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Entrevista | Irene Santiago

"El régimen de aislamiento penitenciario puede precipitar trastornos psicóticos en los presos"

Hablamos con la psicóloga de Irídia Irene Santiago sobre los efectos sobre la salud mental que conlleva pasar por un centro penitenciario y cuáles son los retos que hay que abordar.

Artículo publicado en El Diari de la Sanitat

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Irene Santiago, psicóloga de Irídia

Irene Santiago, psicóloga de Irídia Robert Bonet

Según fuentes del Departament de Justicia de Catalunya, el año pasado se suicidaron 8 personas en los centros penitenciarios de Catalunya y, desde principio de año, 5. Cada año se suicidan una media de entre 7 y 8 internos según datos de la última década. Además, se calcula que cerca del 40% de los internos españoles tienen problemas mentales. Unas cifras que, además, van en aumento. Hablamos con Irene Santiago, psicóloga de Irídia Centro para la Defensa de los Derechos Humanos y miembro del GAC (Grupo de Acción Comunitaria). Santiago ha trabajado durante más de 10 años en América Latina haciendo tareas de acompañamiento psicosocial a población afectada por la violencia extrema en diversos contextos como el penitenciario.

La proporción de suicidios dentro de los centros penitenciarios es mucho más alta que la de fuera de las prisiones. ¿A qué se debe esta diferencia?

El hecho de que una persona se encuentre en aislamiento social genera una serie de efectos. Si a esto le añadimos que se trata de aislamiento penitenciario esto se exagera aún más. Los seres humanos para construir 'nuestro yo' necesitamos interacción social. Al no tenerlo, dejamos de estar retroalimentados y de reconstruir nuestra identidad, ya que esta identidad se construye gracias a la interacción. Por lo tanto veremos muy rápidamente los efectos a nivel fisiológico: menos capacidad de memoria, agilidad mental, concentración... En aislamiento esto se acentúa mucho más y, si supera los 15 días, se generan unas secuelas que pueden llegar a ser permanentes. Los efectos son devastadores enseguida porque se genera una desconexión social y un aislamiento social muy grande, sin contacto interpersonal, que pueden traer consecuencias como trastornos psicóticos, esquizofrenia, personalidades más aisladas, paranoias...

Por lo tanto, por el hecho de entrar en una prisión, una persona puede desarrollar problemas mentales? 

Sí, claro. El trastorno mental es muy complejo. Hay muchos estudios sobre cómo un ambiente integrador, positivo, que refuerce el desarrollo social puede prevenir y mitigar los efectos de los trastornos mentales. Lo mismo ocurre cuando hay una deprivación. El aislamiento genera unas condiciones que pueden hacer precipitar trastornos mentales. El daño psicológico está siempre, ahora bien, el tipo de daño y el grado de afectación ya dependerá de otros factores como el tiempo de estancia, si la persona padece técnicas opresivas o de tortura y también de factores individuales. También ocurre que personas que no han sufrido un trastorno psicótico, cuando salen de la cárcel pueden tener graves dificultades para mantener relaciones sociales normales y para estar en sociedad. Se han acostumbrado a estar en soledad y sin contacto humano.

El equipo de psicólogos y psiquiatras de las cárceles, hacen un control real de la salud mental y la evolución de las personas?

 Los servicios penitenciarios cuentan con un equipo de psicólogos y psiquiatras con un sistema bien regulado en cuanto a la salud de las personas. Por ejemplo, en términos de suicidio, hay un protocolo de prevención pero esto contrasta con un índice de suicidios muy elevado y preocupante. Hay toda una serie de factores de riesgo que deben ser indicadores de que algo está pasando. Desde el Síndic de Greuges de Catalunya y la Coordinadora para la Prevención de la Tortura sacamos un informe donde se reivindica la aplicación del protocolo de Estambul. España es país firmante pero no la está aplicando. Por eso pedimos que se incorpore el protocolo de Estambul como mecanismo de prevención de la tortura. Permite hacer una evaluación psicológica, determinar el grado de maltrato, de trato vejatorio y de tortura en prisión. Este es un mecanismo muy importante. Es necesario que los profesionales de la salud estén formados y sepan incorporar dentro de los mecanismos normales de la salud mental en prisiones.

Irene Santiago, psicóloga de Irídia

Irene Santiago, psicóloga de Irídia, durante la entrevista Robert Bonet

Hace poco se hizo público que la Generalitat desestimó la reparación patrimonial en el caso de suicidio de una presa, Raquel, en Brians I. En el informe médico del caso se explicaba que las heridas autolesivas eran de carácter manipulativo y no con una verdadera finalidad suicida. En el informe también decían que el 80% de los casos de autolesiones son con fines manipulativos.

Que la Generalitat centre sus argumentos en sí Raquel tenía una intención manipulativa o realmente suicida es ir muy mal. Estamos poniendo el peso del suicidio en una persona que no está bien, enfocamos el problema de forma errónea. En el caso de Raquel está claro que hubo un diagnóstico erróneo, porque finalmente se suicidó. Esto es muy grave y debe hacernos repensar muchas cosas. Es necesario que nos planteemos si se está construyendo una relación de ayuda real dentro de las cárceles y cómo abordamos los casos de suicidio. La Organización Mundial de la Salud posiciona el suicidio como una problemática central en los servicios penitenciarios. Es indiferente la intención de la persona, es muy difícil saber dónde está la línea roja en estos casos. Lo que está haciendo la persona es expresar que está sufriendo un malestar muy grave y lo hace de una manera autodestructiva. El problema es que una persona con problemas de salud mental en prisión se encuentra en una situación de indefensión grave si los equipos sanitarios no se toman en serio sus malestares y señales. Para las Naciones Unidas, el hecho de tener conductas autolesivas previas, intentos de suicidio, haberlo comunicado... todo ello son factores de riesgo que deben hacer pensar a los equipos de salud mental que hay un riesgo que debe abordarse.

Qué tendría que hacer la Generalitat delante de los casos de suicidio? Debería reconocer sus responsabilidades en el caso de Raquel?

Eso seguro, pero no únicamente. Hay que reconocer las responsabilidades pero desde una mirada de repensar el sistema penitenciario para prevenir nuevos casos. No podemos reparar al 100% lo que pasó porque Raquel se suicidó y ahora está muerta, pero tenemos que hacer una reparación enfocada a la familia y también al resto de población penitenciaria en general. La administración tiene responsabilidad de lo que pasa dentro de las prisiones, absolutamente de todo lo que pasa. Hay que repensar el sistema pero para repararlo y mejorarlo desde la oportunidad de reparación a todo nivel, con una perspectiva positiva. Hay que hacer un ejercicio de reflexión profunda sobre los protocolos de prevención de suicidios, qué pasa cuando tenemos unos números tan elevados de suicidios y como trabajamos la salud mental de los internos.

¿Qué retos de salud mental hay en las prisiones?

El principal es la aplicación del protocolo de Estambul. Después se tiene que trabajar en la línea de políticas preventivas y lo primero que hay que hacer es generar más contacto social. Hay que hacer más actividades, trabajar temas culturales y artísticos como la música la pintura, potenciar el lenguaje artístico. Así los presos mejorarán, no sólo a nivel mental, sino también relacional. También es clave para generar espacios de contacto hacer deporte. Encontramos aspectos así tanto a nivel internacional como nacional. En Chiapas (México) hay una cárcel de mujeres donde se dan clases de economía, sociedad y cultura y los enseñan a desarrollar diferentes oficios. Esto ha hecho que muchas mujeres cuando salen crean su propio negocio. Por lo tanto, trabajar la salud mental afecta directamente en la reducción del índice de reincidencia. El problema de esto es que implica plantearnos el nivel de ratio entre presos y psicólogos o psiquiatras, así como la calidad, el tiempo y la frecuencia de las visitas. Entonces podremos llevar a cabo proyectos en grupo, trabajar el cuerpo, potenciar actividades deportivas y vincular proyectos culturales a terapia. Se debe trabajar un plan de salud mental preventivo que incorpore miradas psicosocial comunitarias, hacer role playing, con teatro, simulaciones de cómo buscar trabajo y cómo adaptarse a la sociedad. La sociedad cambia, pero para el interno se ha congelado el tiempo.

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