflexión teatral?

El trabajo de la compañía se acaba convirtiendo en un laboratorio de investigación dramatúrgica y un entrenamiento actoral. De aquí salen ideas que compartimos en un ágora con los socios de La Vilella. Ellos valoran si lo que estamos haciendo es realmente útil dramatúrgicamente. Los lunes intentamos llevar propuestas más arriesgadas, obras inacabadas, creaciones que se hacen en una sola noche. Hacemos Els Fractals, tres creadores de diferentes disciplinas, con un título como punto de partida, tienen dos horas para crear un espectáculo.

¿Con dos años de vida qué contribución ha hecho La Vilella al tejido cultural barcelonés?

Dos años es muy poco tiempo. Intentamos ser sinceros y consecuentes con lo que creemos. Tenemos muchos socios y un grupo importante de gente que nos apoya. Intentamos despertar a la gente una nueva mirada a través del teatro. El diálogo que mantenemos es muy diferente del resto de espacios. La cultura tiene que venir del interés que nace en la calle.

¿La ciudad necesita más contenido escénico que espacios?

Espacios no faltan. Deberíamos ser capaces de crear a partir de la necesidad de ir más lejos. Provocar nuevas inquietudes entre el público. Nosotros hemos entrado a Escena 25 y es fantástico que los jóvenes se encuentren para ir al teatro a vivir experiencias teatrales diferentes. Iniciativas como esta ayudan a crear público. En Barcelona se trata de crear público y no espacios.     

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