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Nepal: llueve sobre mojado

Las vulnerabilidades del país condicionarán la vida de los 28 millones de habitantes a menos que se pongan soluciones.

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El nuevo seísmo llega cuando Nepal aún trata de recuperarse del terremoto del pasado 25 de abril que dejó a 8 millones de personas afectadas y más de 8.000 muertos. © Pablo Tosco / Oxfam Intermón

El nuevo seísmo llega cuando Nepal aún trata de recuperarse del terremoto del pasado 25 de abril que dejó a 8 millones de personas afectadas y más de 8.000 muertos. © Pablo Tosco / Oxfam Intermón

Nepal se expone a vivir una y otra vez la misma y  amarga historia. Es duro, pero a menos que se pongan en marcha medidas que preparen a las personas y a las infraestructuras a resistir las catástrofes naturales, el país asiático no saldrá de este dramático círculo vicioso.

Escribo estas líneas pocas horas después de que Nepal sufra otro terremoto. La información llega con cuentagotas. Sabemos que es de menor escala (7.3) que el del 25 de abril (7.8) y esto es decir mucho porque significa que es 5.5 veces menos virulento. Sabemos que el epicentro ha sido a 83 km al este de Katmandú en una zona rural cerca de la frontera de China. Y sabemos que al primer movimiento le han seguido otros dos, de escalas menores – 5.2 y 5.1 respectivamente.

Veremos en qué se traduce este nuevo terremoto; cuántas vidas se lleva, cuántos heridos se contabilizan, cuántos daños en infraestructuras, cuántas casas derriba, cuántos dramas familiares provoca.

Nepal no puede seguir estando a la merced de las catástrofes naturales. El país ha sufrido 94 terremotos en los últimos 40 años, lo que supone una media anual de 2.5 terremotos. Esto lo sitúa  en el número 11 del ranking de países más vulnerables a los movimientos sísmicos. Pero la ristra de amenazas naturales que sacuden el país es alarmante. Sequías, inundaciones, incendios, derrumbamientos de tierra son sólo algunos de ellos. Sus consecuencias sobre la población son crueles:

Las vulnerabilidades del país condicionarán la vida de los 28 millones de habitantes a menos que se pongan soluciones. Existen medidas posibles y eficaces para proteger a la población de las catástrofes naturales. Tenemos un ejemplo reciente: Filipinas ha sufrido justo en estos días una tormenta de categoría 5 con vientos de más de 250 km por hora. Se temió por la vida de millones de personas y por la destrucción de sus casas y tierras. En otras circunstancias, los medios no hubiesen dado abasto tratando de cubrir ambos desastres naturales. Pero en cambio nadie habla hoy del tifón Noul.

¿Por qué? Porque a rebufo del súper tifón Haiyan, Filipinas decidió invertir en cosas como preparación, mitigación, sistemas de alerta temprana… y esa inversión le ha dado resultado. Tifones equiparables a Noul provocaron en el pasado centenas de muertes y un enorme coste económico. Noul en cambio, se ha llevado la vida de dos personas y según OCHA los daños han sido mínimos.

No me puedo poner en la piel de los nepalíes: aún acostumbrados a estos embates de la naturaleza, un segundo terremoto de esta magnitud les habrá pillado desprevenidos. Sin haber logrado recuperarse del terror del primer terremoto, superando aún el duelo y gestionando el shock postraumático, cientos de miles de nepalíes tienen que volver a empezar desde cero.

Pero aunque todo esto sea cierto, Filipinas es el ejemplo de que hay una esperanza real para Nepal. El país no podrá cambiar su situación geográfica, geológica y ecológica,  pero con apoyo en inversión podrá hacer mucho para prepararse ante los desastres naturales  y mitigar sus efectos. Esa será la mejor manera de poder decir “Nepal nunca más”.

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