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The Handsome Family: todo gira en torno a True Detective

Es música que se hunde en el blues maldito que cuenta historias de crímenes locales y con el rock ácido y drogado de quien experimenta entre piedras y cactus

También esta semana: Saint Pepsi, El Columpio asesino, Dum Dum Girls y Slowdive

True Detective, gótico americano

True Detective, gótico americano

Todo es oscuro y atractivo, todo es importante. Me refiero a estos últimos días: de pronto, cualquier aspecto que rodea la serie True Detective tiene interés. Alguien ha recuperado de la biblioteca de los horrores El rey de Amarillo de Robert W. Chambers (publicado en 1895 y que conecta a su autor con Ambrose Bierce y Lovecraft) y ahora vuelve a circular libre para su lectura. También se ha arrojado luz sobre el trabajo visual Petrochemical America del fotógrafo Richard Misrach, sofocante y mágico a partes iguales.

Ha habido intentos sesudos por descifrar las pistas y los easter eggs que Nic Pizzolatto ha escondido en su serie: notables han sido los de Los Angeles Review of Books, con un ensayo subtitulado “paisaje, sacrificio y horror americano”, y de Esquire, que conecta todo el delirio metaficcional de True Detective con la cabeza de Kurt Vonnegut. La editorial Alpha Decay ya ha anunciado para este mes la publicación de Ritual (1967), de David Pinner, que vende como “la novela que inspiró The Wicker Man y True Detective”. Y mejor ni mencionar el millón de artículos especulativos previos y posteriores sobre su final de temporada.

Hablemos ahora de su música.

Es difícil pensar que haya canciones más adecuadas que las escogidas en cada episodio por T Bone Burnett. A veces western (paranormal), a veces policiaco (postindustrial), True Detective actualiza el horror gótico a los tiempos de las fábricas, que son las nuevas catedrales, y cambia la superstición por la verborrea filosófica propia de alguien que va colocado las 24 horas del día. Su atmósfera alucinada está teñida con un filtro de Instagram y es tan venenosa que parece tener un efecto constante en el detective Rust Cohle, al que se le intuye que ya desde por la mañana va cargado con suficiente química como para tener visiones.

Su música se hunde en las raíces de esa tradición tan americana del folk huesudo y arenoso nacido del desierto, en el blues maldito que cuenta historias de crímenes locales y con el rock ácido y drogado de quien experimenta entre piedras y cactus. John Lee Hooker y Bo Diddley, Don van Vliet ( Captain Beefheart) y Kris Kristofferson , Nick Cave con Grinderman, The 13 th Floor Elevators y The Black Angels. ¡The Melvins! La hippie Vashti Bunyan y The Kinks como conexión británica. Los nuevos viajes de Omar Rodríguez-López (The Mars Volta) con Bosnian Rainbows y de los mal parados School of Seven Bells.

Por suerte, True Detective todavía no es como Juego de Tronos, que ha sido capaz de inspirar su propio disco de homenaje, lanzado hace solo unos días, Catch The Throne, una mixtape con Big Boi, Common y Daddy Yankee, entre otros. Pero en la web de HBO se puede consultar las canciones que suenan en cada episodio. Aquí apostamos por rescatar Singing Bones (2003) de The Handsome Family, disco que incluye el tema principal de la serie, Far From Any Road.

The Handsome Family está formado por el matrimonio Rennie y Brett Sparks. Y que no te engañen las fotos de familia feliz: tendrían que darte miedo porque lo mismo hacen sus instrumentos con los huesos de los familiares que tienen enterrados en el granero. De sus cabezas salen historias ambientadas en entornos abiertos y salpicados de imágenes violentas, un folk desolado y rural donde solo crece el mal. Paletos, endogamia y superstición: el horror, el horror.

La canción que abre la serie en cada episodio podría resumir toda la historia de True Detective : “From the dusty mesa / Her looming shadow grows / Hidden in the branches / Of the poison creosote / She twines her spines up slowly / Towards the boiling sun / And when I touched her skin / My fingers ran with blood” (Desde la polvorienta meseta / crece su alargada sombra / oculta entre las ramas / de venenoso crisol / Ella trenza sus espinas despacio / hacia el venenoso sol / y cuando toqué su carne / mis dedos se llenaron de sangre). El resto del disco, cuidadosamente producido y bien arreglado, salpicado de detalles fronterizos, suena espacioso y claustrofóbico a la vez, como si toda esa música espacial y esa atmósfera que consiguen crear en realidad existiese solo el interior de un bote de cristal, lleno de aire viciado y con los cristales empañados.

Hay inquietantes cantos rituals propios de iglesias apocalípticas ( If the World Should End in Fire, If the World Should End in Ice ), country cadavérico ( Dry Bones ) y cuentos de fantasmas modernos ( The Forgotten Lake ). Y hay, por supuesto , la descripción de un entorno amenazante, peligroso, donde el hombre es cazado y los chacales ríen de forma histérica: “What a hideous forest / Surrounded Whitehaven / Twisted black mountains / Wolves howled in madness / Never I ventured / Beyond the stone towers / As dusk spread her black wings / At the edge of the dark wild wood”, cantan en Whitehaven .

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DISCO DE LA SEMANA
Saint Pepsi: Gin City

Experimental. Ambient. New Wave. Future Disco. Vaporwave. Spacebop. Glo-fi. New York. Estas son algunas de las etiquetas que acompañan el trabajo de Ryan DeRobertis (mejor conocido por Saint Pepsi) en su Bandcamp, y realmente es difícil separar en departamentos estancos los elementos a los que suena su música. ¿Tienen sentido analizar por separado los píxeles de una foto sin que la imagen final pierda su sentido? Pues lo mismo: aquí importa esa textura suave y espumosa, no sus ingredientes.

En realidad, 2013 fue el gran año de Saint Pepsi. Todavía estudiante, DeRobertis se dio a conocer gracias a internet, en blogs especializados como Gorilla vs Bear. En agosto ya se alegraba en su Facebook de que James Murphy (LCD Soundsystem) había pinchado uno de sus temas, la tremendísima Better. Una ojeada rápida a lo que ha hecho en este tiempo da una idea de la hiperactividad del joven productor: en cuestión de pocos meses, decenas de temas han visto la luz en formato largo, como singles o EPs, en cassette o como descarga digital, en solitario o como colaboración con otros artistas, editados o autoeditados. O sin ninguna coartada, sin más excusa que “ simplemente algunas canciones que he puesto juntas para ti”.

Más: es importante entender su relación (y la de toda su generación) con internet, el uso de plataformas de crowdfunding y su organización a través de la red, ya sea alrededor del colectivo de artistas New Generation (“a URL version of the expatriate thinkers of the early 20th century, except we're musicians and not writers”, según sus palabras), del sello Keats//Collective o de SPF420, donde esta misma semana ha ofrecido un directo online. Además, ha sacado tiempo para hacer sus lecturas de éxitos mainstream como el Call Me Maybe de Carly Rae Jepsen. 2014 es, por tanto, tan sólo el año en que Saint Pepsi ha empezado a consolidar su presencia en medios como Stereogum o Pitchfork. O aquí mismo.

Este EP titulado Gin City es otro ataque de funk futurista a dos manos ( Walking Talking), electrónica gaseosa ( Disappearing) y ambient sensual ( Baby). Y tiene dos citas perfectas para destacar su habilidad a la hora de elaborar un pop del siglo XXI que lo mismo juego con los clásicos que con sus contemporáneos: una es Bieber, donde pasa por su filtro carbonatado y burbujeante el Boyfriend del ídolo de masas canadiense, y la otra está en ese single casi invencible que es Mr. Wonderful, en el que hace lo que la da la gana con un fragmento de Aretha Franklin. En concreto la pone a bailar una melodía sacada de Super Mario Kart 64.

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CANCIÓN DE LA SEMANA
El columpio asesino: Babel

“El 8 de julio de 2013 nos retiramos a un pequeño pueblo de la montaña prepirenaica Navarra: Bigüezal. Alquilamos una pequeña casa, sin cobertura ni internet, donde convivimos durante tres meses. En uno de sus pequeños salones montamos un estudio improvisado. Y en medio de aquel entorno tan bello y ermitaño, dimos forma a nuestro disco más radical”.

Ballenas muertas en San Sebastián, el próximo (quinto) disco de El columpio asesino, será publicado el 28 de abril. Como adelanto, el grupo ha presentado esta semana el tema Babel, que si bien no deja ver por dónde irán los tiros en esta ocasión (¿Más electrónica? ¿Más kraut? ¿Más política? ¿Más cabreo? ¿Más intensidad? ¿Más intensidad, dices? ¡Eso no es posible!), los navarros se muestran tan difíciles de agarrar como ya lo hicieron en sus discos anteriores.

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VIDEO DE LA SEMANA
Dum Dum Girls: Are You Okay

Más que un videoclip, estamos ante un cortometraje: once minutos escritos por Bret Easton Ellis, dirigidos por los hermanos Ben y Alex Brewer (que ha rodado vídeos para Alt J, Two Door Cinema Club y The War on Drugs) y protagonizados por Dee Dee Penny, cantante Dum Dum Girls, y el actor Shiloh Fernandez. Ha sido rodado en parte en Joshua Tree y quiere ser definido como thriller psicológico. Y aunque está realizado con el objetivo último de promocionar el tema Are You Ok, que apenas suena durante unos dos minutos, contiene música adicional de Tamaryn y Drew McDowall (Coil, Psychic TV). Producen Sub Pop, Vice y MOCAtv.

Dee Dee también es responsable de la colaboración entre la banda y el autor de American Psycho: fue ella la que escuchó uno de los temas de Dum Dum Girls en la película The Canyons, con guión de Easton Ellis, así que fue ella quien llamó al escritor para proponerle una colaboración “más oficial”. La cantante escribió Are You Ok con Ronnie Spector en la cabeza e inicialmente quería para el videoclip un homenaje a Vestida para matar de Brian de Palma, aunque la cosa acabó siendo algo más indescifrable, a pesar de que incluye una sesión de hipnosis, un doble oscuro de Dee Dee y algo de sangre. O quizá por eso mismo.

A Easton Ellis se le acumula el curro: está escribiendo una película para Kanye West y trabaja con Rob Zombie en una serie sobre la familia Manson. También tiene un podcast (que estrenó precisamente hablando de cine con Kanye) y una cuenta en Twitter.


MIXTAPE DE LA SEMANA
Slowdive

Slowdive dieron su último concierto el 21 de mayo de 1994. El grupo y su propuesta de pop onírico, a esas alturas ya casi ambient, desaparecerían unos meses después, con el brit-pop monopolizando las portadas de la prensa británica. Aunque parte de sus componentes se reorganizaron como Mojave 3 con éxito relativo, el tiempo los ha mantenido medio cristalizados y con ese aire misterioso que comparten los grupos de la escena shoegaze británica.

La gente del Primavera Sound, especialistas en buscar cada año en los arcones de la música nuevas bandas a las que resucitar, es la responsable de haber despertado al grupo de su sueño y lo ha empujado con ello a un verano de festivales por Europa. Como forma de calentamiento, han comenzado las entrevistas y las revisiones en los medios. Precisamente hace unos días fueron invitados por Fact para grabar una mixtape que recogiera sus influencias.

En su selección de temas no hay espacio para la sorpresa, tampoco para baile ni en general la alegría, y sí una preocupación por la coherencia y por crear una atmósfera reconocible: esto es un manual, una guía rápida en hora y cuarto para entender el sonido de Slowdive (y de paso la evolución de parte del indie británico, ese que conecta a The Cure y a Cocteau Twins con los shoegazers). El interés del grupo radica en “las melodías sencillas, la melancolía majestuosa y los aspectos emocionales de todas estas canciones” que les han acompañado desde la adolescencia. Aquí están Swans y The Smiths, Sonic Youth y Dinosaur Jr, The Byrds y This Mortal Coil, Nick Drake y Syd Barrett, The Stooges y Brian Eno, Bark Psychosis y My Bloody Valentine. Que aproveche.


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