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Género y trabajo doméstico: ¿Tiende España a la igualdad?

¿Cómo influye en España la situación laboral de las parejas sobre la división del trabajo doméstico? ¿Ha cambiado esta desigualdad en la última década?

Para transformar la actual desigualdad de género en el trabajo, no sólo necesitamos otras políticas familiares y laborales, sino también un cambio radical en los roles de género

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España tiene niveles de desigualdad de género en el trabajo doméstico muy superiores a la media europea. Veíamos  aquí  que esta elevada desigualdad de género en España tiene mucho que ver con la baja participación laboral femenina y la insuficiente cobertura de políticas de conciliación laboral y familiar. Sugeríamos  aquí que la inflexibilidad del horario laboral español, en muchos casos, lleva a las mujeres a no participar en el mercado laboral, reforzando la desigualdad de género doméstica. Ahora bien, estos indicadores dicen menos sobre qué ocurre cuando hombres y mujeres se encuentran en situaciones laborales parecidas. Ello nos lleva a formularnos una pregunta clave para entender el nivel de equidad de género en España: ¿Participan igual hombres y mujeres en el trabajo doméstico cuando tienen cargas de empleo similares?

Podemos esperar, en esencia, dos escenarios: el ‘simétrico’ y el ‘asimétrico’. El escenario simétrico supone que tanto mujeres como hombres son especialmente activos en el trabajo doméstico cuando están en paro, respondiendo a su mayor disponibilidad de tiempo. Asimismo, las parejas con doble salario repartirían el trabajo doméstico equitativamente, estableciéndose un equilibrio entre empleo y trabajo doméstico. El escenario asimétrico difiere radicalmente del primero. Éste supone que las mujeres, al margen de su perfil laboral, son más activas que los hombres en el trabajo del hogar, asumiendo completamente la noción patriarcal de mujer cuidadora y responsable de lo doméstico.

Veamos qué dice la evidencia empírica. Una primera pregunta clave se refiere al cambio histórico en la división del trabajo. La crisis financiera global de 2008 ha tenido un impacto muy negativo sobre el empleo. En 2005 la tasa de desempleo en España era del 9%, mientras que en 2010 se situaba ya en el 20%. Además, el paro masculino  ha crecido a mayor velocidad que el femenino. Este hecho podría llevarnos a esperar que los hombres están convergiendo con las mujeres en el trabajo doméstico, debido a una creciente similitud en el tiempo disponible.

Pregunta 1 : ¿Cómo ha evolucionado en España la desigualdad de género en el trabajo doméstico entre el período pre-2008 y el post-2008?

El Gráfico 1 muestra el tiempo que hombres y mujeres dedican al trabajo doméstico diario (incluyendo ‘tareas domésticas’ y ‘cuidado de los hijos’) en dos años: 2003 y 2010. Observamos una alta desigualdad de género en ambos años, si bien esta desigualdad ha disminuido ligeramente. En 2003, las mujeres dedicaban 6 horas al trabajo doméstico y los hombres menos de 2. En 2010 las mujeres disminuían su tiempo a 5:30 horas (un 7%) y los hombres lo aumentaban a 2:20 horas (un 32%). Estos datos muestran un efectivo aumento relativo de la participación de los hombres en el trabajo doméstico. Sin embargo, revelan una clarísima persistencia de la desigualdad de género.

Gráfico 1.

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Muestra: Parejas heterosexuales con hijos de 0-18 años. Encuesta española de uso del tiempo (2003; 2010). Elaboración propia.

Una segunda manera de responder nuestra pregunta pasa por estudiar en el perfil laboral de las parejas españolas. Para saber bien qué nivel de equidad hay en el trabajo doméstico debemos analizar si hombres y mujeres dedican el tiempo al trabajo del hogar de forma coherente con su situación laboral y la del cónyuge.

Pregunta 2: ¿Participan hombres y mujeres en el trabajo doméstico de forma similar en función del perfil laboral de la pareja?

El Gráfico 2 [1] muestra una gran desigualdad de género en el trabajo doméstico, en sintonía con el escenario asimétrico (o patriarcal). En las parejas de perfil “Hombre empleado/Mujer desempleada”, como cabría esperar, hay una fuerte división de género: las mujeres dedican muchísimo más tiempo al trabajo doméstico (6:30) que los hombres (1:30). Ahora bien, cuando es el hombre quien está en paro, y la mujer no ( “Mujer empleada/Hombre desempleado”), ambos dedican literalmente el mismo tiempo al trabajo doméstico (4:00). En parejas de doble ingreso ( “Ambos empleados”) y en las que ambos están en paro (“ Ambos desempleados”) la contribución del hombre no supera el tercio del volumen de trabajo doméstico del hogar (33%). En síntesis, la fuerte desigualdad de género que hay en España sólo responde parcialmente al perfil laboral de la pareja.

Gráfico 2

graf2_julio

Nota: Efecto neto en horas de trabajo doméstico, manteniendo constante los otros factores relevantes. Muestra: Parejas heterosexuales con hijos de 0-18 años. Encuesta española de uso del tiempo (2010). Elaboración propia.

Debemos resaltar dos resultados generales: (1) España ha tendido ligeramente hacia una mayor igualdad de género del trabajo doméstico entre 2003 y 2010, pero la nota dominante es de una clara y persistente desigualdad; (2) Si bien las parejas españolas de doble salario son las más igualitarias en lo global, las mujeres -de todos los perfiles laborales- emplean mucho más tiempo al trabajo doméstico del que esperaríamos en una sociedad equitativa.

Para concluir, la desigualdad entre hombres y mujeres en el trabajo doméstico en España tiene causas complejas. Por un lado, implementar políticas familiares activas y universales, que fomenten la participación laboral femenina, produciría mayor igualdad doméstica. No obstante, otra gran parte de esta desigualdad en el hogar responde a roles de género patriarcales. Su origen proviene de valores y actitudes que incorporamos en nuestra socialización. Dichos valores y prácticas nos llevan a naturalizar, sin cuestionarlo, el rol de mujeres cuidadoras y responsables de lo doméstico. Para cambiar la desigualdad de género que viven millones de hogares españoles, no sólo urge cambiar radicalmente las políticas familiares y laborales. También debemos transformar nuestras hábitos y discursos patriarcales. Esta tarea es responsabilidad de todos y todas a través de diferentes instituciones (familia, escuela, medios, organizaciones y empresas) que constituyen la sociedad.

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[1]: El Gráfico 2 presenta valores predictivos de modelos separados de regresión lineal controlando por las siguientes variables: ‘Educación del padre’, ‘Educación de la madre’, ‘Edad del padre’, ‘Edad de la madre’, ‘Hijo menor, ‘Cohabitación’.

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