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Impuestos al turismo: cuáles existen y dónde se pagan

Baleares y Cataluña ya cobran un gravamen por pernoctación que depende de la duración de la estancia y del tipo de alojamiento

París, Berlín, Lisboa o Ámsterdam son algunas de las capitales europeas que cobran a los viajeros una tasa turística

Otras zonas optan por los cupos para restringir el impacto del turismo

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Un pescador encuentra un cadáver flotando en un puerto de Ibiza

Imagen de archivo de una playa de Palma. EFE

En pleno boom turístico, algunas administraciones han planteado la posibilidad de imponer impuestos al sector. En la actualidad, únicamente Cataluña y Baleares tienen una normativa aprobada para gravar las estancias turísticas. La clave es qué gravar y cómo hacerlo. Si a través del alojamiento, por ejemplo, como ocurre en otras capitales europeas, o bien en el momento de la llegada al lugar de vacaciones.

En las últimas semanas los ayuntamientos de San Sebastián o Valencia han apuntado la posibilidad de gravar las estancias en apartamentos turísticos. En el caso de Valencia, posteriormente se ha ampliado a que el impuesto iría enfocado a todas las pernoctaciones. También se planteó en Sevilla aunque por el momento la Junta de Andalucía no parece tenerlo entre sus prioridades.

Este tipo de impuesto ya está en vigor en otras capitales europeas como Lisboa, Ámsterdam o París. En el caso español, las competencias de turismo están en manos de las comunidades autónomas y por tanto, son los gobiernos autonómicos quienes tendrían que poner en marcha la normativa de impuestos turísticos. Los ayuntamientos tienen limitadas sus competencias en materia impositiva, y se centra en general en la gestión de los impuestos como el de bienes inmuebles (IBI), circulación, actividades económicas o construcción. Una de las opciones que se debate es que haya un cambio en la normativa de financiación local y se les otorguen mayores competencias en este campo.

Las tasas turísticas de Cataluña y Baleares

Dentro de España, en Baleares y Cataluña ya existe lo que se conoce comúnmente como tasa turística, una cantidad que se cobra por pernoctación y que varía en función de la tipología del establecimiento. Aunque se conoce como tasa, es en realidad un impuesto, dado que la denominación de tasa conllevaría la contraprestación de un servicio que aquí no se da.

En el caso del catalán, la norma  entró en vigor en 2012 y ha ido incrementando su recaudación. En 2015, el impuesto sobre estancias en establecimientos turísticos recaudó 43,1 millones lo que supuso un 7,5% más que en 2014, cuando recaudaron con este tributo 40,5 millones de euros, apunta un informe del Consejo General de Economistas (REAF).

La tarifa que se cobra varía según la categoría de los alojamientos y en función de si está en Barcelona o en otra parte de la comunidad. Así, el impuesto para una estancia en un alojamiento de cinco estrellas, gran lujo o un crucero es de 2,5 euros por día (el mismo precio para Barcelona y el resto de la comunidad). En el caso de un alojamiento de cuatro estrellas, el impuesto es de 1,25 euros si está en Barcelona y de un euro si está fuera de la ciudad. Para el resto de establecimientos (incluidos apartamentos, hostales o albergues), el impuesto es de 0,75 euros en Barcelona y de 0,5 euros en el resto de la comunidad.

En abril de este año se modificó la normativa para cambiar el porcentaje de reparto de la recaudación y se incrementó el porcentaje que le tocaba a los ayuntamientos desde el 30% al 50% de lo recaudado.

También se ha ampliado el ámbito de gestión concreta de los fondos ingresados con este impuesto que hasta ahora los ayuntamientos tenían que destinar a la promoción turística. Ahora también pueden destinarlo a los mismos puntos que la Generalitat: desarrollo de infraestructuras turísticas; creación y mejora de los productos turísticos; turismo sostenible, responsable y de calidad; y la protección y mejora de los recursos turísticos. 

En el caso de Baleares, se debatió sobre la necesidad de lo que se vino a denominar ecotasa, porque el objetivo final era un fondo para el desarrollo del turismo sostenible. En 2016 se aprobó en la normativa de este impuesto que estipula una tarifa que oscila entre los 0,25 euros y los dos euros por día de estancia o fracción en función del establecimiento. Además, establece una bonificación del 50% en el caso de que se viaje a las islas en temporada baja. 

Otras ciudades europeas

Un gran número de capitales europeas cobra un impuesto por pernoctación. En el caso de Ámsterdam se paga un 5% del precio del alojamiento mientras que París cobra una cantidad que varía desde los 0,22 euros por persona y noche para los campings de menor categoría hasta los 4,4 euros por alojarse en un palacio. En el caso de los hoteles, la capital francesa establece un impuesto que se incrementa en función de las estrellas de los hoteles desde los 0,83 euros hasta los 3,3 euros.

Por su parte, Berlín y Viena también cobran un impuesto que es un porcentaje del precio de la estancia del 5% en el primer caso y del 3,2% en el segundo. Según un listado elaborado por la agencia de viajes online Destinia, Lisboa y Praga cobran un precio fijo de un euro por noche y de 0,5 euros respectivamente.

Cupos de turistas

Aunque no son propiamente una tasa, sí que algunas administraciones tanto nacionales como internacionales han optado por la opción de restringir el número de turistas en determinadas zonas. Las Islas Cíes, por ejemplo, establecen un cupo tanto de visitantes como de campistas. Un cupo que también estableció Venecia al limitar el aforo de personas y barcos para la fiesta del Redentor en julio. Esta celebración el año pasado acogió a más de 100.000 personas, pero este año ha sido restringida a un aforo de 60.000. Un límite establecido por la policía en aras de la seguridad pero que también sirve para testar la posibilidad establecer cupos en una ciudad masificada turísticamente.

En el caso de Dubrovnik, otra ciudad donde el turismo se ha disparado, el alcalde anunció en enero la instalación de cámaras de vigilancia en el centro histórico de la ciudad para poder limitar el número de turistas. El objetivo es que estos no sobrepasen los 8.000.

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