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REGIÓN DE MURCIA

20D: ¿a quién y qué votaron los del sofá?

De encuesta en encuesta y voto porque me toca entregar el cheque en blanco: hoy en día resulta más sencillo saber cuál será la intención de voto mirando quién es quién en los medios que todas las encuestas juntas

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Es razonable pensar, incluso sano, que las encuestas son meros procesos de selección, una muestra “simbólica” de la población y en su esencia una simulación que ofrece validez a la parte (la encuesta) sobre el todo (el voto final), algo sin sentido si se tiene en cuenta que la intención de voto no se decide en una encuesta sino en un sofá. Los niños ven un promedio de 4 a 5 horas de televisión al día, y según un  estudio publicado este año el 81% de los niños lo hacen sin supervisión. Todos fuimos niños alguna vez desde que hay televisiones en España, y creo que todo el mundo tiene en su salón un sofá.

Teniendo en cuenta que la televisión a color vino de Europa: en 1967 había más de dos millones de receptores en España y, para la retransmisión del festival de Eurovisión celebrado en Madrid en el 69, la televisión alemana prestó una unidad móvil en color a TVE. Ese mismo año el Consejo de Ministros adopta el estándar PAL, de origen germano pero basado en el estadounidense NTSC, para las emisiones en color de la televisión española en detrimento del sistema francés SECAM. En 1975 comienzan a regularizarse las emisiones en color.

Todo prácticamente a las puertas del 78, desde ahí podríamos afirmar que vendría la influencia de los programas de televisión y las interferencias de los 'mass media' en la intención de voto.

En todo salón hay dos elementos que no faltan, el sofá y una televisión.

Coincide que ambos han visto aumentado su tamaño, uno en pulgadas y otro en chaise longues. Como mínimo pasamos más tiempo en el sofá y vemos más la televisión. Tal y como arroja un informe de IDAE para la Eurostat (Comisión Europea) el 99,9% de los hogares poseen cobertura televisiva con una media de 2,2 equipos por hogar.

En este punto exacto es donde encuentran su sentido los “votos de sofá”. Llegaron de la mano de la “democracia” con un televisor a color bajo el brazo para acomodarse en la reciente historia del supuesto bienestar en España, pusieron de rodillas a los programas electorales de los partidos -y si no, que se lo cuenten a Julio Anguita-, convirtieron la política real en política ficción, relegaron al olvido mediático a personas reconocidas por su dignidad -como Marcelino Camacho-, dejaron causas como el 0,7% -más de 20 años sin respuesta- y profanan cada día la memoria histórica de las fosas republicanas -37 años bajo tierra-.

¿Cómo una cuestión tan importante para la dignidad humana, la importancia de lo votado (“el programa”) y los protagonistas que le han dado su respaldo y su ejemplo, han sido dejados de lado y sin tiempo en los grandes medios?

Pascual Serrano, en una entrevista reciente, declaraba: “El periodismo debe ser capaz de confirmar si lo que ha dicho el político es verdad o demostrar que es mentira. Si nos limitamos a reproducir su voz no estamos sirviendo a la sociedad, sólo somos un altavoz que reproduce algo que puede ser mentira. Y en ese caso estaríamos mintiendo, no vale decir que nos engañó el político. El periodista tiene la obligación de buscar la verdad, no de creérsela para repetirla”.

En algún momento de la “democracia” a todo niño y niña se le echó de las estanterías y se le sentó en el sofá

¿Por tanto, a quién votan los del sofá?

Esta cuestión nos obliga a lanzar una mirada crítica: ¿se está perdiendo la cordura a la hora de votar? ¿Dónde están la prudencia, el buen seso, el juicio o el hacer de la reflexión? Este es nuestro legado, el poder de los medios y aquello que omiten, el por qué del analfabetismo político y del voto sin cabeza.

En algún momento de la “democracia” a todo niño y niña se le echó de las estanterías y se le sentó en el sofá. Con la llegada de los 'mass media' irrumpieron las encuestas, las noticias de interés partidista, la realidad que no se cuenta y las propuestas políticas que jamás llegará a conocer la mayoría social. La desigualdad en la política está servida a merced de la sobreinformación y la censura de la verdad, la razón informativa y su contexto.

“Dime quién te da más minutos, más portadas, más espacios en las ondas y te diré quién tendrá más posibilidades de ganar unas elecciones”.

Ya se cumplen “Las 10 principales estrategias de manipulación mediática” que describió Noam Chomsky: 1. La estrategia de la distracción (telebasura) 2. Crear problemas, después ofrecer soluciones (seguridad, vigilancia) 3. La estrategia de la gradualidad (la pérdida de derechos a cámara lenta) 4. La estrategia de diferir (la crispación de las tertulias) 5. Dirigirse al público como criaturas de poca edad (Dibujos animados durante la campaña de implantación del Euro y siguientes) 6. Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión (el fútbol es un buen ejemplo) 7. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad (estar conforme con la modificación del art. 135 de la Constitución o desconocer cómo te influye) 8- Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad (telebasura de nuevo) 9. Reforzar la auto-culpabilidad (“vivir por encima de nuestras posibilidades”) 10. Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen (para entender este punto os recomiendo  ¿Por qué me vigilan, si no soy nadie? de Marta Peirano, vais a entender muchas cosas).

En las elecciones del 20D, un 48,73% de la población -PP con el 28,72% de los votos, y PSOE con el 22,01%- ha votado a los dos partidos que modificaron en 2011 el artículo 135 bajo el concepto de  estabilidad presupuestaria y que el pago de la deuda pública fuese lo primero a pagar frente a cualquier otro gasto del Estado en los presupuestos generales, sin enmienda o modificación posible. Es decir, pagar la deuda invalida todos los derechos incluidos en la Constitución, quedando por tanto todos y todas las españolas -y remarco “todos y todas”- sin Estado de Bienestar.

Sólo hay dos conclusiones posibles extraíbles de estos resultados del 20D:

O los ciudadanos y ciudadanas no tienen ni idea de lo que supone estar por debajo del pago de la deuda porque se creen con inmunidad a la crisis (Bruselas pide a España más recortes porque ve riesgo de que incumpla el déficit en 2015, vía eldiario.es), o los medios de comunicación no han hecho su trabajo. ¿Por qué alguien dejaría que le pongan por debajo del dinero su prioridad social, sus derechos humanos? Ahora lo sabemos: un 48,73%.

A aquellos que se dicen votantes del PP y el PSOE les debería indignar que al modificar el artículo 135 se antepusiera el pago de la deuda al estado de bienestar, pues rompería el pacto social del 78, sin caer en la cuenta de que esta modificación les podría afectar a todos ellos y ellas por igual. Debe ser jodido pensar que si en el futuro algo les fuera mal en la vida -quiebra, paro, enfermedad, minusvalía-, el voto que depositaron en las urnas contribuyó a dejarles en la exclusión, sin ayudas, sin prestaciones, desahuciados, endeudados de por vida.

A veces a uno como periodista le da la sensación, imagino que a más gente, de que en España hay una gran parte que vota sin saber qué vota y replica voto como las campanas, entregando su futuro bienestar debidamente metido en un sobre cada cuatro años a modo de cheque en blanco.

Bienvenido al sofá, Mr. Marsall y Mr. TTIP.

El Partido Popular ganó las elecciones en 2011 con el 44% de los votos y con el resultado de una mayoría absoluta; ahora el PP y PSOE suman un 44,8%. Y eso después de modificar la Constitución. ¿Hasta cuándo? Hasta que llegue la información veraz a los televisores. O rompemos el bloqueo informativo, o cualquier proyecto político que no encaje en los planes de las élites financieras tendrá las horas de difusión contadas.

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