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De aquellas pateras, estas mantas

Se habla mucho de los manteros en Barcelona, demasiado. Desde el pasado verano este tema ha sido un instrumento para desgastar al gobierno de la ciudad y también a la Guàrdia Urbana. Al final, sin embargo, todos se han desgastado con este uso instrumentalizado de una problemática social que afecta tanto a comerciantes, como a manteros, policía municipal y vecinos.

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¿Qué es un mantero? Para algunas personas, un mantero es alguien a quien comprar productos de baja calidad y con quien puede regatear. Para otros es una amenaza y un problema para el comercio de la ciudad, o bien un aprovechado, un superviviente o una persona con necesidades sociales. Y en el peor de los casos es alguien a quien deberíamos echar del país porque se aprovecha de una serie de derechos en detrimento de las personas “de aquí”.

Se habla mucho de los manteros en Barcelona, demasiado. Desde el pasado verano este tema ha sido un instrumento para desgastar al gobierno de la ciudad y también a la Guàrdia Urbana. Al final, sin embargo, todos se han desgastado con este uso instrumentalizado de una problemática social que afecta tanto a comerciantes, como a manteros, policía municipal y vecinos.

Debemos ser conscientes del recorrido que hacen estas personas que vienen de la África subsahariana huyendo de la miseria. A menudo lo hacen en pateras, dejando su destino en manos de las mafias que gestionan el tráfico de personas. Lo que es evidente es que casi nadie abandona su país a no ser que sea por necesidad. Algunos lo hacen huyendo de la guerra y otros de la pobreza. Desgraciadamente, cuando llegan a la tierra prometida las oportunidades no vienen solas y el hecho de no disponer de una situación regularizada les impide poder acceder a un contrato de trabajo.

Las mantas en la calle no benefician a nadie. Perjudican al comercio de nuestra ciudad, que paga sus impuestos, sufre la crisis como todos y no entiende el mensaje que se ha emitido desde el Ajuntament de Barcelona, equivocadamente, de ser permisivos. Perjudican a la Guàrdia Urbana porque trabajan bajo presión mediática. Perjudican a la ciudad y al buen uso del espacio público, un espacio que es de la ciudadanía y que nadie debe ocupar para realizar actividades ilícitas. Pero tampoco benefician a los manteros, ya que esta actividad que realizan les expone a las sanciones, las penas e incluso la expulsión, al mismo tiempo que les impide desarrollarse profesionalmente.

Aunque llevamos desde el verano insistiendo, finalmente el Ajuntament ha constituido una Mesa de ciudad – a propuesta de ERC – para abordar esta problemática. Una mesa donde están invitados todos los agentes implicados. Se trata de una experiencia pionera para abordar la cuestión de la venta ambulante irregular como no se había hecho hasta ahora pese a que esta problemática existe desde los 80. Los nuevos enfoques levantan polémicas a veces, y es cierto que no todos los que estaban invitados acudieron. Pero como presidente de la Mesa me comprometo a mantener el diálogo con todos, incluso con aquellos que legítimamente han tomado la decisión de no asistir de entrada. Debemos priorizar el diálogo, la seriedad y el rigor para abordar esta cuestión.

De la primera reunión ya podemos sacar tres conclusiones. En primer lugar, el Ajuntament de Barcelona no puede ser permisivo con las prácticas ilegales en el espacio público. No se puede legalizar lo que es ilegal, entre otras cosas, porque tampoco es competencia de este ayuntamiento. En segundo lugar, necesitamos soluciones sociales para resolver los problemas de los manteros y el Ayuntamiento dispone de algunas herramientas para encararlos, además de experiencias previas que han tenido un cierto éxito como la cooperativa de chatarra. Y finalmente debemos luchar contra los mayoristas de productos falsificados, mafias que actúan con impunidad en grandes almacenes del Área Metropolitana y también contra la entrada de estos productos a través del Port de Barcelona. ¿Cómo? Exigiendo corresponsabilidad a todas las administraciones. De mientras, nosotros seguiremos dialogando para encontrar una solución de consenso. La ciudad se lo merece.

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