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Minas caseras, la amenaza oculta de Boko Haram

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Minas caseras, la amenaza oculta de Boko Haram

Minas caseras, la amenaza oculta de Boko Haram

En su guerra contra Boko Haram, Camerún tiene que hacer frente a un peligro cuya presencia solo se siente cuando ya es demasiado tarde: minas de fabricación casera enterradas en pueblos y carreteras que ya han matado a un centenar de personas en el norte del país.

El 14 de febrero, una camioneta que transportaba a doce soldados del Batallón de Intervención Rápida (BIR) -fuerzas de élite camerunesas- saltó por los aires cerca de la localidad de Kerawa al pasar por encima de uno de los llamados Artefactos Explosivos Improvisados (AEI) .

El resultado fue un muerto y once heridos. Uno de ellos perdió las piernas y el resto sigue en tratamiento en el hospital militar de Yaundé.

Irónicamente, los militares cameruneses regresaban de una misión cuyo objetivo era desmantelar una fábrica de explosivos del grupo yihadista nigeriano Boko Haram.

"Destruyeron cuatro talleres de AEI y recuperaron cinco minas y centenares de recipientes con explosivos, baterías y detonadores" explican a Efe fuentes militares.

Este tipo de noticias son bastante recurrentes en la región del Extremo Norte de Camerún. En octubre, dos militares del BIR murieron después de que su vehículo estallara al paso de uno de esto explosivos y días después un incidente similar acabó con la vida de otro e hirió a seis más de gravedad.

"Los daños que causan estas minas caseras son cada vez más recurrentes. Los terroristas los utilizan para minar carreteras, casas, vehículos...Todo", señala a Efe el analista local Guibai Gaitama.

A pesar de que la entrada en juego de la Fuerza Multinacional Conjunta -que agrupa a todos los países del lago Chad y a Benín- ha logrado cortar la mayoría de las rutas de suministro a la zona, el grupo terrorista se las ingenia para seguir fabricando explosivos.

"Para fabricar sus AEI, los terroristas utilizan productos locales como la sal, fertilizante y pólvora, que luego meten en bombonas de gas, latas de conserva e incluso casquillos de balas de gran calibre", añade un suboficial camerunés que está destinado en primera línea, pero que quiere mantener el anonimato.

A diferencia de sus camaradas nigerianos, los militares cameruneses tienen poca experiencia en la detección, manejo y desactivación de los artefactos, por lo que el presidente, Paul Biya, hizo una petición de ayuda a la comunidad internacional.

Los primeros en responder fueron los franceses. Durante todo 2015, destacamentos de instrucción del Ejército francés viajaron a Camerún para formar a decenas de militares y enseñarles a desactivar los explosivos improvisados.

En febrero de este año, Estados Unidos decidió unirse y un equipo del FBI viajó al país para hacer una formación similar.

Gracias a estas primeras iniciativas, tanto el Batallón de Intervención Rápida como el regimiento de ingenieros cuentan con unidades especiales de artificieros.

Sin embargo, en el terreno las cosas son distintas. El Ejército camerunés realiza formaciones periódicas de apenas dos semanas para que todo los soldados dispongan de un conocimiento rudimentario para desminar pueblos y carreteras, ya que el frente de batalla es tan amplio que las unidades especializadas no dan abasto.

Por lo general, las tropas pasan meses en el frente sin apenas descanso y con unos medios muy limitados, lo que afecta tanto a su capacidad de luchar contra Boko Haram como a su moral y estado de salud mental.

"No todas las unidades disponen de las herramientas adecuadas para desminar los pueblos y hay demasiado terreno que cubrir. Hace tiempo que esta guerra sucia nos ha sobrepasado", lamenta un sargento que lleva un año en primera línea.

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