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Arsenio Escolar se ve como un aprendiz después de treinta y tantos años

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Arsenio Escolar se ve como un aprendiz después de treinta y tantos años

Arsenio Escolar se ve como un aprendiz después de treinta y tantos años

Como un "aprendiz" adaptándose a un período de cambio se ve Arsenio Escolar en este momento de su carrera, en la que hace trece años se embarcó en la aventura del diario gratuito 20 minutos después de haber pasado por las redacciones de Cinco Días, El País, El Sol o Diario 16 de Burgos.

Escolar (Torresandino, Burgos, 1957), presidente de la Asociación Española de Editoriales de Publicaciones Periódicas (AEEPP), se muestra convencido de que durante la crisis los medios no han estado "a la altura de las circunstancias" porque sus propias dificultades les han hecho olvidar su fin fundamental, el de ser "vigilantes del poder" y estar "muy atentos" al interés común y a los ciudadanos.

Defiende, en una entrevista con EFE, que cada periodista es "muy dueño" de tener su ideología o tendencia, pero sostiene que en el desempeño de la profesión hay que dejar el "ideario" al margen e intentar ser honestos con la información.

PREGUNTA: 20 minutos es el único diario gratuito que aún 'vive' en España ¿Cuál es su fórmula?

RESPUESTA: Los gratuitos vivimos exclusivamente de la publicidad, mientras que los diarios de pago viven de la publicidad y de la venta de ejemplares. En el momento en que la crisis económica golpea a la economía tan duramente como lo ha hecho durante 5 o 6 años, uno de los primeros mercados que se reduce es el de la publicidad y eso ha afectado a todos los medios, pero en mayor medida a los gratuitos (...)

Una de las claves de 20 minutos para haber sobrevivido a esta enorme crisis de la caída de los ingresos ha sido que además de la edición impresa, somos uno de los grandes líderes de la edición digital. Según las mediciones, somos el tercer medio en España online y somos el primer o segundo medio en el mundo en castellano. Nos hemos convertido en una gran marca online en toda Latinoamérica y eso nos está suponiendo que una gran parte de nuestros ingresos provenga del mundo digital, lo que ha sido clave para hacer esa transición y aguantar esa enorme caída.

P: ¿Cómo se ve en estos momentos de su carrera en medio de este periodismo tan cambiante?

R: Como un aprendiz y creo que es como nos deberíamos ver todos. Llevo treinta y tantos años de carrera, pero he hecho cosas muy diferentes y creo que no podemos pensar en ningún momento que ya lo sé todo de esto. No sabemos nada, sobre todo porque estamos en un período de cambio (...) Los periodistas tenemos que estar permanentemente en estado de adaptación porque solo sobrevivirán en este mundo de la información aquellos que sean capaces de adaptarse a los cambios, lo que me lleva a decir que me veo como un completo ignorante que está intentando aprender, pegarse a las curvas de los cambios. Siempre tenemos que estar así porque los procesos de cambio no han hecho más que empezar y no van a acabar nunca, así que nuestra disponibilidad al aprendizaje tiene que ser también eterna.

P: ¿A qué achacaría la escasa valoración que hacen los ciudadanos de los periodistas en las últimas encuestas del CIS?

R: A mi no me sorprende porque en todo el cambio social que se está produciendo con la crisis económica, los medios no hemos estado a la altura de las circunstancias. Nuestras propias dificultades, probablemente, nos hayan hecho olvidar nuestro fin fundamental: ser una pieza clave en la sociedad democrática en cuanto vigilantes del poder y estar muy atentos al interés común y a los ciudadanos y, seguramente, nos han visto que estábamos menos de lo debido.

La crisis está teniendo un efecto perverso en algunos medios y están convirtiendo la prensa en lo que Noam Chomsky llamaba 'la industria de las relaciones públicas de las élites financieras y políticas'. Ese no es el papel que debe tener la prensa y que, probablemente, influya en la mala valoración que tienen los ciudadanos, que ven que nos estamos convirtiendo en el brazo armado ante la opinión pública de las élites y de determinadas ideologías. En medio de esta crisis y en medio de este cambio de modelo tecnológico y estructural, es lo peor que nos puede pasar; que nosotros mismos desbaratemos o malbaratemos nuestra credibilidad y nuestra independencia.

P: ¿Hay autocrítica en la profesión?

R: Sí, hay quien tiene permanentes estados de reflexión y de autocrítica, pero hay quien no. Lo deseable es que hubiera mucho más de lo que hay y que todos los días nos preguntáramos si hemos hecho las cosas conforme a lo que honestamente deberíamos hacer.

P: ¿Los periodistas deben resistirse a posicionarse políticamente?

R: Cada uno es muy dueño de tener su propia ideología o creencia porque también somos animales políticos en tanto que somos ciudadanos, pero honestamente, yo creo que en el desempeño de la profesión hay que dejar un poco el ideario al margen y tratar de ser honestos con la información. Y eso es difícil en el día a día y hay que entenderlo, pero los hechos son sagrados y las opiniones son libres, y algo fundamental que debemos hacer los periodistas es separar los hechos de las opiniones y que el lector no se llame a engaño.

P: Desde la Asociación de Editoriales de Publicaciones Periódicas reclamaron incluir la publicidad institucional entre las actividades recogidas en la Ley de Transparencia pero en el debate parlamentario el PP rechazó la enmienda del PSOE que lo pedía.

R: Hay un bien del que vivimos todos que es la publicidad institucional, que antes de la crisis era un subsector relevante dentro del total de la publicidad. Lo que ocurre es que pese a que la ley establece que hay que repartir esa publicidad con criterios objetivos de tiradas, audiencias, según el perfil del público... no se estaba haciendo así, se lo estaban llevando casi todo los grandes grupos de prensa (...)

Hemos visto en el trámite parlamentario de la Ley de Transparencia una oportunidad para que la Administración diera algún paso más para que se gestione mejor la publicidad institucional. ¿Cuál? Incluir la publicidad institucional en uno de los objetos regulados por la Ley de Transparencia, lo que supondría que cualquier institución pública tendría que publicar periódicamente dónde ha hecho su publicidad institucional y con qué inversión (...)

Creemos que así sería mucho mejor porque, según dicen los expertos en esto, no hay mejor desinfectante que la luz del sol; es decir, cualquier institución pública que estuviera planificando una campaña sin atender los criterios de objetividad y no discriminación que fija la ley, se afanaría mucho en hacerlo bien al saber que se iba a conocer al céntimo cuál es su planificación.

Por desgracia, no hemos logrado convencer al grupo popular, y lo siento porque en muchos encuentros que he tenido antes del debate, entendían nuestro razonamiento y nos daban la razón, pero de momento no lo hemos conseguido.

P: ¿Cree que la gente acoge bien que los medios cobren por sus contenidos digitales, como ha hecho recientemente El Mundo?

R: Veo difícil vender información online. Seguro que habrá quien lo pueda hacer, pero tendrá que tener contenidos exclusivos, fórmulas muy diferentes o pensar en un público concreto al que dirigir todos tus esfuerzos como generador de información. Un público que además tiene acceso a toda la información de los gratuitos. Y no hay que olvidar que, al fin y al cabo, en el mundo online, donde todo es gratuito y es muy difícil lograr colocar productos de pago. La experiencia de El Mundo es una valentía, pero vamos a ver los resultados.

P: En 2012 se lanzaron dos nuevas ediciones digitales en español de 20 minutos ¿Hay previsto algún otro lanzamiento?

R: Estamos estudiando cómo seguimos con esa penetración en el mercado online en toda Latinoamérica. Creo que en los medios digitales el mercado natural es la lengua, no un país o un territorio físico. Los diarios impresos, sean gratuitos o de pago, tienen un límite de mercado que es el sitio más lejano al que sus furgonetas pueden llevar los ejemplares (...) Eso no existe en el mundo digital, en el que tú publicas una cosa y el único límite es que quien acceda a tu medio desde cualquier punto del planeta entienda lo que lee.

Los medios en castellano somos unos privilegiados porque tenemos un mercado potencial de 500 millones de personas. Y en eso entra nuestra estrategia con la marca 20 minutos.es. Lo lógico es que sigamos haciéndolo en otros países de Latinoamérica. Raquel de Blas

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