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¿Por qué da vergüenza leer novela rosa?

"Ilustración de Núria Frago para Pikara Magazine

Las personas que cubren las portadas de sus libros con papel de regalo dan alas a la faceta más perversa de mi imaginación. Da igual quién sea, o cómo sea la persona que esté leyendo. Si la portada de su libro está oculta, una sonrisa traviesa me asoma en el rostro.  Pienso que probablemente lee Las 50 sobras de Grey o algún otro título pillín como El deseo de Rosamund Heart o El amante salvaje.

Sé que mi regocijo al imaginar la escena no es casual. Tiene que ver con el valor que atribuimos al género romántico. A menudo, nos mofamos de las pocas personas que se atreven a decir, con la con la boca pequeña, que leen novela romántica. Les preguntamos, ¿tú lees eso?

La novela romántica es, al fin y al cabo, el género más denostado dentro de la ya denostada ficción popular. Pese a ello, no son pocas las personas adeptas. Los últimos informes anuales de la Federación de Gremios de Editores de España muestran que pese a que hay un descenso en la venta de novelas de cualquier género, la venta de novela romántica incrementa, generando una porción superior de beneficios al sector editorial. No hay más que mirar las listas de los libros más descargados en iTunes para darse cuenta. Aumentan, también, las especializaciones dentro del género: no solo está la novela romántica de personajes, o la erótica, sino que también hay novelas de romances que se desarrollan solo en hospitales o la chick lit, que representan a mujeres jóvenes y urbanitas. Pese a ser un género tan exitoso, muchas personas se avergüenzan al reconocer que lo consumen.

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Bridget Jones, en la tercera casi nos la cuelas, pero sigues siendo una pesada

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Bridget Jones

Me he visto en cuarenta y ocho horas, la trilogía de películas protagonizadas por Bridget Jones. Tranquilas, sigo viva, aunque no ha sido fácil. Casi muero de sopor y aburrimiento.

Se acaba de estrenar ‘Bridget Jones’s Baby’ (Sharon Maguire) la película que retoma, tras casi diez años, las peripecias de Bridget Jones, el personaje literario y cinematográfico que tuvo gran influencia en la cultura popular de finales de los 90 y principios del 2000. Muchas nos desternillamos con el primer libro ‘El diario de Bridget Jones’, escrito por Helen Fielding en 1996, porque era difícil no identificarse con aquel personaje torpe, lleno de dudas, que se equivocaba constantemente y nos hablaba en primera persona de sus problemas en el trabajo, de la pesada de su madre, de sus amigas, de sus problemas de peso y de sus ansias de encontrar una pareja masculina.

Tras quince años del estreno de la primera película ‘El diario de Bridget Jones’ (2001) y once de su secuela ‘Bridget Jones. Sobreviviré’ (2004), cabe preguntarse por las claves de las película, su posible evolución y las novedades que puede traer ‘Bridget Jones’s Baby’.

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Vacaciones del feminismo

Kara Passey

Ahí te ves con la máxima suerte de disponer de un tiempo libre ganado al capital y la productividad para poder disfrutar de la nada más absoluta, sin que nadie perturbe esa calma necesaria que recarga las pilas. Da igual verano o invierno, un fin de semana o un mes entero, quedarse en casa o viajar, la carga activista va sumándole kilos a tu maleta de mano, y la policía del género es más rigurosa que las compañías de bajo coste.

De verdad que sí, que querías pasar de todo y dedicarte a viajar, cambiar el pantone de piel y disfrutar de deporte, pareja, familia y amistades. Aquí empezó el drama, en creerte apta para el disfrute sin mayores lecturas*.

Si eres mujer tal vez repares en ciertas cautelas a la hora de elegir destino. Todo dependerá de si vas sola o en según qué compañía . No es lo mismo viajar a Rio de Janeiro con un varón heterosexual que con una pareja femenina. Como no te gustaría que te multasen por algún gesto cariñoso, ya eliminas unos cuantos destinos turísticos . Si aún así eres valiente, puedes recoger los distintos testimonios que se ofrecen en los hospedajes al pedir cama doble. Que no, que no quieres decir dos camas separadas. No somos amigas, o sí, pero de las que se casan.

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El 'no es no' se queda corto

Anabel y Juanjo fueron novios durante tres años. Después de la ruptura, mantuvieron la amistad y se acostaron en varias ocasiones. Una noche, en 2008, salieron de fiesta con más gente y Anabel propuso tomar la última copa en su casa. Como era tarde, les dijo que podían quedarse a dormir y compartió su cama con Juanjo, dejando el sofá cama a las otras personas. A partir de ahí recuerda fogonazos: Juanjo agarrándole de las muñecas con fuerza, ella diciéndole “me haces daño”, él penetrándola de todos modos, ella paralizada y, al final, el reproche amargo de él: “Vaya polvo de mierda”. Al día siguiente, Anabel fingió normalidad pero en seguida empezó a sentir ansiedad, comenzó a tener pesadillas y tomó conciencia de que lo ocurrido fue una agresión sexual. Decidió denunciar.

Cinco años después, Anabel me escribe por email. Ha leído mi reportaje ‘Yo quería sexo pero no así’, en el que explicaba que la mayoría de las agresiones sexuales las cometen conocidos de la víctima en contextos en los que ellas inicialmente contemplaban la posibilidad de tener sexo. Destacaba que estos delitos rara vez se denuncian, porque la víctima siente vergüenza y culpa. Anabel sí que denunció, pero la Justicia absolvió a Juanjo. Me manda la sentencia escaneada. Siente que solo le queda contar su historia para sensibilizar y hacer incidencia política.

“Esta sala cree que Anabel dice la verdad, en aquello que recuerda, cuando afirma que se considera víctima de una agresión sexual. Lo que no implica que Juanjo miente cuando afirma que la relación sexual fue consentida”, dice la sentencia. Es decir, los magistrados aceptan que Anabel sufrió una agresión sexual pero creen que Juanjo pudo no ser consciente de estar violándola. Según él, Anabel le invitó a su cama y se besaron y tocaron con normalidad.

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Si todos somos Messi, ¿quién es el mantero?

Uno de los portavoces del Sindicato Popular de Vendedores Ambulantes

En Barcelona se está encarcelando a vecinos por vender productos en la calle. Se los acusa de pertenencia a grupo criminal y de un delito contra la propiedad industrial ya que los productos, dicen, son ilegales. En cualquier caso, aclaremos que no venden productos nocivos, no son armas ni pornografía infantil: son bolsos y gafas de sol de imitación. Por si fuera poco, es el propio Fiscal contra los delitos de odio y discriminación de Barcelona, Miguel Ángel Aguilar, quien ha pedido su ingreso a prisión. El hombre en quien confiábamos también para temas de LGTBfobia. Estamos en malas manos, no nos queda ninguna duda.

Para poner en contexto qué es un delito y qué es sobrevivir dentro de un sistema injusto que exprime a las bases mientras libera a las grandes fortunas, recordemos que las empresas del Ibex tienen más de 800 filiales en paraísos fiscales. Telefónica, Repsol, Endesa, Red Eléctrica, Iberdrola, Unión Fenosa, Abertis y Ferrovial operan a través de entramados fiscales opacos mientras no dudan en cortar los suministros básicos a los hogares más vulnerabilizados en esta crisis-estafa. En los llamados Papeles de Panamá aparecen, entre otros centenares de nombres, Pilar de Borbón, Juan Manuel Soria (ex-ministro de industria), Rodrigo Rato, Mario Vargas Llosa o Pedro Almodóvar, por no hablar de la contabilidad B del partido que sigue, inexplicablemente, ganando las elecciones. Leo Messi ha recibido públicamente el apoyo del Fútbol Club Barcelona después de haber sido condenado por delito fiscal. Ninguno de ellos está en prisión, ni nadie lo pretende. Jose María Aznar apoyó la invasión de Iraq en 2003 bajo mentiras demostradas y en contra de la legalidad internacional, bajo la batuta de George Bush y Toni Blair. ¿Alguno de ellos ha sido detenido? España bate récords de venta de armas a Arabia Saudí, que está bombardeando Yemen y apoyando o haciendo la vista gorda al apoyo de sus acaudaladísimos súbditos a Daesh. ¿Y el grupo criminal son unos vecinos por vender en la calle sobre una manta?

Si unos reciben el aplauso general por ser los más listos del barrio en un país que admira y encumbra la picaresca de altos vuelos, y otros reciben la persecución y las iras de la población, es porque estos últimos son pobres, migrantes, negros y rebeldes. Manteros. Porque al españolito medio, como al catalanet, les gustaría ser Messi pero ven en Sidil Moctar, en Lamine Sarr y en todos sus compañeros al enemigo, por esa magnífica jugada del sistema que hace que nos idiotice el poder y les bailemos el agua, como lacayos, a los realmente poderosos que nos están quitando el pan, los recursos y la vida.

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La solidaridad no acoge

Una niña corre por el campamento de refugiados de Diavata

El gobierno griego contabiliza 48 campos de personas refugiadas esparcidos por su territorio. Esas son las cifras oficiales, aunque no se sabe con seguridad cuántos puede haber. Sin olvidar espacios ocupados y autogestionados como Notara en Atenas o Orfanotrofio en Tesalónica. Organizaciones no gubernamentales, asociaciones, iniciativas creadas con fines humanitarios y personas voluntarias de todo el mundo han acudido en los últimos meses hasta el país heleno para echar una mano. Material, infraestructuras, alimentos, medicamentos, traducción, salvamento. Las tareas que están llevando a cabo son numerosas e intentan abarcan los aspectos más básicos de la supervivencia. La labor es loable y demuestra que el ser humano no está perdido. Aún. El problema de fondo es que no soluciona la situación, sólo la alarga indefinidamente. El riesgo de que los campamentos pierdan su carácter de temporalidad sobrevuela en cada acción emprendida para paliar las condiciones de precariedad de estos recintos, una gran mayoría sin abastecimiento eléctrico y con acceso limitado al agua potable y a la sanidad. De la educación, mejor no hablar.

“No somos más que un parche”, sentencia Nerea Pla, matrona voluntaria. Estuvo en Eko, llamado así porque se ubicó en torno a una gasolinera con ese nombre, durante dos meses. Se marchó con la firme intención de no volver. “La sensación de complicidad con el sistema es enorme. Lo que hace falta es que estos campos desaparezcan, no ponerlos bonitos”. Esta enfermera valenciana lo tiene claro: “Hay que poner la energía en lo político”.

Coincide con ella Yara Blasco, que cambió su verano en Madrid por la cooperación. Colabora en el proyecto 'Baby Hammam', que se centra en apoyar y acompañar a mujeres embarazadas o que acaban de ser madres, en Sindos, un asentamiento a las afueras de Tesalónica. “Europa ha acogido solo a 2.200 personas de las 160.000 que prometió. La 'cuota' de España era de 16.000 y únicamente han llegado 124. No se trata de reubicarlas, sino de no querer asumir los gastos de sanidad, educación… Y en ese escenario, somos la cara amable de las políticas que se aplican”.

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Las feministas se avergÜEnzan

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Algunas de las participantes de la Caravana a Grecia./ Virginia Enebral

En la cola del concierto en homenaje a Angela Davis que se celebró hace cinco meses en Bilbao, un grupo de feministas hablaban indignadas de la situación de las personas en busca de refugio a las puertas de Europa. Nada de lamentos. Ese mismo día quedaron en pensar posibles acciones de protesta. Antes ya habían convocado en su ciudad una manifestación por los derechos de las personas refugiadas. Si algo sabemos las mujeres es de lucha, aunque la nuestra no forme parte de los libros de historia. Las primeras reuniones de la plataforma que se constituyó entonces, Ongi etorri Errefuxiatuak Bizkaia, se celebraron en el Centro de Documentación de Mujeres vinculado a la Asamblea Feminista de Bizkaia. No es casualidad. Esta anécdota es uno de los gérmenes de la Caravana a Grecia, una iniciativa de distintos movimientos sociales y colectivos ciudadanas que busca denunciar la actitud de indiferencia de los gobiernos europeos. Lejos de garantizar el derecho a la vida de las miles de personas que están huyendo de la guerra, Europa vuelve ahora a mostrar su peor cara. En realidad, la única que muestra nos queda.

El 15 de julio, desde distintas ciudades del Estado español, alrededor de 300 personas empiezan un viaje a Grecia, en cinco autobuses, para mostrar el rechazo que les provocan los gobiernos europeos. La iniciativa se plantea, desde el primer momento, como una acción de denuncia política que trascienda la solidaridad. “Tenemos la ilusión puesta en este tipo de iniciativas, las que nos permiten recorrer distintos países encontrándonos con diferentes movimientos y personas”, asegura Bea Plaza, de la organización Omal-Paz con Dignidad. El feminismo, que trabaja no sólo por hacer visibles las desigualdades que viven las mujeres, sino también otras personas con identidades de género más allá del binarismo, permite mirar más lejos: "¿Qué poderes están detrás?; ¿Qué multinacionales se están lucrando?; ¿A qué poderes les interesa que gran parte de la población esté en riesgo y en continuo desplazamiento?", se pregunta. Diana Urrea, parlamentaria de EH Bildu, también viaja en uno de los autobuses y recuerda que la mirada internacionalista es indispensable para el movimiento feminista que "tiene que tener totalmente clara la importancia de una perspectiva de ciudadanía global y solidaridad entre los pueblos" para hacer frente a la situación. Denuncia que los gobiernos europeos no sólo están vulnerando los Derechos Humanos sino que, en el caso de las mujeres y las niñas, están obviando normas establecidas por los organismos internacionales como el Convenio de Ginebra o el Protocolo de Estambul. "Las mujeres son las que se llevan la peor parte -sigue- porque está más que comprobada la violencia sexual, la explotación y todo tipo de vejaciones que sufren durante el proceso migratorio por parte de mafias, por otros refugiados o la policías de frontera".

No se trata de una crisis humanitaria. "Lo que está en crisis es Europa, que está y totalmente vaciada de contenido político, desorientada frente a los Derechos Humanos, pero muy bien orientada a los intereses del capital y las empresas transnacionales. Las políticas que se aplican no sólo son injustas para la mayor parte de la población sino que son ilícitas", denuncia Plaza. Anabel Sanz, una de las personas más activas en la organización de la caravana, explica que las políticas migratorias responden a un sistema social, económico y político que es "patriarcal, militarista y capitalista", pero ambas aseguran que el feminismo es la teoría de pensamiento que más propuestas y denuncias hace ante estos sistemas. Entre otras razones, por su visión internacionalista.

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Con bikini o en tetas ¡y a lo loco!

Ilustración cedida por Rocío Salazar. Facebook: https://es-es.facebook.com/rociosalazarilustradora

Llega el verano y con él, la calor, la piscina, la playa, el pantano, el campo, las barbacoas y un sinfín de lugares a los que es difícil asistir tapada. Tú no eres como Bea, la de ‘Verano azul’, a la que cuando le baja la regla casi le ponen un oriller de cuello vuelto para estar en la playa. No, tú eres feminista, nada te va a parar, eres consciente de que el feminismo te pudo joder la vida, pero lo has llegado a superar. Y lo tienes muy claro. Y vives los feminismos más allá de la teoría. Tú vives los feminismos en tus carnes morenas, asumes tus contradicciones y llega esa tarde de pantano con las de la clase de tu hija y estás tan mega orgullosa de tu cuerpo, que te vas a calzar tu bikini y en ningún momento te vas a acordar de tus estrías, tus cartucheras, tus ingles sin depilar, tu tripota o tus tetas caídas. ¿En serio?

Los ejemplos pueden ser múltiples y diversos, pero por mucho que tengas interiorizada la teoría e intentes vivir en consecuencia, ese primer día en el que decides enfundarte el bikini es jodido. Y decides optar por el bikini, porque a pesar de las cartucheras, las estrías, la tripota o las tetas caídas, enfundarte un bañador faja te haría sentirte peor. Es una cuestión de principios, no te vas a sentir bien con el bañador –nunca te lo has puesto, le cuesta secarse más que hacer la digestión, y en el fondo es incómodo­ y optas por el bikini. Y ahí te ves, tapándote incómoda con los brazos lugares estratégicos de tu cuerpo pero diciéndote a ti misma: “Joder, estoy orgullosa de mi cuerpo”. Pero realmente no lo estás del todo.

Y no lo estás porque te vienen todos esos pensamientos/diálogos a la cabeza: “Tenías que haber ido todo el invierno a la piscina cubierta; estiliza y es genial para tú espalda, puta vaga”; “Jo, es que en invierno hace mucho frío y no es plan de meterte a la piscina cubierta cuando la temperatura ambiente es de bajo cero”; “Las estrías son los tatuajes de la vida”; “¡Y una mierda! tus tatuajes molan, pero las estrías son lo que son y no molan”. Y de pronto, te sientes culpable de todos los bocatas con mayonesa que te encajas durante todo el año porque tú lo vales y porque tu trabajo te genera mucho estrés y de todas las cervezas que te bebes porque te sientan de maravilla y te preguntas por qué coño no habrás hecho unos abdominales, de esos que da igual que estés a bajo cero porque los puedes hacer en tu casa.

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En el podio de las rebajas

Fotograma de la película 'Sexo en Nueva York'

Han dado el pistoletazo de salida y tú ya has calentado los músculos. Comienza una carrera en la que se disputa mucho más que una medalla. El premio es aquella falda tan mona que viste semanas atrás con brocados en los bajos y que sobrepasaba los límites de tu tarjeta de crédito. La quieres. La necesitas. Le haces la mirada del tigre a la mujer que corre a tu lado y te mira las caderas. Ella también gasta la talla 42. Esto no tiene buena pinta. Tu contrincante derrapa hasta la falda. Tú te abalanzas sobre ella. Chocáis. Ninguna de las dos gana la competición. Es un triunfo del sistema que te arrastra a las trincheras del consumo desenfrenado y hace que practiques tu mejor esprint para comprar una prenda de saldo, con la cremallera rota, por un precio muy superior al que tiene ahora.

Por lo menos, no estás sola. Has venido con un grupo de amigas que también están entrenadas para el evento. A una de ellas no le han dado el ascenso que esperaba en el trabajo y necesita un premio de consolación. Así que hoy toca divertirse y sentirse guapa, aunque tengas la regla y te veas hinchada. Nunca se falla a las amigas. Tampoco se falla a las rebajas. Es el ritual. Te miras en el espejo del probador y te ves los muslos enormes. Piensas en la amiga que se ha quedado en casa porque no le gusta comprar ropa. Las otras compañeras del grupo le quitan importancia. "Es que ella no es femenina, le gusta ir casual", dicen. Tampoco tienen su talla en las tiendas a las que vamos, piensas.

Si no vas a esa cita, estás fuera del grupo. Lo sabías, antes de renunciar a acompañarlas aunque hace seis meses que necesitas pantalones. Solo tienes dos y los has remendado ya tres veces. La que te hace los arreglos te ha mandado a freír espárragos. Pero es que ir de compras te baja la autoestima cuando no encajas en las prendas. Así de crudo es. Tengas el cuerpo que tengas, si las medidas o las formas de tu cuerpo no se ajustan a las prendas, no encajas en el sistema de género. Resoplas ante el espejo de tu habitación. Recuerdas al hombre vestido de Gucci que hace dos días, miraba tu ropa holgada y le decía al de al lado: "Algunas mujeres no cuidan su feminidad en absoluto".

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In memoriam; esto es lo que diremos

Los nombres de las víctimas de la masacre de Orlando resuenan en una vigilia

La historia oficial nos contó que unos malos malísimos de 'oriente' le declararon la guerra a 'occidente', que por eso uno de ellos entró con un rifle en un pub de Orlando y mató a 49 personas que se divertían en una fiesta latina. También nos contó que los buenos buenísimos, en su cavilar para encontrar una solución al problema, se plantearon prohibir la entrada de musulmanes en los Estados Unidos y debatieron sobre la necesidad de endurecer el control de armas.

En un tiempo récord, la historia ya necesita ser reparada. El sentido que el poder hegemónico ha establecido para esta masacre nos condena a las personas LGTB a la invisibilización, al silencio y al aislamiento, nos fabrica un gran armario y nos mete en él. Por eso, haremos que estas ausencias valgan la pena ser lloradas, ahora y después, y nos sirvan de aliento para seguir peleándonos ser lo que somos. Construiremos nuestra propia memoria, una verdad que nos dignifique y nos devuelva la agencia y el protagonismo.

Diremos que 49 personas (41 hombres y 7 mujeres), en su mayoría de origen o ascendencia latinoamericana, fueron asesinadas en el pub 'Pulse' de Orlando por vivir, follar y amar desoyendo el dictado de la heterosexualidad obligatoria. Si hubieran sido parte de una familia nuclear habrían estado viendo la tele en el sofá de su casa o consolando a su bebé desvelado. Todo habría funcionado según la norma y el odio no habría aflorado. Sin embargo, disfrutaban de una fiesta para conmemorar el 28J. Celebraban colectivamente el triunfo de ciertas libertades y derechos civiles para las personas LGTB, arrancados a base de lucha a quienes ahora urden la historia oficial. Porque el ' Pulse ' es un pub gay que combina la diversión con el activismo y organiza eventos para prevenir el VIH, junto con asociaciones que reivindican la diversidad sexual y de género. Barbara Poma lo creó tras la muerte de su hermano, afectado por el virus.

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