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El 15M como mitología reconfortante

¿Debemos seguir acudiendo al 15M como referente de un ecosistema político aún por construir? ¿O por el contrario su mitología podría ser una falsa zona de confort y hay que generar reflexiones desde un marco teórico donde instituciones y movimientos sociales han cambiado y no es útil pensarlas en relación al 15M?

Hoy que se cumplen 6 años del 15M. Este texto supone un diálogo abierto con el texto publicado por Amador Fernández Savater donde se hablaba de Podemos y el 15M (“Un Mundo restringido. Comentario al discurso de Pablo Iglesias”)

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Manifestantes en la Puerta del Sol durante las protestas del 15-M en 2011 Juan Luis Sánchez

Amador, con quien tengo el gusto de compartir espacio en este medio, escribió el pasado 28 de Octubre de 2016 un texto que fue ampliamente comentado. Hasta el propio Pablo Iglesias lo compartió. Desde luego, aludiendo a la máxima general de que tenemos que darnos espacios para pensar, es un texto muy valioso atravesado, como él mismo siempre hace notar casi siempre, por múltiples conversaciones con diferentes personas. Un aviso: lo que viene a continuación no es más que otra reflexión más, hecha desde el afecto y el respeto, surgida con motivo de la celebración del aniversario del 15M. Y para no convertir esto en un debate tipo Sálvame Deluxe me gustaría empezar diciendo qué me gustó del texto de Amador. Citaré tres aspectos.

Para empezar, estoy de acuerdo sobre los peligros de la institucionalización de los movimientos sociales y el hecho de que como Amador dice,  “El eje vieja/nueva política deja fuera del campo de visión la necesidad de inventar formas de hacernos cargo de los asuntos comunes que no pasen necesariamente por la representación-delegación”. Creo que de hecho la situación actual de Podemos refleja un nuevo episodio de la crisis del modelo de representación y hay preguntas que siguen sin responder: ¿es posible un modelo de partido político copyleft en vez de una lucha de bandos tipo ‘este copyright es mío y aquí mando yo?”

También estoy de acuerdo con que “La cultura que marca de manera más intensa nuestra vida cotidiana es la "cultura neoliberal" que nos propone una relación de "gestión empresarial" con la realidad, con los otros y con nosotros mismos”, si bien es cierto que como Rubén Martínez comentaba en el muro de Amador, habría que ahondar que “la parte cultural del neoliberalismo tiene que ver con las regulaciones, reglamentos, intervenciones estatales puestas en marcha por una clase dominante que diseña el neoliberalismo como régimen institucional”. Es decir, que se produce desde arriba también, aunque sería injusto no incluir cómo se reproduce “desde abajo”.

Por último, comparto también que hay una cierta instrumentalización narrativa por parte de ciertos sectores de Podemos con respecto al 15M. Conozco a no poca gente que podría haber estado de acuerdo con Podemos si no hubiera habido un uso abusivo por parte del imaginario que se generó durante el 15M. Podemos no representa en exclusiva a la gente. Eso sirvió durante un tiempo como eslogan. Pero desgraciadamente para las izquierdas, el PP puede decir lo mismo sin miedo a incurrir en ninguna contradicción: el PP (también) representa a la gente. Y Ciudadanos. Y el PSOE. Clasificarnos en compartimentos ideológicos estancos en función de los partidos que nos representan (y aquí hablo como humilde miembro del amplio y difuso colectivo de ‘la gente’) es reducir la complejidad de nuestra pluralidad ideológica. El 15M supuso un nivel de agregación que Podemos nunca ha conseguido mantener y quizás es hora de que Podemos se represente a sí mismo y no al 15M.

No obstante, hay un punto concreto de lo que Amador comenta me genera muchísimas dudas. Dice: “En la política de las plazas se quería (y se practicaba) una política al alcance de cualquiera, igualitaria no delegativa, no monopolizada por "los que saben" (sean expertos nuevos o viejos) (...) Se querían (y se practicaban) formas de acción y participación acogedoras e inclusivas, no fracturadas por las luchas de poder internas típicas de los partidos, incluidos los nuevos (...) se quería (y se practicaba) una política vinculada a la vida, a sus territorios y condiciones, a sus ritmos y problemas, no puramente espectacular-mediática o subordinada al calendario oficial”.

Creo que hemos mantenido durante mucho tiempo (y me incluyo como parte del problema) un relato bastante romántico acerca de lo que fue el 15M. Ese relato corre el riesgo de convertirse en una mitología reconfortante a la que aludir continuamente, pero quizás inútil para abordar los retos políticos del ahora.

Sin cuestionar lo que supuso el 15M como momento político y sin hacer una enmienda a la totalidad, recordemos como ejemplo los ataques que sufrieron múltiples comisiones feministas. Acosadas incluso de noche para abandonar la acampada o vetadas para leer un simple manifiesto en lugares como Sevilla. Tal y como refleja la investigación “ Movimiento 15M y feminismo: una aproximación de carácter feminista al 15M” de Carmen Galdón Corbella, la Comisión de Feminismos Sol del 15M de Madrid publicó un comunicado (al que se hace referencia en este vídeo) donde especificaban que hubo “intimidaciones sexuales, tocamientos, miradas, gestos, desautorización y abusos de poder, insultos y agresiones físicas, contactos sexuales –y no sexuales-, no consentidos, actitudes paternalistas”.  El 15M de las plazas supuso evidentemente una forma diferente de practicar la política, pero también había relaciones de poder, también hubo falocentrismo aplicado al uso de micrófonos, hubo comisiones que dirigían el proceso y controlaban qué pasaba o qué no y había y sigue desgraciadamente habiendo mucho machismo.

Por otra parte, si bien el 15M supuso una expresión masiva que puso en cuestión la noción de “político profesional” y por tanto ensalzó como dice Amador el amateurismo político, desplazando a “los que saben”. Pero lo cierto es que la principal herramienta para la toma de decisiones (la asamblea) nunca fue cuestionada y siguen sin existir claros ejemplos de cómo generar espacios para la auténtica descentralización en la toma de decisiones. Las intenciones de la asamblea son muy loables desde un prisma de izquierdas, pero en muchas ocasiones es una herramienta ineficiente que no responde a las lógicas de red que ha propiciado Internet.

El 15M fue un fenómeno multicapa, asincrónico y descentralizado que desbordaba continuamente cualquier intento de organización que se pretendiera sobre él. Por supuesto que había asambleas tratando de tomar decisiones, muchas. Pero cabe reflexionar que lo bonito del fenómeno tiene que ver con la expresión espontánea y descontrolada de una voluntad masiva más que de la coordinación de los diferentes actores en la organización de dichas voluntades.

Sin ir más lejos, más que acudir al 15M como un espacio idílico para las relaciones y estando de acuerdo en que hay que superar la toma de decisiones delegada, la detallada propuesta de Francisco Jurado y Juan Moreno Yagüe (que no salió adelante) para las primarias de Podemos Andalucía supuso un ‘código fuente’ de partida para tratar de superar la mitología de que “hay que funcionar horizontalmente” sin enfrentarla a que la gestión de la toma de decisiones en grupos formados por muchas personas no conoce aún fórmulas ejemplares que sustituyan las ineficiencias de la asamblea. No estaría de más que en el famoso “debate de las ideas y no de las personas”, algunos grupos internos de Podemos dejaran de hacer referencias superficiales a la democratización de la toma de decisiones y se mojaran en proponer fórmulas concretas que no permitan la concentración de poder en amigos y allegados y que practiquen de verdad la descentralización (no solo territorial) del poder.

Por último, el 15M ha atravesado a muchas personas y de múltiples maneras. Encerrarlo en una sola cosa sería torpe y obtuso. Pero al mismo tiempo, seguir acudiendo a él como lugar que debe iluminar el quehacer político actual podría suponer desatender cambios efectivos que ya se están produciendo.

El municipalismo está librando una batalla que resulta mucho más útil que el largo y hasta ahora infructuoso asalto institucional de Podemos a nivel estatal. Se trata de haber entrado en las entrañas de los monstruos institucionales y de tratar de llevar a cabo cambios en reglamentos, ordenanzas y otros textos legales que pueden activar procesos materiales y aterrizados a los contextos de cada lugar. En casi todos los gobiernos de ‘las ciudades del cambio’ se están ensayando cuestiones como las cláusulas sociales en contratos públicos, ordenanzas de transparencia, presupuestos participativos, espacios que integran participación ciudadana, cultura e innovación social…

Muchas de las personas que abrazaron el 15M como momento político y que luego decidieron dar el paso de entrar en las instituciones municipales necesitan ayuda para poder superar la tan repetida dicotomía institución-movimientos sociales y generar espacios donde se modifiquen regulaciones que afecten al futuro statu-quo de las instituciones. Creo que ese trabajo, a priori mucho menos sexy de lo que se imaginó, es más útil que seguir acudiendo al álbum de memorias del 15M como lugar que guíe lo que debemos hacer.  

Con esto no deberíamos negar la obvia necesidad de que haya un afuera institucional fuerte e independiente, ni de que ese afuera ejerza críticamente una fiscalización política de lo que se hace y deja de ser, ni de que desplacemos la imaginación como herramienta no partidista que piense modos de vivir y de relacionarnos distintos a los hegemónicos. Pero la nostalgia y la constante alusión mitológica al 15M igual ha dejado de ser de utilidad si lo que queremos es combatir las normas que gobiernan nuestra vida.

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