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"Ahora el trabajador que denuncia es el malo y no el empresario que incumple la ley"

La precariedad se ha instalado en el mercado laboral vasco, pero son contados los trabajadores que se atreven a denunciar jornadas muy superiores a las contratadas, horas extras sin pagar o salarios que incumplen convenios

Los sindicatos denuncian que las empresas juegan con el miedo de los trabajadores, abocados a 'consentir' la  explotación para librarse del paro

La construcción, la hostelería y el comercio textil son los sectores más afectados por estas prácticas irregulares

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Un oficial de primera de la construcción debe cobrar por convenio en torno a 11 euros la hora. En las obras de  remodelación del Palacio de Congresos Europa en Vitoria, realizadas por subcontratas, han recibido cuatro euros menos, siete por hora, según los datos aportados desde UGT. Las jornadas partidas de mañana y tarde, de ocho a una y de tres a cinco, con tiempo para comer, prácticamente se alargaban todos los días. "Unas veces porque a última hora hay que hormigonar y otras por otro motivo, pero el encargado, que se excusa en la naturaleza de la actividad, siempre encuentra justificaciones para alargar la jornada de sus empleados. Si inician tareas pese a ser conscientes de que no van a poder terminarse respetando la hora de salida, pero hay que hacerlo sí o sí", describe un delegado de UGT Vitoria del sector de la construcción. El sindicalista cuenta que solo un trabajador se ha atrevido a reclamar ante el empresario, desplazado con su cuadrilla desde Guadalajara y que alegó desconocimiento sobre el convenio de la construcción provincial a aplicar, para exculparse por las condiciones impuestas a sus trabajadores. Y el operario que dio el paso recibió a los pocos días la carta de despido.

Este desenlace y esas situaciones de precariedad son el día a día en la mayor parte del sector de la construcción de la obra pública y de la edificación privada en Euskadi. El centro cívico de Salburua, las obras de San Mames Barria en Bilbao, Tabakalera en Donosti, el Navarra Arena en Pamplona, los tramos del TAV, en todas se han registrado casos de jornadas superiores a las contratadas, horas extras que no se pagan, incumplimientos varios del convenio y lo que es peor, carencias en las medidas de seguridad.

Los sindicatos han levantado en numerosas ocasiones la voz de alarma por estas situaciones. Piden responsabilidad a las instituciones para que establezcan  mecanismos de control en la obra pública y que se eviten las subcontratas que dan pie a infracciones. Pero estas condiciones, miserables en muchos casos, no son algo exclusivo del sector de la construcción.

Jornadas interminables en la hostelería

En el ámbito de la hostelería se repiten las prácticas irregulares, la más frecuente, jornadas completas escondidas en parciales. Es el caso de un joven inmigrante empleado en un restaurante en Vitoria. Su contrato era de 12 horas semanales pero hacía más de 40. En caso de cotizar ese tiempo real trabajado y no la mitad, deberían pagarle 1.401 euros al mes pero recibía 570 en nómina más un pequeño incentivo a parte en negro. Nunca supo nada del complemento por domingos, festivos o de nocturnidad. Después de aguantar un tiempo esas condiciones y sin ver cambios a futuro, reclamó, sin éxito, mejoras a su jefe que siempre le prometía progresos que nunca acabaron de llegar. Finalmente le denunció ante inspección. No hubo opción a negociación, la carta de despido fue inmediata. "Las causas alegadas por el jefe es que abandonaba su puesto de trabajo para hacer compras y que hablaba por el móvil. Los empresarios le darán mil vueltas hasta lograr que el despido sea procedente", revela Carmén Aúñon, de UGT de Álava.

Por el despacho de esta sindicalista pasan cada semana muchos trabajadores con estas miserias laborales en común. Pero lo abandonan sin ponerle remedio. "La necesidad se impone, la gente quiere trabajar y aguanta con todo por no perder esa oportunidad. Saben que si se enfrentan casi, con toda seguridad, acabarán en la calle. Y además tienen miedo a ser etiquetados como delatores. Los buenos son los empresarios que dan trabajo, los malos ellos por reivindicar sus derechos aunque les tengan en condiciones de semiexclavitud", sintetiza Aúñon que revela que solo en Álava, Inspección de Trabajo ha abierto 400 actas de infracción en este 2015. La sindicalista apunta también hacia el comercio textil cuando repasa esta situación. "Ahí lo que abunda es la rotación y contratos parciales del 15 ó 20% durante poco más de un año. Las jornadas estipuladas sí se cumplen pero se renueva a los empleados continúamente"

Temporalidad y rotaciones continuas

Una percepción en la que coindice Txema Herrero, responsable del área de construcción del sindicato Comisiones Obreras. "Son contados los que denuncian. Ante la expectativa de trabajar o el desempleo prefieren trabajar aún en condiciones fraudulentas. Y es que ahora el malo es el que denuncia y no el empresario que incumple la Ley".

ELA ha revitalizado el debate esta semana  al emprender una campaña de reparto de pasquines con los nombres de empresarios a los que acusa de "forrarse con la miseria de los trabajadores" pero todos los sindicatos coinciden en el diagnóstico: la precariedad se ha instalado en el mercado laboral vasco.

Las organizaciones sindicales conocen bien estas penurias. Sus militantes las relatan cuando acuden en su ayuda con la esperanza de mejorar sus condiciones. Pero tras confesar, cual paciente a médico esos síntomas que padecen y escuchar el tratamiento de choque- la interposición de la denuncia- renuncian a la cura por conservar el trabajo. "La reforma laboral ha puesto la alfombra roja al empresario para que campe a sus anchas", concluyen.

Y el panorama a futuro es desalentador con ciertos datos recientes sobre la mesa: la mitad de los contratos que se firman tienen una duración inferior a los 30 días.

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