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Opinión

Periodismo y propaganda

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Era un acto de entrega de premios, pero resultó ser un espejo del estado social actual y, en concreto, de tres de sus estamentos más relevantes: políticos, empresarios y prensa. El marco era propicio: periodistas, representantes de patronales, multinacionales y pymes, políticos locales y autonómicos, junto a miembros de colectivos sociales y culturales se daban cita en la gala organizada con motivo de la segunda edición de los Premios de un periódico de Camp de Morvedre, celebrada hace unos días.

En un momento de incertidumbre y cambio como el que vivimos fue interesante observar que cada agente se afanaba en sus discursos por redefinir su lugar en el escenario intentando no perder su protagonismo. Las intervenciones inaugurales marcaron temas que fueron imposibles de eludir en las posteriores intervenciones de los premiados: crisis, paro, descrédito de políticos, papel de la prensa.

Los representantes del poder Ejecutivo (también Legislativo, en el caso de algún alcalde-diputado autonómico) hicieron algo de autocrítica y mucho de autodefensa. Así, pudimos oír el recurrente argumento de “no todos los políticos somos iguales” y “en todas partes hay ovejas negras” que, aun siendo cierto, quedaba mucho más convincente en labios de un alcalde de pueblo que apelaba al trabajo diario, callado y muchas veces ingrato de la mayoría de ediles españoles, los de los municipios más pequeños (los de 5.000 o menos habitantes suponen un 84% del total). Era Francisco Salt, alcalde de Algimia d’Alfara, premiado en la categoría Políticos y al que los organizadores le han valorado la “honradez” y el “trabajo”, “en un momento en que los políticos están muy cuestionados por los casos de corrupción que salpican a unos cuantos”. De este modo, el Tercer Poder (el Judicial) también estuvo presente, si no en cuerpo sí en alma, mediante la sombra de los procesos abiertos a representantes públicos dentro de la investigación de tramas corruptas.

El poder fáctico Económico lo tuvo claro: las multinacionales del metal, el sector energético y la construcción premiadas posicionaron el nuevo papel de las grandes empresas en eso que se ha dado en llamar la Responsabilidad Social Corporativa. Los jóvenes directivos exitosos que recogían los galardones casi te convencían con sus evidentes dotes comunicativas (precisos, concisos y claros, a diferencia de otras eternas y tediosas intervenciones) de que el objetivo principal de sus jefes supremos no era ganar dinero, sino proteger el medio ambiente y contribuir a causas sociales en las comunidades en las que se implantan.

¿Y en qué lugar quedaba el Cuarto Poder? Las palabras de sus portavoces fueron, en muchos casos, un síntoma claro de la indefinición y crisis de identidad de una prensa que mantiene raíces decimonónicas a la vez que intenta subirse al carro de un mundo comunicativo hiperconectado, con ritmos de cambio tecnológico vertiginosos y en el que la democratización de algunos canales ha hecho que las empresas periodísticas pierdan parte de su preponderancia como formadoras de opinión y tengan que competir por hacerse escuchar con otras voces sociales. Así se explican las reiteradas alusiones que hubo a conceptos tradicionalmente unidos al papel de la prensa como “La Verdad”.

A algunos periodistas nos chirriaba esa caracterización de los medios, más propia de principios del pasado siglo, como notarios de la realidad o defensores de la verdad y la objetividad, ideas que ya hace muchas décadas en las propias aulas de las Facultades de Periodismo (o de Comunicación, como más modernamente se llaman) se consideran desfasadas. Toda observación de la realidad está mediatizada por el ojo que la mira, pero lo interesante es dilucidar si el cerebro que dirige el ojo es algún grupo de presión que sirve sus propios intereses o, por el contario, pertenece a alguien que entiende la prensa como servicio público en un entorno de profundización y mejora de la democracia.

Lamentablemente, la mirada de la máxima representación de la Generalitat en el evento, la directora general de Cultura, Marta Alonso, parece ser de las primeras, y no estuvo a la altura en lo que a mantener la separación de poderes se refiere, al menos en cuanto a la sana distancia democrática que debe haber entre el primero (políticos) y el cuarto (medios). Quizás envalentonada por eso de que periodistas premiaban a políticos, o devolviéndole la pelota a la prensa, que le había dado algún tirón de orejas a los representantes de lo público por su ineficaz gestión del paro, la directora general se permitió aconsejar también a los comunicadores: hay que dar una buena imagen de la Comunidad Valenciana, para alentar la inversión exterior y el turismo. ¡Ahí queda eso! ¡Sumémonos todos, como buenos patriotas autonómicos al Acuerdo de la Sociedad Civil por la Comunidad Valenciana! ¡Políticos, empresarios, periodistas, ciudadanos todos, en amor y compaña!

¿Ven ustedes como eso de la Verdad no existe? Se construye, según convenga y, hombre, no es momento de fastidiar las primas de riesgo y las inversiones con noticias pesimistas. Lo que no me explicaron en la Facultad es por qué esa manía de algunos políticos de llamarlo periodismo cuando quieren decir propaganda.

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