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Consumo colaborativo, una forma práctica de hacer comunidad

La crisis y las redes sociales han provocado este cambio imparable, un fenómeno basado en la confianza que, además, influye en la manera de relacionarnos.

"Creo que el éxito que tuvieron las empresas referentes del consumo colaborativo demostró que es posible crear empresas rentables y de competir con las empresas tradicionales aplicando ideas de colaboración e intercambio", señalan desde Shareak.

Los beneficios económicos y medioambientales hacen que cada vez más personas se unan a esta manera de consumir, que ya es tendencia.

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El consumo, de otra manera en Shareak.

Representación de lo que es el consumo colaborativo.

Compartir, confiar, colaborar. Esos son algunos de los beneficios que ofrece el consumo colaborativo, una forma de consumir que está en auge. Que una proporción cada vez mayor de la sociedad comparta con otras personas sus bienes cuando no los están usando o que se busquen productos de segunda mano en buen estado antes incluso de acercarse a una tienda cambia las reglas del juego. “No hay duda de que el crecimiento del consumo colaborativo desde que se empezó a definir el movimiento ha sido impresionante”, confirma  Asier Goikoetxea, responsable de producto de Shareak que se encargan de diseñar productos y servicios que aplican conceptos e ideas del consumo colaborativo para crear soluciones innovadoras. Gracias a las nuevas tecnologías y acelerado por la crisis económica, se han formado plataformas para facilitar el contacto a personas que ofertan y demandan productos o servicios. Shareak, MokMok, Diacamma o Cronnection son ejemplos de plataformas que posibilitan este tipo de consumo.

¿Los beneficios? Primero, los económicos. Al compartir servicios con otras personas que también los solicitan hace que los costes se abaraten. Incluso, en los casos de trueque, el coste económico se reduce a cero. Segundo, los ecológicos y medioambientales, ya que el compartir consumo o reciclar los productos, favorece el cuidado del planeta. No se trata simplemente de ahorrar, también se es más productivo, se aprovecha mejor los recursos de los que se disponen y se establecen vínculos haciendo a la ciudadanía más fuerte como conjunto.

MokMok es un buen ejemplo de ello. Disponen de una aplicación para dispositivos móviles destinada a poner en contacto usuarios, conductores y pasajeros para que puedan compartir sus trayectos habituales. Los conductores publican sus trayectos indicando el punto exacto de salida en un mapa, el punto exacto de llegada, la hora y las fechas en las que van a realizar el trayecto. Con estos datos, MokMok conoce el coste del trayecto en cuestión y se lo asigna. Cada usuario dispone de un saldo virtual, y una vez realizado el trayecto, el coste del mismo se reparte entre el número de ocupantes del trayecto.

No es de extrañar que este tipo de consumo esté en pleno apogeo. Ha llegado un momento en que tenemos más de lo que nos hace falta, así que es de esperar que cada vez más gente comience a prescindir de algunos de sus bienes personales para usar los colectivos cuando realmente los necesita. Además, las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías suponen el pilar base de la estructura de dicho movimiento. Internet se vuelve una herramienta fundamental en su desarrollo, uso y crecimiento. La base del consumo colaborativo es aplicar las nuevas tecnologías a las formas tradicionales de compartir, prestar, intercambiar permitiendo así que los intercambios que hasta ahora se hacían en nuestras pequeñas comunidades se puedan hacer por todo el mundo y mucho más fácil.

Consumo colaborativo.

En algunos casos no hace falta siquiera gastar dinero. Muchas plataformas funcionan mediante el sistema de trueque. Es el caso de Cronnection, una web en la que se producen alrededor de 200 intercambios de objetos al mes. Se trata de un modelo de plataforma innovador ya que el tiempo cobra una importancia esencial. Eric Ferrer Blanes, cofundador del sitio online asegura que están “muy contentos” con cómo está funcionando, que apenas tiene seis meses de vida. Cuentan con cerca de 21.000 usuarios registrados de más de 110 países distintos, aunque la actividad está más centrada en España, Francia y Estados Unidos. Los creadores detectaron ”un problema que afectaba a muchas áreas de la sociedad”, sobre todo la comercial, económica y social: creyeron que “la dependencia total del dinero había creado un sistema agresivo y competitivo”, por lo que quisieron romper con ello y crear Cronnection. Así, fundaron una web donde el trueque se desarrolla de una forma óptima y multi-direccional, sin necesidad de dinero y dando así la oportunidad de pagar a otros con su valor –es aquí donde entra en juego el tiempo- y no con su dinero .

Goikoetxea, de Shareak, asegura que el consumo colaborativo "ha creado un gran cambio en la forma de entender los modelos de negocio actuales". Pero, ¿en qué consiste ese cambio?  “Creo que el éxito que tuvieron las empresas referentes del consumo colaborativo demostró que es posible crear empresas rentables y de competir con las empresas tradicionales aplicando ideas de colaboración e intercambio, cosa que tal vez hasta ese punto no se veía como una opción realista desde el punto de vista empresarial".

Para hacer desplazamientos, de larga o corta distancia, también se puede compartir. En este caso, Diacamma permite a sus usuarios compartir vehículo personal o taxi, sin comisiones y en cualquier tipo de trayecto. En el caso de desplazamientos con vehículo personal, Diacamma se encarga de calcular el precio óptimo por viaje, añadiendo el valor de los peajes si existieran en el trayecto. “Esto evita cualquier tipo de lucro por parte de sus usuarios, siendo más justo para todos sin añadir cláusulas, aumentos, pluses o extras”, asegura Rubén Quintela Cancelo, fundador y desarrollador de la aplicación.

Un fenómeno más conocido en los jóvenes que entre los mayores

Con puntos a favor, el consumo colaborativo también presenta algún ‘pero’. Gracias a las nuevas tecnologías ha ampliado su campo de actuación y posibilita un mayor ámbito de actuación, pero muchas personas no tienen –por varias razones- acceso a estas técnicas online. Uno de los grupos afectados son las personas mayores, que bien por desinterés o por no ser capaz de utilizarlas, no son capaces de hacer uso de estas, por lo que no pueden acceder a este tipo de consumo.

Asier Goikoetxea corrobora esta realidad y asegura que, “los proyectos basados en la web y aplicaciones móviles como son estas iniciativas de consumo colaborativo tienen dificultades para llegar a la gente mayor. Pero este problema no solo afecta al consumo colaborativo, si no a todas las oportunidades que ofrecen las nuevas tecnologías", concluye.

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