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EXTREMADURA

Jesús Zurita: la podredumbre del bosque

El pintor ceutí expone en Badajoz sus tintas sobre papel de la serie ‘Huir comprendiendo’

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Una exposición de dibujos que envuelve en una reflexión sobre la naturaleza vegetal los retos de supervivencia del mundo de hoy

Una exposición de dibujos que envuelve en una reflexión sobre la naturaleza vegetal los retos de supervivencia del mundo de hoy

Las tintas sobre papel del pintor Jesús Zurita conservan las grandes dimensiones explicables en un artista que ha practicado el muralismo, a veces como complemento añadido a sus exposiciones convencionales. ‘Huir comprendiendo’ es una exposición de dibujos que envuelve en una reflexión sobre la naturaleza vegetal los retos de supervivencia del mundo de hoy.

Muchos de esos 11 dibujos que se exhiben en la Galería Ángeles Baños (Plaza de los Alféreces, 11, Badajoz) son de gran tamaño y, en ellos, la tinta cae formando cascadas casi capilares o perfila lianas o hincha grandes bulbos que parecen buscar la irrigación de forma ansiosa.

Es la segunda vez que el pintor expone en Ángeles Baños (la anterior fue en la primavera de 2012) y su trabajo sigue desarrollando algunas de las obsesiones que ya apuntaban en la anterior comparecencia pacense de este artista interesado por la biología vegetal tanto como temeroso de la oscuridad del bosque.

Jesús Zurita resume en estos dibujos su miedo por la potencia aplastante de la naturaleza desatada frente a un ser humano al que podría destrozar en cualquier momento y esa relación no puede por menos que tener tintes dramáticos. “Siento que el bosque es algo más fuerte que el hombre y podría destrozarlo”, dice.

El bosque del pintor no es el espacio mágico de los cuentos pero sus secretos siguen amenazando al hombre de hoy. Las formas naturales que Zurita recuerdan, en negros y marrones, aquellos dibujos de las antiguas enciclopedias que los pintores reproducían con mimo y delectación como una obligación testimonial para con los estudiosos.

Pero las formas de sus ramas y tallos no son templadas y clásicas ni se detienen en frutos en sazón, sino que nos aproximan a la fase final de esa vida vegetal que se acerca a la putrefacción. Nada de la alegría casi de disfrute gastronómico de Arcimboldo, sino mustia resignación de frutos envejecidos por ausencia de clorofila.

La noche de la inauguración, el artista, que siempre ha dado mucha importancia a los títulos de los cuadros como anticipo de una información básica para el espectador, se paró delante del cuadro ‘Juramento’ para explicar que dibujó allí un pequeño ciervo como una añagaza para fijar la escala humana frente a la cascada vegetal que parece desplomarse sobre él. Y en ese mismo ejercicio de escala, el miedo cerval del animal resulta muy próximo al nuestro.

La exposición podrá visitarse hasta enero de 2015.

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