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Occupy Cuñao

Aviso: este artículo es un análisis cuñao sobre lo cuñao

¿Qué pasaría si la crítica al cuñadismo estuviera incubando una nueva superioridad moral? ¿Cómo dialoga el nuevo sentido común que está emergiendo con aquel al que sustituye?

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"Somos el 99%". Manifestación de Occupy London, octubre 2011. | Foto: Ilias Bartolini. Licencia Creative Commons: https://www.flickr.com/photos/iliasbartolini/6247188828/sizes/l

"Somos el 99%". Manifestación de Occupy London, octubre 2011. | Foto: Ilias Bartolini. Licencia Creative Commons: https://www.flickr.com/photos/iliasbartolini/6247188828/sizes/l

Hace unos años se popularizó el término 'lo cuñao'. Irene G. Rubio y Diego Sanz Paratcha escribieron un artículo donde recogían algunas definiciones muy orientativas. Por ejemplo, la escritora Grace Morales definía al cuñao "un arquetipo y una figura antropológica vieja como el tiempo, presente en todas las culturas. En nuestros usos y costumbres lo del cuñado es tan celtibérico como el palillo o leer el Marca en el bar". En palabras de Raúl Minchinela, autor de la videoserie Reflexiones de Repronto, consiste en "juzgar, aconsejar y socializar usando como parámetros el saber popular –entendido como una mezcla de a) refranes y b) lo que dice la tele– y el humor de sal gorda". Para el periodista Noel Ceballos el fenómeno consiste en una mezcla de "sabiduría popular, cero humildad, una visión del mundo y la política basada en lugares comunes, trucos y atajos que el cuñao cree que sólo conoce él, necesidad de compartir sus conocimientos con todo el mundo como si fuera el único que los poseyera".

El hype pasó y ya no oímos tanto aquello de 'lo cuñao' (aunque Pablo Iglesias diga que Albert Rivera practica el cuñadismo). Pero haciendo una definición cuñada de lo cuñao (cuidado ahí) no sería demasiado arriesgado afirmar que como toda construcción social podría vincularse al concepto de la  Cultura de la Transición que expuso Guillem Martínez o incluso el bipartidismo. Quienes se han sabido ganadores, quienes pudieron comprarse dos pisos antes de que la crisis empezara, quienes ostentaron con orgullo la bandera de la clase media y del estado del bienestar en el estado español y que de alguna forma mantuvieron su estatus social, tienen más facilidad para dirigirse a los demás haciendo gala de una superioridad moral de bolsillo.

Pero la historia está llena de paradójicos giros. Analizándolo no desde un punto de vista electoral, Podemos (o incluso el auge de Ciudadanos) se explica a través de un cambio cultural. El sentido común está cambiando. Las generaciones que no hemos vivido la dictadura pero que sí estamos sufriendo la crisis, hemos ido construyendo poco a poco un statu quo que ya se está reflejando en las instituciones. Esa construcción ha conllevado el divorcio paulatino con toda esa cultura en la que en muchos casos, 'lo cuñao' formaba parte de ella.

Lo que ocurre es que la facilidad con la que 'los no cuñaos' han sido capaces de teorizar sobre 'lo cuñao' escondía un par de cosas. La primera, que los ejemplos a analizar no debían andar muy lejos. Todos tenemos amigos o familiares que encajaban en esa definición que dábamos al principio del texto. La segunda, la lenta cocción de una nueva superioridad moral. Y aquí es donde mi 'tesis cuñada' se vuelve cinematográfica y dramática (redoble de tambores y violines en tensión): ¿qué pasa si ahora los cuñaos ya no son 'los otros'?

Podemos, pero en general los partidos que han querido ocupar un nuevo espacio electoral, se han dedicado continuamente a hablar en nombre de la gente. Era una estrategia electoral que venía acompañada de una intuición atinada: el sentido común está cambiando, los cuñaos son los otros: la casta, el bipartidismo, PPSOE, la vieja política, etc. Pero en los últimos meses, viéndolo con la socarrona distancia que marca estar en el sur, da la sensación de que el proceso de institucionalización está produciendo muchos nuevos cuñaos: personas que se apuntan al todologismo y al tertulianismo profesional desde sus nuevos cargos institucionales.

No pretendo hacer una simplificación de la clase política (eso sería hiper-post-cuñao). Pero sí alertar sobre las extrañas similitudes en cuanto a comportamientos, declaraciones y relatos que se producen por parte de quienes están ocupando la esfera mediática continuamente. Especialmente en Madrid. Y sobre todo, porque aunque a todos nos pareciera gracioso pensar en que 'el cuñao es el otro', lo cierto es que o bien dejamos de mentar el 15M como mitología que marca el paso a otra cultura distinta de la de la Transición, o bien nos damos cuenta de que cuando decíamos con orgullo que 'éramos el 99%' había mucho cuñadismo en ese porcentaje. Y quizás, sea hora de empezar a prevenir la gran contradicción que supone querer distanciarse de 'lo cuñao' al tiempo que se usa habla en nombre de 'la gente'.

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