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Concíliate con tu hedonismo

Ilustración de Paulapé para Pikara Magazine

El feminismo, como toda batalla social contra la vida y sus tiranteces, tiene greatest hits sempiternos: prostitución sí, prostitución no, identidades queer, identidades binarias, maternidades variopintas... Y un tema del que todavía me pregunto cómo se ha colado casi en exclusiva en terreno amazona: la conciliación; ese fragmento de reloj resquebrajado que queda entre dormir y conseguir pagar las facturas.

La conciliación vino a la agenda feminista como el supremo derecho de una madre a dedicarse a los cuidados de su prole, en lugar de haberse defendido de primeras como el derecho individual de cualquier persona a disponer de un equilibrio entre las facetas profesionales y las de otro tipo de cuidados, quehaceres o las de asueto, sean estas dedicarse a la reproducción, la cría de agapantos, entrenar una maratón o la vida contemplativa.

El hecho es que, aun siendo una elección que en la mayoría de los casos resulta voluntaria, o cuanto menos, opcional, en esto de la conciliación persiste la supremacía de los individuos que se han reproducido –especialmente madres– frente a los que no. Son normas no escritas, pactos tácitos como mayor flexibilidad horaria, prioridad en la elección de vacaciones o directamente, la carga de trabajo fuera del horario habitual. ¿Es que no haber criado significa que no tienes familia, amante, amistades, aficiones? Insistir en la maternidad como salvaguarda elimina del imaginario social cualquier otra faceta personal e incide en la idea de mala madre, la que no se dedica en cuerpo y alma al cuidado, la que no sacrifica su carrera profesional o simplemente echarse al puro hedonismo.

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Dime cómo vistes y te diré quién eres

Los conductores de una empresa de transportes en Nantes usan una falda como forma de protesta

Las altas temperaturas no son compatibles con el exceso de tela en el cuerpo. Durante las últimas semanas, grupos de trabajadores y estudiantes se han rebelado contra los códigos de vestimenta. Primero, decenas de estudiantes del este de Inglaterra se presentan al colegio en falda, piernas depiladas y todo. Después, los conductores de una empresa de transportes en Nantes hacen lo propio en protesta contra la normativa empresarial que les prohíbe llevar pantalones cortos. Más de una compañera se ha reído entre dientes por la feliz coincidencia de estas pequeñas transgresiones de las normas de género con la celebración de las vísperas del Día Internacional del Orgullo LGTBI.

Días después de estas protestas, una joven reportera protagoniza un incidente en el Capitolio tras ser expulsada por llevar un vestido sin mangas, algo inapropiado para la Cámara de Representantes. La periodista no pudo entrar ni usando unas páginas de su cuaderno a modo de mangas.

Es evidente que el sexismo impregna las normas de etiqueta y que se ceba con las personas menos poderosas, pero lo cierto es que del código de vestimenta no se libró ni Obama durante su mandato. El expresidente de los Estados Unidos fue criticado duramente por parte de reputados hombres de negocios y políticos por no llevar chaqueta o por elegir un color inadecuado. Pareciera como si un fuerte escozor se colara en los pantalones del poder cada vez que alguien desentona con el atrezo del circo.

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Basado en hechos reales: historias de discriminación laboral

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Salarios machistas, NO / Democracia, lucha diaria.

Todas y cada una de las historias que contamos a continuación son absolutamente reales. Si digo que están "basadas en hechos reales" es porque hemos decidido cambiar los nombres, procedencias y algún otro dato relevante para preservar la identidad de las mujeres que protagonizan las siguientes situaciones.

María es empleada desde hace años en una empresa moderna y dinámica. Su trabajo ha sido siempre intachable y así se lo han hecho saber desde esta empresa. Hace un año fue madre, disfrutó de su permiso de maternidad y se incorporó inmediatamente después a trabajar. Hace unos días encontró en su correo electrónico el siguiente mail:

"Hola María. Te escribo porque hemos pensado en darte de baja. Hay menos trabajo. Así puedes pasar el verano con tu nena. Un saludo guapa".

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A mis amigos hetero

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Marsha P. Johnson y Sylvia Rivera, a la izquierda de la imagen.

Estábamos cenando con una pareja amiga y manteniendo una conversación trivial, cuando mi novia dijo por algún motivo "pues mis amigas hetero...". No recordamos de qué estábamos hablando pero sí la cara de desconcierto de esta pareja amiga (formada por un hombre y una mujer). Esto se convirtió en una broma interna que aún mantenemos, hasta el punto de haber creado un grupo de Whatsapp llamado 'Lesbis, heteris y viceversa'. 

Este medio me propuso que escribiera "sobre la típica coletilla 'mi compañero de trabajo gay, mi compi del gimnasio lesbiana' que hacen muchas personas heteros". Me plantean si esa fórmula es normalizadora o, por el contrario, supone definir a las personas por su orientación sexual, algo que no se hace con las personas heterosexuales.

Añadiría que esto también ocurre con la identidad de género. Me he descubierto a mí misma diciendo "mi amigo Pepito, que es trans" sin venir a cuento. Sentimos el impulso de explicitar lo que se sale de la norma y no descartaría que sea también un mecanismo de buenrollismo. Ya sabéis, "yo no soy homófoba, porque tengo amigos gays", "yo no soy transfóbica porque tengo amigues trans". El amigo o amiga que encarna la alteridad, como comodín para no cuestionarnos nuestra hegemonía.

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Bolleras a popa

Maca y Esther, personajes de 'Hospital Central', en una escena de la serie.

Dejé de ver con mi madre Hospital Central cuando supe que era lesbiana. Pensé que me notaría algo raro cuando salieran Maca y Esther, los personajes lésbicos de la serie más longeva de la televisión en el Estado español. Entonces yo aún lloraba por ser bollo. Interpretadas por Patricia Vico y Fátima Baeza, probablemente sean la pareja más popular de la ficción española. No fueron las primeras lesbianas representadas en una serie de televisión, pero sus papeles marcaron un antes y un después. El argumento, sencillo: doctora lesbiana, de clase alta, rechazada por su familia seduce a una enfermera de barrio, de tradición heterosexual, que se deja llevar por el amor. Una serie de esas que se piensan para que se vean en familia contando una historia de amor entre dos mujeres. ¿Cómo fue posible?

Precisamente por eso: la historia cumplía con todos los requisitos para ser aplaudida. El trinomio amor monógamo-matrimonio-maternidad es la llave para la aceptación social de gais, lesbianas y trans. En los cuartos oscuros, claro, creerán que no hay amor. La serie de Telecinco fue la primera en retratar una boda entre parejas del mismo sexo. El capítulo 'O calle para siempre', en el que Maca y Esther se casan, fue emitido en diciembre de 2005, cinco meses después de la aprobación en el Parlamento español del matrimonio igualitario. Ninguna serie se atrevió antes a imaginar un enlace así. Curioso que, hasta en la ficción, tuviéramos que esperar tanto para lograrlo.

El boom fue tal que los personajes de Maca y Esther empezaron a moverse entre la ficción y la realidad. Esto, claro, se debe al propio éxito de la serie pero, sobre todo, a la falta de referentes lésbicos de carne y hueso. Mientras Elena Anaya dedicaba el Goya a "su amor", las actrices, Patricia Vico y Fátima Baeza eran galardonadas con diferentes premios por su trabajo a favor de la visibilidad de las lesbianas. Patricia Vico, la actriz que interpretaba a Maca, llevó a cabo en 2006 una campaña en contra de la homofobia y la lesbofobia junto a Jesús Vázquez, promovida por Amnistía Internacional. Las críticas del movimiento LGTB se escucharon tímidamente entonces, pero cabe suponer que para dos actrices heterosexuales resulta más cómodo abanderar la visibilidad lésbica que para muchas lesbianas.

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La canción del verano, androcentrismos y resignificaciones

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Shakira y Carlos Vives promocionan "La Bicicleta" en una playa de Colombia

Si eres muy joven, eso de la canción del verano quizá ni te suene. Pero hace unos años, con la calor, se ponía de moda una canción que sonaba insistentemente en radios, bares y chiringuitos. La canción del verano huele a playa, descanso y, sobre todo, a vacaciones. Es sin duda una práctica cultural con gran arraigo en el imaginario colectivo. Son esas canciones pegadizas y populares que lo mismo la baila una niña de diez años que la tararea tu abuela. En los 50 lo petaban canciones como 'Campanera', mientras que en los 60 resonaban 'La chica Ye-Ye', 'Black is black' o 'María Isabel'. En la década de los 70 lo más eran canciones como 'Eva María' o 'Hay que venir al Sur'; y en los 80 sonaban 'Me colé en una fiesta' y 'Yo no te pido la luna'.

'El tractor amarillo', 'Amigos para siempre' y 'El Venao' fueron los temazos de los 90. Si el siglo XX terminaba con 'Living la vida loca', el XXI el comenzaba con el 'Ave María', el 'Aserejé', la 'Gasolina' o el 'Waka-Waka'. Pura poesía. ¿Qué suena hoy? Ya lo sabéis: 'La bicicleta' o el 'Despacito'.

¿Cómo han sido estas canciones de verano? ¿Qué mensajes han difundido? ¿Cómo han ido evolucionando? ¿Qué lecturas podemos hacer de las polémicas que suscitan las letras de algunas? Os proponemos reflexionar sobre 'La Ramona', 'Devórame otra vez' o 'El Tiburón', tres temas que hablan sobre diferentes mujeres. Al lío.

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International Normative Orgullo No Sissy Included

Semáforo que representa a una pareja de lesbianas en Madrid

Todo el año apestando a alcanfor para por fin desplegar las plumas en el Orgullo. Que en este 2017, caris, será World Pride. Casi ni resulta necesario que especifique que hablo del de Madrid, porque el resto de eventos de provincias se consideran réplicas a pequeña escala que hacen encaje de bolillos para evitar coincidir con las fechas de la capitalina fiesta grande. Desde que el Orgullo es Orgullo, está claro que la fiesta por la fiesta ha tonteado con las manifestaciones y actividades más reivindicativas y culturales, pero debiéramos plantearnos hasta qué punto permitimos que nos vendan un activismo barnizado de oportunidad para la rapiña capitalista.

Llamadme loca, pero en un momento en el que el presidente de COGAM –uno de los históricos colectivos LGTB– explica en una rueda de prensa que "el World Pride irá más allá de la imagen de la marica loca encima de una carroza", me da un mareo y me cambia la vida. Luego ves una programación eminentemente basada en el petardeo y con poco peso a la actividad cultural y te preguntas quién anda detrás: pues una asociación de empresariado de ocio nocturno gayfriendly .

Desde luego, no tiene nada de malo que exista una apuesta de entidades privadas a un evento de interés social, pero en este caso claramente incide en la finalidad del Orgullo, la de incidir en un discurso necesario en la sociedad basado en el respeto y la igualdad. Porque… era esa la finalidad, ¿no? Este año, especialmente, el  #OrgulloLeaks –maravillosamente cubierto por estoybailando.com– merece ser seguido de cerca para llegar a conclusiones.

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Ser #healthy para estar #happy

Pantallazo de la cuenta de Instagram de Megan Crabbe.

Comiendo fruta ha engordado. La famosa gurú de la alimentación crudivegana que cuenta con casi 900 millones de suscriptores en Youtube,  Kristina Carrillo-Bucaram, ha ganado peso durante los últimos meses con una dieta estricta basada en frutas y verduras sin cocinar. La comunidad healthy de las redes sociales se ha llevado las manos a la cabeza. ¿La admirada influencer ha roto las normas del crudiveganismo? Sus seguidoras están alerta, un paso en falso y podrían destronarla.

Mujeres de todo el Planeta se han apuntado al movimiento healthy que es ya una moda en redes sociales como Instagram. Esta plataforma que acuñó el término ‘#postureo’ y que facilita filtros fotográficos para poder cubrir con una tela artificial de perfección lo que ya era perfecto, está saturada de imágenes de comida colorida, 'cuerpos fitness' y 'sonrisas profident' que apuntan al objetivo. "Súbete al carro y serás tan feliz como nosotras", parecen decir. Lo que esas sonrisas ocultan es que esa felicidad se consigue a base de sacrificio y privación. Por lo menos, ahora no estás sola. La vigilancia del cuerpo está asegurada por ti y por toda una comunidad que permanece alerta. La obediencia está servida.

No hay dudas de que, desarrollada con consciencia, una iniciativa semejante podría tener efectos muy positivos en los hábitos de vida de las usuarias. Pero este proyecto tiene un peligro de partida y es que la delgadez de las mujeres no es una cultura privada, sus cuerpos ya sufren un control social. Y parece inocente, pero el 'healthylifestyle' funciona a menudo como una forma intensa de vigilancia del cuerpo. Los mensajes que transmiten estas instagramers llevan inscritos muchos tópicos sobre la idea del éxito, la felicidad y la feminidad. Sus códigos los revelan.

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Un problema de otras: feminismo y blanquitud

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Manifestación por el día internacional de los derechos de las mujeres organizado por el colectivo 8 Mars pour Toutes.

Imaginad que asistís a unas jornadas periodísticas sobre sexismo a las que han invitado a debatir a tres hombres, representantes de diferentes organizaciones. Como activistas feministas no tendríamos reparo en levantarnos de la silla e irnos. Sin embargo, la cuestión no queda tan clara, o se presenta de manera más difusa, cuando las jornadas versan sobre periodismo y xenofobia y quienes tienen invitación a la mesa son tres hombres o mujeres blancas.

Fue lo que lo que le ocurrió la pasada semana a mi compañera, June Fernández, una de las coordinadoras de Pikara Magazine, invitada a unas jornadas sobre los medios de comunicación ante los discursos del odio en la que no se incluyó ni a una sola persona migrada o no blanca en todo un programa dedicado a reflexionar sobre cómo se construye al "otro" y cómo se puede frenar el racismo, desde el derecho, la pedagogía social y el periodismo. Las personas migradas que asistieron apenas tuvieron tiempo para intervenir porque, como es habitual, las ponencias arañaron tiempo al debate.

Fernández escribió sus sensaciones en su muro de Facebook y prefirió llevar el asunto a la autocrítica: "Pensamos siempre en cómo los medios representan a las personas migradas, cómo hablan ‘sobre ellas’. Señalamos menos la ausencia de personas migradas como fuentes expertas, como analistas, columnistas, tertulianas. Señalamos menos que en nuestras ciudades viven periodistas que no pueden ejercer debido a la ley de extranjería, a las trabas para homologar titulaciones y al racismo. Y de la misma forma que a las feministas no nos sirve que un editor diga que no encuentra mujeres que quieran salir en su tertulia o escribir en una columna, creo que quienes coordinamos medios alternativos que se llenan la boca hablando de diversidad, deberíamos ponernos las pilas e incluir a personas migradas como comunicadoras".

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Por qué una mujer trans no puede ser juzgada por violencia de género

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La noticia en El Correo

Las generalidades nunca han sido buenas aliadas y, sin embargo, las leyes se construyen a partir de ellas. No puede ser de otra manera porque la realidad es poliédrica y cambiante, igual que la ciudadanía para la que se dictan normas jurídicas. El Estado de Derecho, que rara vez hace honor a su nombre, se vuelve del revés ante nuestro mundo, que es tan complejo como quienes lo habitamos.

El periódico más leído de Bizkaia, El Correo, publicaba ayer una noticia, escrita desde la mismísima transfobia, en la que se narraba la encrucijada judicial ante la que se encuentra un abogado: su clienta, una mujer trans, es acusada de haber ejercido violencia contra su expareja, también mujer. Los hechos denunciados se produjeron antes de la transición social de la acusada por lo que la denuncia fue registrada como un caso de violencia de género, que sólo incluye los delitos de violencia ejercidos en el marco de una pareja heterosexual. Esta ley, una de las grandes victorias del movimiento feminista del Estado español, pretendía, por un lado, garantizar medidas punitivas y de protección específicas y, sobre todo, el reconocimiento social de que la violencia que los hombres ejercen contra las mujeres responde a una lógica social, cultural, estructural. Los hombres agreden y asesinan más a sus parejas mujeres porque vivimos en una sociedad que permite y legitima la dominación masculina. Ahora bien, y volviendo al inicio, la realidad nos enfrenta cada día a nuevos retos.

El caso es complejo y abre distintas vías para el debate, pero hay una cuestión ineludible: la acusación de violencia no justifica que se cuestione la identidad de género de la acusada. El respeto a la identidad de género es una cuestión de Derechos Humanos. La noticia de El Correo, firmada por Marta Fdez. Vallejo, evidencia la falta de profesionalidad de muchos periodistas y de medios de comunicación, además de una falta de respeto flagrante a la identidad de género de las personas trans. La autora se refiere en todo momento a la acusada en masculino. Ya en 2013, la Federación de Asociaciones de Periodistas de España instó a rectificar a once medios que nombraron en masculino a una mujer trans víctima de violencia de género.

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