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¡Qué fácil es cuestionar el conocimiento científico!

Circo o ciencia Ilustración de Yoana Novoa. Febrero de 2017

Por definición y por modus operandi, la ciencia rara vez hace afirmaciones tajantes o rotundas ya que se aproxima al conocimiento de forma gradual, admitiendo de forma explícita la existencia de lagunas e incertidumbres a lo largo de todo el proceso. Cuanto más compleja y multidisciplinar es una cuestión, mayor es la imprecisión con que podemos responder la pregunta o estimar las consecuencias. Esto es algo inevitable, por más que a todos nos gustaría que la ciencia pudiera dar respuestas precisas y completas a todas nuestras preguntas.

La falta de certidumbre es, de hecho, una parte integral de la estadística, un componente central de la forma de explorar el mundo a nuestro alrededor que tenemos los científicos. El método científico consiste en interrogar la realidad y comprobar con datos empíricos si las predicciones derivadas de la hipótesis de trabajo se cumplen o no. Lo hacemos igual cuando observamos la materia oscura, cuando comprobamos la existencia del cambio climático, cuando verificamos si la violencia ha aumentado o disminuido a lo largo de la historia, cuando arreglamos un motor de explosión o una lavadora, o cuando decidimos si Dios o Papa Noel existen.

La duda y la incertidumbre son por lo tanto una parte consustancial del conocimiento científico. De hecho, la dialéctica entre los científicos y la sociedad se basa o se debería basar en el reconocimiento de este hecho. Una sociedad madura e informada no debería pedirle a los científicos ni soluciones imposibles ni simplificaciones espurias; por tanto, no debería esperar nunca respuestas sencillas y precisas a preguntas sobre problemas muy complejos, más aún si conciernen investigaciones recientes o aún en curso. Los científicos entramos con cierta timidez en el campo de lo público porque somos conscientes de que no tenemos respuestas rotundas para todas las inquietudes de la sociedad. Pero eso no significa que no sepamos nada. Más bien significa que, parafraseando a Carl Sagan, preferimos vivir reconociendo que no conocemos la verdad a hacerlo tomando por verdad una mentira.

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Mujeres en la ciencia: no hay peor ciego que el que no quiere ver

Lynn Margulis, Isabelle Olivieri, Georgina Mace y May Berenbaum

Hoy se celebra el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. Que las Naciones Unidas elijan un día para conmemorar el papel de las mujeres científicas se debe a la necesidad de visibilizar un elemento del mundo cuya relevancia no está suficientemente reconocida en la actualidad, como ocurre con el medio ambiente o los refugiados. Pero, ¿es necesario visibilizar el papel de la mujer en la ciencia? De hecho, cualquiera que se dé paseo por un centro de investigación (por ejemplo este en el Museo Nacional de Ciencias Naturales) encontrará los despachos, laboratorios y salas de reuniones llenos de mujeres científicas, al menos en la mayor parte de los países desarrollados y en vías de desarrollo.

Sin embargo, cuando se observa con más detalle vemos que la proporción de mujeres desciende según avanzamos hacia niveles profesionales superiores de la carrera científica, como podemos ver en un gráfico de esta entrevista a Adela Muñoz. Las posiciones de dirección en institutos de investigación y la lideranza de grandes proyectos internacionales recaen en mucha mayor medida en hombres. Y lo mismo ocurre con posiciones intermedias de responsabilidad. Hasta el punto de que la aplicación de políticas de paridad en tribunales de plazas y comisiones de evaluación tiene el efecto perverso de sobrecargar de trabajo a muchas mujeres, ya que la razón de sexos es tan sesgada en los estadios superiores de la carrera investigadora que ellas tienen que participar en dos o tres veces más comisiones que ellos para alcanzar la paridad.

Cuando uno  se pone las gafas violeta el mundo de la investigación muestra tanta discriminación de género como cualquier otro de los ámbitos de la sociedad en los que la discriminación está mal vista. Muchos no la ven, o cuando la ven no la reconocen, pero sigue allí. Lejos del idílico sentimiento de igualdad en la intelectualidad que profesamos los investigadores, la realidad es que las mujeres son discriminadas, de manera muchas veces inadvertida.

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La paja en el Trump ajeno

La paja en el Trump ajeno

Con la investidura de Trump, las redes sociales han explotado. En los EEUU, los ciudadanos se han movilizado para expresar su preocupación desde el primer día, y las denuncias y críticas han inundado los medios de comunicación y sociales (incluyendo, claro está, los medios españoles).

La exhibición de racismo, misoginia, xenofobia y populismo, y la desinhibición con que tanto el presidente como su gabinete alardean de su falta de preparación y modales propician estas críticas. Pero uno no puede sino preguntarse dos cosas.

¿Irá tanta actividad en los medios sociales seguida del correspondiente despliegue de compromiso y activismo, o será tan solo un placebo que sustituirá a ese? Cierto es que el último siglo de historia de EEUU nos demuestran que marchas y movilizaciones como las que se han desarrollado estos días han servido para despertar conciencias y aglutinar a los ciudadanos en acciones pacíficas que han cambiado radicalmente los derechos civiles del país –y, por extensión, de muchos otros países–. Pero la otra cara de la moneda podría ser la comunidad virtual que, desde este y otros países, centra hoy su pasajera atención en esas movilizaciones. En ella, los medios sociales parecen estar alumbrando una indulgente ciudadanía que parece satisfecha con decir " vosotros gobernáis, nosotros twitteamos".

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Valores universitarios y buenas prácticas en la generación de conocimiento

Plagio académico

Una de las funciones básicas de la universidad es la generación de conocimiento. Sin embargo, una parte significativa de la sociedad, incluyendo a la mayoría de los representantes públicos, presta poca atención a la importancia de este aspecto. Una prueba clara es la  falta de importancia que se ha dado desde las instituciones los repetidos casos de plagio de Fernando Suárez Bilbao desvelados por este diario. Queremos centrarnos aquí en el desprecio que supone para los valores universitarios la mala praxis en la generación de conocimiento.

De acuerdo con´ las comparaciones de texto publicadas por eldiario.es, el rector de la Universidad Rey Juan Carlos podría haber basado una parte significativa de su producción académica en el plagio extensivo de la producción de otros académicos e incluso de estudiantes. Dada la doble función de la universidad, como formadora de futuros académicos y generadora de conocimiento, cabría esperar una reacción clara y fulminante ante las malas prácticas que, como el plagio, pueden comprometer esta generación de conocimiento. Por ello, la tibieza de la reacción dentro del mundo académico es lo que más ha sorprendido a periodistas como Raquel Ejerique. Desgraciadamente, si se conocen los grandes vicios y problemas del mundo académico español esto no sorprende tanto.

La revisión de trabajos anteriores juega un papel clave en la generación de conocimiento, dado que permite recuperar conocimiento perdido u olvidado, y promover nuevos campos de investigación. Pero una revisión académica no se limita a recopilar y resumir el conocimiento. Debe proporcionar una síntesis de lo ya conocido, ponerlo en valor de manera crítica, y relacionarlo con otras áreas del conocimiento.

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España y Portugal liderarán la ciencia mundial gracias a Trump y al Brexit

Futura sede del Centro Integrado de Investigación Científica El Agarrobico

El equipo de Ciencia Crítica ha tenido acceso exclusivo a un estudio del recién creado Ministerio de Economía, Industria y Competitividad que plantea catapultar a España a primera línea de la investigación mundial. Un alto  cargo del Ministerio, que ha preferido permanecer en el anonimato, explica que la idea empezó a forjarse cuando el think tank SMARTASSES, tras las sorpresas del Brexit y el plebiscito sobre el proceso de paz en Colombia, predijo que Mariano Rajoy sería investido presidente del Gobierno español, y seguidamente Donald Trump  ganaría las elecciones presidenciales en EE.UU.

Los aún no elegidos miembros del todavía no constituido Ministerio no tardaron en ver la oportunidad única que dicha coyuntura supondría para España. Numerosas personalidades del país norteamericano habían anunciado que emigrarían a Canadá si Trump resultaba elegido presidente, y en Gran Bretaña hasta la Royal Society –barco insignia de su investigación científica– había mostrado su descontento con el Brexit debido a que supondrá un descenso sustancial en el presupuesto de investigación británico. Este éxodo dejaría vacantes algunos puestos científicos clave pero supondría un recurso incalculable para los países receptores de inmigrantes de esta valía. 

Según nuestras fuentes, la inesperada situación no ha pillado por sorpresa al siempre atento Gobierno de Rajoy. España planteaba ya desde hace tiempo un plan para canalizar estratégicamente el descontento generalizado del mundo anglosajón. Este plan, denominado ALPA (siglas de "Abajo La Pérfida Albión") pretende aprovechar dicha coyuntura para la mayor gloria de España, convirtiendo a nuestro país en la primera potencia mundial en ámbitos imprescindibles para el desarrollo como la investigación.

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Divulgar la Ciencia para acercarla a la sociedad

La cópula en arañas como la viuda negra de espalda roja acaba con el macho devorado por la hembra

"Cada grupo de arañas copula adoptando posturas muy diferentes. Esta variabilidad en las cópulas ha evolucionado seguramente empujada por el alto riesgo en el que incurren los machos al acercarse a las hembras: la probabilidad de que éstas acaben devorándolos es alta. El caso extremo de cómo han derivado estas posturas a lo largo de la evolución lo tenemos en Latrodectus hasselti, una viuda negra australiana con la cual los machos inician la cópula acercándose por la parte ventral y posterior del abdomen de la hembra (muy lejos de una potencial mordedura); pero una vez comienza la cópula, el macho da una voltereta entera (mientras copula!) , ofreciendo su cuerpo a la hembra: un "suicidio" en toda regla pero que asegura la paternidad a dicho macho, ya que después de este "festín"  es menos probable que la hembra copule con otros machos ".

Éstas y otras cuestiones relacionadas con la biología de las arañas fueron el centro de una conferencia que el científico Jordi Moya impartió hace nueve años en un centro cultural de Barcelona. Algunos medios de comunicación quisieron hacerse eco de la conferencia e idearon titulares como "Las arañas tienen su propio Kama Sutra". Y desarrollaron la idea en textos como "La multiplicidad de actitudes durante la cópula, sin embargo, parece no ser sólo cosa de los humanos, pues las observaciones han demostrado que también las arañas han abandonado a lo largo de los años la monotonía sexual y practican ya más de una decena de posturas."

Compárese lo que se escribió por ejemplo aquí, con lo que se había publicado en el New York times diez años antes para apreciar los rasgos que distinguen una buena divulgación científica de lo que es convertir los resultados de investigación en un folletín.

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¿Podrías enamorarte de un gusano?

Frederic Bartumeus investiga la ecología del movimiento animal

En enero de 2014, el ecólogo Frederic Bartumeus publicó un artículo en una revista científica de prestigio en el que explicaba que él y sus colegas se habían dedicado a crear un modelo matemático capaz de simular el movimiento de un gusano cuando éste busca alimento "a ciegas" en una placa de Petri.

Apasionante, ¿verdad…? ¡A que adivino lo que estás pensando!

"Y ¿esto para qué sirve?" Esta es la primera pregunta a la que nos enfrentamos cada día quienes pretendemos que el conocimiento que generan nuestros investigadores e investigadoras llegue a toda la sociedad. Y aunque casi siempre hay una respuesta, lo difícil es extraerla de la boca del científico sin provocarle un estado de hiperventilación o incluso una taquicardia. Y es que la mayoría de científicos y científicas sienten auténtico pavor a que se les atribuyan poderes sobrenaturales (como curar el cáncer) o a que se tomen sus conclusiones como recetas infalibles para el devenir de la vida, por dos motivos: porque saben perfectamente que tales recetas no existen y porque siempre acaba apareciendo alguien dispuesto a pedirles el libro de reclamaciones.

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Comunicación y divulgación, un exigente test de la polivalencia del científico

Hombre multitarea - Serena Wong

Cada vez más se valora e incluso se exige en el currículo de los científicos que participen en actividades de divulgación. Un retrato simplificado de un científico actual revela una destacable polivalencia. Un científico promedio del siglo XXI es una persona que además de tener familia, algún hobby y una notable obsesión por su trabajo, debe simultanear todas o gran parte de las siguientes 17 actividades y capacidades:

 

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Acorralando científicamente la noción de consciencia

La elusiva naturaleza de la consciencia (Werens)

La consciencia es una de las grandes incógnitas de la biología moderna. Durante mucho tiempo, al menos en las culturas europeas, se supuso que la consciencia era un atributo distintivo de los seres humanos, carente de base material. Un don divino. Si bien este postulado se ha ido relajando con el tiempo, en muchos sectores de la población queda la duda sobre la especificidad humana de la consciencia. Hasta tal punto que, el 7 de julio de 2012, un grupo de científicos reunidos en Cambridge con motivo de la  Francis Crick Memorial Conference sobre “Consciencia en animales humanos y no humanos” proclamó la Declaración de Cambridge sobre la Consciencia.

Esta declaración mantiene que la consciencia no es un atributo específicamente humano. O, más precisamente, que “la evidencia indica que los humanos no son únicos en poseer el sustrato neurológico que genera la consciencia.” Entre los animales que poseen sustratos homólogos, y que por tanto podrían ser conscientes, están todos los mamíferos y las aves.

Durante la presentación de la Declaración de Cambridge sobre la Consciencia su redactor, Philip Low, explicó que era evidente para todos los que estaban allí reunidos que los animales tenían consciencia. La Declaración de Cambridge, sin embargo, no afirma eso. Se limita a constatar que muchas especies de animales no humanos tienen el mismo sustrato neurológico que genera la consciencia en humanos. Pero ¿qué es la consciencia? ¿Qué mecanismo la genera?

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Al Gobierno no le interesa la ciencia

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Gobierno y ciencia

Si preguntamos a un político, del color que sea, sobre los pilares de la sociedad y los motores de la economía mencionará sin duda la salud, la educación y la investigación. No serán los únicos, pero éstos no faltarán en la respuesta. Sin embargo, en tiempos de crisis son estos motores de riqueza y bienestar los primeros que sufren los hachazos de los recortes.

El motivo por el que la investigación no recibe sino las sobras de los presupuestos, migajas que se reparte con otros sectores como educación y sanidad, es que nuestros gobernantes no creen realmente que la investigación sea el motor de la economía (con la educación y sanidad el tema es distinto: no ven la necesidad de que estén al alcance de todos). Para convencerse de esta dura realidad basta con escuchar la carrera de obstáculos en que se ha convertido la reforma del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de los labios de alguien nada sospechoso de buscar la confrontación con el gobierno actual:  Emilio Lora-Tamayo, actual presidente del CSIC. En su intervención en la reunión de directores de centros que se celebró en junio de este año – y que puede encontrarse en la página  institucional del CSIC o a través de YouTube– Lora-Tamayo relata el vía crucis que supone cambiar la estructura de uno de los principales pilares de la investigación española sin contar con el interés de sus responsables políticos.

Uno de los puntos principales tratados en esta reunión fue el tema del “contrato de gestión” del CSIC. Para entender la relevancia de este punto, es preciso explicar al lector de qué se trata. Con más de 100 centros de investigación, unos 10.500 empleados (15.000 antes de la crisis) y alrededor del 20% de la productividad científica nacional, el CSIC es una pieza clave en la I+D española. Sin embargo, como hemos explicado en  varios  artículos anteriores, sufre severos lastres organizativos y administrativos que dificultan su buen funcionamiento.

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