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Cinco razones para Marchar por la Ciencia

Marcha por la Ciencia

La evidencia y método científico están siendo atacados en todo el mundo. Y eso a pesar de que vivimos en una sociedad altamente tecnificada, gracias a los innumerables avances que la ciencia ha proporcionado a la humanidad. Este ataque fue, al principio, producto de los intereses de pequeños grupos de opinión, a veces basados en la ignorancia y el fanatismo; pero están siendo manipulados de manera interesada por élites económicas y políticas que pretenden sacar partido de su mayor capacidad de acceder a los avances científicos y tecnológicos cuando estos son pocos y están muy controlados.

Este sábado todos los ciudadanos comprometidos con la búsqueda de una sociedad mejor estamos convocados a las marchas por la ciencia. Estas marchas comienzan este sábado coincidiendo con el Día de la Tierra, y se repetirán a partir de ahora en defensa de un mundo en el que el progreso de la humanidad y la investigación científica vayan de la mano.

Esta iniciativa nace en Estados Unidos como respuesta a los masivos recortes y restricciones que el Gobierno de Donald Trump pretende aplicar a sectores clave de la investigación, como el cambio climático, la protección del ambiente y la sanidad. Pero se ha convertido en global debido a los ataques que están sufriendo también, en muchos otros países, tanto el conocimiento científico como los responsables de su generación.

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¿Tiene la ciencia de la ecología algo que aportar a la ciencia médica?

Lycosa hispanica foto de Eva De Mas

Como en muchos otros campos de la ciencia, los ecólogos formulamos hipótesis para explicar los patrones observados en la naturaleza. Sin embargo, para probar la existencia de dichos patrones es necesario recolectar datos. Para conseguir este fin lo que normalmente se hace es salir al campo y medir parámetros como abundancias de animales y plantas, diversidad de especies, dimensiones de dichos organismos, comportamiento, o fisiología. A veces, incluso la simple experiencia de campo nos hace intuir que existen ciertos patrones, de manera análoga a cuando tenemos una corazonada de que una terapia nos ha sido beneficiosa.

Sin embargo, sea una hipótesis o sea una corazonada, no podremos averiguar si dichos patrones son reales y no simple intuición hasta que utilizamos las herramientas estadísticas. Por ejemplo,  los nidos de las tarántulas pueden parecernos equidistantes en el campo (una indicación de que posiblemente estén defendiendo territorios alrededor de sus nidos, excluyendo a otras arañas), pero sin medir las coordenadas de los nidos y sin hacer un análisis estadístico de la distribución espacial de éstos no podemos saber si existe realmente un patrón de distribución regular con nidos equidistantes.

Por tanto, la única manera de comunicarnos objetivamente entre los científicos, y por tanto la única manera de que los humanos tenemos de saber si los patrones existen realmente, es la estadística, lo que hace de ésta una herramienta universal. La estadística es pues muy potente, dado que incluso a veces, no solo no se apoya el patrón intuido, sino que los datos pueden revelar un patrón muy diferente al que nosotros intuíamos (por ejemplo, una distribución de nidos totalmente aleatoria). Que los patrones apoyados por la estadística sean diferentes al de nuestra intuición (o impresión de campo) puede pasar porque a veces prestamos más atención a los datos que confirman nuestras expectativas (por ejemplo, si nos fijamos más en los grupos de nidos que parecen estar más equidistantes), que al resto de datos.

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¿Por qué no penalizamos la mentira?

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Keep Silent by Hermann Ittermann (Germany)

La sociedad de la que todos formamos parte no deja de sorprendernos con sus profundas contradicciones. Se valoran aspectos como la honradez, la honestidad, la sinceridad y la transparencia, pero el éxito social, o al menos el económico, lo alcanzan con mucha frecuencia los tramposos, los mentirosos y los egoístas. Diseñamos un complejo entramado de leyes para impartir justicia y luego nos las saltamos. Decimos, orgullosos, que las leyes son iguales para todos y luego permitimos que el que tiene dinero, pertenece a la Casa Real o es un alto cargo civil o eclesiástico se libre de una cárcel y unas sanciones que nos hubieran caído sin ninguna duda a cualquier otro miembro de la sociedad.

Pero últimamente estamos alcanzando límites históricos de cinismo social: elegimos democráticamente a políticos que han mentido y no hacemos nada para destituirlos cuando nos siguen mintiendo. Como es bien sabido, se ha incluso acuñado un término nuevo para justificar la mentira. Lo llamamos ahora posverdad. Es el término que refleja esa tendencia creciente según la cual la gente está dispuesta a dar más crédito a las emociones y creencias personales que a los hechos objetivos. Como apuntó Javier Gallego en su programa de radio ‘Carne Cruda’, esto es newspeak en toda regla: cambiar los significados de las palabras para manipular, tal y como George Orwell predijo en su obra maestra 1984.

Sorprendentemente, la sociedad de la posverdad es la que más se apoya en la tecnología, los hallazgos y los hechos que la ciencia aporta o demuestra. Cuando escribimos en medios como este, lo hacemos con la motivación de contribuir a una sociedad cada día más capaz de hacer análisis objetivos de la evidencia, y de tomar decisiones sobre la base del conocimiento. El esfuerzo de hacerlo se ve más que compensado con el saludable debate que se genera. Pero cuando vemos que un político dice blanco y luego negro sin que los hechos objetivos hayan cambiado, y que eso no acarrea dimisiones ni pérdida de apoyo o credibilidad, el científico que escribe en estos medios no sabe si cortarse las venas o dejárselas largas.

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¡Qué fácil es cuestionar el conocimiento científico!

Circo o ciencia Ilustración de Yoana Novoa. Febrero de 2017

Por definición y por modus operandi, la ciencia rara vez hace afirmaciones tajantes o rotundas ya que se aproxima al conocimiento de forma gradual, admitiendo de forma explícita la existencia de lagunas e incertidumbres a lo largo de todo el proceso. Cuanto más compleja y multidisciplinar es una cuestión, mayor es la imprecisión con que podemos responder la pregunta o estimar las consecuencias. Esto es algo inevitable, por más que a todos nos gustaría que la ciencia pudiera dar respuestas precisas y completas a todas nuestras preguntas.

La falta de certidumbre es, de hecho, una parte integral de la estadística, un componente central de la forma de explorar el mundo a nuestro alrededor que tenemos los científicos. El método científico consiste en interrogar la realidad y comprobar con datos empíricos si las predicciones derivadas de la hipótesis de trabajo se cumplen o no. Lo hacemos igual cuando observamos la materia oscura, cuando comprobamos la existencia del cambio climático, cuando verificamos si la violencia ha aumentado o disminuido a lo largo de la historia, cuando arreglamos un motor de explosión o una lavadora, o cuando decidimos si Dios o Papa Noel existen.

La duda y la incertidumbre son por lo tanto una parte consustancial del conocimiento científico. De hecho, la dialéctica entre los científicos y la sociedad se basa o se debería basar en el reconocimiento de este hecho. Una sociedad madura e informada no debería pedirle a los científicos ni soluciones imposibles ni simplificaciones espurias; por tanto, no debería esperar nunca respuestas sencillas y precisas a preguntas sobre problemas muy complejos, más aún si conciernen investigaciones recientes o aún en curso. Los científicos entramos con cierta timidez en el campo de lo público porque somos conscientes de que no tenemos respuestas rotundas para todas las inquietudes de la sociedad. Pero eso no significa que no sepamos nada. Más bien significa que, parafraseando a Carl Sagan, preferimos vivir reconociendo que no conocemos la verdad a hacerlo tomando por verdad una mentira.

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Mujeres en la ciencia: no hay peor ciego que el que no quiere ver

Lynn Margulis, Isabelle Olivieri, Georgina Mace y May Berenbaum

Hoy se celebra el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. Que las Naciones Unidas elijan un día para conmemorar el papel de las mujeres científicas se debe a la necesidad de visibilizar un elemento del mundo cuya relevancia no está suficientemente reconocida en la actualidad, como ocurre con el medio ambiente o los refugiados. Pero, ¿es necesario visibilizar el papel de la mujer en la ciencia? De hecho, cualquiera que se dé paseo por un centro de investigación (por ejemplo este en el Museo Nacional de Ciencias Naturales) encontrará los despachos, laboratorios y salas de reuniones llenos de mujeres científicas, al menos en la mayor parte de los países desarrollados y en vías de desarrollo.

Sin embargo, cuando se observa con más detalle vemos que la proporción de mujeres desciende según avanzamos hacia niveles profesionales superiores de la carrera científica, como podemos ver en un gráfico de esta entrevista a Adela Muñoz. Las posiciones de dirección en institutos de investigación y la lideranza de grandes proyectos internacionales recaen en mucha mayor medida en hombres. Y lo mismo ocurre con posiciones intermedias de responsabilidad. Hasta el punto de que la aplicación de políticas de paridad en tribunales de plazas y comisiones de evaluación tiene el efecto perverso de sobrecargar de trabajo a muchas mujeres, ya que la razón de sexos es tan sesgada en los estadios superiores de la carrera investigadora que ellas tienen que participar en dos o tres veces más comisiones que ellos para alcanzar la paridad.

Cuando uno  se pone las gafas violeta el mundo de la investigación muestra tanta discriminación de género como cualquier otro de los ámbitos de la sociedad en los que la discriminación está mal vista. Muchos no la ven, o cuando la ven no la reconocen, pero sigue allí. Lejos del idílico sentimiento de igualdad en la intelectualidad que profesamos los investigadores, la realidad es que las mujeres son discriminadas, de manera muchas veces inadvertida.

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La paja en el Trump ajeno

La paja en el Trump ajeno

Con la investidura de Trump, las redes sociales han explotado. En los EEUU, los ciudadanos se han movilizado para expresar su preocupación desde el primer día, y las denuncias y críticas han inundado los medios de comunicación y sociales (incluyendo, claro está, los medios españoles).

La exhibición de racismo, misoginia, xenofobia y populismo, y la desinhibición con que tanto el presidente como su gabinete alardean de su falta de preparación y modales propician estas críticas. Pero uno no puede sino preguntarse dos cosas.

¿Irá tanta actividad en los medios sociales seguida del correspondiente despliegue de compromiso y activismo, o será tan solo un placebo que sustituirá a ese? Cierto es que el último siglo de historia de EEUU nos demuestran que marchas y movilizaciones como las que se han desarrollado estos días han servido para despertar conciencias y aglutinar a los ciudadanos en acciones pacíficas que han cambiado radicalmente los derechos civiles del país –y, por extensión, de muchos otros países–. Pero la otra cara de la moneda podría ser la comunidad virtual que, desde este y otros países, centra hoy su pasajera atención en esas movilizaciones. En ella, los medios sociales parecen estar alumbrando una indulgente ciudadanía que parece satisfecha con decir " vosotros gobernáis, nosotros twitteamos".

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Valores universitarios y buenas prácticas en la generación de conocimiento

Plagio académico

Una de las funciones básicas de la universidad es la generación de conocimiento. Sin embargo, una parte significativa de la sociedad, incluyendo a la mayoría de los representantes públicos, presta poca atención a la importancia de este aspecto. Una prueba clara es la  falta de importancia que se ha dado desde las instituciones los repetidos casos de plagio de Fernando Suárez Bilbao desvelados por este diario. Queremos centrarnos aquí en el desprecio que supone para los valores universitarios la mala praxis en la generación de conocimiento.

De acuerdo con´ las comparaciones de texto publicadas por eldiario.es, el rector de la Universidad Rey Juan Carlos podría haber basado una parte significativa de su producción académica en el plagio extensivo de la producción de otros académicos e incluso de estudiantes. Dada la doble función de la universidad, como formadora de futuros académicos y generadora de conocimiento, cabría esperar una reacción clara y fulminante ante las malas prácticas que, como el plagio, pueden comprometer esta generación de conocimiento. Por ello, la tibieza de la reacción dentro del mundo académico es lo que más ha sorprendido a periodistas como Raquel Ejerique. Desgraciadamente, si se conocen los grandes vicios y problemas del mundo académico español esto no sorprende tanto.

La revisión de trabajos anteriores juega un papel clave en la generación de conocimiento, dado que permite recuperar conocimiento perdido u olvidado, y promover nuevos campos de investigación. Pero una revisión académica no se limita a recopilar y resumir el conocimiento. Debe proporcionar una síntesis de lo ya conocido, ponerlo en valor de manera crítica, y relacionarlo con otras áreas del conocimiento.

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España y Portugal liderarán la ciencia mundial gracias a Trump y al Brexit

Futura sede del Centro Integrado de Investigación Científica El Agarrobico

El equipo de Ciencia Crítica ha tenido acceso exclusivo a un estudio del recién creado Ministerio de Economía, Industria y Competitividad que plantea catapultar a España a primera línea de la investigación mundial. Un alto  cargo del Ministerio, que ha preferido permanecer en el anonimato, explica que la idea empezó a forjarse cuando el think tank SMARTASSES, tras las sorpresas del Brexit y el plebiscito sobre el proceso de paz en Colombia, predijo que Mariano Rajoy sería investido presidente del Gobierno español, y seguidamente Donald Trump  ganaría las elecciones presidenciales en EE.UU.

Los aún no elegidos miembros del todavía no constituido Ministerio no tardaron en ver la oportunidad única que dicha coyuntura supondría para España. Numerosas personalidades del país norteamericano habían anunciado que emigrarían a Canadá si Trump resultaba elegido presidente, y en Gran Bretaña hasta la Royal Society –barco insignia de su investigación científica– había mostrado su descontento con el Brexit debido a que supondrá un descenso sustancial en el presupuesto de investigación británico. Este éxodo dejaría vacantes algunos puestos científicos clave pero supondría un recurso incalculable para los países receptores de inmigrantes de esta valía. 

Según nuestras fuentes, la inesperada situación no ha pillado por sorpresa al siempre atento Gobierno de Rajoy. España planteaba ya desde hace tiempo un plan para canalizar estratégicamente el descontento generalizado del mundo anglosajón. Este plan, denominado ALPA (siglas de "Abajo La Pérfida Albión") pretende aprovechar dicha coyuntura para la mayor gloria de España, convirtiendo a nuestro país en la primera potencia mundial en ámbitos imprescindibles para el desarrollo como la investigación.

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Divulgar la Ciencia para acercarla a la sociedad

La cópula en arañas como la viuda negra de espalda roja acaba con el macho devorado por la hembra

"Cada grupo de arañas copula adoptando posturas muy diferentes. Esta variabilidad en las cópulas ha evolucionado seguramente empujada por el alto riesgo en el que incurren los machos al acercarse a las hembras: la probabilidad de que éstas acaben devorándolos es alta. El caso extremo de cómo han derivado estas posturas a lo largo de la evolución lo tenemos en Latrodectus hasselti, una viuda negra australiana con la cual los machos inician la cópula acercándose por la parte ventral y posterior del abdomen de la hembra (muy lejos de una potencial mordedura); pero una vez comienza la cópula, el macho da una voltereta entera (mientras copula!) , ofreciendo su cuerpo a la hembra: un "suicidio" en toda regla pero que asegura la paternidad a dicho macho, ya que después de este "festín"  es menos probable que la hembra copule con otros machos ".

Éstas y otras cuestiones relacionadas con la biología de las arañas fueron el centro de una conferencia que el científico Jordi Moya impartió hace nueve años en un centro cultural de Barcelona. Algunos medios de comunicación quisieron hacerse eco de la conferencia e idearon titulares como "Las arañas tienen su propio Kama Sutra". Y desarrollaron la idea en textos como "La multiplicidad de actitudes durante la cópula, sin embargo, parece no ser sólo cosa de los humanos, pues las observaciones han demostrado que también las arañas han abandonado a lo largo de los años la monotonía sexual y practican ya más de una decena de posturas."

Compárese lo que se escribió por ejemplo aquí, con lo que se había publicado en el New York times diez años antes para apreciar los rasgos que distinguen una buena divulgación científica de lo que es convertir los resultados de investigación en un folletín.

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¿Podrías enamorarte de un gusano?

Frederic Bartumeus investiga la ecología del movimiento animal

En enero de 2014, el ecólogo Frederic Bartumeus publicó un artículo en una revista científica de prestigio en el que explicaba que él y sus colegas se habían dedicado a crear un modelo matemático capaz de simular el movimiento de un gusano cuando éste busca alimento "a ciegas" en una placa de Petri.

Apasionante, ¿verdad…? ¡A que adivino lo que estás pensando!

"Y ¿esto para qué sirve?" Esta es la primera pregunta a la que nos enfrentamos cada día quienes pretendemos que el conocimiento que generan nuestros investigadores e investigadoras llegue a toda la sociedad. Y aunque casi siempre hay una respuesta, lo difícil es extraerla de la boca del científico sin provocarle un estado de hiperventilación o incluso una taquicardia. Y es que la mayoría de científicos y científicas sienten auténtico pavor a que se les atribuyan poderes sobrenaturales (como curar el cáncer) o a que se tomen sus conclusiones como recetas infalibles para el devenir de la vida, por dos motivos: porque saben perfectamente que tales recetas no existen y porque siempre acaba apareciendo alguien dispuesto a pedirles el libro de reclamaciones.

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