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Platero en la gran pantalla

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Platero en la gran pantalla

Platero en la gran pantalla

Los intentos por llevar al mundo cinematográfico la vida y obra de Juan Ramón Jiménez han sido escasos, algo más prolíficos en lo que al género documental se refiere, pero casi inexistentes en el del largometraje, aunque existe una "rara avis", 'Platero en la pantalla'.

Hasta el estreno de 'La luz con el tiempo dentro', película rodada este año por Antonio Gonzalo, la primera sobre la vida del nobel de Literatura, el único largometraje que alude hasta ahora a esta figura es precisamente el que tiene como protagonista a su obra más universal 'Platero y yo'.

La película fue rodada en 1965 y estrenada en Sevilla en 1967, y ahora, medio siglo después, coincidiendo con la celebración del centenario de la primera edición de la obra, la Diputación de Huelva ha recuperado esta cinta y la ha convertido en protagonista de un ciclo de pases cinematográficos en 18 municipios onubenses.

En declaraciones a Efe, Lauro Anaya, técnico de Cultura de la Diputación de Huelva, ha destacado el "reto enormemente difícil" que supuso hacer esta película por el lirismo de la obra, "trasladar el ese lenguaje poético al lenguaje cinematográfico fue complicado, y el resultado es una película difícil de ver".

Fue el productor italiano Eduardo de Santis quien compró por un millón de pesetas los derechos de la obra a Juan Ramón en Puerto Rico.

En un primer momento su director iba a ser Eduardo Mann, escritor y guionista norteamericano, si bien cuando había elaborado una adaptación cinematográfica y se disponía a hacerlo cayó enfermó, sustituyéndole el director aragonés Alfredo Castellón, coguionista.

El resultado de la que fue su primera película, en la que solo se hace referencia a algunos capítulos de 'Platero y yo' fue "cuanto menos singular", ya que a pesar de todos los problemas impuestos por la productora española, que cesó el rodaje de manera repentina, teniendo que montar la cinta con lo que había, "logró darle coherencia al relato", explica Amaya.

El largometraje cuenta en apenas 88 minutos el regreso del poeta, que aparece como defensor de la naturaleza, la poesía y los desfavorecidos, a Moguer y su relación con dos mujeres: Aguedilla, dueña de Platero, considerada loca en el pueblo; y Blanca, amiga desde la infancia e hija del terrateniente local.

Destaca de la cinta "su valor etnológico" ya que Castellón se empeñó en rodar en escenarios originales, por tanto "tiene un importante valor documental, una fuerza visual muy evocadora para personas de cierta edad ya que se refleja el Moguer de la década de los 60 del siglo XX que ya no existe al haber cambiado de una manera increíble".

Además, logró recoger la carga de denuncia social explícita en la obra, lo que motivó que la censura franquista suprimiera varias escenas de la película, en especial aquellas en las que el protagonista se posiciona en el conflicto que enfrenta al cacique local y a los agricultores desfavorecidos.

Estas escenas fueron recuperadas en la restauración que realizó la Filmoteca de Andalucía en 2008, e incide en el tono social que el director quiso transmitir de la obra literaria.

Todo ello, señala Anaya, pone de manifiesto que, a pesar de que en sus cien años de historia, se haya entendido, en numerosas ocasiones 'Platero y yo' como un libro infantil y, en su opinión, "no lo es para nada".

Una elegía, de denuncia social, complicada por su lirismo que finalmente llegó a la gran pantalla pero que desde 1967 ha tenido muy pocas reposiciones y que ahora, la Diputación de Huelva, tras una laboriosa tarea ha logrado recuperar para que 50 años después pueda ser vista de nuevo en la gran pantalla.

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